Como la princesa Sherezade de “Las Mil y Una Noches”, que contaba un cuento cada noche al Rey para mantenerlo entretenido, Javier Milei consiguió durante estos mil días que está en el gobierno, encadenar la atención de los argentinos con una historia detrás de otra para explicar por qué el país estaba como estaba. “Al principio fueron los setenta años de decadencia; luego, la casta aferrada a sus privilegios y sus ‘curros’; más tarde, arremetió contra el riesgo ‘kuka’, los periodistas ‘ensobrados’, los ‘mandriles’, etc, etc. y ahora modificando su posición sobre Las Malvinas, dándose hipócritamente de ‘nacionalista’ cuando al mismo tiempo, entrega grandes extensiones de la Patagonia a Israel. La clave no estuvo necesariamente en que toda la sociedad creyera cada una de esas ridículas explicaciones, sino en conseguir que se enganchara con ellas, que discutiera, se indignara y mirara hacia donde el Gobierno señalaba. Durante mucho tiempo, Milei consiguió así algo fundamental para cualquier gobierno: conservar el control de la agenda. Pero, a diferencia de Sherezade, luego de mil y un cuentos, el pueblo argentino parece no haberse enamorado del protagonista. De hecho, parece estar comenzando a romperse el hechizo. Las historias ya no alcanzan, porque mil días son suficientes para que un gobierno deje de ser una promesa y se pueda hacer un balance. Javier Milei llegó a la Casa Rosada con promesas completamente ambiciosas: romper con el modelo económico y político que, según su diagnóstico, había llevado a la Argentina a décadas de decadencia. Prometió transformar completamente la Argentina, y en algunos sentidos lo hizo, aunque no de la manera esperada por quienes lo votaron. Basta recordar cómo la plaza que fue a escuchar el discurso de Milei cuando asumió, festejaba que el presidente diga “No hay plata”. La fuerza de aquel Milei inicial estuvo, en buena medida, en la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, alguien estaba diciendo en voz alta lo que la política tradicional se negaba a admitir. La frase “No hay plata” fue celebrada porque condensaba un sinceramiento frente a años de discursos que prometían, pero no cumplían. En ese contexto también encontró terreno fértil el discurso contra “la casta”: no era solamente una denuncia contra los políticos, sino la expresión de un hartazgo acumulado contra una dirigencia que había perdido credibilidad, aunque ahora cogobierna con ella. De una manera cínica y calculada, Milei consiguió presentarse como alguien dispuesto a decir “una verdad incómoda”, aunque esa verdad implicara sacrificios. Y ese relato funcionó para mantener el apoyo de la sociedad aun cuando su política económica generaba daño a sus propios votantes. Luego del trauma social que representó la pandemia del Covid-19 y la frustración acumulada por años de inflación, Milei consiguió frenarla, pero no eliminarla. El 13% mensual de noviembre del 2023 parecía anunciar una espiral ascendente. En julio de, 2026, el IPC fue del 2,1%, acumuló 19,3% en los primeros siete meses del año y 33,8% interanual. Pero esa desaceleración que aún no es una verdadera estabilización además tuvo un costo que no puede omitirse: el ajuste golpeó los ingresos, deterioró el poder adquisitivo y dejó a amplios sectores de la sociedad con menos capacidad de consumo que antes. La inflación bajó, pero los salarios y las jubilaciones bajaron y no recuperaron en la misma proporción lo perdido durante el proceso. El segundo ‘gran resultado’ que exhibe Milei es fiscal. El Gobierno hizo algo que durante décadas había parecido políticamente casi imposible: ajustar el gasto hasta conseguir equilibrio financiero. El FMI proyecta para 2026 un superávit primario de 1,4% del PBI. La discusión es qué se decidió dejar de financiar para conseguirlo. Ahí empieza la otra mitad del balance. La motosierra no fue una metáfora: fue una decisión sobre la distribución de los recursos públicos. Obra pública, universidades, ciencia, organismos estatales, jubilaciones, subsidios y programas sociales quedaron sometidos a una lógica nueva: “no hay plata”. Puede ser que en algunos casos se hayan eliminado gastos superfluos; pero mayoritariamente se redujeron políticas que cumplían funciones que el mercado no necesariamente reemplaza. Es cierto que la economía volvió a crecer levemente. El FMI proyecta una expansión interanual de 2,7% para 2026 rebajado del 3,1% que había pronosticado a comienzo de año. Pero tampoco alcanza con decir “la economía crece”. Como es repetido una y otra vez, la industria manufacturera continúa mostrando una recuperación mucho más débil y desigual, mientras sectores como energía, minería, agro y actividades vinculadas a las exportaciones aparecen mejor posicionados en el nuevo esquema. El RIGI expresa esa transformación con claridad. La Ley Bases habilitó un régimen de incentivos extraordinarios para grandes inversiones y consolidó una política económica orientada hacia la energía, la minería, la infraestructura y las exportaciones. El mensaje es que la Argentina debe dejar de vivir mirando exclusivamente su mercado interno y convertirse en una plataforma para producir y exportar. Pero eso supone que muchas actividades van a destruirse y desaparecer. El problema político consiste en saber qué hará el Estado con quienes queden del lado perdedor de esa transición. Porque los ganadores empiezan a estar bastante definidos. La energía tiene una oportunidad histórica con Vaca Muerta. La minería recibe condiciones largamente reclamadas por los inversores. El sector agroexportador opera con un Estado menos intervencionista. Las grandes empresas encuentran un horizonte regulatorio más favorable. Los propietarios de activos financieros y quienes tienen capacidad de ahorro pueden aprovechar mejor la estabilización. Para ellos, la Argentina del 2026 puede ser considerablemente “más atractiva” que la de 2023. Pero para una parte importante de los trabajadores la palabra “estabilidad” significa algo diferente. La desocupación llegó al 7,8% en el primer trimestre del 2026. Y si bien no hay desempleo masivo, hay una transformación de la estructura laboral, una migración hacia empleos precarios o de peor calidad. Menos empleo privado formal, mayor informalidad y una expansión de ocupaciones de menor protección. La nueva legislación laboral profundizó esa orientación. El Gobierno sostiene que flexibilizar las condiciones de contratación permitirá crear empleo formal; sus críticos advierten que puede abaratar el despido y debilitar el poder de negociación de los trabajadores y no crear más empleos formales. Luego de mil días, todavía no hay signos de mejora para las condiciones de vida de millones de trabajadores que se encuentran en peor situación que durante el kirchnerismo. Y es que la contracara más concreta de la desprotección de la industria está en quienes directamente se quedaron sin trabajo. Fábricas que apagaron sus máquinas y trabajadores que dejaron de tener un lugar al que volver. El caso más contundente es el de FATE, que cerró en febrero del 2026 su histórica planta de San Fernando y dejó en la calle a casi 1000 empleados; antes, Whirlpool había cerrado su fábrica de lavarropas en Pilar y despedido a 220 trabajadores. A esos casos se suman suspensiones, retiros y despidos en distintas ramas de la industria. La propia Unión Industrial Argentina advirtió que la industria acumulaba una pérdida cercana a 65.000 trabajadores en dos años y el total de trabajadores registrados, en blanco con jubilación y aguinaldo superó los 450 mil menos durante el gobierno de Milei y promete llegar a medio millón menos a fin de este año sobre noviembre del 2023. Por otra parte, el salario mínimo fijado para septiembre del 2026 en $383.800 vuelve todavía más visible esa contradicción. Es un piso legal extremadamente bajo frente al altísimo costo de vida y frente a las necesidades de una familia, que los obliga a comer carne de burro. ¿Puede considerarse exitoso un modelo económico si el trabajo deja de garantizar por sí mismo un piso razonable de bienestar? La estabilidad de precios es una condición necesaria para recuperar el salario. Pero no es suficiente. Cada vez con mayor insistencia, Milei parece necesitar prometer el futuro para sostener un presente que no convence a nadie. Luego de mil días de gobierno, el horizonte vuelve a desplazarse hacia adelante: primero fueron los sacrificios inevitables, luego “los mejores 18 meses” y ahora la promesa de que la Argentina “está en el camino irreversible para convertirse en una potencia mundial”, como dijo en una entrevista de hace algunas semanas. Palabras huecas sin ningún valor y que se contradicen con la dura realidad que viven millones de argentinos. Por cierto, la pobreza ofrece otro balance contradictorio. Luego del salto provocado por la devaluación y el ajuste inicial, la tasa comenzó a descender y quedó por debajo del pico post devaluación. Pero una reducción de la pobreza respecto de una situación extraordinariamente mala no significa que el problema esté resuelto. La línea de pobreza sigue alcanzando a una porción enorme de la población. El Gobierno puede decir que “redujo la pobreza” lo cual bien visto, no es cierto. Sus adversarios pueden señalar que la mejora es mínima frente a millones de personas continúan sin alcanzar condiciones de vida dignas. La imagen que emerge no es solamente la de una pirámide con menos pobres, sino que se está achatando en su centro. La ‘reducción’ de la pobreza puede coexistir con el deterioro de la clase media: familias que no están estadísticamente por debajo de la línea de pobreza pero que pierden capacidad de ahorro, consumo y previsibilidad, y quedan mucho más cerca de caer. Argentina puede mostrar mejores indicadores de pobreza y al mismo tiempo una sociedad más empobrecida, más frágil, más desigual y con menos movilidad social. También, cambió la Argentina jurídica. La Ley Bases, el DNU 70/2023, el RIGI y la reforma laboral no son simplemente herramientas económicas: modifican derechos, regulaciones y relaciones de poder. El Estado tiene hoy menos instrumentos para intervenir en determinados mercados y mayores incentivos para atraer capital privado. En paralelo, el Gobierno endureció su política frente a la protesta social. La disputa sobre el derecho a manifestarse y el uso de la fuerza dejó de ser marginal para convertirse en una de las principales discusiones institucionales de la era Milei. La Argentina del 2026 no solamente tiene otros precios y otro déficit: tiene otras reglas. Y esa transformación institucional tiene un costo que no aparece en el resultado fiscal. Cuando el Gobierno decide no ejecutar una partida, no sólo está ahorrando dinero: está determinando qué función pública deja de realizarse. Cuando una universidad pierde financiamiento, cuando una ruta no se construye, cuando un organismo se desmantela o cuando una política científica se interrumpe, el resultado no necesariamente aparece al mes siguiente en el IPC, por ejemplo. Puede aparecer en años posteriores, cuando la infraestructura se deteriora, un investigador se va, un profesional abandona una carrera o una familia queda sin una red de protección. El ajuste tiene costos que muchas veces se pagan diferidos. La ciencia y la educación son, quizá, el mejor ejemplo. El Gobierno considera que buena parte del aparato científico y universitario argentino se convirtió en una estructura sobredimensionada y capturada por intereses corporativos. Con esa excusa, está destruyendo capacidades estratégicas acumuladas durante décadas. La inversión científica cayó fuertemente y las universidades atravesaron una crisis presupuestaria de enorme magnitud. Es una contradicción evidente, porque para producir más valor agregado el país necesita conocimiento, y el conocimiento necesita instituciones capaces de producirlo. Pero Milei no prometió solamente terminar con el déficit o bajar la inflación. También prometió algo mucho más ambicioso: “la moral como política de Estado” cuando su gobierno ha demostrado ser el más corrupto de la historia. Como sabéis, Milei construyó buena parte de su ‘legitimidad’ sobre la idea de que ellos eran distintos, pero cada escándalo obliga al Gobierno a dar explicaciones acerca de privilegios, negocios, favores o comportamientos incompatibles con aquella prédica, golpea directamente sobre esa falsa identidad. Los escándalos que involucraron a figuras centrales del oficialismo -desde Adorni y Espert hasta el caso Kueider, las valijas y otras denuncias que fueron salpicando al Gobierno, como el caso $Libra, Scatturice o ANDIS - volvieron a poner en escena prácticas que Milei había prometido desterrar. Su discurso de campaña construyó a la política tradicional “como una casta corrupta, privilegiada y parasitaria”, mientras presentaba al nuevo gobierno como una ruptura ética con ese pasado. La vara, por lo tanto, no podía ser la misma: quienes habían llegado denunciando los privilegios ajenos tenían que demostrar que estaban dispuestos a vivir bajo las mismas reglas que exigían para los demás. El desencanto, entonces, tiene un doble derrumbe de expectativas. Por un lado, está el que surge de la vida cotidiana: para una parte importante de la sociedad, el sacrificio prometido todavía no se tradujo en una mejora suficiente de los salarios, el acceso a la salud, la educación, el empleo o las condiciones materiales de vida. Pero hay un segundo derrumbe, quizá más profundo para la identidad política de Milei: el del relato. El gobierno que llegó prometiendo “sinceridad, austeridad y una ruptura moral con la vieja política” también empezó a acumular sus propias contradicciones, escándalos y explicaciones. Así, no solamente se vuelve más difícil creer que el sacrificio conduce a un futuro mejor; también se vuelve más difícil creer en quienes lo reclaman como una condición para alcanzarlo. El 31% de quienes votaron a Javier Milei en la primera vuelta del 2023 hoy desaprueba su gestión, un grupo que representa al 12% del electorado. Según una encuesta nacional de QSocial realizada en julio sobre 1.539 casos, el desencanto se concentra especialmente en sectores populares y personas con menor nivel educativo y recursos. El ajuste económico aparece como el principal motivo: el 91% de los llamados “arrepentidos libertarios” considera que Milei perjudica a los sectores vulnerables y el 89% cree que el ajuste “no valió la pena”. El rechazo también se proyecta sobre la continuidad del Gobierno: el 62% de estos votantes cree que una reelección de Milei sería peor para el país que una victoria del peronismo. A la hora de buscar alternativas, el peronismo muestra mayor apertura, con 40% de apoyo potencial mientras que el centro reúne un 27%. Los datos sugieren que el voto que se alejó de Milei todavía no tiene un destino definido, pero sí evidencia un fuerte cuestionamiento a los resultados concretos de su desastrosa gestión. Han pasado mil días, y la pregunta ya no es si Milei cambió la Argentina. La cambió, claro que la cambió, pero para mal. La pregunta es si la Argentina que está construyendo podrá transformar estabilización en desarrollo, inversión en empleo, crecimiento en salarios y libertad económica en movilidad social, pero todo indica que no. El éxito de un gobierno debería evaluarse por cuántas personas pueden construir una vida digna dentro del país que gestiona. El verdadero balance de los mil días de Milei no estará escrito en el resultado fiscal ni en el índice de precios: estará en saber si la mayoría de los argentinos termina viviendo mejor luego de haber pagado el costo de una transformación que no llego.
Con casi 2 metros de longitud y 30 kg de peso, la nutria gigante del Amazonas (Pteronura brasiliensises) es la más grande del mundo, siendo la única especie de su género. Presenta una mancha blanca en el cuello que es única en cada individuo. Sus patas palmeadas, junto a su fuerte cola, le permiten moverse con facilidad en el agua. Sus largos bigotes le ayudan a detectar el alimento bajo el agua, y su denso pelaje impide que la piel se moje. Al sumergirse, cierran sus orejas y sus fosas nasales para que no entre agua. Construye su madriguera entre la vegetación situada a la orilla de los ríos o zonas pantanosas, donde pasa el día buscando cangrejos, pequeños mamíferos, aves, peces y reptiles. Se trata de una especie social, formando grupos familiares de hasta 8 miembros. Las camadas son de 1 a 5 crías, y los padres enseñan a los pequeños a cazar mediante juegos. Pueden emitir hasta 9 vocalizaciones diferentes descritas, que a su vez están divididas en 3 categorías. Así, emitirán un tipo de sonido agonal, afiliativo con sus congéneres o de relación padre-cría en función de la situación a la que se enfrenten. Si bien carece de depredadores naturales, la degradación del bosque y pérdida de su hábitat es su principal amenaza. La especie es endémica de Sudamérica y vive principalmente en ríos, lagos y humedales. Actualmente está catalogada en peligro crítico, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La poca población de la especie y el peligro en el que se encuentra motivaron el año pasado a un equipo de más de 50 científicos de doce países de Sudamérica a trabajar en la identificación de las zonas prioritarias para la conservación del gigante de río. “La priorización de zonas de conservación es una estrategia que se usa para identificar la distribución de una especie amenazada y determinar acciones de protección. Ya se ha realizado esto con otros animales, como el jaguar, el tapir y el oso andino”, señaló Rob Wallace, director del Programa de Conservación del Paisaje del Gran Madidi-Tambopata de Wildlife Conservation Society (WCS) Bolivia. Wallace lideró el equipo de científicos que recientemente publicó la evaluación donde han establecido 22 zonas de conservación para las nutrias gigantes. El estudio señala que el área de distribución histórica de la nutria gigante es de 9 021 590 kilómetros cuadrados, pasando por doce países en Sudamérica: Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guayana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. Además, el 35.3 % del área donde se encuentra está protegida por ley. «En el Perú, el lobo de rio se encuentra en las regiones amazónicas, pero principalmente dentro de las áreas naturales protegidas, siendo los lugares con mayor número de avistamientos el Parque Nacional del Manu, la Reserva Nacional Tambopata y el Parque Nacional Bahuaja Sonene. Sin embargo, en algunos sectores principalmente de Tambopata y Bahuaja Sonene los grupos familiares están siendo desplazados por la extracción ilegal de oro», dijo Juvenal Silva, quien también conformó el equipo de investigación sobre la nutria gigante. Para identificar las unidades prioritarias de conservación de la nutria gigante, los científicos usan información histórica, recopilación de relatos locales e ingresos a campo para determinar la presencia de la especie en los ríos. Tras una recopilación de datos de tres años, de 2015 a 2018, y una reunión presencial para la sistematización de la información, se determinó la existencia de 36 zonas en Sudamérica donde se encuentran los gigantes del río. Sin embargo, por la cercanía de ríos y grupos familiares de nutrias, se sintetizó en 22 unidades prioritarias, donde se agrupan más de 80 cuencas fluviales en doce países. Estas zonas tienen diferentes tamaños, algunas son pequeñas como Cuareim-Arandi, de solo 1367 kilómetros cuadrados, y hay otras enormes con 829 152 kilómetros cuadrados en la región llamada Escudo Guayanés de Brasil, Colombia, Guayana Francesa, Guyana y Surinam. Rob Wellace explicó que para determinar una unidad de conservación se han identificado grupos familiares de nutrias. “Una de las más grandes está en Perú, con 250 individuos de la especie en un mismo lugar” asevero. Los científicos establecieron tres clases de tamaño de población de nutrias gigantes: tipo I, tiene más de 250 individuos adultos reproductivos; Tipo II, con más de 50 reproductores; y el tipo III, con menos de 50 adultos. Los científicos han logrado obtener información del 62.79 % del polígono de distribución histórica. Es decir, se han identificado la presencia de la nutria gigante en 3 971 303.92 kilómetros cuadrados (44.02 %) y se reconoce la ausencia de esta especie en 1 693 352.44 kilómetros cuadrados (18.77 %). Sin embargo, no han logrado tener información sobre un espacio de 3 356 933.64 kilómetros cuadrados porque hace falta de expertos en esas zonas. “Nos hacen falta más estudios sobre la nutria gigante. No hemos podido determinar si en ese rango no existe la especie o simplemente no hay expertos que hagan la evaluación”, señaló Rob Wellace, líder del proyecto. Hay una falta de información particularmente notable en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia y Perú. Wallace señaló que será un reto para la comunidad científica trabajar en estas áreas donde hace falta evaluar la presencia de las nutrias gigantes. “Las nutrias tienen fama de voltear los botes. Si las ves no debes acercarte a ellas, debes alejarte o espantarlas. Avanzan en manada y no son muy cariñosas”, dice el fotógrafo Romaní. Esta es la versión más frecuente que se escucha de la nutria en la Amazonía peruana, tanto en comunidades indígenas como locales. Los humanos no suelen interactuar mucho con las nutrias gigantes por este mito. Estos animales son carnívoros, sociales y ruidosos cuando están en el curso del agua. Además, de ser fácilmente visibles, en especial cuando están en grupo. La especie ha enfrentado varias amenazas para su supervivencia. En la década de 1960, la caza por la piel de la nutria era el principal problema, que casi la llevó a la extinción. Pero la implementación de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) en 1973, ha reducido la caza considerablemente. Pero en la actualidad las amenazas a esta especie están más ligadas a la pérdida de la cobertura forestal y cuerpos de agua, como la contaminación por mercurio y petróleo que provocan las actividades extractivas ilegales. “El estudio va a ser presentado este año a los doce gobiernos para que puedan conocer las zonas priorizadas y así tomar decisiones en favor de la conservación de la nutria gigante”, anotó Rob Wellece. Esperemos que tomen nota de ello y procedan cuanto antes para protegerlos.
Como recordareis, hace un par de semanas nos referimos a la grosera injerencia estadounidense en America Latina, la cual con Donald Trump se ha profundizado mucho más - apoyando desvergonzadamente a “sus” candidatos que una vez que ganada las elecciones, se convierten en sus perros falderos, atentos y solícitos a sus órdenes. Precisamente, uno de los casos más patéticos es la del argentino Javier Milei, su mas abyecto y despreciable lacayo en la región. En estos últimos meses se vio que sus esfuerzos desestabilizadores no fueron en vano consiguiendo que Chile, Perú y Colombia se unieran a su ‘esfera de influencia’. Pero no satisfecho con ello, Trump ahora apunta con todo a Brasil, el gigante sudamericano, ‘auspiciando’ la candidatura del ultraderechista Flavio Bolsonaro, hijo del caído en desgracia Jair Bolsonaro, condenado por golpista. Pero si eso no funciona y el izquierdista Lula da Silva consigue un cuarto mandato, ya se están sentando las bases para una posible intervención militar. En efecto, desde sanciones y guerras económicas, hasta asesorar a influencers y periodistas sobre cómo atacar mejor al gobierno de izquierdas, la administración Trump está haciendo todo lo posible para derrocar a Lula. En esa dirección, va la reciente decisión del Departamento de Estado de designar a las bandas brasileñas como "organizaciones terroristas extranjeras", tal como hizo con el Tren de Aragua de Venezuela, señala una disposición a intervenir militarmente. Es indudable por ello que Brasil es el próximo objetivo de Trump y se basa en la reciente injerencia de Estados Unidos e Israel en las elecciones colombianas de mayo, donde el antisistema Abelardo de la Espriella obtuvo una victoria por un estrecho y polémico margen. Como sabéis, las elecciones de octubre en Brasil se acercan rápidamente, con dos candidatos principales: el actual presidente de centro-izquierda Lula da Silva y su retador de extrema derecha, Flavio Bolsonaro, cuyo padre Jair fue sentenciado a 27 años de prisión por liderar un intento de golpe inspirado el 6 de enero, y hermano de Eduardo (condenado en ausencia por presionar a Estados Unidos para que interviniera militarmente en el juicio de su padre). Es obvio qué candidato prefiere Washington. Los Bolsonaro están política, ideológica y personalmente muy unidos al movimiento MAGA, y Flavio ya ha prometido que, si es elegido, su país se convertirá en uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos, disputando ese dudoso ‘honor’ con Milei. Actualmente, Lula tiene una ventaja de dos dígitos sobre Bolsonaro (40 por ciento frente a 28 por ciento, sin que ningún otro candidato tenga más del 10 por ciento de las intenciones de voto del público). Pero la política brasileña puede cambiar muy rápido; en el 2018, Lula tenía una ventaja de 20 puntos sobre Jair Bolsonaro cuando el Tribunal Supremo brasileño le impidió presentarse. Fue encarcelado por cargos falsos en un caso orquestado por el gobierno estadounidense, dejando el camino libre para la victoria de Bolsonaro. Por ese motivo, Lula ha dado la alarma de que la democracia brasileña vuelve a estar amenazada por Washington. "En lo que a mí respecta, [Trump] puede seguir queriendo a Bolsonaro, el padre, el hijo, el nieto... No hay problema con eso. Es su problema. No hay explicación para el gusto", dijo. "Ahora, no te metas en las elecciones brasileñas, porque las elecciones brasileñas son un problema brasileño, así como las elecciones estadounidenses son asunto suyo, no mío", añadió: "Todo lo que quiero es el mismo respeto por Brasil que tengo por Estados Unidos. Eso es todo" expreso. Sin embargo, Washington tiene otros planes. El 26 de mayo, Flavio Bolsonaro viajó a Washington para reunirse con Trump, el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio para convencerles del concepto de intervención militar en Brasil. A los pocos días, ‘coincidentemente’ el Departamento de Estado de EE. UU. designó a dos bandas brasileñas, Comando Vermelho y Primeiro Comando da Capital, como "Terroristas Globales Especialmente Designados" y "Organizaciones Terroristas Extranjeras", una decisión que Brian Mier, periodista estadounidense que se trasladó a Brasil en 1991 y ahora es corresponsal de TeleSur English, describió como "un movimiento preventivo para posiblemente invadir si Lula gana la reelección." En el 2025, el Departamento de Estado hizo lo mismo con la banda venezolana Tren de Aragua. A los pocos meses, Estados Unidos llevó a cabo una operación para capturar al dictador Nicolás Maduro, decapitando al régimen chavista y convirtiendo a Venezuela en un ‘protectorado’ estadounidense. Mier señaló que el gobierno de Estados Unidos también está entrenando activamente a influencers brasileños en métodos y técnicas para atacar de la mejor manera a Lula y al gobierno. A principios de este año, se reveló que el Consulado de Estados Unidos en São Paulo organizó una serie de talleres con figuras destacadas de derechas. Una de ellas es la influencer Maria Fernanda Schmidt, que confirmó la validez de la información publicando un conjunto de fotos del evento en su Instagram. "Fue una excelente oportunidad para compartir con diplomáticos los retos que enfrentan influencers, periodistas y productores de contenido en el entorno digital, en un diálogo enriquecedor sobre la dirección de la libertad de expresión en Brasil", escribió. A su vez, el Consulado de EE. UU. también ha organizado visados y viajes a Estados Unidos para periodistas locales. El objetivo era atraerlos para que atacaran a Lula y promovieran la candidatura de Bolsonaro promoviendo la postura respaldada por Estados Unidos de que “la libertad de expresión y la libertad de expresión están siendo atacadas en Brasil, gracias al gobierno de Lula”. Esta disparatada idea se basa en gran medida en una disputa del 2024 entre las autoridades brasileñas y el multimillonario estadounidense Elon Musk. Musk se negó a cumplir una orden judicial brasileña para eliminar cuentas de extrema derecha en Twitter (ahora oficialmente llamada X) que violaba las leyes del país contra el discurso de odio y la desinformación. Musk, él mismo defensor de la política de extrema derecha y alguien que ha utilizado abiertamente sus plataformas para promover un cambio de régimen en todo el mundo, se negó a hacerlo, lo que llevó al cierre temporal de X en todo Brasil. "Actores poderosos de la administración Trump y del Partido Republicano, así como aliados tecnológicos y analistas de Silicon Valley que conforman parte del estado integral de EE. UU. (Steve Bannon, Elon Musk, Peter Thiel, Michael Shellenberger, etc.) han estado trabajando estrechamente con la familia Bolsonaro desde que Jair Bolsonaro se presentó por primera vez a la presidencia en el 2018", agrego. No es ningún secreto que la derecha brasileña está profundamente influenciada por el movimiento MAGA. De hecho, Brasil incluso tuvo su propio momento entre el 6 de enero y el 8 de enero del 2023. Tras perder las elecciones presidenciales del 2022 frente a Lula, el padre de Flavio, Jair Bolsonaro, salió a los medios denunciando el resultado, alegando irregularidades y llamando a una insurrección. Miles de personas marcharon por las calles de Brasilia, protestando y pidiendo la intervención militar, tomando por asalto el Congreso el 8 de enero. Pero al igual que lo ocurrido el 6 de enero en Washington - cuando seguidores de Trump, portando banderas confederadas asaltaron también el Congreso - los alborotadores no tuvieron éxito. Sin embargo, a diferencia de Estados Unidos, Bolsonaro fue responsabilizado por su intento de golpe y fue condenado en el 2025 a 27 años de prisión. No hay duda de su culpabilidad. Durante su juicio, Bolsonaro admitió que se reunió con altos generales brasileños para discutir cómo mantener el poder, incluso luego de perder las elecciones. Sin embargo, Trump estaba indignado por la decisión. "La forma en que Brasil ha tratado al expresidente Bolsonaro, un líder muy respetado en todo el mundo durante su mandato, incluido Estados Unidos, es una vergüenza internacional", afirmó, exigiendo el fin inmediato del juicio. Trump impuso sanciones económicas severas a Brasil y al juez del Tribunal Supremo del país, Alexandre de Moraes. Esta decisión probablemente estuvo influida por el hijo de Jair y hermano de Flavio, Eduardo, quien presionó fuertemente a la administración Trump en nombre de su padre, exigiendo sanciones a su país. Brasil consideró esto un intento de obstruir la justicia y condenó a Eduardo a cuatro años de prisión en rebeldía. Actualmente vive en una mansión en Texas y no puede regresar a su tierra natal. Allí, desempeña un papel similar al de María Corina Machado en Venezuela, presionando a Estados Unidos para que intervenga militarmente en su país y así devolver el poder a su familia. En octubre, pidió públicamente al ejército estadounidense que bombardeara Río de Janeiro bajo el pretexto “de luchar contra el narcotráfico”. Trump también comentó sobre el juicio de Eduardo, aunque parecía creer que Eduardo es su hermano, Flavio. He oído que arrestaron a alguien que se presenta hoy a un cargo público", dijo Trump en junio. "He oído que arrestaron al hijo de Bolsonaro, que estaba funcionando bien en las encuestas." De hecho, es Flavio Bolsonaro quien se presenta a la presidencia. Si es elegido, Flavio ha prometido a Estados Unidos una influencia considerable dentro del país, ofreciendo a la administración Trump el control sobre su equipo de transición. Esto significaría, según algunos, que los funcionarios estadounidenses tomarían un poder considerable sobre la economía y la sociedad de Brasil, de una manera no muy diferente a la que controlaban Irak, o como hoy lo hacen con Venezuela. Por cierto, las próximas elecciones entre Lula y Flavio Bolsonaro también se están celebrando en un contexto en el que Estados Unidos intenta activamente colapsar la economía brasileña para hundir las posibilidades de Lula. Estados Unidos ha impuesto aranceles amplios del 40-50 por ciento a los productos brasileños, con más aranceles en camino. Estas medidas eran bastante diferentes de los aranceles generalizados impuestos a gran parte del mundo el año pasado. Por un lado, Estados Unidos mantiene un superávit comercial saludable con Brasil, a diferencia de la mayoría de los demás países. En segundo lugar, en su orden ejecutiva, Trump declaró explícitamente que (énfasis añadido): "Si el gobierno de Brasil toma medidas significativas para abordar la emergencia nacional declarada en esta orden y se alinea suficientemente con Estados Unidos en materia de seguridad nacional, economía y política exterior descrita en esta orden, puedo modificar aún más dicha orden." La clara implicación de esta declaración es que Brasil está siendo castigado por no ser “leal” a Washington. Como sabéis, las relaciones diplomáticas se deterioraron a principios de este mes, luego de que Estados Unidos revocara el visado de la embajadora brasileña María Luiza Ribeiro Viotti, obligándola a regresar a casa. Ese mismo día, Brasil había ordenado al embajador argentino que abandonara el país. "La administración Trump ha estado trabajando estrechamente con [el presidente argentino] Javier Milei para deslegitimar a los partidos, líderes y administraciones de izquierdas en toda América Latina", dijo Mier, señalando que Milei había viajado a São Paulo en julio para asistir a la convención nacional del Partido Liberal de extrema derecha, donde Flavio Bolsonaro fue elegido oficialmente como candidato presidencial del partido. Milei ha sido muy claro en su deseo de ver la derrota de Lula, asistiendo a manifestaciones de Bolsonaro y llamando a Lula "corrupto", "ladrón" y "convicto". El uso de la palabra convicto por parte de Milei se refiere a la Operación Lava Jato, un plan respaldado por Estados Unidos que llevó a la prisión de Lula por cargos de corrupción. Lula había estado por delante de Jair Bolsonaro por más de 20 puntos en las encuestas para las elecciones generales del 2018, pero estaba encarcelado y se le prohibió presentarse a cargos públicos, incluso desde su celda. La fiscalía trabajó estrechamente con Washington para asegurar que Lula permaneciera tras las rejas e incapaz de presentarse a las elecciones, allanando el camino para el ascenso de Bolsonaro, quien nombró posteriormente a Sergio Moro, el juez que envió a Lula a prisión, como su ministro de justicia. Sin embargo, más tarde se supo que Moro había estado coordinando todo el tiempo con la fiscalía, incluido el fiscal jefe, Deltan Dallagnol, quien comentó que el arresto de Lula fue "un regalo de la CIA." Luego de su elección, tanto Bolsonaro como Moro volaron a Langley, Virginia, para reuniones en la sede de la CIA. A ojos de Washington, el asunto fue un éxito rotundo. Leslie Backschies, entonces del FBI. enlace y posteriormente jefe de la unidad internacional de corrupción del Buró, presumió de que su organización había "derrocado presidentes en Brasil." Así, lo que se vendió al público brasileño como una cruzada "anticorrupción", en realidad era un ejemplo principal de la legislación moderna, una que Lula describió como "con las manos de Estados Unidos encima". La corrupción descarada del caso provocó una amplia indignación tanto nacional como internacional, convirtiéndose Lula en el preso político más conocido del mundo. Tras una gran presión pública, fue liberado de prisión y sus condenas anuladas. En el 2022, llegó al poder en unas elecciones que los Bolsonaro trabajaron duro en derrocar. Lula ahora busca un cuarto mandato sin precedentes. Y aunque ha sido una figura política importante desde los años 80, ha mantenido un nivel significativo de apoyo popular. Nacido en una familia obrera baja, entró en la política como líder sindical de metalúrgicos en 1969, bajo la dictadura militar respaldada por Estados Unidos. Una vez en el poder, los innovadores programas sociales de su partido sacaron a decenas de millones de personas de la pobreza y reforzaron su base de apoyo entre la clase trabajadora brasileña. Sin embargo, son sus movimientos internacionales los que han provocado tanta indignación en Washington. Lula ha intentado regularmente bloquear o al menos negarse a apoyar plenamente las ambiciones imperiales estadounidenses en la región. Pero es el liderazgo de Brasil en el bloque económico de los BRICS y su creciente cooperación con Rusia y China (la "R" y la "C" del acrónimo BRICS) lo que quizás sea la razón clave por la que Trump quiere que se vaya. En los últimos años, los BRICS han pasado de ser una alianza económica anodina a una amenazante hegemonía estadounidense en todo el mundo, principalmente a través de su contestación del dólar estadounidense como la moneda de reserva dominante del mundo, una posición que otorga a Washington un poder e influencia extraordinarios sobre la economía global. Los BRICS están a la vanguardia de la desdolarización del comercio global. Y ese esfuerzo está liderado por Brasil. El año pasado, la organización celebró una exitosa cumbre en Río de Janeiro. La directora del Banco de Desarrollo BRICS (ahora llamado Nuevo Banco de Desarrollo o NDB) es Dilma Rousseff, una aliada clave de Lula y expresidenta de Brasil. Centrándose en financiar grandes proyectos de desarrollo en países más pobres, el NDB podría convertirse en un serio rival para el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, dominados por Estados Unidos. "Cada noche me pregunto por qué todos los países tienen que basar su comercio en el dólar", dijo Lula en un discurso en la NDB en Shanghái, "¿Por qué no podemos comerciar basándonos en nuestras propias monedas? ¿Quién fue el que decidió que el dólar era la moneda tras la desaparición del patrón oro?" añadió. "El presidente se enfada cada vez que mira el esfuerzo de desdolarización de los BRICS", reveló el asesor de Trump, Steve Bannon. Trump ha declarado que los BRICS podrían "destruir el dólar" y, si tienen éxito en ello, sería "como perder una guerra, una gran guerra mundial; Ya no seríamos el mismo país." Trump impuso aranceles adicionales a los países BRICS, incluido Brasil, afirmando: "Tienen que pagar un 10 por ciento si están en BRICS. Porque los BRICS fueron preparados para hacernos daño. Los BRICS fueron creados para degenerar nuestro dólar, y tomar nuestro dólar como estándar, quitarlo como estándar. El dólar es el rey, y vamos a mantenerlo así", concluyó. Cuando le preguntaron por qué Trump está tan implicado en las próximas elecciones en Brasil, Mier respondió: "Hegemonía. Brasil es, posiblemente, el último gobierno soberano de centro-izquierda en Sudamérica, pero también tiene la segunda economía más grande de América luego de Estados Unidos y alberga aproximadamente la mitad de la población de América Latina. De acuerdo con la nueva ‘doctrina Monroe’ de Trump, Estados Unidos quiere a un Brasil completamente subordinado, libre de la influencia china." Efectivamente, la semana pasada el Departamento de Estado emitió un comunicado que decía: "La Doctrina Monroe ha moldeado la política exterior de Estados Unidos durante más de dos siglos. El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado." Declarada por primera vez en 1823, la Doctrina Monroe (y sus posteriores corolarios) sugieren que “la totalidad de América pertenece únicamente a Estados Unidos, que ninguna otra potencia extranjera es bienvenida en la región y que Estados Unidos puede intervenir militarmente en cualquier país del hemisferio si y cuando lo desee”. Generaciones de académicos, políticos y analistas han minimizado la doctrina, atacando a los que afirman que esta política sigue activa como teóricos equivocados o conspiranoicos. Pero la administración Trump, con su tendencia continua a decir lo más callado en voz alta, ha abrazado abiertamente la Doctrina Monroe, rebautizándola como “Doctrina Donroe” y la ha declarado política oficial del gobierno de EE. UU. La administración Trump ciertamente ha intentado hacer cumplir esta doctrina y ha estado interviniendo abiertamente en los asuntos políticos de las naciones de todo el hemisferio, como sucedió recientemente en Colombia. La extrema derecha ha ido en auge en América Latina en estos últimos tiempos, para complacencia de Trump. Sin embargo, Brasil se interpone en su camino del dominio total del continente. El país más grande y poblado de la región sigue siendo un baluarte contra el trumpismo. Mientras la extrema derecha avanza por la región, las encuestas muestran que el público brasileño sigue confiando en Lula, de 80 años, y rechaza en gran medida a Flavio Bolsonaro. A pocos meses de los comicios en el Brasil, ningún resultado está escrito en piedra. Lo que sí es seguro, sin embargo, es que Estados Unidos seguirá tratando de inmiscuirse en los asuntos internos de una región, a la que Trump describe como “el patio trasero de Estados Unidos” ¿Se saldrá con la suya esta vez?
Como sabéis, China y Perú comparten una condición singular: ambos son cunas de civilizaciones milenarias. Hoy, ese vínculo encuentra un nuevo punto de acercamiento en Beijing. En efecto, desde el pasado 17 de mayo, el Museo de la Capital de Beijing presenta la exposición Oro, Poder y Eternidad del Perú Antiguo, una muestra donde se presenta las creencias religiosas, las estructuras de poder y las expresiones artísticas de las antiguas sociedades del Perú. Por cierto, la muestra forma parte de la exhibición internacional Oro, Maíz y Jaguar, organizada por dicho museo, y reúne 200 bienes culturales muebles prehispánicos que ponen en valor el extraordinario legado cultural de las sociedades ancestrales peruanas. Lo que llama la atención de la exposición es la extraordinaria calidad de sus acabados. A través de un recorrido histórico por las culturas Chavín, Cupisnique, Mochica, Wari, Lambayeque, Sicán, Chimú y el Imperio inca, la muestra refleja más de tres mil años de desarrollo cultural y excelencia metalúrgica alcanzada por las antiguas civilizaciones del Perú. En las culturas andinas, el oro no era simplemente riqueza material. Representaba el sol, la eternidad y la conexión entre el mundo humano y lo divino. Muchas de las piezas expuestas fueron utilizadas en rituales religiosos y ceremonias de poder, reflejando la profunda espiritualidad de estas civilizaciones. Entre las piezas exhibidas destacan bienes culturales procedentes del Museo Tumbas Reales de Sipán, el Museo Arqueológico Nacional Brüning, el Museo de Sitio Túcume y el Museo Nacional Sicán. Asimismo, participan el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, el Museo de Sitio Manuel Chávez Ballón y el Museo Histórico Regional del Cuzco. Una de las grandes atracciones de la muestra son los hallazgos procedentes de las Tumbas Reales de Sipán, consideradas por muchos especialistas como el “Tutankamón de los Andes”. Su descubrimiento revolucionó la arqueología latinoamericana y permitió recuperar intacta la tumba de un antiguo gobernante mochica. El reconocido arqueólogo peruano Walter Alva explicó que el hallazgo de Sipán permitió rescatar científicamente un entierro intacto del antiguo Perú, algo extremadamente inusual debido al saqueo histórico de numerosas tumbas arqueológicas. También forman parte de esta importante exhibición el Gabinete de Elementos Muestrales y Colecciones de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cuzco y el Área de Manejo de Colecciones de la Dirección General de Museos del Ministerio de Cultura. A ello se suman piezas de museos particulares, como el Museo Central del Banco Central de Reserva del Perú y el Museo de Arte de Lima. Muchas de estas obras rara vez son presentadas juntas en una misma exposición. La exposición posee además un fuerte componente simbólico: varias de las piezas fueron traficadas ilegalmente en el pasado y posteriormente recuperadas gracias a la cooperación internacional. Hoy vuelven a exhibirse al público como símbolo de protección del patrimonio cultural. Al respecto, la directora general de la Dirección General de Museos del Ministerio de Cultura, Blanca Alva Guerrero, brindó dos conferencias sobre el rol de los museos como espacios de diálogo, educación y preservación del patrimonio, así como sobre el legado histórico de las antiguas civilizaciones peruanas. “En los últimos 25 años solo se han realizado tres exposiciones de piezas peruanas en China y esta es la más grande de todas. Es una gran oportunidad porque muchas de las piezas normalmente no se exhiben juntas”, destacó. La exposición permanecerá en el Museo de la Capital de Beijing hasta el 7 de octubre del 2026. Posteriormente, se presentará en el Museo Ningbo, del 5 de noviembre del 2026 al 4 de abril del 2027, y en el Museo de Shandong, del 27 de mayo al 31 de agosto del 2027.
De manera involuntaria, los cubanos son expertos veteranos en el arte de esperar: colas para recibir la misera ración de un pan del día, colas para esperar durante horas viejos y destartalados autobuses que siempre van abarrotados, colas para recibir con su tarjeta de racionamiento, un puñado de frejoles y una mano de plátanos para que les alcance - quien sabe cómo - para todo el mes, colas para intentar obtener las visas para irse de ese país sometido a una cruel dictadura comunista desde 1959, donde el 97% de sus habitantes vive en la pobreza extrema y en el cual, los únicos privilegiados son los de la camarilla castrista, que se vale de una sangrienta represión para acallar cualquier protesta. Desde que la pandemia sumió a la isla en una profunda crisis y en especial desde que el gobierno de Donald Trump instituyó en enero un bloqueo petrolero de facto contra Cuba (a lo que se debe sumar que la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro a inicios de este año, privo al país del vital petróleo que el régimen chavista les regalaba para poner en funcionamiento sus vetustas centrales eléctricas), ese ejercicio diario se ha convertido en una asfixia lenta. Su capital, La Habana, es un espejo de un país en ruinas, con casas que se derrumban por todas partes, como si hubiera sido víctima de un bombardeo, con sus calles infestadas de basura, y cuyos habitantes apenas disponen de luz y agua por una hora al día. Ahora los cubanos hacen de todo para sobrevivir. Mujeres que se prostituían a lo largo del viejo Malecón de La Habana en espera de los ansiados dólares o euros de los turistas que les sirva para comprar comida en el mercado negro. Pero ahora, que el turismo ha desaparecido, ya ni eso pueden hacer. Son 67 años de una pesadilla que no tiene cuando acabar. A pesar de ser una isla rodeada por el mar, tienen prohibido pescar, ya que podrían utilizar los botes para escapar. Es así, que mientras rebuscan entre los desperdicios algo que llevarse a la boca, esperan alimentos importados y medicamentos de venta libre que les envían sus familiares en el extranjero, aunque claro, la mayor parte se lo queda el régimen, para su uso y disfrute. Ni que decir de las remesas de dólares, que igualmente terminan en manos de la camarilla comunista y les entregan a cambio, pesos cubanos que no sirven para nada. Esperan además impacientes el regreso de la electricidad, o una brisa tenue en medio del opresivo calor del verano que les permita a sus hijos dormir un par de horas. Más que nada, los cubanos esperan señales de que Washington o su propio gobierno encontrarán una salida a su miseria actual; de que por fin podrían vivir en un país normal, sin seguir atrapados por décadas de políticas autoritarias, mala gestión económica y un régimen criminal que se resiste a abandonar el poder. Ni la nauseabunda propaganda en los medios propalada - cuando tienen luz - por el títere Miguel Díaz-Canel (ya que quien realmente manda allí es Raul Castro) que define ese desastre como “resistencia creativa frente al imperialismo”, puede ocultar que el pueblo cubano está siendo empujado a los límites de lo que puede soportar. La incertidumbre ha hecho que distintos actores depositen sus esperanzas en una serie de futuros posibles: la violenta caída del régimen comunista, una transición a la democracia negociada y respaldada por Estados Unidos o una acción militar que conduzca a Cuna a una especie de ‘protectorado’ estadounidense, siguiendo el modelo más reciente de Venezuela. Pero el escenario más probable es que la espera continúe: un estancamiento prolongado en el que los cubanos comunes pagan el precio. Algunos, en particular dentro de la diáspora cubana, esperan que se repita en Cuba el equivalente de lo que ocurrió en Europa del Este en 1989, cuando los regímenes comunistas cayeron en toda la región - uno detrás de otro - cual frutas podridas de un árbol carcomido hasta sus raíces. En consecuencia, aunque con una coordinación insignificante con los cubanos en la isla, líderes de la comunidad cubanoestadounidense han desempolvado, actualizado o redactado nuevos planes para una transición democrática que ilusamente esperan, ya que desde el régimen han asegurado que “morirán matando”. Cabe precisar, durante gran parte de esta primavera, no estaba claro que 1989 fuera el paralelo histórico que el gobierno de Trump tenía en mente. En comunicaciones directas con el nieto de Raul Castro y miembros de la siniestra cúpula de seguridad de Cuba, el secretario de Estado Marco Rubio t el director de la CIA, John Ratcliffe, señalaron su disposición a permitir que algunas de sus actuales autoridades comunistas se mantuvieran en el poder - al igual que lo sucedido en Venezuela - “siempre y cuando La Habana relajara el control estatal sobre la economía, liberara a los presos políticos y eliminara los vínculos e seguridad con los adversarios de Estados Unidos”. No obstante, desde mayo, tal como lo adelantamos líneas arriba, la posibilidad de tal acuerdo se ha desvanecido. A medida que Cuba se ha negado a aceptar las exigencias de Washington de un cambio significativo en el liderazgo, el gobierno estadounidense ha implementado sanciones secundarias que han obligado a muchas empresas hoteleras a retirarse de la isla. Ni el denominado “paquete de liberación económica” anunciado en junio, ni la liberación en julio del preso político de más alto perfil del país, el artista Luis Manuel Otero Alcántara, han logrado que Trump ceda. Este estancamiento ha reforzado las sospechas de que, desde el principio la intención del gobierno estadounidense era infligir la mayor cantidad de dificultades económicas, no para provocar concesiones, sino para crear las condiciones propicias para un malestar social generalizado que provoque la violenta caída de la dictadura comunista. A menudo, el verano ha sido la temporada de agitación política en Cuba, desde el Maleconazo de 1994, en medio de la depresión económica postsoviética, hasta las marchas nacionales contra el régimen del 11 de julio del 2021, en lo peor de la pandemia del Coronavirus. Los recientes colapsos de la red eléctrica han traído nuevas señales de ira pública. Los cacerolazos vecinales – ruidosas sesiones en la que se golpean cacerolas – y los bloqueos de calles ya inundados de toneladas de basura, a los que les prenden fuego todas las noches. Una dispositiva mostrada por error durante una comparecencia televisada del régimen, revelo que los funcionarios están preocupados por “un estallido social”. Sin embargo, una inestabilidad creciente no basta para que se repita en la isla lo de 1989 en Europa del Este, donde el colapso de sus regímenes comunistas no solo dependió del descontento popular, sino también de divisiones dentro de la elite gobernante y de grupos opositores con bases significativas. Hasta ahora, el criminal aparato coercitivo del régimen permanece intacto, la amenaza de represión ha debilitado el alcance de cualquier oposición y la emigración masiva sigue sustituyendo a la movilización masiva, con hasta dos millones de cubanos desde el 2025 simplemente ha redirigido a cientos de miles de migrantes hacia otros destinos. Si las penurias internas no presagian automáticamente el colapso del régimen. Podría ser tentador concluir que el cambio solo puede venir de afuera, con una intervención militar que derroque a la tiranía. Precisamente, durante semanas, el gobierno de Trump ha estado lanzando indirectas de una inminente acción militar al presentar a Cuba como una amenaza para la seguridad nacional, citando los lazos de inteligencia de La Habana con Beijing y Moscú, su adquisición de drones de Irán y su papel en lo que el Departamento de Estado llama la subversión hemisférica pasada y presente, donde los cubanos han tenido y tienen participación. Es más, la imputación de mayo contra Raul Castro a quien acusa de participar en el derribo de 1996 de dos aviones civiles cubanoestadounidenses, también proporciona un motivo para su captura al estilo de lo que sucedió con Nicolás Maduro. Sin embargo, cualquier intervención estadounidense traería a la mente un paralelismo histórico distinto: 1898, el inicio de una ocupación militar estadounidense de cuatro años que dio origen a una Cuba, subordinada completamente a los intereses económicos y políticos de los Estados Unidos, tal como sucede ahora con Venezuela. Pocos observadores esperan seriamente otra ocupación total de la isla por los estadounidenses. Pero la historia no necesita necesariamente repetirse literalmente para rimar con los viejos estribillos imperiales. Donald Trump ha planteado públicamente una “toma de control amistosa” de la isla. Al forzar la salida de los principales operadores hoteleros de la isla y otros socios del régimen cubano, las sanciones secundarias del gobierno han devaluado los activos de la isla y, potencialmente, han dejado el camino libre para que empresas estadounidense las adquieran a precio de remate. Mientras tanto, el nieto de Castro, que no ocupa ningún cargo de liderazgo formal en Cuba, en la práctica ha declarado que la isla está abierta a los negocios y ha expresado su disposición a negociar directamente con Trump, dejando en ridículo a Diaz-Canel, mostrándolo como un fantoche que no tiene poder alguno. Pero aceptar a un miembro de la odiada familia Castro como el equivalente de la venezolana Delcy Rodríguez, podría resultar inaceptable para muchos en la Casa Blanca, empezando con Rubio. Pero el patético “ejemplo” venezolano ofrece un precedente aleccionador; una acción militar en Cuba tal vez no garantice la democracia, sino “un Nuevo Orden” en la que el secretario de Estado opere como una especie de virrey, trabajando con un círculo cercano para repartirse el botín, convirtiendo de hecho a Cuba en un “protectorado” estadounidense como sucedió con Venezuela. Por ahora, todos esos escenarios resultan más imaginarios que inminentes. Incluso ante la ausencia de otros salvavidas extranjeros, los cubanos no han mostrado disposición alguna a cumplir las órdenes de Washington. Al régimen comunista tampoco se le ha ofrecido una vía de escape ni impunidad para sus crímenes, por lo que cumplir con las exigencias de Trump equivaldría a negociar la propia desaparición de la dictadura y sus integrantes terminar o bien muertos o en la cárcel, porque la venganza de los exiliados que retornarían a la isla sería terrible. Muchos de ellos han declarado que, una vez caído el régimen, no descansaran hasta colgar a Diaz-Canel, Raul Castro y toda la camarilla comunista que desde 1959 se apoderaron de la isla. “Para ellos no habrá perdón” es la frase que se repite insistentemente en Miami. En tanto, el margen de maniobra de Washington también está restringido. A pesar de los recientes informes sobre un nuevo grupo de trabajo sobre Cuba en la CIA, una escalada militar corre el riesgo de enredar a Estados Unidos en otro problema aun mayor que en Venezuela, en un momento en que Washington vuelve a estar enfocado en su agresión criminal a Irán. Los costos políticos internos de un nuevo enredo en Cuba también podrían pesar mucho de cara a las elecciones de medio mandato en otoño. Eso deja a ambas partes atrapados en un patrón de tira y afloja, de empujes y tirones, en el que cada uno busca que el otro haga primero una concesión verdaderamente significativa. Pero ni Estados Unidos ni Cuba van a ceder en sus posiciones y ello los conduciría a un enfrentamiento directo, algo que podría beneficiar a Trump ante sus electores, presentándolo como un incansable “luchador por la libertad” cuando de ello nada tiene, pero, aun así, puede engañar a muchos, siempre y cuando ello suceda antes de los comicios de noviembre. Mientras ello no ocurra, los cubanos que aún padecen esa tiranía criminal, no pueden seguir sufriendo hasta el infinito. Los gobiernos pueden darse el lujo de seguir jugando a esperar. Los cubanos comunes que ni tienen que comer, no.
Es el sexto nevado más alto del Perú y la tercera más elevada de la Cordillera Blanca en la región Áncash (forma parte del Parque Nacional Huascarán). Se encuentra a 6,370 metros sobre el nivel del mar. Posee cuatro picos en el lado oeste, norte, sur y el pico más alto. Es famoso por ser parte de rutas de senderismo que parten desde distintos puntos como la ciudad de Huaraz y Chavín de Huántar. La primera ascensión lo lograron el francés Lionel Terray y los holandeses Cees Egeler y Tom de Booy en 1952. Por su parte, la cara sur fue conquistada por los catalanes Miquel Garrell y Santi Ferrer, que formaban parte de la expedición Rajucolta 77 del Club Muntanyenc de Sant Cugat del Vallés, cuyos ocho miembros fueron: Josep Maria Navarro, Jordi Farrés, Josep Fatjó, Alfons Ferrer, Santi Ferrer, Francisco Javier Trigueros, Vicenç Soto y Miquel Garrell. Los dos alpinistas conquistaron, por primera vez, la cima por la arista sur en el año 1977. El Huantsán se trata en realidad de un grupo de cuatro montañas, tres de las cuales superan los 6000m. Aunque muchas veces se menciona al Huandoy Norte como la segunda montaña más alta de la Cordillera Blanca, pero la verdad es que el Huantsán lo iguala en altura (tienen aproximadamente la misma altitud), ubicándose ambos en una cuarta posición, detrás de las tres cumbres sobre 6400m que tiene el macizo del Huascarán. Esto lo convierte en la sexta montaña más alta de Perú. Entre las anécdotas históricas del nevado se encuentra la tragedia ocurrida en el año 1945, cuando aproximadamente quinientas personas del pueblo de Chavín murieron por una avalancha de nieve y hielo que se desprendió desde su cara este, y que avanzó por la quebrada Huachecsa. El pueblo resultó inundado y las ruinas del Templo de Chavín hasta el día de hoy continúan parcialmente cubiertas. El mítico escalador francés Lionel Terray, que realizó grandes y numerosas ascensiones en la Cordillera Blanca, escogió al Huantsán dentro de sus objetivos peruanos, sumando esta cumbre a la en ese entonces ya larga lista de primeras ascensiones en la zona, que incluye entre otros al Taulliraju y los dos Chacraraju. Los grados de dificultad de las rutas que llevan a su cumbre van desde difícil hasta extremadamente difícil, y es solo recomendada para expertos. Cualquiera de ellas requiere de más tiempo y esfuerzo que la mayoría de las montañas de la Cordillera Blanca. Sin embargo, la recompensa es tan grande como la montaña misma. Entre las rutas que llevan a las cumbres del Huantsán podemos mencionar las siguientes: 1-Huantsán Norte (6113m). Arista noroeste: Primera ascensión por los franceses G. Egeler y L. Terray, con el alemán T. de Booij en 1952. Aproximación por la remota quebrada Carhuascancha, ubicada en la vertiente este de la cordillera. En 1958 los estadounidenses D. Michael, I Ortenburger, L. Ortenburger (el montañista con mayor número de primeras ascensiones en la Cordillera Blanca), E. Vargas y G. Whitmore realizaron una variante a esta ruta entrando por la quebrada Shallap; Arista suroeste: Primera ascensión por los franceses R. Auda, P. Bonnier, J. Bouquier, L. Coursol, P. Ferry y G. Martin, en 1978. La aproximación la realizaron por la laguna Rajucoltacocha y desde ahí avanzaron a la laguna Ahuac; Cara oeste: Primera ascensión por K. Klinger y W. Sachatonicek en 1960. También realizaron la aproximación por la laguna Rajucoltacocha. 2- Huantsán (6395m). Arista nor-noroeste: Primera ascensión por los T. de T. de Booij, G. Egeler y L. Terray, en 1952. Después de ascender la cumbre norte, estos excursionistas continuaron hacia la cumbre principal. En 1958 los norteamericanos L. Ortenburger (nuevamente) y E. Vargas realizaron la cumbre norte igual que el grupo francés, pero accedieron a esta rodeando hacia el este; Arista noreste: primera ascensión por M. Batard, J.M. Maire, G. Missilier, M. Parmertier, D. Neff, G. Siebel y M. Johns, en 1974. Esta ruta comienza desde la cabecera de la quebrada Huantsán transitando por difícil terreno mixto; Cara oeste: Primera ascensión por B. Young, K. Messer y M. Lehner, en 1979. Esta ruta transita desde la laguna Ahuac, comenzado sobre la base del Huantsán oeste. 3-Huantsán Oeste (6270m). Cara norte: primera ascensión por J. Tarver y K. Starr en julio de 1984, la ascensión se realizó desde la laguna Tambillo hasta alcanzar el amplio corredor entre las cumbres oeste y principal; Cara oeste: primera ascensión por D. Bianchi, E. Begin, J.P. Floras y E. Brochot, en 1989. La aproximación la realizaron desde la laguna Ahuac; Pendientes suroeste: primera ascensión por L. Alipi, C. Di Pietro, C. Ferrari, A. Calmarini, G.Gianantonio, D. Giobbi, L. Guidali, S. Liati y M. Mazzoleni, en 1973, también desde la laguna Ahuac. 4-Huantsán Sur (5913m). Arista norte: primera ascensión por C. Di Pietro, A. Galmarini y D. Giobbi, en 1973, desde la laguna Ahuac; Pendientes oeste: primera ascensión por K. Kobayashi, A. Miyashita, T. Hayashi, Y. Homatsu y M. Nishigori en 1967. La ruta comienza desde la laguna Ahuac; Pendientes este, arista sureste: primera ascensión por guías peruanos realizando un rescate en 1997. Cabe precisar que, a pesar de ser un desconocido para la mayoría de los montañistas, es una de las montañas más impresionantes de la Cordillera Blanca. Sus proporciones, las de sus glaciares, las grandes paredes de más de 1500m de desnivel y las pocas ascensiones que registra, hacen que este nevado posea el calificativo del "K2 de la Cordillera Blanca". Todo esto se suma al hecho de que esta montaña es la única elevación en la región sur de la Cordillera Blanca que supera los 6000m, lo que lo hace parecer aún más grande debido a la enorme diferencia en el desnivel respecto a sus vecinos más cercanos como el San Juan (5843m), Tumarinaraju (5670m), Shaqsha (5703m), Cashan (5716m) o el Rurec (5696m).