“Voy a gobernar como mi padre” fue la frase dicha recientemente por Keiko Fujimori - candidata por Fuerza Popular (FP), quien se enfrentará al izquierdista radical Roberto Sánchez de Juntos por el Perú (JPP) en el ballotage del 7 de junio -, con el cual prácticamente amenaza a los peruanos con volver a los aciagos días de la dictadura de su progenitor Kenyo Fujimori, quien como recordareis, mediante un autogolpe de Estado el 5 de abril de 1992 traiciono al Perú e instauró en el país andino una sangrienta dictadura, donde la corrupción generalizada, la brutal represión, los asesinatos indiscriminados, las desapariciones forzadas, la compra de líneas editoriales, el tráfico de drogas en el avión presidencial y como la cereza del pastel, mediante una “interpretación auténtica” reelegirse una y otra vez pretendiendo eternizarse en el poder y saquearla a su antojo, pero que todo ello se derrumbó en año 2000 al darse a conocer un tristemente célebre vladivideo ,en el cual se aprecia a su “asesor” Vladimiro Montesinos comprando mediante fajos de miles de dólares - colocados uno sobre otro - a un congresista “opositor”, quedando al descubierto la entraña criminal de su régimen, por lo cual tras el escándalo desatado, el sátrapa huyo vergonzosamente al Japón - abandonando a su suerte a sus hijos - hasta su posterior captura en Chile, siendo extraditado y condenado a 25 años de prisión por sus Crímenes de Lesa Humanidad. ¿Esto es lo que buscara ‘reeditar’ su hija? Por lo que se ve por estos días, todo parece indicar que sí, ya que, por ejemplo, el Pacto Mafioso del Congreso liderado por su partido, rechazo interpelar al ministro fujimorista de Defensa por el alevoso asesinato de cinco jóvenes en Colcabamba (Huancavelica) por parte de los militares - una masacre que la prensa basura ha ignorado olímpicamente - buscando la impunidad de los responsables por esos crímenes. Si así está comenzando a imitar los sangrientos métodos utilizados por su padre ¿Que puede esperarles a los peruanos si llega al Poder? Se proclama “respetuosa del estado de derecho” como si uno no supiera que tiene secuestrado al TC, a la JNJ, a la Defensoría del Pueblo, a la Policía Nacional y al Ministerio Público, que están enteramente a su servicio. Solo le falta acceder a Palacio de Gobierno para no soltarlo jamás. Aunque valgan verdades, ya lo dirige a control remoto desde el Congreso, porque el octogenario José María Balcázar es un holograma al que ni sus ministros hacen caso. Ahí está, por ejemplo, el asunto de los viejos y destartalados aviones F-16 que, pasando por encima de su autoridad, fueron adquiridos por orden del presidente del Congreso, el fujimorista reciclado Fernando Rospigliosi (proveniente de Vanguardia Revolucionaria y que fue feroz critico de su padre) quién es que realmente gobierna el Perú, por órdenes de Keiko, obviamente. Otra muestra de su poder, es que tras la grave denuncia que involucra a su candidato a primer vicepresidente Luis Galarreta, quien posee un patrimonio de más de un millón de soles del cual no puede explicar su origen, pero que para la politizada Fiscalía no pasa nada, demostrando que el Pacto Mafioso manda en los tribunales, al servicio del fujimorismo. Que no venga ahora quien no tiene trabajo conocido - a quien sus congresistas tienen que darle el 10 % de su sueldo para pagar su salario, obteniendo al año la suma de 271 mil dólares - a decir “que solo me quedaré cinco años y que no habrá otro 5 de abril” porque nadie se lo cree. Se trata de una mitómana compulsiva a quien no se puede dar crédito a una sola palabra que salga de su boca. Por ejemplo, en el 2011 prometió que “no volvería a postular para evitar la polarización” ... MENTIRA, ya que postulo nuevamente en el 2016; Es más, ese año juro que “no habría ningún candidato que se apellide Fujimori” ... OTRA MENTIRA, ya que postulo nuevamente en el 2021; Como si ello no fuera suficiente, ese año dijo “que no volvería a postular por cuarta vez” ... VOLVIO A FALTAR A LA VERDAD, ya que lo ha vuelto a hacer en el 2026. Sin palabra y sin honor, Keiko Fujimori no oculta su deseo de perpetuarse en el poder al igual que pretendió hacer su padre. Se trata además de una desnaturalizada hija que permitió que su madre Susana Higuchi fuera torturada y electrocutada, tanto en Palacio como en el Pentagonito por los esbirros del SIN, luego de denunciar una serie de delitos que involucraban a los hermanos del tirano, mientras Keiko, que usurpo su cargo de “primera dama”, disfrutaba de las delicias del Poder. Pero eso no es todo, ya que años más tarde, se negó a que Alan García indultara a su progenitor porque este le quitaría el liderazgo del partido, y también amenazó a su hermano Kenji con enviarlo a la cárcel porque se distancio de ella y dividió la bancada fujimorista, demostrando que no tiene sentimiento alguno. Si así se comporta con los de su propia sangre ¿Cómo creeréis que lo haga con el resto de peruanos? Ahora pretende engañar a todos, mostrándose conciliadora, moderada, ordenada y serena; Pero en realidad es fría, malvada y vengativa, quien solo está esperando el momento de sentarse en el sillón presidencial para ir a por quienes la enviaron a la cárcel en tres ocasiones - entre el 2018 y el 2020 - acusada de liderar una organización criminal dedicada al lavado de activos, y hubiese terminado condenada a 34 años de cárcel sino capturaba el Tribunal Constitucional por medio del Congreso que controla, que acudió prontamente en su ‘ayuda’ decretando ilegalmente su libertad. Es más, se dice que en su “lista negra” están quienes serian sus primeras víctimas, encabezados por el ex fiscal José Domingo Pérez - quien la envió a prisión - y el periodista Cesar Hildebrandt, su más acido crítico desde hace años. Asimismo, es indudable que buscará desde el comienzo silenciar toda oposición utilizando para ello a una prensa mercenaria, venal y prostituida, como está sucediendo ahora, atacando a toda hora a su contendor Roberto Sánchez en el ballotage, lo cual es una copia exacta de lo que hacía el autócrata durante su régimen dictatorial, el cual añora sin ningún rubor ni vergüenza. ¿Vieron los dominicales de la semana pasada? Fue algo realmente nauseabundo. Es el inicio de lo que se viene si Keiko gana. Niega que sabía de la existencia Grupo Colina; Niega que sabía la corrupción montada por Vladimiro Montesinos; Niega que hubo esterilizaciones forzadas; Niega las torturas sufridas por su madre; Niega que saboteó el gobierno de PPK, siendo la directa responsable de la inestabilidad democrática que se vive desde entonces en el Perú; Niega las leyes pro crimen, a pesar de que su bancada en el Congreso lo promovió y aprobó. Lo niega todo, pero luego dice que va a hacer “el mismo gobierno de su padre”, el mismo que destruyó instituciones, mintió, robó y asesinó. Por cierto, en el 2011 declaro a Al Jazzera: “Estoy orgullosa de lo que hizo mi padre” como podéis apreciarlo al final de la nota, demostrando que ella nunca va a cambiar. El odio que siente por los peruanos, solo lo esconde en la campaña. No sería nada raro por ello que una de sus primeras acciones de llegar al Poder, será la de indultar a su “tío” Vladimiro Montesinos, promoviendo además el retorno de los escuadrones de la muerte - como el siniestro Grupo Colina - para sembrar el terror y acallar toda critica en un baño de sangre. Es ingenuo pensar por ello que quien reivindica alegremente el proyecto golpista de su padre intentará actuar por la vía constitucional y democrática. Ella por más que lo disimula, no puede ocultar su vena autoritaria y si gana los comicios, será para quedarse en el poder de por vida, utilizando todo lo que esté a su alcance para lograrlo. Keiko ha justificado su cuarta postulación señalando que “el Perú no resiste más experimentos fallidos y que la actual crisis de inseguridad exige respuestas firmes”. Su narrativa combina la valoración de los escasos logros del gobierno de su padre, en especial en la lucha contra el terrorismo, con la necesidad de brindar una respuesta firme a la inseguridad. Sin embargo, el antivoto que origina - por lo cual fue derrotada en los tres últimos comicios - continúa siendo un factor estructural en la política peruana. A propósito, una encuesta dada a conocer a mitad de semana, indica que está a unos puntos delante de Sánchez (39% a 35%) pero ello no indica nada, ya que los peruanos son muy volubles y deciden su voto al momento de estar en la cabina de votación, tal como sucedió el 12 de abril donde apareció el llamado “voto escondido”, que posibilito que el candidato izquierdista pase al ballotage y que no aparecía en los sondeos previos, por lo que bien este escenario puede repetirse este 7 de junio, por lo que el resultado final puede ser una moneda al aire. En el colmo del cinismo, en su campaña electoral dice “defender al Perú” cuando representa la corrupción, la mafia, la dictadura, la impunidad, la mentira y la ignorancia, por lo que cabe preguntarse: ¿Y quién defiende al Perú de Keiko? A Sánchez se le puede vacar, pero a Keiko no... Piénsalo a la hora de votar (Por cierto, de seguro por lo que he escrito, algún despistado me dirá “Rojo” “Rojete” “Caviar” o cualquiera de esos adjetivos calificativos que suele expresar el lumpen fujimorista, pero estáis equivocados completamente. Así como describí perfectamente a Keiko Fujimori y todo el mal que representa, hare lo mismo la próxima semana con Roberto Sánchez y su proyecto anacrónico propio de la época velasquista, porque ninguno merece ser Gobierno, mucho menos Rafael López Aliaga quien seguirá revolcándose en su chiquero tras su rotundo fracaso electoral. Para que estéis enterados, eso se llama I-N-D-E-P-E-N-D-E-N-C-I-A, algo que en ese país no conocen ¿A qué se enteran?)
Retrocedamos un poco en el tiempo: Corría el año 1989 y el Perú asistía a la mayor crisis económica de su historia. A la hiperinflación heredada del (des)gobierno aprista de Alan García Pérez, se sumaba la arremetida terrorista de Sendero Luminoso - de inspiración maoísta y liderada por Abimael Guzmán - así como una profunda desafección ciudadana hacia los viejos y corruptos partidos políticos tradicionales. Está crisis múltiple fue el caldo de cultivo que permitió el ascenso de un outsider llamado Kenyo Fujimori; un completo desconocido, un verdadero “intruso” al sistema político que atizando demagógicamente un discurso antisistema, con el lema “Honradez, Tecnología y Trabajo” salió de la marginalidad electoral y terminó - con el abierto y desvergonzado apoyo del régimen aprista - imponiéndose en la segunda vuelta presidencial de 1990 al candidato conservador Mario Vargas Llosa, del FREDEMO, quien fracaso en su intento de asumir la Primera Magistratura de la Nación (ello debido a que en lugar de postular con su Movimiento Libertad, prefirió aliarse con dos momias políticas como Fernando Belaunde y Luis Bedoya Reyes, cuyo cogobierno de 1980 a 1985 fue un completo desastre, terminando en sonados casos de corrupción).... El resto es historia harto conocida: el “chino” - como Fujimori también era conocido, aunque su ascendencia es japonesa - traiciono a todos y embarcó al Perú en una década de autoritarismo, con violaciones sistemáticas a los derechos humanos en su arremetida frontal contra los grupos terroristas Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, acompañado además de una corrupción endémica que a la postre condujo a su caída el año 2000. Sin embargo, el fujimorismo que el creo, logro sobrevivir al colapso de su régimen y todavía persiste en los cimientos del inestable sistema político peruano. Por cierto, cabe precisar que en su autobiografía publicada en el 2021 “La Palabra del Chino: El Intruso”, el mismo Fujimori reconstruyo las condiciones que le facilitaron llegar y consolidarse en el poder, siendo la más importante, sin lugar a discusión, el autogolpe de Estado del 5 de abril de 1992 también conocido como el fujimorazo. Ese día, tras una alocución en cadena nacional, Fujimori suspendió el Poder Judicial, militarizó los medios de comunicación y disolvió el Congreso, un episodio de gran resonancia en América latina y del que recientemente se conmemoraron 34 años. Como recordareis, para las elecciones de 1990 el Congreso peruano era bicameral y conformado por 240 congresistas. Aunque Fujimori ganó la elección presidencial en segunda vuelta con 4.522.563 votos, su partido, Cambio 90, solo alcanzó 14 escaños en el Senado y 32 en la Cámara. Esta débil representación sumada a la incapacidad de agregar otras fuerzas partidistas, derivó en una relación hostil entre Fujimori y el Congreso; al punto, que llegó a tildar a este último como “obstruccionista”. Ya en noviembre de 1990, se empezó a difundir el rumor de una posible vacancia por parte de la oposición usando la denuncia de evasión de impuestos que se presentara contra él durante la campaña de 1990. En marzo de 1991, la revista Caretas, difundió la noticia de que algunos congresistas estaban estudiando la posibilidad de la destitución presidencial. Sin embargo, para la primera mitad de 1991, la oposición y Fujimori no llegaron a enfrentarse de manera definitiva debido a la formación de alianzas provisionales del gobierno con algunas figuras de la oposición aprovechando puntos coincidentes. Ello posibilito que la relación entre Fujimori y el Congreso tuviera leves encuentros; inclusive, las mayorías - articuladas en torno al Partido Aprista y el Frente Democrático - le aprobaron tres periodos de facultades legislativas para avanzar en sus reformas económicas de corte neoliberal (conocidas como el Fujishock, para lo cual se apropió del programa económico del FREDEMO). Pero esto no fue suficiente para quien en medio de una guerra contra Sendero Luminoso - donde se registraron graves violaciones a los derechos humanos - le exigió al Congreso que le aprobara poderes absolutos para legislar. Ante la negativa de las cámaras y tras la aprobación de una ley que limitaría sus facultades, Fujimori optó por disolver el Congreso y anunció la creación de “un Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional” con la finalidad de reestructurar el Estado. Además, contando con el pleno respaldo de las fuerzas militares - entre las cuales su siniestro “asesor” Vladimiro Montesinos tenía mucha influencia -, saco los tanques a las calles, militarizando medios de comunicación, suspendiendo el Poder Judicial y los gobiernos regionales, arrestando a sus principales opositores, y censurando varios artículos de la Constitución de 1979. Consumado el autogolpe - apoyado por amplios sectores de la población, ante la insania terrorista - y tras una inmediata reacción por parte de la comunidad internacional, Fujimori se vio presionado a “reestablecer el orden democrático” y convocó una elección para integrar un Congreso Constitutivo que diseñara una nueva Constitución. Pero este solo sería un paso adicional para acrecentar su poder, ya que una gran mayoría de los partidos que integraban el disuelto Congreso se abstuvo de participar y esto le permitió al fujimorismo, aupado en Cambio 90 y el recién creado Nueva Mayoría, obtener, con 44 de 80 escaños, una mayoría absoluta en el denominado Congreso Constituyente Democrático. De allí salió el mayor legado de Fujimori: la Constitución de 1993 - aprobada mediante un referéndum - y que persiste hasta ahora. De esta forma el otrora “outsider” liquidó al antiguo sistema de viejos partidos tradicionales y reprimir a los sectores opositores, ya que la nueva Constitución amplió sus facultades presidenciales, otorgándole un mayor control sobre las fuerzas militares, permitiéndole ajustar cuentas con los integrantes del pasado Congreso “obstruccionista”, ya que, instó a sus aliados en el Constituyente para convertirlo en un Congreso unicameral con solo 120 miembros. Para 1995 y concentrando todos los poderes, Fujimori se reeligió con 4.798.515 votos. Como era de esperar, su coalición obtuvo mayoría absoluta en el nuevo Congreso. Si bien se declaró vencedor del terrorismo - con la captura de Abimael Guzman en 1992 y el desmantelamiento de SL - así como el del MRTA tras el rescate de los rehenes tras la toma por los terroristas la embajada japonesa en Lima en 1996, la corrupción generalizada de su régimen y el reelegirse de forma fraudulenta el año 2000 precipito su ignominiosa caída, huida del país, posterior captura y condena a prisión. Pero a pesar de las controversias y las críticas, Fujimori logró estabilizar la economía peruana y acabar con el terrorismo en el Perú. No es de extrañar por ello que su régimen dictatorial fuera ampliamente respaldado por sectores de la sociedad peruana que valoraron su mano dura contra el terrorismo, tal como ahora ofrece su hija Keiko, quien ha dicho que pretende “gobernar como lo hizo su padre” para acabar esta vez con el denominado “terrorismo urbano” que campea en el país gracias al conocido lobbysta y Traidor a la Patria, el judío Pedro Pablo Kuczynski, quien abrió las fronteras de par en par a millones de indeseables venezolanos que ingresaron en masa al país andino, desatando el caos y la violencia como nunca antes se había visto. Pero en relación a Fujimori, poco les importo a los peruanos que en ese camino haya liquidado el orden institucional y creado un régimen sumamente corrupto, autoritario y violento. Es indudable que el autogolpe del 5 de abril de 1992 redefinió la política peruana. Para algunos, representó una decisión necesaria para recuperar el orden y la estabilidad; para otros, fue un grave atentado contra la democracia. A 34 años del luctuoso hecho, el debate sigue abierto. Sin embargo, cabe precisar que los crímenes de Fujimori comenzaron mucho antes del autogolpe, precisamente el 3 de noviembre de 1991 - tal como lo detallamos el capítulo anterior, por parte de un grupo paramilitar creado por Vladimiro Montesinos y cuyas actividades salieron a la luz, precisamente con la masacre de Barrios Altos, el cual sería solo el inicio de una larga y sangrienta serie de matanzas y desapariciones de personas, mediante el terror institucionalizado dirigido desde el propio Estado (Próximo capítulo: El Grupo Colina)
Finalmente, luego de una larga espera, el JNE declarará oficialmente este domingo los resultados de la primera vuelta de las elecciones generales llevadas a cabo en el país andino el pasado 12 de abril, y tal como ya se sabía, quienes se enfrentaran en el ballotage el 7 de junio serán Keiko Fujimori (FP) y Roberto Sánchez (JPP), terminando como el gran derrotado de los comicios, un impresentable sujeto apodado “El Camarada Porky”, cabecilla del MRLA, quien fracaso rotundamente en su demencial campaña desestabilizadora, pretendiendo desconocer los resultados de las elecciones, clamando incesantemente ‘fraude’ - que solo cabe en su alcoholizada imaginación - llamando a la insurgencia y amenazando de muerte a las autoridades electorales, e incluso mismo terrorista, se sabe que entre sus planes está el de incendiar las sedes del JNE y la ONPE, durante la anunciada ‘Marcha de los 4 Starbucks’ (tal como hizo Fujimori con el Banco de la Nación en el año 2000), utilizando al lumpen por el contratado y culpar de ello a sus adversarios, por lo cual para evitar que ello suceda, esa agrupación criminal debería ser ilegalizada cuanto antes y cazar a sus integrantes como los terroristas que son. Como podéis imaginar, nos referimos a Rafael López Aliaga, un desquiciado político a la par de delirante, quien anuncia “pruebas” de un ‘fraude electoral’ únicamente en base a especulaciones, con datos que hiperboliza y hasta inventa desvergonzadamente. Un político que lideraba la intención de voto en las elecciones de este 2026 hasta que, el 17 de febrero, decidió apoyar la vacancia de José Jerí, entonces en el poder por mandato del Congreso. Contra todo sentido común, su bancada ingresó entonces una moción para destituirlo, sumándose a otras tantas ingresadas por la izquierda y los caviares, y con sus votos hicieron posible la vacancia. Lo que ocurrió luego es una paradoja: el control de la situación se les fue de las manos y el sustituto de Jera resultó ser un octogenario comunista amigo del golpista Pedro Castillo, posibilitando que quienes fueran sus cómplices, volvieran al poder. Su torpeza política y su evidente falta de visión estratégica le costaron caro; ahí empezó a perder seguidores, la cosa se reflejó claramente en las encuestas. El 1 de marzo, Keiko Fujimori lo pasó en la intención de voto y entonces él advirtió: “Si yo no gano, denunciaré fraude”. Lo dijo más de cuarenta días antes del 12 de abril y sus palabras están registradas en todos los archivos. Las cifras lo mortificaron al punto de que le cambiaron el humor y empezó lanzando improperios e insultos contra las encuestadoras y los medios. Él, obviamente, cree que no había cometido ningún error. Sin embargo, su carácter ya lo había vencido. A las pocas semanas, visitó Abancay y, cuando se disponía a exponer sus propuestas, un grupo de contramanifestantes de izquierda le salió al encuentro para pifiarlo. Al momento de que su seguridad tuvo que retirarlo del estrado, en lugar de lamentar la intolerancia de la que era objeto, les respondió agresivamente: “Gente de mier***, gente basura, odiadores de mier***, por culpa de esta gente de mier*** el Perú no camina”, lo que ocasiono que, ofendidos, fuera echado a pedradas de la ciudad. A los pocos días, en la ciudad de Satipo, dijo en un mitin que los militares permanecen en los cuarteles “haciendo estupideces”. Sus expresiones ofendieron a toda la familia militar y provocaron un rechazo muy amplio en la ciudadanía. Aquello lo obligó a publicar un comunicado diciendo que sus expresiones habían sido “sacadas de contexto” pero nadie le creyó. Fue su intolerancia y su falta de respeto para con los demás las que le hicieron perder la posición que tuvo de puntero en las encuestas al inicio de la campaña; al final quedó tercero y no pasó a la segunda vuelta. Entonces, cumplió con lo que había anunciado: gritó ‘fraude’ y acusó de sus errores a los organismos electorales, a las encuestadoras, a los medios, a los otros partidos políticos, a la prensa... menos a el mismo. Pero para su desventura, ningún observador independiente, nacional o internacional, encontró pruebas objetivas de que hubo ‘fraude electoral’. Su fracaso lo ha llevado a verter amenazas contra el presidente del JNE, acusándolo de cómplice del ‘fraude’, profiriendo procacidades de carácter sexual en su contra y, por último, burlándose de él por su discapacidad física. El cristiano que se precia de serlo, tiene la vocación incontrastable de servir a Dios, pero este se burla de un problema físico que aqueja a otro ser humano y, además, difama y calumnia a decenas de personas, porque simplemente no le dan la razón en su locura fraudista. Y lo peor es que ahora insulta, ataca e induce a sus seguidores a votar contra la candidata de Fuerza Popular, la única alternativa que le queda al elector de centro y centroderecha para no volver a sucumbir a la desgracia radical y populista que hoy gobierna “gracias” a sus maniobras. La llama vaga y la increpa en sus mítines. “Le digo una cosa, señora Fujimori: usted sabe bien que me están robando las elecciones. Usted sabe bien que va a perder las elecciones y usted sigue, usted pierde con un panetón, señora. Es la cuarta vez que va a perder”. Fuera de realidad, insiste en una teoría conspirativa que no exhibe sustento sólido. Abunda en emociones, sospechas y agresividad, pero sigue sin presentar pruebas irrefutables “de un plan maestro para manipular deliberadamente el voto”, como él y su gente repiten sin cesar. Peor aún: la teoría muta constantemente ante la imposibilidad de demostrarse. Cambia de culpables, de mecanismos y de magnitud sobre la marcha. Esa naturaleza amorfa debería ser el primer indicio de su inconsistencia. En efecto, la pataleta que siguió a continuación, desnaturalizo su absurdo reclamo. Como sabéis, esa burda teoría fue mudando conforme se le derrumbaban sus ridículos argumentos. Primero fue “una mafia tomando el control de la ONPE”. Luego, “las demoras en instalar mesas”. Posteriormente apareció la oferta del millón y medio - lo cual de por si es un delito - a quienes demostrasen la existencia de votantes imaginarios que no pudieron sufragar. Obviamente, como nadie se presentó debido a la inexistencia de pruebas, comenzó a reclamar la auditoría del software en abril, el mismo que no se quiso revisar en marzo. Luego, llegaron las aparentes “actas fantasmas de la serie 900k”. Última versión que sigue en mutación constante. Ya se explicó cuál es la función de esa serie, facilitar el voto de los más pobres con acceso difícil a centros de votación, y hasta se han elaborado prolijos mapas demostrando que el voto rural que recogen responde a la naturaleza fragmentada y profundamente desigual del país. Su implementación está habilitada por la Ley Orgánica de Elecciones desde hace 20 años y es falso que en ellas puede votar cualquiera: votan solo los que están en el padrón. Son más de 800,000 peruanos que votan como votan porque sienten que Lima no los reconoce. Olvidados y maginados, ellos jamás votarían por quienes los desprecian y los ven, literalmente, como fantasmas. Exactamente lo que está ocurriendo ahora. Aquí es donde la teoría fraudista termina cerrando el círculo de su propia intolerancia: en su versión más extrema pide anular esos votos, contradiciendo el mismo artículo 31 de la Constitución que invoca para defenderse: todo acto destinado a limitar el derecho al voto es nulo y punible. Pero la Constitución suele ser un documento muy inspirador... hasta que deja de favorecerte. Esta intoxicación fraudista, cargada de emotividad y furia, tiene desbordado a López Aliaga, quien repetimos, lideró durante meses las encuestas, pero terminó saboteando su propia posibilidad de victoria al unirse a la izquierda y los caviares para vacar a José Jerí y convertir la agresividad en estrategia política permanente. Más que acopiar errores intelectuales - que también abundan - el fraudismo cumple hoy una función emocional para un amplio sector ciudadano exhausto de experimentos populistas que, como el gobierno de Pedro Castillo, solo profundizan pobreza, frustración y miedo. López Aliaga necesita desesperadamente que se crea en el ‘fraude’ porque la alternativa sería aceptar una derrota autoinducida. Pero sí existe un fraude real, sostenido y documentado: es el que se comete contra la propia capacidad de razonar. Cuando la sospecha reemplaza a la evidencia y el rumor ocupa el lugar de los hechos, la inteligencia abdica y se entrega al alivio emocional que ofrece la manada. La incertidumbre política - incómoda, compleja y frustrante - deja entonces de enfrentarse con el pensamiento crítico y pasa a drogarse con relatos tranquilizadores donde siempre existe un villano oculto. En la falaz narrativa de López Aliaga ese adversario ha oscilado del comunismo a Ipsos, de los caviares al Foro de Sao Paulo, de Samuel Dyer a Venezuela, de Gustavo Gorriti a Rosa María Palacios, y a todos aquellos que lo critican, a quienes nos ve como sus enemigos. Se trata en realidad de una explicación portátil para no aceptar algo mucho más simple: su aplastante derrota. El problema no es solo político, sino intelectual y moral. Una democracia puede sobrevivir a una elección reñida, a un conteo lento o incluso a errores humanos monumentales. Pero lo que resiste peor es la renuncia colectiva al criterio. Ahí nace el verdadero fraude: no en las urnas, sino en el instante en que una persona decide que sus temores merecen más confianza que la realidad verificable. Mientras se dinamita la democracia con la cultura de la sospecha, el insulto y el berrinche, amenazando con llamar a la insurgencia y desatar la violencia en las calles de Lima, le ha allanado el camino a un candidato camaleónico como Roberto Sánchez que ya pasó a segunda vuelta sin creer necesariamente en la democracia. El delirio fraudista de López Aliaga, que además ataca y ningunea a la candidata Keiko Fujimori - a quien insulta cada vez que puede - está convenciendo a muchos electores de que frente a ese extremismo mostrado propio de un demente, una opción izquierdista como la encarnada por Roberto Sánchez, es una alternativa descartable bajo la candidez de que luego será vacado por el Senado, sin imaginar que este no es el idiota de Pedro Castillo, ya que de ganar, de seguro está preparando un plan con Antauro Humala para adelantárseles, y cerrar el Congreso apenas se coloque la banda presidencial. Si se atreven a protestar, los reservistas etnocaceristas - quienes estarán formados en la Plaza Bolivar listos para entrar en acción - ocuparan el hemiciclo y a punta de patadas y balazos, los echaran del lugar y cierran ese circo. El fraudismo no sabe para quién trabaja. O quizá sí. Tipo Sansón derrumbando el templo y que se perjudiquen todos. Eso sería bastante peor... y todo “gracias” otra vez, a López Aliaga (A tener cuidado con este puerco, que amenaza con “incendiar Lima” por quedar fuera de los comicios. Que se atreva a hacerlo y vera lo que le espera)
En 1991, el Perú vivía convulsionado por la escalada de atentados que los terroristas de Sendero Luminoso llevaban a cabo en la capital del país. Hasta ese entonces, los criminales habían centrado en el campo sus acciones violentas, que causaron decenas de miles de muertos, y la ofensiva urbana se convirtió en un problema para Kenyo Fujimori, quien había llegado al poder con la promesa de acabar con el terrorismo y estabilizar la economía. Si bien el autogolpe lo realizaría al año siguiente, desde el primer momento y de la mano de su siniestro asesor Vladimiro Montesinos, creo un grupo paramilitar para asesinar a todos aquellos sospechosos de ser simpatizantes o integrantes de grupos subversivos, siendo responsables por ello de las masacres que cometieron, y por los cuales fueron condenados tras la caída de su régimen. Como recordareis, la masacre de Barrios Altos se produjo el 3 de noviembre de 1991 en la cual fueron asesinadas 15 personas (incluido un niño de ocho años) y quedaron heridas otras cuatro. Más tarde, se identificó a los atacantes como miembros del Grupo Colina, un escuadrón de la muerte compuesto por integrantes del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), que tenía por objetivo eliminar extrajudicialmente a personas aparentemente vinculadas a Sendero Luminoso. Las víctimas eran partícipes de una pollada organizada en el primer piso de la quinta para reparar el servicio de desagüe, cuando fueron atacados por sorpresa por miembros del Grupo Colina (quienes buscaban atacar una reunión senderista, según lo reportado por un agente de inteligencia infiltrado apodado "Abadía"). Las víctimas fueron seleccionados previamente, y separados de los demás participantes del evento, por el agente "Abadía" para posteriormente ser ultimados. La Corte Suprema de Justicia determinó que ninguna de las víctimas era terrorista ni tenía vínculos con Sendero Luminoso. Esta masacre es considerada como un símbolo de las violaciones a los derechos humanos perpetradas durante el régimen de Kenyo Fujimori y fue uno de los crímenes citados por el gobierno peruano en su solicitud de extradición del prófugo ex dictador presentada a Japón en el 2003, el cual fue denegado. Sin embargo, en el 2007, tras ser extraditado de Chile (país al que llegó Fujimori procedente de Japón, esperando ser recibido triunfalmente en Lima, pero que a último momento se acobardo y el avión que lo trasladaba se desvió al país sureño), fue juzgado y condenado a 25 años de prisión por Crímenes de Lesa Humanidad. Ante todo, cabe precisar que las labores de inteligencia del SIE para infiltrarse entre los terroristas se iniciaron en 1989, cuando el agente del SIE, Douglas Arteaga, como parte del Plan Telaraña (una operación destinada a obtener información de la relación entre Sendero Luminoso con ONGs y otros partidos marxistas como Patria Roja (PR) y el Partido Unificado Mariateguista (PUM)), es destinado a Villa El Salvador bajo la fachada de vendedor ambulante. En dicho lugar, se convirtió en un activista vecinal que, con el paso del tiempo, le sirvió para convertirse en un dirigente con acceso a las asambleas de la Comunidad Urbana Autogestionaria de Villa El Salvador (CUAVES), desde la cual podría infiltrarse tanto en PR como en el PUM. En dicho cargo, un senderista lo buscó en su puesto ambulante para que lo acompañe a recoger latas vacías en la Pampa San Juan para luego invitarlo a un "bingo" que resultó ser una reunión clandestina de Sendero Luminoso. En la reunión, fue recibido por otros miembros de la organización subversiva, logrando infiltrarse en ella. Los senderistas se interesaron en su captación gracias a la recomendación de un huesero del Mercado Central, conociendo a Arteaga como "Enrique". Este, mientras tanto, tras ser captado informó de su situación a sus superiores, quienes le ordenaron dejar de lado su objetivo inicial y centrarse en los senderistas. En 1990, luego de recibir instrucción en el Pensamiento Gonzalo, conocer sobre la regla "Nunca admitas que eres del Partido" y ganarse la confianza de los senderistas a la par que recopilaba información, Arteaga fue destinado por éstos al jirón Huanta N.º 840, en Barrios Altos, donde entró en contacto con Filomeno León, un técnico que reparaba cocinas averiadas. Según reportes de inteligencia de la DIRCOTE, León, que era conocido como "José", visitaba con regularidad el penal Castro Castro y se sospechaba que estaba relacionado con Socorro Popular, un organismo de fachada de Sendero Luminoso. Por cierto, la zona de Barrios Altos era parte de vigilancia en el marco del Plan Ambulante para identificar activistas senderistas que operaban en el lugar. Según una nota de inteligencia que Javier Diez Canseco obtuvo tras la masacre, se realizó “una operación especial de inteligencia a partir del 08MAR89, de una vigilancia discreta, continua y esporádica(sic) al inmueble del Jr. Huanta No. 840, Barrios Altos, a fin de obtener informaciones sobre las actividades y acciones que tendrían previsto realizar, particularmente contra las FF.OO.(Fuerzas Operativas)”. En abril de 1991, tres agentes del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) fueron detenidos por la policía cuando tomaban fotografías de los inmuebles del jirón Huanta. Dos de dichos agentes eran parte de una Brigada Especial de Detectives (BREDET) y estaban siguiendo a un terrorista que se dirigía a un inmueble del lugar. Para junio de 1991, fueron detenidos los terroristas Juan Laurente Rivas y Carmen Paredes Laurente en el N.º 829 del jirón Huanta. Mientras tanto, Arteaga empezó a vivir con León en el departamento 102. En su convivencia, Arteaga supo que el departamento era una fachada para encubrir un refugio senderista ya que en el departamento había una escalera que llevaba a un altillo donde había 8 camarotes y 1 pizarra acrílica, siendo dicho lugar usado por senderistas que venían de provincias para, tras realizar su misión, regresar a sus lugares de origen. Además, Arteaga reportó que los senderistas se habían infiltrado en la empresa D'Onofrio como heladeros, haciendo seguimiento a objetivos bajo dicha fachada. Según Arteaga, los carros heladeros habían sido acondicionados para transportar armas, dinamita y anfo. A mediados de 1991, se le indicó a Arteaga que entregara sus reportes a un administrador de un taller de mecánica que respondía al nombre de "señor Alejandro", alias del siniestro cabecilla del Grupo Colina, Santiago Martín Rivas. Se identificó que del inmueble del jirón Huanta N.º 840 salieron los senderistas que realizaron el atentado a los Húsares de Junín en 1989 y que era un centro de operaciones senderista. Como parte de esta identificación, se usó la información obtenida del material incautado durante la Operación Caballero, del GEIN, que orientó el trabajo de los agentes de inteligencia en el campo para la identificación de lugares senderistas. En octubre de 1991, Arteaga, como parte de sus reportes de inteligencia, le dijo a "Alejandro" que León junto a Manuel Ríos iban a organizar una pollada en el lugar el 3 de noviembre y que vendrían mandos senderistas para intercambiar informes, definir acciones armadas y disponer de los fondos recaudados para la compra de medicinas y ropas para los presos senderistas. Arteaga, además, le entregó una tarjeta donde decía: "Gran pollada bailable, organizada por el Sr. [Filomeno] Oscar León pro-fondos arreglo de desagüe". Con el reporte entregado por "Abadía" y sabiéndose del uso de las polladas por parte de los senderistas para el intercambio de información y planes, Martín Rivas recibió la orden de entrenar a un grupo de efectivos para realizar el operativo. Por otro lado, los senderistas ya sabían que la quinta estaba vigilada. Al enterarse los senderistas de la realización de la pollada, según una entrevista de uno de ellos dada al periodista Ricardo Uceda, le dieron una advertencia a Filomeno León para que lo cancelara. En la misma entrevista, el senderista negó que Filomeno fuera militante de Sendero Luminoso, aunque "podía saber quiénes éramos algunos de nosotros". Por otra parte, el senderista entrevistado mencionó que Luis León Borja, involucrado en la pollada, era un militante senderista "alejado temporalmente de la organización" luego de quedar herido en un incidente con la policía mientras realizaba pintas subversivas en enero de 1991. El entrenamiento de los miembros del Grupo Colina se realizó en la playa La Tiza, ubicada en el Distrito de Pucusana. El 2 de noviembre, un grupo de agentes se dirigieron a las cercanías de la quinta y establecieron vigilancia simulando diversos roles. Estos informaron que la situación estaba bajo control por lo que en la tarde del 3 de noviembre dos camionetas salieron de la playa La Tiza rumbo al jirón Huanta N.º 840. Las camionetas pertenecían al Estado y fueron reportadas como "robadas" para tener una coartada. Para pasar las tranqueras policiales engañaron a la policía encendiendo las circulinas de las camionetas. Dichas camionetas habían sido asignadas a Kenji Fujimori, hijo del presidente, pero Vladimiro Montesinos, asesor presidencial, difundió el rumor que las camionetas estaban asignadas a Santiago Fujimori, hermano del presidente y también asesor, para perjudicarlo. Al llegar al lugar, el mayor Martín Rivas ordenó al agente Sosa Saavedra ingresar a la quinta con el objetivo de corroborar que el plano dado por Arteaga era correcto. Entre las nueve y diez de la noche, Arteaga confirmó la presencia de senderistas en especial el "Camarada Joel", jefe del grupo de aniquilamiento, y una muchacha "con gorrita", quien fue identificada como mando político de Sendero Luminoso. Arteaga, además, informó que había dos eventos desarrollándose en el primer y segundo piso de la quinta, pero que el que importaba era el del primer piso ya que los objetivos, según Arteaga, estaban allí. La noche del 3 de noviembre de 1991 se llevaba a cabo una pollada, en el primer piso del inmueble del jirón Huanta N.º 840 para conseguir fondos para reparar el servicio de desagüe de la quinta. Aproximadamente a las 10:30 p. m., seis individuos armados y encapuchados entraron al edificio luego de bajar de dos vehículos. Ingresaron con unas maletas que depositaron en el piso mientras decían "Cerveza, cerveza". En el lugar había unas 40 personas. Con ayuda de "Abadía" (Arteaga) se procedió a seleccionar a las víctimas. Los que no fueron seleccionados fueron retirados bruscamente y obligados a entrar a sus cuartos. Mientras esto sucedía, uno de los agentes subió el volumen del equipo de sonido mientras otro disparó hacia arriba para espantar a los que miraban en el segundo piso. Cuando se le preguntó a "Abadía" quiénes eran los senderistas, él respondió que todos lo eran, para luego salir huyendo del lugar. Según el senderista entrevistado por Uceda, algunos miembros de Sendero Luminoso habían estado en la pollada, pero se retiraron cuando los miembros del Grupo Colina ingresaron. Una vez que "Abadía" confirmara a los seleccionados, Martín Rivas dio la orden de disparar contra ellos. Mientras disparaban a los seleccionados, Javier Ríos, un niño de 8 años, escapó del lugar por la ventana del lugar donde había sido llevado previamente para correr hacia donde su padre, siendo alcanzado por las balas. En total, fueron asesinadas quince personas, incluyendo a 11 varones adultos, 3 mujeres adultas y un niño: respectivamente, Luis León Borja, Luis Díaz Astovilca, Alejandro Rosales Alejandro, Filomeno León León, Odar Sifuentes Núñez, Teobaldo Ríos Lira, Máximo León León, Octavio Huamanyauri Nolasco, Lucio Quispe Huanaco, Manuel Ríos Pérez, Tito Ramírez Alberto, Benedicta Yanche Churo, Placentina Chumbipuma Aguirre, Nelly Rubina Arquíñigo y Javier Ríos Rojas. Resultaron heridas seriamente otras cuatro personas, una de los cuales, Tomás Livias Ortega, quedó permanentemente tetrapléjico. Los atacantes usaron silenciadores ya que los testigos declararon que los disparos sonaban "apagados". Luego, sacaron los ejemplares de El Diario, periódico de Sendero Luminoso, que se encontraban al interior de la quinta y los arrojaron por sobre los cadáveres. Luego, los atacantes subieron a los vehículos y escaparon rumbo sur a las afueras de Lima, reuniéndose en la playa militar La Tiza, donde celebraron por el éxito del operativo y el cumpleaños de Martín Rivas. Durante la investigación, la policía, en total, encontró 130 casquillos de bala en la escena del crimen. El objetivo del ataque, para los miembros del Grupo Colina, era dejar una advertencia a Sendero Luminoso de que conocían sus lugares de operaciones y vengar a las víctimas de los atentados a los Húsares de Junin y a un ómnibus que transportaba agentes del SIE. Por tal razón, las circulinas de los coches fueron encendidos deliberadamente para, según testimonio de Santiago Martín Rivas, "dejar en claro que no se trataba de un atentado terrorista, sino de un operativo misterioso, confuso para los demás, pero que Sendero Luminoso sabría identificar". Según las diligencia del Poder Judicial, llevadas a cabo en el año 2002, un porta tropas con seis militares a bordo (cinco hombres y una mujer) se estacionó en el jirón Huallaga impidiendo que algún vehículo siguiera a los miembros del Grupo Colina, quienes luego de la masacre huyeron por aquel jirón. Además, constataron que los policías de la DIRIN y de la comisaría de San Andrés no actuaron de manera inmediata ante lo sucedido a pesar de encontrarse cerca del lugar. Las investigaciones judiciales y los reportajes de la prensa revelaron que los involucrados en el crimen trabajaban para la inteligencia militar siendo estos miembros pertenecientes al denominado Grupo Colina. Se verificó luego que los atacantes buscaban atacar una reunión de subversivos senderistas. Se constató que los asistentes a la pollada no tenían vinculación con Sendero Luminoso o el MRTA, según consta en el artículo 827 del fallo impuesto por el tribunal el 7 de abril del 2009 a Fujimori por el caso Barrios Altos. Tras hacerse público el hecho, el 4 de noviembre de 1991, en La República, se informó que los perpetradores de los hechos podrían ser senderistas, policías o paramilitares. El 6 de noviembre, el diario Última Hora, entrevistó a un testigo que informó que posiblemente los victimarios sean paramilitares. Al día siguiente, tanto La República como Última Hora deslizaron la posibilidad de que los atacantes fueran paramilitares. El 10 de noviembre, La República informó que todos los indicios sostenían que los atacantes eran paramilitares. El 11 de noviembre, el diario Expreso informó que efectivos militares estarían detrás de los hechos. El 10 de noviembre de 1991, la Comisión de Derechos Humanos del Senado peruano citó a los generales Juan Briones y Víctor Malca para que informen sobre lo sucedido en Barrios Altos. Ellos dijeron que la masacre pudo ser obra de Sendero Luminoso, el MRTA u "organizaciones ajenas a estos grupos". En dicha sesión, Javier Diez Canseco exhibió notas de inteligencia militar donde se establecía que el inmueble era investigado por un comando del SIE de nombre "Sheraton". En otra nota exhibida por Diez Canseco se decía que un agente de nombre "Alker" efectuaba vigilancia sobre el inmueble. El 15 de noviembre, en una nueva sesión, el general Briones negó la existencia del Plan Ambulante, así como del "Puesto de vigilancia de Lima Sheraton". El 27 de noviembre se instaló una comisión investigadora con respecto al caso Barrios Altos. En diciembre, la comisión inspeccionó el edificio donde sucedieron los hechos, entrevistó a los heridos y realizó otras investigaciones. Sin embargo, no pudo completar su tarea debido al autogolpe que ejecutó Fujimori el 5 de abril de 1992 en el que disolvió el Congreso. Como era de esperar, el Congreso Constituyente Democrático elegido en su lugar en noviembre de 1992 no continuó la investigación ni publicó las conclusiones preliminares que se habían logrado. Las autoridades judiciales no pudieron realizar una investigación seria del incidente hasta abril de 1995. En esa oportunidad las cortes militares respondieron presentando una petición a la Corte Suprema de Justicia para que se le otorgue jurisdicción sobre el caso. Sin embargo, antes de que la Corte Suprema pudiera resolver la petición, careció de sentido pronunciarse sobre el fondo del asunto, debido a que el Congreso fujimorista aprobó la Ley N.º 26479, que ordenó una amnistía general para todos aquellos miembros de las fuerzas de seguridad del estado así como civiles que fueron sujetos de una denuncia, queja, investigación, sindicación, juicio o detención, o que estuvieran cumpliendo sentencias de prisión por delitos contra los derechos humanos por actos cometidos luego de mayo de 1980. Antes de la aprobación de la ley de amnistía, sin embargo, las investigaciones revelaron información comprometedora. En mayo de 1993 y nuevamente en enero de 1995, oficiales disidentes del Ejército del Perú hicieron público que los miembros del Grupo Colina fueron los responsables de la masacre de Barrios Altos. Los oficiales también señalaron que tanto el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Perú como el jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) tenían pleno conocimiento de la masacre. Luego de la caída de la dictadura fujimorista en el año 2001, fue derogada la ley de amnistía y el caso reabierto con lo que un buen número de los acusados fueron detenidos. El 21 de marzo de 2001, la Fiscal de la Nación Nelly Calderón denunció a Fujimori ante el Congreso, sindicándolo como coautor de la masacre. Presentó evidencia que el ex dictador, actuando de acuerdo con Vladimiro Montesinos, jefe del SIN, tuvo control sobre el Grupo Colina. La denuncia señala que dicho grupo no hubiera podido cometer crímenes de esa magnitud sin el consentimiento expreso o las órdenes directas de Fujimori, y que tanto la formación como el funcionamiento del grupo Colina fue parte de una política integral de contrainsurgencia que implicó sistemáticas violaciones a los derechos humanos. El 13 de septiembre del 2001, el Vocal Supremo José Luis Lecaros presentó una solicitud internacional a la Interpol para que se efectúe el arresto de Fujimori, que, en ese entonces, vivía refugiado en el Japón. En agosto del 2003, el gobierno de Perú presentó una solicitud de extradición de Fujimori y entre los crímenes que se citan en el documento se encuentra la masacre de Barrios Altos. Inicialmente el gobierno japonés se opuso a la extradición porque los padres de Fujimori habían emigrado a Perú desde Japón y era ciudadano japonés. Sus leyes prohibían la extradición de nacionales; además, Japón y Perú no tenían entonces un acuerdo de extradición. Pero cuando Fujimori viajó a Chile, fue inmediatamente detenido, extraditado, juzgado y condenado a 25 años de prisión junto a su cómplice Vladimiro Montesinos, por su responsabilidad en la masacre. Por cierto, esta matanza fue el inicio de una serie de crímenes que se sucedieron durante su régimen, y para buscar impunidad para sus delitos y que nadie le pida cuentas por ello, el 5 de abril de 1992 dio un autogolpe de Estado, cerrando el Congreso e instaurando una oprobiosa dictadura, manteniéndose ilegalmente en el poder hasta su ignominiosa caída el año 2000. (Próximo capitulo: El autogolpe de 1992)
Como sabéis, las cofradías formaron parte esencial de la vida limeña durante siglos. Sus celebraciones, procesiones y espacios de encuentro marcaron la manera en que se organizaba la ciudad y se vivía la fe en el Centro Histórico. Con esa mirada, PROLIMA presenta “El arte de las cofradías”, una exposición que revisa el legado cultural, social y urbano de estas hermandades desde los felices tiempos de la época virreinal. La muestra, organizada por la Municipalidad Metropolitana de Lima, propone un recorrido por ambientes inspirados en antiguas capillas virreinales, recreadas museográficamente para acercar al visitante a la experiencia colectiva que definió a las cofradías limeñas. El proyecto pone en valor el legado de cinco importantes hermandades: Jesús Nazareno y Santa Catalina de Siena, el Santo Cristo de Burgos, Nuestra Señora de la Soledad y del Santo Entierro, Nuestra Señora de la Piedad y la Archicofradía de la Veracruz. La exposición reúne esculturas, pinturas, documentos históricos, planos y fotografías antiguas que permiten entender cómo estas agrupaciones participaron activamente en la construcción de la identidad limeña. Además, incorpora elementos de planimetría histórica que reconstruyen las rutas procesionales que atravesaban la ciudad durante Semana Santa. “Esta muestra nos permite entender cómo se construyó la vida de la ciudad a partir de sus tradiciones, de sus recorridos y de sus espacios”, señaló Luis Martín Bogdanovich, gerente de PROLIMA. “Recuperar esa memoria también fortalece el sentido de pertenencia en el Centro Histórico de Lima”. El proyecto es resultado de un trabajo interdisciplinario que incluyó investigación en iglesias y archivos de Lima, una curaduría especializada y un diseño museográfico centrado tanto en la conservación de las piezas como en la experiencia del visitante. La propuesta expositiva busca no solo difundir el patrimonio material, sino también poner en valor la dimensión inmaterial de estas tradiciones, fundamentales en la configuración de la identidad limeña. Por cierto, hay quienes se preguntarán: ¿Que son las cofradías? Son asociaciones laicas de fieles católicos, arraigadas en la Edad Media (s. XII-XIV) en la Península Ibérica, cuyo fin principal es el culto público a una figura religiosa, la organización de procesiones (especialmente en Semana Santa) y el ejercicio de la caridad. Funcionan como hermandades o congregaciones que fortalecen la fe y la comunidad. Surgieron inicialmente vinculadas a gremios profesionales para fomentar el catolicismo, brindar ayuda mutua entre sus miembros y dar asistencia en la "buena muerte". Se componen de devotos (cofrades) y están aprobadas por la jerarquía eclesiástica. Son las responsables de la organización de las procesiones y el cuidado de las imágenes religiosas que salen en andas. Aunque la cofradía suele confundirse con la Hermandad, pero a diferencias de ello, la cofradía se asocia más con gremios específicos, mientras que la hermandad es una asociación más abierta a diversos miembros. Durante los virreinatos en América, las cofradías fueron fundamentales para articular la vida social, económica y espiritual de la población. Cabe precisar que “El arte de las cofradías” forma parte de las iniciativas de recuperación integral del Centro Histórico impulsadas por PROLIMA, incorporando no solo la restauración física de los espacios, sino también la difusión de la memoria cultural de la ciudad. Por cierto, la exposición puede visitarse en la Galería Municipal Pancho Fierro, ubicada en el Pasaje Santa Rosa 116, en el Centro Histórico de Lima, hasta el 17 de mayo, de 10:00 a. m. a 7:00 p. m. El ingreso es libre.
Mientras en el país andino, Rafael López Aliaga, alias “Camarada Porky”, cabecilla de la agrupación criminal Renovación Caviar (rebautizada acertadamente como el MRLA: Movimiento Revolucionario López Aliaga), insiste en sus ridículos argumentos fraudistas sin prueba alguna que lo sustente, mientras que a su vez bajo el influjo del alcohol, llama a la insurgencia conspirando con ciertos grupos económicos y la prensa basura para dar paso a un golpe de Estado, de otro lado, financia a grupos marginales integrantes de barras bravas de equipos de futbol para que desaten la violencia en las calles, por lo que varios sectores de la propia derecha, considerando su posición demasiado extremista y una causa perdida, han comenzado a alejarse de él, buscando “pasar la página” y unir a todas las fuerzas conservadoras para enfrentar al candidato de la izquierda radical Roberto Sánchez (con quien Keiko Fujimori se enfrentara en el ballotage del 7 de junio), a quien por lo visto, le tienen terror no solo por sus disparatadas propuestas - como el de querer llamar a una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución de corte estatista, revisar los tratados de libre comercio, intervenir la autonomía del BCR, destituir a Julio Velarde, tener el control total sobre recursos naturales y sectores estratégicos e incluso estatizar los medios de comunicación, así como indultar al golpista Pedro Castillo y demás elementos terroristas condenados a Cadena Perpetua - sino porque lleva como ‘compañero de viaje’ a Antauro Humala, quien con un lenguaje sumamente explosivo, pretende fusilar a sus adversarios políticos y llegar incluso a enfrentarse militarmente a Chile para recuperar Arica y Tarapacá (perdidas en la Guerra del Pacifico, en el siglo XIX), además de tener vínculos con elementos afines a Sendero Luminoso y la minería informal. Por ello, ante la posibilidad de que Sánchez sea quien gane los comicios y Keiko sufra su cuarta derrota consecutiva - lo cual puede ser posible ante el altísimo antivoto que existe en su contra - están invocando insistentemente a la derecha a unirse para evitar ese escenario, para ellos ‘apocalíptico’ porque tendrían muchísimo que perder, incluso la propia vida a manos de los reservistas de Antauro. Al respecto, su vocero empresarial Semana Económica ha publicado un editorial titulado “Pasemos la página”, donde fija la posición de este sector conservador, que por su interés he decidido reproducirlo entrecomillado claro esta ¿vale?: “El Perú no puede darse el lujo de seguir entrampado en discusiones estériles sobre inexistentes fraudes electorales. Es hora que nuestros actores políticos y empresariales recuperen la cordura y miren a una segunda vuelta que definirá el futuro del país. Ha pasado casi un mes desde las elecciones y en condiciones normales, el país debería estar inmerso en la dinámica propia de un balotaje que enfrentara a dos posiciones irreconciliables en todo sentido: Democracia y autoritarismo. Por ello deberíamos estar conociendo y debatiendo con minuciosidad las propuestas de ambos candidatos, mientras el resto de fuerzas políticas - que quedaron fuera - evalúan potenciales endosos, acuerdos o alianzas, mientras los electores meditan sus votos. Pero, lamentablemente, nada de ello está sucediendo. El debate público ha quedado entrampado, virtualmente paralizado por el berrinche de un perdedor que se niega a reconocer su derrota y llama a la violencia. Ello se explica en gran medida porque un sector relevante de actores políticos, grupos mediáticos e incluso empresariales han optado por seguir peligrosamente la ruta del engaño, seguida por el líder del MRLA, Rafael López Aliaga, de denunciar un aparente fraude sin que exista hasta el momento una sola prueba convincente que este a la altura de tan seria acusación. Y no la pueden presentar porque - fuera de la gritería, fake news y amenazas de sus alucinados seguidores - simplemente no existe. La defensa de la democracia requiere un mínimo de responsabilidad, algo que por lo visto escasea en el entorno de López Aliaga. Perto resulta más preocupante la deleznable actitud de otras autoridades, como el del encargado de la alcaldía de Lima, Renzo Reggiardo - quien lejos del deber de neutralidad que exige su cargo y ocuparse de la ciudad que está en el abandono - ha anunciado e impulsado acciones legales contra el Jurado Nacional de Elecciones ante el Tribunal Constitucional lo cual es un despropósito jurídico. O de lideres gremiales como el nuevo presidente de la Camara e Comercio de Lima (CCL), Raul Barrios, quien de manera irresponsable ha llegado a demandar de forma temeraria - demostrando que por lo visto desconoce las leyes - la realización de nuevas elecciones. Una falsa narrativa que flaco favor le hace a la imagen de un empresariado que, por el contrario, debería defender a ultranza la institucionalidad y nuestra democracia, por más imperfecta que sea. Estas personas y otras tantas no parecen ser conscientes del inmenso daño que sus posturas extremas e irracionales le hacen a un país, que como muestra el mapa electoral, evidencian graves fracturas. O tal vez sí lo son, pero no les importa en absoluto, en cuyo caso quedaría en claro que para ellos el voto popular solo es digno de ser defendido cuando únicamente favorece a sus intereses. Y cuando ello no sucede, lo llaman ‘fraude’ ignorando el voto de amplios sectores desfavorecidos del interior del país que opinan de forma distinta a ellos. Ciertamente, la organización del proceso electoral del pasado 12 de abril dejo mucho que desear, a tal punto que, cerca de un mes de sucedido, recién se dará a conocer los resultados finales la semana que viene, cuando todo el mundo ya sabe quiénes han pasado a segunda vuelta, demorando injustificadamente la proclamación de los ganadores. Y es que, lejos de ser impecable, la gestión de la ONPE ha sido evidentemente cuestionable. Fue un canto a la ineptitud, a la negligencia y a diversos manejos que ya están siendo investigados. Pero de allí a suscribir la tesis del fraude esgrimida por López Aliaga hay un trecho largo que los peruanos debemos evitar reconocer por el bien de nuestra frágil democracia. Esperamos por eso, que la razón y la cordura se impongan finalmente sobre la irracionalidad y el fanatismo de quienes afanosamente buscan el golpe de Estado, y que el país pase la página de este escenario de una buena vez. Porque lo que está por definirse en los próximos meses es muy importante. Enfoquémonos en eso, que es tangible y realmente decisivo” puntualiza la nota. Demas esta decir que suscribo totalmente este punto de vista. La política no espera, menos aun cuando está en juego el rumbo del Perú. La derecha debe entender que este no es momento para cálculos individuales ni apetitos personales. Se requiere urgencia, unidad y sentido de responsabilidad, tanto en la campaña como en la construcción de mayorías en el Congreso. Tienen que darse cuenta del rol que jugarán en el próximo Parlamento para frenar cualquier deriva radical de la izquierda, por lo que ya no es hora de no seguir perdiendo el tiempo, tratando de desconocer los resultados simplemente porque no les gusta haber quedado excluidos y llamar por ello a la violencia, demostrando que de “demócratas” nada tienen. Por eso mismo, no se puede tolerar de ninguna manera los llamados a la insurgencia o a un “golpe militar democrático” (?) ya que es inadmisible que se pida algo así. La institucionalidad no se defiende derribándola. Aquellos que lo promueven irresponsablemente, se rehúsan a entender que cualquier golpe de Estado destruye la democracia. Tampoco hay causa alguna que justifique las agresiones como las ocurridas frente a la vivienda del presidente del JNE por parte de un enajenado mental, conocido raquetero y traficante de drogas que actúa por orden del “Camarada Porky”. El Perú en estos momentos enfrenta una disyuntiva clara: o las fuerzas de centro y derecha (de la cual debe excluirse expresamente al MRLA, convertida en una agrupación criminal y, por lo tanto, tiene que ser ilegalizada), entienden la gravedad del momento y actúan en consecuencia - así les desagrade profundamente Keiko Fujimori y todo lo que representa - o volverán a pagar el costo de la división, ya que la alternativa comunista que representa Sánchez es mucho peor. La historia reciente ya dio suficientes lecciones. Ignorarlas, esta vez, sería imperdonable. Al mismo tiempo, no hay que dejarse engañar por la falsa narrativa fraudista por parte de los verdaderos enemigos del Perú, que buscan desestabilizarla a como dé lugar, sin importarles las consecuencias. (Un agregado, hay que ser un miserable para burlarse de la discapacidad física de las personas como lo hace alegremente López Aliaga respecto al jefe del JNE ¿No os parece? Por cierto, quien en su insania se autoproclama como “La Quinta Espada de la Revolución Porcina” ha vuelto a amenazar con realizar una asonada terrorista, bautizada en las redes como La Marcha de los 4 Starbucks, si a mediados de la próxima semana, el JNE proclama finalmente a los ganadores de la primera vuelta... Que alguien detenga a ese loco)