De manera involuntaria, los cubanos son expertos veteranos en el arte de esperar: colas para recibir la misera ración de un pan del día, colas para esperar durante horas viejos y destartalados autobuses que siempre van abarrotados, colas para recibir con su tarjeta de racionamiento, un puñado de frejoles y una mano de plátanos para que les alcance - quien sabe cómo - para todo el mes, colas para intentar obtener las visas para irse de ese país sometido a una cruel dictadura comunista desde 1959, donde el 97% de sus habitantes vive en la pobreza extrema y en el cual, los únicos privilegiados son los de la camarilla castrista, que se vale de una sangrienta represión para acallar cualquier protesta. Desde que la pandemia sumió a la isla en una profunda crisis y en especial desde que el gobierno de Donald Trump instituyó en enero un bloqueo petrolero de facto contra Cuba (a lo que se debe sumar que la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro a inicios de este año, privo al país del vital petróleo que el régimen chavista les regalaba para poner en funcionamiento sus vetustas centrales eléctricas), ese ejercicio diario se ha convertido en una asfixia lenta. Su capital, La Habana, es un espejo de un país en ruinas, con casas que se derrumban por todas partes, como si hubiera sido víctima de un bombardeo, con sus calles infestadas de basura, y cuyos habitantes apenas disponen de luz y agua por una hora al día. Ahora los cubanos hacen de todo para sobrevivir. Mujeres que se prostituían a lo largo del viejo Malecón de La Habana en espera de los ansiados dólares o euros de los turistas que les sirva para comprar comida en el mercado negro. Pero ahora, que el turismo ha desaparecido, ya ni eso pueden hacer. Son 67 años de una pesadilla que no tiene cuando acabar. A pesar de ser una isla rodeada por el mar, tienen prohibido pescar, ya que podrían utilizar los botes para escapar. Es así, que mientras rebuscan entre los desperdicios algo que llevarse a la boca, esperan alimentos importados y medicamentos de venta libre que les envían sus familiares en el extranjero, aunque claro, la mayor parte se lo queda el régimen, para su uso y disfrute. Ni que decir de las remesas de dólares, que igualmente terminan en manos de la camarilla comunista y les entregan a cambio, pesos cubanos que no sirven para nada. Esperan además impacientes el regreso de la electricidad, o una brisa tenue en medio del opresivo calor del verano que les permita a sus hijos dormir un par de horas. Más que nada, los cubanos esperan señales de que Washington o su propio gobierno encontrarán una salida a su miseria actual; de que por fin podrían vivir en un país normal, sin seguir atrapados por décadas de políticas autoritarias, mala gestión económica y un régimen criminal que se resiste a abandonar el poder. Ni la nauseabunda propaganda en los medios propalada - cuando tienen luz - por el títere Miguel Díaz-Canel (ya que quien realmente manda allí es Raul Castro) que define ese desastre como “resistencia creativa frente al imperialismo”, puede ocultar que el pueblo cubano está siendo empujado a los límites de lo que puede soportar. La incertidumbre ha hecho que distintos actores depositen sus esperanzas en una serie de futuros posibles: la violenta caída del régimen comunista, una transición a la democracia negociada y respaldada por Estados Unidos o una acción militar que conduzca a Cuna a una especie de ‘protectorado’ estadounidense, siguiendo el modelo más reciente de Venezuela. Pero el escenario más probable es que la espera continúe: un estancamiento prolongado en el que los cubanos comunes pagan el precio. Algunos, en particular dentro de la diáspora cubana, esperan que se repita en Cuba el equivalente de lo que ocurrió en Europa del Este en 1989, cuando los regímenes comunistas cayeron en toda la región - uno detrás de otro - cual frutas podridas de un árbol carcomido hasta sus raíces. En consecuencia, aunque con una coordinación insignificante con los cubanos en la isla, líderes de la comunidad cubanoestadounidense han desempolvado, actualizado o redactado nuevos planes para una transición democrática que ilusamente esperan, ya que desde el régimen han asegurado que “morirán matando”. Cabe precisar, durante gran parte de esta primavera, no estaba claro que 1989 fuera el paralelo histórico que el gobierno de Trump tenía en mente. En comunicaciones directas con el nieto de Raul Castro y miembros de la siniestra cúpula de seguridad de Cuba, el secretario de Estado Marco Rubio t el director de la CIA, John Ratcliffe, señalaron su disposición a permitir que algunas de sus actuales autoridades comunistas se mantuvieran en el poder - al igual que lo sucedido en Venezuela - “siempre y cuando La Habana relajara el control estatal sobre la economía, liberara a los presos políticos y eliminara los vínculos e seguridad con los adversarios de Estados Unidos”. No obstante, desde mayo, tal como lo adelantamos líneas arriba, la posibilidad de tal acuerdo se ha desvanecido. A medida que Cuba se ha negado a aceptar las exigencias de Washington de un cambio significativo en el liderazgo, el gobierno estadounidense ha implementado sanciones secundarias que han obligado a muchas empresas hoteleras a retirarse de la isla. Ni el denominado “paquete de liberación económica” anunciado en junio, ni la liberación en julio del preso político de más alto perfil del país, el artista Luis Manuel Otero Alcántara, han logrado que Trump ceda. Este estancamiento ha reforzado las sospechas de que, desde el principio la intención del gobierno estadounidense era infligir la mayor cantidad de dificultades económicas, no para provocar concesiones, sino para crear las condiciones propicias para un malestar social generalizado que provoque la violenta caída de la dictadura comunista. A menudo, el verano ha sido la temporada de agitación política en Cuba, desde el Maleconazo de 1994, en medio de la depresión económica postsoviética, hasta las marchas nacionales contra el régimen del 11 de julio del 2021, en lo peor de la pandemia del Coronavirus. Los recientes colapsos de la red eléctrica han traído nuevas señales de ira pública. Los cacerolazos vecinales – ruidosas sesiones en la que se golpean cacerolas – y los bloqueos de calles ya inundados de toneladas de basura, a los que les prenden fuego todas las noches. Una dispositiva mostrada por error durante una comparecencia televisada del régimen, revelo que los funcionarios están preocupados por “un estallido social”. Sin embargo, una inestabilidad creciente no basta para que se repita en la isla lo de 1989 en Europa del Este, donde el colapso de sus regímenes comunistas no solo dependió del descontento popular, sino también de divisiones dentro de la elite gobernante y de grupos opositores con bases significativas. Hasta ahora, el criminal aparato coercitivo del régimen permanece intacto, la amenaza de represión ha debilitado el alcance de cualquier oposición y la emigración masiva sigue sustituyendo a la movilización masiva, con hasta dos millones de cubanos desde el 2025 simplemente ha redirigido a cientos de miles de migrantes hacia otros destinos. Si las penurias internas no presagian automáticamente el colapso del régimen. Podría ser tentador concluir que el cambio solo puede venir de afuera, con una intervención militar que derroque a la tiranía. Precisamente, durante semanas, el gobierno de Trump ha estado lanzando indirectas de una inminente acción militar al presentar a Cuba como una amenaza para la seguridad nacional, citando los lazos de inteligencia de La Habana con Beijing y Moscú, su adquisición de drones de Irán y su papel en lo que el Departamento de Estado llama la subversión hemisférica pasada y presente, donde los cubanos han tenido y tienen participación. Es más, la imputación de mayo contra Raul Castro a quien acusa de participar en el derribo de 1996 de dos aviones civiles cubanoestadounidenses, también proporciona un motivo para su captura al estilo de lo que sucedió con Nicolás Maduro. Sin embargo, cualquier intervención estadounidense traería a la mente un paralelismo histórico distinto: 1898, el inicio de una ocupación militar estadounidense de cuatro años que dio origen a una Cuba, subordinada completamente a los intereses económicos y políticos de los Estados Unidos, tal como sucede ahora con Venezuela. Pocos observadores esperan seriamente otra ocupación total de la isla por los estadounidenses. Pero la historia no necesita necesariamente repetirse literalmente para rimar con los viejos estribillos imperiales. Donald Trump ha planteado públicamente una “toma de control amistosa” de la isla. Al forzar la salida de los principales operadores hoteleros de la isla y otros socios del régimen cubano, las sanciones secundarias del gobierno han devaluado los activos de la isla y, potencialmente, han dejado el camino libre para que empresas estadounidense las adquieran a precio de remate. Mientras tanto, el nieto de Castro, que no ocupa ningún cargo de liderazgo formal en Cuba, en la práctica ha declarado que la isla está abierta a los negocios y ha expresado su disposición a negociar directamente con Trump, dejando en ridículo a Diaz-Canel, mostrándolo como un fantoche que no tiene poder alguno. Pero aceptar a un miembro de la odiada familia Castro como el equivalente de la venezolana Delcy Rodríguez, podría resultar inaceptable para muchos en la Casa Blanca, empezando con Rubio. Pero el patético “ejemplo” venezolano ofrece un precedente aleccionador; una acción militar en Cuba tal vez no garantice la democracia, sino “un Nuevo Orden” en la que el secretario de Estado opere como una especie de virrey, trabajando con un círculo cercano para repartirse el botín, convirtiendo de hecho a Cuba en un “protectorado” estadounidense como sucedió con Venezuela. Por ahora, todos esos escenarios resultan más imaginarios que inminentes. Incluso ante la ausencia de otros salvavidas extranjeros, los cubanos no han mostrado disposición alguna a cumplir las órdenes de Washington. Al régimen comunista tampoco se le ha ofrecido una vía de escape ni impunidad para sus crímenes, por lo que cumplir con las exigencias de Trump equivaldría a negociar la propia desaparición de la dictadura y sus integrantes terminar o bien muertos o en la cárcel, porque la venganza de los exiliados que retornarían a la isla sería terrible. Muchos de ellos han declarado que, una vez caído el régimen, no descansaran hasta colgar a Diaz-Canel, Raul Castro y toda la camarilla comunista que desde 1959 se apoderaron de la isla. “Para ellos no habrá perdón” es la frase que se repite insistentemente en Miami. En tanto, el margen de maniobra de Washington también está restringido. A pesar de los recientes informes sobre un nuevo grupo de trabajo sobre Cuba en la CIA, una escalada militar corre el riesgo de enredar a Estados Unidos en otro problema aun mayor que en Venezuela, en un momento en que Washington vuelve a estar enfocado en su agresión criminal a Irán. Los costos políticos internos de un nuevo enredo en Cuba también podrían pesar mucho de cara a las elecciones de medio mandato en otoño. Eso deja a ambas partes atrapados en un patrón de tira y afloja, de empujes y tirones, en el que cada uno busca que el otro haga primero una concesión verdaderamente significativa. Pero ni Estados Unidos ni Cuba van a ceder en sus posiciones y ello los conduciría a un enfrentamiento directo, algo que podría beneficiar a Trump ante sus electores, presentándolo como un incansable “luchador por la libertad” cuando de ello nada tiene, pero, aun así, puede engañar a muchos, siempre y cuando ello suceda antes de los comicios de noviembre. Mientras ello no ocurra, los cubanos que aún padecen esa tiranía criminal, no pueden seguir sufriendo hasta el infinito. Los gobiernos pueden darse el lujo de seguir jugando a esperar. Los cubanos comunes que ni tienen que comer, no.
Es el sexto nevado más alto del Perú y la tercera más elevada de la Cordillera Blanca en la región Áncash (forma parte del Parque Nacional Huascarán). Se encuentra a 6,370 metros sobre el nivel del mar. Posee cuatro picos en el lado oeste, norte, sur y el pico más alto. Es famoso por ser parte de rutas de senderismo que parten desde distintos puntos como la ciudad de Huaraz y Chavín de Huántar. La primera ascensión lo lograron el francés Lionel Terray y los holandeses Cees Egeler y Tom de Booy en 1952. Por su parte, la cara sur fue conquistada por los catalanes Miquel Garrell y Santi Ferrer, que formaban parte de la expedición Rajucolta 77 del Club Muntanyenc de Sant Cugat del Vallés, cuyos ocho miembros fueron: Josep Maria Navarro, Jordi Farrés, Josep Fatjó, Alfons Ferrer, Santi Ferrer, Francisco Javier Trigueros, Vicenç Soto y Miquel Garrell. Los dos alpinistas conquistaron, por primera vez, la cima por la arista sur en el año 1977. El Huantsán se trata en realidad de un grupo de cuatro montañas, tres de las cuales superan los 6000m. Aunque muchas veces se menciona al Huandoy Norte como la segunda montaña más alta de la Cordillera Blanca, pero la verdad es que el Huantsán lo iguala en altura (tienen aproximadamente la misma altitud), ubicándose ambos en una cuarta posición, detrás de las tres cumbres sobre 6400m que tiene el macizo del Huascarán. Esto lo convierte en la sexta montaña más alta de Perú. Entre las anécdotas históricas del nevado se encuentra la tragedia ocurrida en el año 1945, cuando aproximadamente quinientas personas del pueblo de Chavín murieron por una avalancha de nieve y hielo que se desprendió desde su cara este, y que avanzó por la quebrada Huachecsa. El pueblo resultó inundado y las ruinas del Templo de Chavín hasta el día de hoy continúan parcialmente cubiertas. El mítico escalador francés Lionel Terray, que realizó grandes y numerosas ascensiones en la Cordillera Blanca, escogió al Huantsán dentro de sus objetivos peruanos, sumando esta cumbre a la en ese entonces ya larga lista de primeras ascensiones en la zona, que incluye entre otros al Taulliraju y los dos Chacraraju. Los grados de dificultad de las rutas que llevan a su cumbre van desde difícil hasta extremadamente difícil, y es solo recomendada para expertos. Cualquiera de ellas requiere de más tiempo y esfuerzo que la mayoría de las montañas de la Cordillera Blanca. Sin embargo, la recompensa es tan grande como la montaña misma. Entre las rutas que llevan a las cumbres del Huantsán podemos mencionar las siguientes: 1-Huantsán Norte (6113m). Arista noroeste: Primera ascensión por los franceses G. Egeler y L. Terray, con el alemán T. de Booij en 1952. Aproximación por la remota quebrada Carhuascancha, ubicada en la vertiente este de la cordillera. En 1958 los estadounidenses D. Michael, I Ortenburger, L. Ortenburger (el montañista con mayor número de primeras ascensiones en la Cordillera Blanca), E. Vargas y G. Whitmore realizaron una variante a esta ruta entrando por la quebrada Shallap; Arista suroeste: Primera ascensión por los franceses R. Auda, P. Bonnier, J. Bouquier, L. Coursol, P. Ferry y G. Martin, en 1978. La aproximación la realizaron por la laguna Rajucoltacocha y desde ahí avanzaron a la laguna Ahuac; Cara oeste: Primera ascensión por K. Klinger y W. Sachatonicek en 1960. También realizaron la aproximación por la laguna Rajucoltacocha. 2- Huantsán (6395m). Arista nor-noroeste: Primera ascensión por los T. de T. de Booij, G. Egeler y L. Terray, en 1952. Después de ascender la cumbre norte, estos excursionistas continuaron hacia la cumbre principal. En 1958 los norteamericanos L. Ortenburger (nuevamente) y E. Vargas realizaron la cumbre norte igual que el grupo francés, pero accedieron a esta rodeando hacia el este; Arista noreste: primera ascensión por M. Batard, J.M. Maire, G. Missilier, M. Parmertier, D. Neff, G. Siebel y M. Johns, en 1974. Esta ruta comienza desde la cabecera de la quebrada Huantsán transitando por difícil terreno mixto; Cara oeste: Primera ascensión por B. Young, K. Messer y M. Lehner, en 1979. Esta ruta transita desde la laguna Ahuac, comenzado sobre la base del Huantsán oeste. 3-Huantsán Oeste (6270m). Cara norte: primera ascensión por J. Tarver y K. Starr en julio de 1984, la ascensión se realizó desde la laguna Tambillo hasta alcanzar el amplio corredor entre las cumbres oeste y principal; Cara oeste: primera ascensión por D. Bianchi, E. Begin, J.P. Floras y E. Brochot, en 1989. La aproximación la realizaron desde la laguna Ahuac; Pendientes suroeste: primera ascensión por L. Alipi, C. Di Pietro, C. Ferrari, A. Calmarini, G.Gianantonio, D. Giobbi, L. Guidali, S. Liati y M. Mazzoleni, en 1973, también desde la laguna Ahuac. 4-Huantsán Sur (5913m). Arista norte: primera ascensión por C. Di Pietro, A. Galmarini y D. Giobbi, en 1973, desde la laguna Ahuac; Pendientes oeste: primera ascensión por K. Kobayashi, A. Miyashita, T. Hayashi, Y. Homatsu y M. Nishigori en 1967. La ruta comienza desde la laguna Ahuac; Pendientes este, arista sureste: primera ascensión por guías peruanos realizando un rescate en 1997. Cabe precisar que, a pesar de ser un desconocido para la mayoría de los montañistas, es una de las montañas más impresionantes de la Cordillera Blanca. Sus proporciones, las de sus glaciares, las grandes paredes de más de 1500m de desnivel y las pocas ascensiones que registra, hacen que este nevado posea el calificativo del "K2 de la Cordillera Blanca". Todo esto se suma al hecho de que esta montaña es la única elevación en la región sur de la Cordillera Blanca que supera los 6000m, lo que lo hace parecer aún más grande debido a la enorme diferencia en el desnivel respecto a sus vecinos más cercanos como el San Juan (5843m), Tumarinaraju (5670m), Shaqsha (5703m), Cashan (5716m) o el Rurec (5696m).
Como recordareis, hace unos meses atrás, el Criminal de Guerra, maldito pedófilo y violador de niños Donald Trump recorrió con la mirada la sala llena de líderes latinoamericanos reunidos en la cumbre inaugural del Escudo de las Américas, en Florida, y vio reflejados en ella a sus aliados políticos: cipayos a los que había respaldado públicamente y gobiernos afines a MAGA que están a sus órdenes, cual perros falderos. Vio al por entonces presidente electo de Chile, José Antonio Kast, un conservador respaldado por Trump que había ganado las elecciones por una amplia mayoría, y al sátrapa salvadoreño Nayib Bukele, quien había cerrado un acuerdo de 4,7 millones de dólares con Estados Unidos para albergar a deportados sospechosos de actividades de pandillas, el cual por cierto, ha anunciado su deseo de reelegirse indefinidamente, algo de lo cual la prensa conservadora - demostrando su complicidad con este demagogo - no dice una sola palabra, pero si se tratara de alguien afín a la izquierda (como el dictador nicaragüense Daniel Ortega, de quien nos ocupamos la semana pasada), les faltaría espacio para denunciarlo incesantemente. También se encontraban presentes en dicho encuentro, el argentino Javier Milei, uno de sus más abyectos lacayos, a quien había respaldado y ofrecido un rescate de 20 mil millones de dólares, y el hondureño Nasry Asfura, quien había logrado una ajustada victoria con el apoyo de Trump. “Están perdiendo y me ruegan que los apoye. Les doy mi apoyo y ganan por 30 puntos”, dijo Trump al grupo presente. “Si pude vender eso, ¿hay alguna manera?” Por primera vez entre los presidentes estadounidenses de forma abierta, Trump ha respaldado a candidatos y favorecido a gobiernos latinoamericanos que, de manera desvergonzada, se muestran sumisos a los Estados Unidos. Para ello revivió una vieja doctrina del siglo XIX (la llamada Doctrina Monroe, ‘rebautizada’ como Doctrina Donroe), como un instrumento para la intervención estadounidense en América Latina, utilizando su poderío militar y amenazando con retener la ayuda económica o imponer aranceles a sus exportaciones, con el objetivo de extender la influencia de Estados Unidos en la región y tenerlos bajo su control. El objetivo: revitalizar el dominio estadounidense en el hemisferio occidental, tratando de expulsar a China, cuyas inversiones - e intereses - en la región no cesan. Para lograrlo relanzo el 7 de marzo, la renombrada Alianza Escudo de las Américas, una coalición que ha reemplazado de facto la cumbre de la era Clinton que reunió a líderes de toda la región con diferentes tendencias políticas. Pero a diferencia de esa reunión, en la organizada por Trump solo se encontraban sus incondicionales. Se dice que esta nueva alianza “se centrara en el uso de la fuerza militar letal para eliminar a presuntos narcotraficantes” aunque lo cierto es que de esta manera tratara de “justificar” sus intervenciones militares en la región. Bastara que a un gobierno hostil se le acusé de estar coludido con el narcotráfico y lo ataque, tal como sucedió con Venezuela, donde el verdadero motivo era apoderarse de sus inmensas reservas de petróleo - que el mismo Trump admitió - pero de “restaurar la democracia” que era el pretexto para intervenir en dicho país, ya no se habla, ni está en su agenda. En el último año, Trump además ha ejercido su influencia en Ecuador para llevar a cabo ataques militares contra presuntos narcotraficantes y ha respaldado a líderes conservadores en Chile, Honduras y Colombia, cuyo nuevo presidente asumió el cargo el 7 de agosto. Aún está por verse cómo la influencia de Trump podría afectar las elecciones presidenciales de octubre en Brasil, el país más importante de Latinoamérica. “Estos no son los gobiernos conservadores que se habrían sentido identificados con George W. Bush”, afirmó William LeoGrande, profesor de la American University especializado en política latinoamericana. “Son de extrema derecha. Y algunos de ellos, obviamente, son auténticos antisistema, como el propio Donald Trump” indico. La expansión del movimiento MAGA le ha brindado a Trump la oportunidad de apoyar a candidatos afines en América Latina, según declaró un alto funcionario de la Casa Blanca en referencia a los respaldos de Trump, quien lo presenta como una forma de abordar la migración y el flujo de drogas provenientes de América Latina. “Creo que para Trump es satisfactorio sentir y pensar que tiene cierto poder para influir en la política de toda una parte del mundo”, dijo Will Freeman, investigador de estudios latinoamericanos en el Consejo de Relaciones Exteriores. “Como ocurre con muchas cosas, es algo que él cree que Estados Unidos antes solo hablaba de ello, pero que probablemente no respetaba en realidad”. Cabe precisar que respaldar a candidatos en elecciones extranjeras siempre se ha considerado inaceptable para los presidentes estadounidenses. La administración del musulmán encubierto Barack Hussein Obama se empeñó en mantener a los líderes extranjeros alejados de la Casa Blanca demasiado cerca de sus elecciones. Pero hacia el final de su presidencia, durante una visita a Berlín a finales del 2016, prácticamente respaldó a la canciller alemana Angela Merkel, con quien compartía ideología, para un cuarto mandato. “Si yo estuviera aquí, fuera alemán y tuviera derecho a voto, tal vez la apoyaría”, dijo Obama. “No sé si eso perjudica o beneficia”. Pero lo que Trump está haciendo en América Latina es diferente debido al historial de intervención directa de Estados Unidos, dijo Ricardo Zúñiga, diplomático de carrera que fue director sénior de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Obama. Trump está ofreciendo su apoyo incondicional en las redes sociales a candidatos específicos de ultraderecha y amenazo, por ejemplo, con recortar la ayuda a Honduras si los votantes eligieran a otra persona... Al final, gano “su” candidato. “Ese nivel de activismo es bastante inusual”, dijo Zúñiga. “Y cuando Obama mencionó el caso Merkel, en aquel momento se consideró una ruptura con las convenciones y fue bastante controvertido”. El poder blando estadounidense ha sido utilizado durante mucho tiempo por los presidentes de Estados Unidos para orientar las políticas de otras naciones. Con frecuencia, se ha manifestado en reuniones en el Despacho Oval, asistencia humanitaria y advertencias contundentes del Departamento de Estado contra la injerencia electoral. Sin embargo, Trump ha adoptado su propio enfoque, único en su género: recortar drásticamente la ayuda exterior y amenazar con el uso de la fuerza. Lo hizo repetidamente con Colombia, amenazándola con una acción militar, sancionando además a su controvertido gobernante, el izquierdista Gustavo Petro, a quien acusó de ser cabecilla de narcotráfico. Posteriormente, Trump respaldó al ultraderechista antisistema Abelardo de la Espriella, quien asumió la presidencia el pasado 7 de agosto. Antes del encuentro del Escudo de las Americas, Estados Unidos se asoció con Ecuador para llevar a cabo “un ataque contra presuntos narcotraficantes”, pero se descubrió que una de las operaciones más publicitadas de una campaña de bombardeos en la Amazonía tuvo como objetivo una granja lechera en la frontera de Ecuador con Colombia, y no un centro de narcotráfico, como anunciaron funcionarios estadounidenses y ecuatorianos. Al inicio del segundo mandato de Trump, la administración firmó un contrato con El Salvador para encarcelar a deportados en una megaprisión, acusando a cientos de venezolanos de formar parte del Tren de Aragua. La mayoría de los hombres encarcelados no tenían antecedentes penales. En el 2025, Trump invitó a Bukele a la Casa Blanca para celebrar la colaboración. En Colombia, De la Espriella, el nuevo presidente del país y aliado de Trump, ha prometido ayudarlo en la lucha contra el crimen organizado, incluyendo ataques continuos contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico. También ha propuesto la construcción de varias megacárceles, como Bukele. Pero a los pocos meses de la creación del programa Escudo de las Américas de Trump a principios de marzo, no está claro qué resultados ha obtenido realmente, afirmó Feinberg, un distinguido profesor de la Universidad de California en San Diego. “No hubo indicios de que Estados Unidos se comprometiera a aumentar la ayuda. No se anunciaron nuevos programas”, dijo Feinberg. “Desde entonces no he visto nada. Esta idea de combatir a los malos en Latinoamérica no es precisamente nueva”. Una de las muestras más visibles de cooperación entre los países del Escudo de la Humanidad fue una declaración conjunta en junio, en la que se apoyaba el proceso electoral de Colombia. “Está claro que aún se encuentra en su fase inicial”, afirmó Jason Marczak, vicepresidente y director sénior del Centro Adrienne Arsht para América Latina del Atlantic Council. Otros presidentes estadounidenses valoraban Europa y la OTAN. Trump, en cambio, que odia a los europeos - porque no lo “ayudan” en su guerra de agresión contra Irán - y se muestra en contra de seguir perteneciendo a la alianza atlántica, se ha dedicado a formar sus propias coaliciones. “Trump ha priorizado el hemisferio occidental. A diferencia de Biden, quien estaba motivado por el intento de restablecer la cercanía con Europa”, dijo Cale Brown, director de Comunicaciones Estratégicas del Consejo de Seguridad Nacional durante el primer mandato de Trump. Biden se centró en armar a Ucrania para que atacara a Rusia, reincorporarse al acuerdo nuclear con Irán y abordar el cambio climático mediante el Acuerdo de París. Trump, por su parte, le dijo a Europa que debía resolver sus propios problemas. La iniciativa del Escudo de las Americas se alinea con el anuncio de la administración Trump a finales del 2026 de que planeaba resucitar la Doctrina Monroe del siglo XIX, que generalmente advertía a las naciones europeas contra la colonización de América Latina. También constituye una advertencia a China y Rusia contra la expansión de sus inversiones en la región. Feinberg afirmó que el público objetivo de Trump era su base política nacional, y que el lenguaje utilizado en torno a la estrategia tenía como objetivo demostrar fortaleza. “Si de verdad pensaran en el público latinoamericano, no hablarían así, porque es muy impopular”, dijo Feinberg. “Da una imagen de arrogancia y amenaza”. La mayor apuesta de Trump ha sido trabajar al margen de los líderes tradicionales de izquierda y derecha para alinear a Latinoamérica con su retorcida visión, utilizando la conocida estrategia del palo y la zanahoria, por lo que ha empoderado a Marco Rubio, de origen cubanoamericano, para que lleve a cabo sus planes. Asimismo, la administración Trump se ha centrado en someter a Cuba mediante la asfixia, negociando con el nieto del exdictador Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, un posible acuerdo económico y político. En tanto, Venezuela se ha convertido en un protectorado de Estados Unidos desde que la administración Trump derrocó al dictador Nicolás Maduro, y respaldó a su mano derecha, Delcy Rodríguez, para que sea su gobernante títere, que cumpla todas sus órdenes, mientras se apodera de todo su petróleo. “Me encanta Venezuela”, dijo Trump en un mitin el pasado 5 de agosto en Nevada. “Estamos obteniendo mucho petróleo de Venezuela. Y nos llevamos de maravilla con ellos”, afirmó. “Es como antes: al vencedor, le pertenecen las riquezas” añadió. “Cuando Trump describe la política hacia Venezuela de esa manera, perjudica la credibilidad de Estados Unidos, ya que lo hace ver como un ladrón”, dijo Zúñiga. “Entonces se nos percibe como bloqueadores de los actores políticos prodemocráticos y como partidarios de la prolongación de la dictadura anterior. Ese es un caso en el que un respaldo puede perjudicarnos seriamente a largo plazo”, añadió. Incluso los aliados de la Casa Blanca cuestionaron si la grosera injerencia política de Trump en América Latina había sido realmente efectiva. “En Venezuela, su respaldo a un líder específico ha socavado directamente su éxito anterior con la Operación Resolución Absoluta, así como sus objetivos declarados a largo plazo para el país”, argumentó Carrie Filipetti, subsecretaria adjunta para Cuba y Venezuela en la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado durante el primer mandato de Trump. Filipetti señaló que Delcy Rodríguez no cuenta con el apoyo de la población venezolana. Afirmó que ella ha empoderado a personajes cuestionables como Diosdado Cabello, un narcotraficante que funge como ministro del Interior, Justicia y Paz, y que las empresas estadounidenses se han mostrado reacias a invertir en el país debido a su preocupación por la falta de estado de derecho. En Honduras, Trump amenazó con que "habría graves consecuencias" si Asfura, a quien él apoyaba, perdía el recuento de votos. Su respaldo le dio un impulso al conservador, posiblemente porque se trata de un país pequeño estrechamente vinculado a Estados Unidos, dijo Freeman, del Consejo de Relaciones Exteriores. “Existe mucha asimetría en esa relación, y podrían verse perjudicados materialmente si se produce un distanciamiento con la Casa Blanca”, afirmó. Pero por algún motivo, Trump no ha respaldado a ningún candidato en todas las elecciones del hemisferio occidental en las que se presentó un aspirante afín a MAGA. No apoyó a ningún candidato en las elecciones peruanas, a pesar que su administración ha advertido repetidamente que el megapuerto de Chancay - construido y administrado por los chinos - representa “una potencial amenaza para los Estados Unidos”, y además se abstuvo inicialmente de respaldar a de la Espriella, un republicano con doble nacionalidad colombiana y estadounidense, hasta la segunda vuelta de las elecciones en junio. Sin embargo, la mayor prueba de la influencia de Trump en la región será Brasil, el gigante sudamericano. Aún no ha respaldado a ningún candidato en las elecciones brasileñas, en las que Flavio Bolsonaro, hijo de su aliado y expresidente, compite por la presidencia en una reñida contienda con el actual mandatario, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, una figura incómoda para la Casa Blanca. Trump ha tenido enfrentamientos con Lula por el procesamiento de Bolsonaro padre, condenado y encarcelado por planear un intento de golpe de Estado. Lula se ha visto favorecido en las encuestas por la percepción de que está ayudando a defender a Brasil de la política hostil de Estados Unidos, afirmó Zúñiga, quien fue cónsul general estadounidense en São Paulo, Brasil, durante el primer gobierno de Trump. "Serán unas elecciones muy reñidas", añadió Zúñiga. Flavio Bolsonaro visitó la Casa Blanca a finales de mayo. Declaró a la prensa que no había pedido el apoyo de Trump. Sin embargo, publicó una foto suya en Instagram en el Despacho Oval junto a Trump. La aprobación de Trump sigue siendo importante, pero de que le sirva para ganar, es otra cosa.
Se trata de una trilogía monumental del Dr. Federico Kauffmann Doig, reconocido antropólogo y arqueólogo chiclayano, que recorre la historia y la arqueología del Perú antiguo, desde sus orígenes más remotos hasta el apogeo del Imperio inca. Publicada en el 2026, la obra, compuesta por tres tomos en español, reúne - en más de 1500 páginas y 77 capítulos más anexos - más de siete décadas de investigación de uno de los estudiosos más influyentes del país, y que la firma EY Perú pone a disposición del público para su descarga gratuita. En efecto, a través de evidencia arqueológica, etnohistórica e iconográfica, el autor explica el surgimiento, la evolución y la diversidad de las culturas andinas. El resultado es una obra accesible y rigurosa que celebra la profundidad del legado cultural peruano y ofrece una mirada integral al desarrollo de una de las civilizaciones más fascinantes del mundo. Reconocido por su invaluable aporte al estudio de las culturas prehispánicas del Perú, Federico Kauffmann Doig ha dedicado su vida a ampliar nuestro conocimiento sobre el pasado. El investigador, que cumplirá 98 años el próximo 20 de septiembre, continúa trabajando en nuevos proyectos y estudios, sin que la edad sea un límite para seguir explorando las culturas que dieron forma al Perú. Como antropólogo, arqueólogo e historiador, ha sido director del Museo de Arte de Lima, Director General del Patrimonio Cultural de la Nación, subdirector del Instituto Nacional de Cultura, embajador en Alemania y director del Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú. Además, es autor de decenas de títulos de divulgación científica e histórica a lo largo de los años. En 1962 Kauffmann formuló una hipótesis de trabajo sobre el origen de la civilización andina, conocida como la teoría aloctonista. Proponía un origen foráneo de la cultura peruana. Aloctonismo significa, en efecto, lo que no es originario de su territorio, con lo que cuestionaba la entonces vigente teoría autoctonista de Julio César Tello. Kauffmann propuso la existencia de un centro originario común para los dos grandes focos de civilización de América, Mesoamérica (Méjico y Centroamérica) y el área andina (Sudamérica). Según su hipótesis, ese centro originario habría estado en Mesoamérica, de donde se habría irradiado al territorio andino o peruano en una época temprana, conocida como el Precerámico andino. Kauffmann se basaba en el hecho de que el Formativo mesoamericano, representado por la cultura olmeca (1500a.C.), era más antiguo que el Formativo Andino, representado por la cultura chavín y cupisnique (1000 a. C.) Estas culturas andinas no parecían contar con ningún antecedente en suelo peruano que explicaran su formidable desarrollo; por tanto, Kauffmann propuso que su origen habría que buscarlo lejos del subcontinente, en Mesoamérica. Los críticos consideraron está teoría como un retorno a la vieja teoría inmigracionista de Max Uhle sobre el origen maya de la cultura peruana, refutada por Tello. Pero los argumentos de Kauffmann reposaban sobre consideraciones distintas. Lo que él sostenía era que los elementos culturales que llegaron al área andina desde Mesoamérica se hallaban todavía en una fase inicial de desarrollo, muy alejada todavía de la época maya y azteca. Algunos de esos elementos sería el cultivo del maíz y la cerámica. Posteriormente, reformuló su teoría, sumándose al planteamiento de Donald W. Lathrap y otros autores, que sostenían que el origen de la alta cultura en América habría estado en la costa del actual Ecuador, donde se desarrolló la cultura Valdivia, hacia el 3000a.C. De la costa ecuatorial se habría expandido tanto a Mesoamérica como al Perú. Kauffmann consideró que este nuevo planteamiento respaldaba su teoría aloctonista en lo esencial. Sin embargo, con el paso del tiempo, el mismo Kauffmann desechó su teoría aloctonista, abandonando definitivamente la discusión histórica sobre el origen autóctono o foráneo de la civilización andina. A partir de entonces enfocó el asunto desde otra perspectiva. En 1981 planteó una nueva teoría, llamada teoría ecologista, según la cual, dicho desarrollo civilizatorio se habría dado a consecuencia del desequilibrio producido por el permanente crecimiento de la población y la escasez de suelos aptos para el cultivo, sumado a los efectos devastadores del fenómeno de El Niño. Este desequilibrio habría impulsado el surgimiento de logros culturales, como la organización política y religiosa, las técnicas agrícolas, el arte iconográfico y simbólico, cuyo objetivo primordial sería vencer la escasez de alimentos. En esta oportunidad, Cosmos Andino: Los Incas y sus Ancestros Milenarios, rinde homenaje a su legado y a su constante búsqueda por comprender quiénes son y de dónde vienen los peruanos. Es indudable que la dilatada trayectoria de Kauffmann Doig no es solo una crónica de hallazgos arqueológicos; es una lección de vida sobre la perseverancia y la pasión inagotable. A sus casi cien años, su dedicación a desentrañar el Cosmos Andino y a difundir la majestuosidad de sitios como Machu Picchu y Kuélap resalta la riqueza histórica del Perú que a menudo pasa desapercibida. La fascinante historia de su financiamiento por parte de Giancarlo Ligabue subraya cómo la fe en el conocimiento y la investigación puede superar las barreras geográficas y económicas. La obra de Kauffmann, plasmada en sus libros y ahora institucionalizada en la Biblioteca y el Instituto que llevan su nombre, garantiza que su valioso trabajo continuará inspirando a futuras generaciones de historiadores y arqueólogos. Sin duda, el Dr. Kauffmann Doig es un verdadero tesoro nacional vivo, cuya vida y obra nos recuerdan que el pasado andino sigue esperando ser explorado, comprendido y celebrado.
El pasado 19 de julio, en el 47.º aniversario de la Revolución sandinista que puso fin a la dictadura de los Somoza en Nicaragua, el sátrapa Daniel Ortega declaró que las elecciones ya no ofrecerían una vía para acceder al poder. “Que se olviden”, dijo, en referencia a los aparentes conspiradores, golpistas y traidores contra los que afirma luchar desde que regresó al poder en el 2007, y que, desde entonces, con ilegales reelecciones sucesivas y el fraude más descarado, se aferra al cargo, que no piensa en volver a soltarlo jamás. Como podéis imaginar, la declaración del tirano causó gran revuelo y una amplia condena internacional. A los pocos días, Rosario Murillo, la odiada esposa y copresidenta de Ortega - proclamada como su sucesora si este muere dada su avanzada edad - intentó matizarla. Dijo que las elecciones continuarían, “pero bajo nuevas reglas que excluyeran los intereses extranjeros e impidieran competir a los llamados traidores y lacayos imperialistas”. O sea, más de lo mismo. Por su parte, el presidente de la Asamblea Nacional - incondicional a los Ortega - habló de una reforma “que aumentaría el mandato presidencial de seis a siete años, renovable por otros siete”. Más allá de los detalles, queda claro que el régimen pretende mantener al matrimonio Ortega-Murillo en el poder hasta su muerte, y más allá. La dictadura nicaragüense ya controla las autoridades electorales, la Asamblea, los tribunales, la policía, el ejército y prácticamente todas las instituciones capaces de influir en unas elecciones. En el 2021, Ortega encarceló a casi todos los candidatos presidenciales serios, junto con cientos de críticos y opositores. Muchos fueron declarados ‘traidores’, enviados a Estados Unidos y despojados de su ciudadanía. Entonces, ¿por qué abandonar incluso la ficción de unas elecciones libres? Una respuesta podría estar en la ambición de Murillo de convertirse en presidenta y en su temor a perder incluso unas elecciones amañadas. No quiere que se repita lo que sucedió con su marido, quien como recordareis, a los pocos años del triunfo de la revolución que derroco a Somoza en 1979 y confiado en ello, llamo a elecciones generales en 1990, perdiendo sorpresivamente ante la lideresa conservadora Violeta Chamorro, siendo relegado a la oposición hasta el 2007. Para evitar esa situación, Murillo quiere aparecer sola en una boleta electoral y no arriesgarse por nada. Murillo - cuyo carácter autoritario le ha generado un amplio rechazo en la población, siendo odiada inclusive más que su propio marido - ha acumulado un enorme poder. Fue vicepresidenta de Ortega en el 2017 y, pasado ocho años, copresidenta mediante una espuria reforma constitucional que eliminó la separación de poderes y consolidó el control total de la pareja sobre el Estado. También dejó establecido que ella sucedería a Ortega, a su muerte. Dado el deterioro visible del dictador, Murillo está más cerca que nunca de alcanzar la cima del poder. Pero ninguno de los dos podría ganar unas elecciones libres. Aunque ya no existen encuestas independientes dentro de Nicaragua, un sondeo de Hagamos Democracia, organización que opera desde Costa Rica, señala que más del 95 por ciento de los nicaragüenses tiene una visión negativa del futuro y que el 66,4 por ciento abandonaría el país si pudiera. La ‘legitimidad’ que aún cree que conserva Ortega se apoya en su pasado revolucionario. Su nombre está asociado a la lucha contra Somoza, al triunfo de 1979 y a la mitología de la Revolución sandinista. Pero Murillo no posee esa historia ni esa autoridad. Su poder únicamente deriva de Ortega y carece de popularidad. En una sociedad profundamente religiosa, sus símbolos esotéricos, como el llenar de estructuras metálicas luminosas las calles de Managua, denominadas eufemísticamente “Los árboles de la vida”, iluminadas con luces LED, e instalados desde el 2013 a lo largo de avenidas principales como la Avenida Bolívar y la Carretera Norte, presentados como ‘un símbolo de paz, alegría, renacer y embellecimiento de la capital’, convirtiéndose en un emblema oficial y un punto de referencia visual muy discutido en el país - la población despectivamente los llama ‘chayopalos’ o ‘arbolatas’ habiendo derribado varias de ellas en las protestas del 2018 - así como su lenguaje místico, le han valido el sobrenombre de “la Chamuca”, la bruja. Se le considera tanto temible como objeto de sospecha y burla. Murillo parece comprender perfectamente su vulnerabilidad y el rechazo que genera. Mientras rinde homenaje permanente a Ortega y se presenta como ‘guardiana’ de su legado, ha eliminado sistemáticamente a quienes podrían cuestionar su sucesión. Por cierto, las desnacionalizaciones masivas iniciadas en el 2023 forman parte de esa estrategia. Cientos de nicaragüenses, han sido privados arbitrariamente de su nacionalidad. Muchos fueron expulsados, despojados de sus propiedades y condenados a no ejercer cargos públicos. El mensaje es inequívoco: quien pueda convertirse en rival político corre el riesgo de convertirse en un apátrida. La libertad de prensa casi no existe y todos los medios de comunicación están en su poder. El único que queda es el diario La Prensa, aunque solo en versión digital, ya que el medio impreso desapareció el 11 de agosto del 2021, tras ser asaltada sus instalaciones por esbirros del régimen por haber publicado la portada (que ilustra nuestra nota) y denunciar que le habían cortado el suministro de papel para que siga circulando. Pero la violenta represión también alcanzó a la Iglesia. Aunque Murillo llena hipócritamente sus discursos de referencias a Dios, Cristo y la Virgen María, el régimen encarceló o exilió a sacerdotes y obispos críticos y expulsó a buena parte de la jerarquía católica. Asimismo, las purgas llegaron incluso a antiguos revolucionarios y personas cercanas al poder. El caso más revelador fue el del general Humberto Ortega, hermano de Daniel y uno de los principales estrategas de la lucha contra Somoza. En el 2024 cuestionó públicamente la posibilidad de una sucesión familiar y sostuvo que el próximo gobernante debía surgir de elecciones. A las pocas horas, la policía confiscó sus dispositivos y lo sometió a arresto domiciliario, permaneciendo bajo vigilancia hasta su muerte a los pocos meses. Su destino demostró que ni la trayectoria revolucionaria, ni el servicio al país, ni la cercanía con su hermano Daniel Ortega protegen a quien cuestione la sucesión de Murillo, ya que a sus enemigos solo les espera el exilio o la cárcel. Sin embargo, la pareja dictatorial sabe que pueden tener el mismo destino que Nicolás Maduro y su mujer, capturados por los EE.UU. a inicios de año y encarcelados desde entonces, más aún cuando Trump ha dicho que no tolerara que no haya elecciones en Nicaragua. Por eso Murillo necesita algo más seguro que unos comicios fraudulentos para tratar de "legitimarse": un sistema donde ningún rival auténtico pueda competir, ningún movimiento inesperado pueda surgir y ningún resultado electoral pueda convertirse en un juicio contra su pretensión de heredar el país. Que lejanos están los días cuando los sandinistas llenaban las plazas para celebrar “el triunfo de la revolución”. Hoy quienes se atrevan a salir a las calles a manifestarse son ultimados a tiros: solo entre junio y julio de este año más de 300 nicaragüenses han sido víctimas de una feroz represión por parte del régimen, según el Monitoreo Azul y Blanco (MAB) que da cuenta de las atrocidades que suceden en el país centroamericano. La democracia nicaragüense, por la que tantos lucharon, ha muerto ante la determinación de quienes desean conservar el poder a cualquier precio, pero que podrían acabar de la peor manera....
Esta semana, Arequipa celebra otro aniversario más de su fundación española, y que mejor oportunidad para referirnos en esta ocasión al material con el cual han sido construidas sus casonas, iglesias y conventos, que le han dado el sobrenombre de ‘Ciudad Blanca’, que no es otro que el sillar, una piedra que forjo su identidad. En efecto, Su uso en Arequipa es la más fiel representación de cuando la arquitectura se acopla al lugar donde se asentará. No es secreto que en la región no abunda la madera ni tampoco otros elementos, pero si esta piedra de origen volcánico, la cual procede de erupciones muy violentas que produjeron flujo piroclástico (nube ardiente) proveniente de la actividad del complejo volcánico del Chachani. Estas erupciones se habrían producido en dos fases: primero hace 13 millones de años y luego hace 2 millones de años, no pudiendo provenir del volcán Misti, ya que este inició su actividad hace aproximadamente 13 mil años. La mayor parte del material volcánico fluyó desde la zona sureste del Chachani siguiendo la parte más baja de la penillanura arequipeña, desde Cerro Colorado hasta llegar al río Chili en Uchumayo; debido a que el flujo piroclástico, a diferencia de las nubes de ceniza volcánica, es más pesado que la atmósfera y busca por gravedad las zonas bajas, discurrió principalmente por las quebradas de Añashuaico, del crucero y escalerillas, aunque también se encuentra en zonas más elevadas de la pampa del intendente y pampa estrella. Ante todo, cabe precisar que el sillar se extrae en las canteras ubicadas en Cerro Colorado, Yura y Uchumayo, las cuales, por cierto, conforman actualmente la denominada “Ruta del Sillar”, donde se puede ver otro uso adicional que le dan: Esculturas donde artesanos muestran sus habilidades para lograr elementos que serán de uso decorativo para fachadas, viviendas y otros usos como son enchapes con este material. Gracias a su porosidad, ligereza y facilidad de tallado, esta roca ígnea se convirtió en el material ideal para construir viviendas, iglesias y estructuras monumentales. Aunque el más conocido es el sillar blanco, también se encuentra en tonalidades rosadas, amarillas y grises, dependiendo de su composición mineral. En Arequipa, el uso del sillar predominó en los felices tiempos del Virreynato, entre los siglos XVI al XVIII, cuando se empezaron a construir las casonas monumentales para la aristocracia asentada en Arequipa, donde los constructores de la época usaron este material como elemento que le da vida a la hoy conocida “Casa Arequipeña”, la cual está formada por dos patios centrales, donde alrededor de ellos giran las habitaciones. Es también es estos siglos en que se ven las obras más importantes del tipo Religioso Monumental que desafiando el tiempo se erigen en su centro histórico como son: La Catedral de Arequipa; El convento de Santa Catalina con sus 20,000m2 y una combinación de colores muy atractiva a los ojos y que tiene razón de ser en minimizar el impacto de los rayos solares sobre el blanco del sillar; La iglesia de la Compañía y sus claustros; el Templo de San Francisco, entre otros monumentos de alta visita de turistas que han posicionado a Arequipa como un destino turístico imperdible cuando se habla de visitar el Perú. Dentro de los elementos más representativos de la arquitectura con sillar, a parte del predominante color blanco que le es tan característico, tenemos: El uso de contrafuertes, como soporte a los grandes arcos y bóvedas, los que también son muy representativas de la arquitectura local, el uso de gárgolas para evacuar aguas de las cubiertas; además del empleo de pórticos en fachadas, definidas por columnas que jerarquizan los ingresos, al igual que los rosetones y anagramas al estilo barroco - donde el sillar se convierte en lienzo para esculpir figuras de la cosmovisión andina, como pumas, sirenas, soles, lunas y flores - las que jerarquizan y dan valor a las fachadas de las viviendas más representativas, como son la Casa del Moral, una joya del barroco arequipeño, así como la Casa Tristán del Pozo, la que actualmente funciona como local de una entidad Financiera. Las construcciones civiles también aprovecharon las virtudes del sillar. En barrios tradicionales como Yanahuara, San Lázaro y Cayma, es posible ver aún casonas con techos de teja, muros gruesos y portadas decoradas. También forman parte de su arquitectura los anchos muros entre 0.80 m y 1.20 m. y los típicos pisos de “Damero Español” que alterna un bloque de sillar y un paño de piedra de canto rodado. El sillar no solo es funcional, también es estético. Su capacidad de ser tallado permitió el desarrollo de un arte arquitectónico único en el continente. Si bien es cierto que hoy en día su uso ya no se da con la demanda de otras épocas, debido a los nuevos materiales de más fácil producción - más baratos y que son más usados en la construcción de las viviendas - estas no igualan en riqueza espacial y calidad arquitectónica que se puede lograr con el sillar, que logró hacer que el centro Histórico de Arequipa haya sido reconocido como Patrimonio Cultural de la Humanidad en el año 2000 por la UNESCO, por lo que no se debe vivir de espaldas a su arquitectura tradicional, sobre todo dando valor al sillar, cuyo potencial constructivo está más que demostrado y su belleza, no tiene comparación.