Han pasado cien días de la llegada al poder de la Señora K y como podéis daros cuenta, en todo este tiempo no ha hecho absolutamente nada acerca de su electorera promesa de combatir al sicariato y las extorsiones por obra de grupos criminales venezolanos, llegados en masa desde la época del judío Pedro Pablo Kuczynski quien les abrió las fronteras de par en par, y que están desangrando al país andino. Como excusa de su completa inacción, la susodicha y los voceros del régimen decían que la culpa era del Congreso “porque no les daba las facultades solicitadas”. Sin embargo, ya han pasado dos semanas de que se lo concedieron y todo sigue igual. Es más, ahora dicen que están preparando el plan “que estará listo a fin de mes”. ¿Recién lo están haciendo? ¿Y que han hecho en todo este tiempo para aplicarlo ya mismo? Un claro ejemplo de la desorganización y la improvisación en la que se desenvuelven los que (des)gobiernan el Perú. Ni la prensa basura adicta al régimen, con su vomitiva propaganda para tratar de “blindar” a la jefa de la Yakuza, han podido evitar su derrumbe en las encuestas de una forma por lo demás acelerada. Pero para perder el tiempo en TikTok o viajar al extranjero la hija del ex dictador si está a la orden, como el realizado a El Salvador donde hizo el ridículo visitando cárceles cuando eso es tarea de sus ministros. Lo cierto es que estaba desesperada por tomarse unas fotos con Bukele, pero de nada le valió. Su caída es imparable y el rechazo que genera es creciente, por lo que, con el dolor de su corazón, suspendió su visita a España, regresando al Perú con el pretexto del inicio de las torrenciales lluvias en Tumbes, que anuncian un destructor Fenómeno de El Niño para inicios del próximo año, pero a pesar de saberlo con anterioridad y en un acto de criminal negligencia, no ha realizado labores de prevención ni reforzado las obras de infraestructura en la región, por lo que el desastre que se viene es inevitable. Y todo por culpa exclusiva de su incapacidad e ineficacia. En suma, fueron cien días tirados a la basura, y por lo visto, todo va a seguir igual, culpando a otros de lo que no hace, a su vez que muestra sin disimulo su verdadero rostro autoritario. Hay quienes afirman que el Perú de ahora se parece al de los primeros meses del Gobierno de Boluarte. Entonces, tras el fracaso de la asonada terrorista liderada por Sendero Luminoso - surgida tras la ignominiosa caída del golpista Pedro Castillo - se formó un gran consenso político que impuso el orden a toda costa. Ese consenso está de retorno. Un pensamiento único que cruza al Gobierno y al Congreso y que se localiza en las instituciones, el liderazgo empresarial y la prensa basura, convertida en caja de resonancia del régimen. La formación de este consenso autoritario es posible por varios fenómenos que se producen al mismo tiempo. El más importante quizás sea la ruptura del equilibrio precario que emergió de las elecciones de este año, un equilibrio que le otorgó el Gobierno a Fuerza Popular por una mayoría estrecha e instaló en el Congreso una mayoría un poco más amplia: un combinado opositor compuesto por una oposición centrista (Obras y Buen Gobierno) y otra izquierdista (Ahora Nación y Juntos por el Perú). Ese equilibrio ha estallado, y lo ha hecho antes de tiempo, porque se suponía que en algún momento - ¿un año o dos? - la crisis de legitimidad del régimen neofujimorista implicaría un giro radical, impulsado también por la insistencia opositora en recuperar las instituciones democráticas tomadas por el pacto parlamentario aún antes de que se instalara el Gobierno de Boluarte. ¿Por qué este equilibrio estalló antes de tiempo? Por varias razones, especialmente dos: 1) Por la incapacidad manifiesta de la Señora K, que no atiende con mínima eficacia las tareas básicas del Ejecutivo, lo que condujo a una pérdida acelerada de aprobación presidencial, una caída respondida con un giro autoritario; y 2) La ruptura de la bicameralidad, que presumía el respeto de las reglas de convivencia parlamentaria, una ruptura que tiene varias secciones, es decir, varios espacios de conflicto. El giro autoritario es más que un show. Es espectáculo, cierto, pero también presenta contenidos inherentes. La agregación de declaraciones, puestas de escena, decisiones como la integración del Perú al infame Escudo de las Américas, la disputa agresiva por una delegación de facultades que no le hacen ni más ni menos al Gobierno y la depredación de las bancadas opositoras indican que el oficialismo se encontraba a la búsqueda de un modelo de ejercicio del poder y que lo ha encontrado. Este modelo es una huida hacia adelante. Contando con la experiencia de Boluarte a la mano, este giro es insostenible, de modo que luego de un breve plazo habrá un mayor descontento ciudadano - adiós al ideal autoritario continuado de los años noventa -, lo que impulsará a la Señora K, como lo hizo Boluarte en su momento, a una mayor radicalización de la forma y el fondo, porque no hay condiciones para que racionalmente desande el camino emprendido. El giro autoritario también se facilita porque, precisamente, es el impulso que necesita el consenso político extremista para mantenerse vigente. El giro autoritario necesita tributar a ese consenso. Por esa razón, los cambios en el gabinete no tardarán en ocurrir, por más voces que ahora digan lo contrario, con mayor razón que los de ahora son advenedizos e ignorantes en la materia, que ni saben dónde están parados. Venga ya ¿Desde cuándo quien fue un empleado de la embajada estadounidense durante 15 años, puede estar ahora a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores nada menos? Un adelanto de ese giro autoritario son los eventos recientes, como el escarnio contra la oposición (las sillas vacías de la oposición en la conferencia de Fuerza Popular) o la publicación de la ley de la delegación de facultades a nombre del Senado, prescindiendo del Congreso y de la Cámara de Diputados, lo que legalmente deviene en ilegal y que no puede validarse con una simple fe de erratas, pero a la mafia eso lo tiene sin cuidado. Pero la ruptura de la bicameralidad entraña otras rupturas, especialmente la voladura de puentes entre el régimen y la oposición por falta de confianza, la sujeción de la Cámara de Diputados al Senado, las rupturas de las bancadas opositoras a causa del avance depredador del oficialismo y la parálisis legislativa. Pero la reconstrucción del consenso extremista también presenta novedades. Una de ellas es el activismo oficialista de la prensa basura. Tres campañas centrales de las últimas semanas - el aparente obstruccionismo de la oposición, la demolición de Juntos por el Perú y la militarización de la seguridad ciudadana - fueron objeto de apropiación de esos medios vendidos a la mafia, al punto de hacer en gran parte innecesaria la vocería directa del oficialismo... Ya tienen quienes hacen esa sucia labor de demolición de la oposición. Pero ni el giro autoritario del régimen en las últimas semanas ni el consenso extremista que lo ‘legitima’ en la élite política y económica serán suficientes para evitar el deterioro de la actual administración, lo que también sucedió con Boluarte. El dato central de este fracaso no solo es el autoritarismo del régimen, sino su total ineficacia mostrada hasta ahora. El extremismo no es un atenuante, sino una agravante, porque implica elevar las expectativas a favor de una alternativa de mano muy dura que no logrará sus propósitos. En el ámbito de las políticas públicas vinculadas a los servicios, la protección social y la vida cotidiana de la gente, el fracaso tendrá el mismo sentido: importa menos la piel del gobernante si lo central es que no garantiza un desempeño básico en el manejo del Ejecutivo, aunque es más censurable que la promesa de eficacia se haga desde la posición autoritaria y antidemocrática. Las sociedades castigan con más decepción el populismo y el autoritarismo vacíos. El auge del consenso extremista presenta algunas diferencias con la experiencia similar durante el Gobierno de Boluarte. Entonces, la actividad opositora provino de la interacción entre la política de la calle y la política de las instituciones, condicionada por la primera. Es cierto que ahora se carece de una política de la calle frente al régimen de Fujimori y, en cambio, se presume que existía un espacio mayor para la actividad de la política democrática desde las instituciones, específicamente desde el Parlamento. No ha sido así. La oposición parlamentaria ha fracasado, ha sido depredada, se ha dividido y ha reducido su sentido democrático a lo mínimo. Del seno del combinado opositor que emergió de las elecciones, ha surgido otro cuadro con tres oposiciones: una oposición radical (Juntos por el Perú y Ahora Nación), otra negociadora, que se ha quedado sin nada que negociar (Buen Gobierno), y otra colaboracionista, es decir, una ‘oposición’ que nunca lo fue (Obras). La oposición sacrificó sus innegociables, es decir, las condiciones básicas de cualquier desempeño democrático, como las leyes pro crimen, las leyes antiderechos y la captura del Estado, y estableció una agenda minimalista democrática bajo la presunción colosalmente equivocada de que este régimen no tenía pasado, ni cercano ni lejano. Sin embargo, los sucesos de las últimas semanas liquidaron a la oposición. La ruptura del precario equilibrio postelectoral también la ha alcanzado. Con la bicameralidad rota, las bancadas divididas o en proceso de depredación, la oposición ideal del 28 de julio prácticamente ha dejado de existir. En eso también hay un parecido con el periodo de Boluarte: se acerca el momento en que en el Congreso habrá ‘opositores’, pero solo de palabra, ya que la mayoría se pasará a las filas del oficialismo, a cambio de favores y prebendas, sin importarles en lo más mínimo traicionar a sus electores, como es el caso de Obras. De esta manera, la centralidad de la política de las instituciones está llegando a su fin. El auge del consenso extremista, cierra el espacio para la deliberación democrática y hostiga cualquier actividad crítica y disidente. Uno de los efectos de este auge puede ser abrir las puertas a la política de la calle, a la violencia terrorista propalada por los grupos de izquierda, a la que son adictos. Con el ideal opositor diluido en el Congreso y el ideal autoritario como en los noventa por parte del régimen, el futuro del país andino se presenta turbulento. (Por cierto, una buena noticia dada a conocer este viernes por la noche, indica que el JNE ha cerrado el paso a la reelección encubierta y no entregará credenciales de alcalde a primeros regidores, por lo que López Aliaga no podrá asumir el cargo en enero. Esperemos que ello ocurra)
Fue el mayor levantamiento indígena contra el poder colonial español en América Latina, y que, si bien no logro sus objetivos, su legado resuena hasta hoy como símbolo de resistencia frente a la opresión. Liderado por José Gabriel Condorcanqui Noguera, adopto el nombre de Túpac Amaru II al ser descendiente de Túpac Amaru I, el ultimo inca de Vilcabamba, ejecutado por el virrey Toledo en 1570. Nacido en el mes de marzo del año 1740 en la provincia de Tinta, heredó los cacicazgos de Pampamarca, Tungasuca y Surimana y una importante cantidad de mulas, que lo convirtieron en un cacique de buena posición económica dedicado al transporte de mercaderías. El mismo fue testigo del trato brutal y de los abusos que sufrían los indios a manos de los españoles. Al viajar a Lima, denuncio los esfuerzos inhumanos a que eran sometidos. Pedía también el fin de los obrajes, verdaderos campos de concentración donde se obligaba a hombres y mujeres, ancianos y niños a trabajar sin descanso. Condenaba particularmente el sistema de repartimientos, antecedente del bochornoso pago en especie. Pero la Audiencia de Lima, compuesta por encomenderos y mineros explotadores, ni siquiera se dignó a escuchar sus reclamos, por lo que, al no ser escuchado, a su regreso al Cuzco, opto por la rebelión contra la Corona Española. La independencia propuesta por Túpac Amaru II no era sólo un cambio político, implicaba modificar el esquema social vigente en la América española. Su movimiento produjo una profunda conmoción en el Perú, grandes transformaciones internas y amplias resonancias americanas. Los elevados impuestos y los nuevos repartimientos realizados a la llegada del virrey Agustín de Jáuregui decidieron a Condorcanqui a comenzar la rebelión. La ocasión se presentó cuando el obispo criollo Moscoso excomulgó al corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga, individuo particularmente odiado por los indios. El 4 de noviembre de 1780, Túpac Amaru II, con su autoridad de cacique de tres pueblos, mandó detener a Arriaga, y lo obligó a firmar una carta donde pedía a las autoridades dinero y armas y llamaba a todos los pueblos de la provincia a juntarse en Tungasuca, donde estaba prisionero. Le fueron enviados 22.000 pesos, algunas barras de oro, 75 mosquetes, mulas, etcétera. Tras un juicio sumario, Arriaga fue ajusticiado en la plaza de Tungasuca el 10 de noviembre por un esclavo negro, quien le arranco previamente su uniforme en señal de degradación. Al conocerse la noticia en el Cuzco y desoyendo los consejos de que espere los refuerzos que llegarían desde Lima, el Corregidor Cabrera logro juntar unos miles de hombres y creyendo fácil la victoria, partió en busca de Tupac Amaru II, prometiendo “traerlo en cadenas”. Fue así como el 18 de noviembre de 1780 se produjo la batalla de Sangarará. En este combate, los rebeldes derrotaron completamente al ejército realista, al mando del vengativo Cabrera, quien perdió la vida al ser quemada la iglesia donde se refugió tras su derrota. A partir de entonces, la rebelión tomó un carácter más radical. El pánico se apodero del Cuzco, donde se temía un ataque inminente, ya que los rebeldes parecían imparables y ávidos de venganza. Al respecto, Manuel Godoy, estrecho colaborador del rey Carlos IV, cuenta en sus memorias: “Nadie ignora cuánto se halló cerca de ser perdido, por los años de 1780 y 1781, todo el Virreynato del Perú y una parte del de la Plata, cuando alzó el estandarte de la insurrección el famoso Condorcanqui, más conocido por el nombre de Túpac Amaru”. Pero tras el triunfo de Sangarará, Túpac Amaru II cometió el error de no marchar sobre el Cuzco, que estaba indefensa, como le aconsejaba su compañera y lugarteniente Micaela Bastidas para coronarse como Inca en el Coricancha, prefiriendo dirigirse a Puno esperando que los indígenas se sumaran a su causa. Pero, estos pertenecientes a la etnia de los aymaras, rechazaron unirse a los quechuas cuzqueños, sus enemigos ancestrales. Entretanto, el virrey Jauregui lograba reunir en Lima un ejército de 17.000 hombres al mando del visitador general, José Antonio Areche, quien partió rápidamente al Cuzco, aprovechando que el rebelde se encontraba en el Altiplano, logrando llegar antes que el propio Tupac Amaru II, quien, decepcionado de los aymaras, habiendo perdido valioso tiempo en el Altiplano, dio media vuelta y se dirigió a la antigua capital de los incas, que ya estaba sólidamente defendida. Y es que con la llegada al Cuzco del visitador Areche y el inspector general José del Valle, la situación se desequilibró en perjuicio de los rebeldes. Túpac Amarú II intentó todavía dar un golpe de mano atacando primero, pero el ejército realista fue advertido por un prisionero escapado y el golpe fracasó. La noche del 5 al 6 de abril se libró la desigual batalla entre los dos ejércitos. Según un parte militar “fueron pasados a cuchillo más de mil indios y perseguidos el resto que abandonaban el campo de batalla, siendo liquidados en su huida”. Al verse perdido, Túpac Amaru II intentó darse a la fuga, pretendiendo refugiarse en sus dominios de Tinta, pero fue traicionado por su compadre Francisco Santa Cruz, que entrego al rebelde y su familia a los españoles, quienes los trasladaron al Cuzco. Una vez llegados, el visitador Areche entró intempestivamente en su calabozo para exigirle, a cambio de promesas, los nombres de los cómplices de la rebelión. Pero este le contestó con desprecio: “Nosotros dos somos los únicos conspiradores; Vuestra merced por haber agobiado al país con exacciones insoportables y yo por haber querido libertar al pueblo de semejante tiranía”. Areche ordeno entonces que Túpac Amaru II fuera sometido a las más horribles torturas durante varios días para que confiese. Se les ataron las muñecas a los pies. En la atadura que cruzaba los ligamentos de manos y pies fue colgada una barra de hierro de 100 libras e izado su cuerpo a 2 metros del suelo causándole el dislocamiento de uno de sus brazos. Pero Túpac Amaru II no delató a nadie. Se guardó para él y la historia los nombres de los otros comprometidos en su causa. El visitador Areche debió reconocer el coraje y la resistencia de aquel hombre extraordinario en un informe al virrey donde dejaba constancia de que, a pesar de los días continuados de tortura, “el inca tiene un espíritu y naturaleza muy robusta, así como una serenidad imponderable”. El 17 de mayo de 1781 Túpac Amaru II fue condenado a muerte. La condena alcanzó a toda su familia, ya que la sentencia recomendaba que fuera exterminada toda su descendencia, hasta el cuarto grado de parentesco. A continuación transcribimos textualmente el relato de la muerte de la familia Túpac Amaru contada por sus propios verdugos: “El viernes 18 de mayo de 1781, luego de haber cercado la plaza con las milicias de esta ciudad del Cuzco… salieron de la Compañía nueve sujetos que fueron: José Verdejo, Andrés Castelo, un zambo, Antonio Oblitas (el que ahorcó al Corregidor Arriaga), Antonio Bastidas, Francisco Túpac Amaru; Tomasa Tito Condemayta, cacica de Arcos; Hipólito Túpac Amaru, hijo del traidor; Micaela Bastidas, su mujer, y al final, el propio insurgente, José Gabriel. Todos salieron a un tiempo, uno tras otro. Venían con grillos y esposas, metidos en unos zurrones, y arrastrados a la cola de un caballo aparejado. Acompañados de los sacerdotes que los auxiliaban, y custodiados de la correspondiente guardia, llegaron al pie de la horca, y se les dieron por medio de dos verdugos, las siguientes muertes: A Verdejo, Castelo, al zambo y a Bastidas se les ahorcó llanamente. A Francisco Túpac Amaru, tío del insurgente, y a su hijo Hipólito, se les cortó la lengua antes de arrojarlos de la escalera de la horca. A Tomasa Tito Condemayta se le dio garrote en un tabladillo con un torno de fierro… habiendo el indio José Gabriel y su mujer visto con sus ojos ejecutar estos suplicios hasta en su hijo Hipólito, que fue el último que subió a la horca. Luego subió Micaela al tablado, donde asimismo en presencia del marido se le cortó la lengua y se le dio garrote, en que padeció infinito, porque, teniendo el pescuezo muy delgado, no podía el torno ahogarla, y fue menester que los verdugos, echándole lazos al cuello, tirando de una a otra parte, y dándole patadas en el estómago y pechos, la acabasen de matar. Cerró la función el rebelde José Gabriel, a quien se le sacó a media plaza: allí le cortó la lengua el verdugo, y despojado de los grillos y esposas, lo pusieron en el suelo. Le ataron las manos y pies a cuatro lazos, y asidos éstos a las cinchas de cuatro caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes: espectáculo que jamás se ha visto en esta ciudad. No sé si porque los caballos no fuesen muy fuertes, o porque el indio en realidad fuese de hierro, no pudieron absolutamente dividirlo luego que por un largo rato lo estuvieron tironeando, de modo que lo tenían en el aire en un estado que parecía una araña. Tanto que el Visitador Areche, para que no padeciese más aquel infeliz, despachó de la Compañía una orden mandando le cortase el verdugo la cabeza, como se ejecutó. Luego se condujo el cuerpo debajo de la horca, donde se le sacaron los brazos y pies. Esto mismo se ejecutó con las mujeres, y a los demás les sacaron las cabezas para dirigirlas a diversos pueblos. Los cuerpos del indio y su mujer se llevaron a Picchu, donde estaba formada una hoguera, en la que fueron arrojados y reducidos a cenizas que se arrojaron al aire y al riachuelo que allí corre. De este modo acabaron con José Gabriel Túpac Amaru y Micaela Bastidas, cuya soberbia y arrogancia llegó a tanto que se nominaron reyes del Perú, Quito, Tucumán y otras partes…” Dice Valcárcel que, en ese momento, el pequeño Fernando Túpac Amaru de 10 años de edad, quien fue obligado a presenciar el sacrificio de sus padres y hermanos, “dio un grito tan lleno de miedo externo y angustia interior que por mucho tiempo quedaría en los oídos de aquellas gentes…”. Luego de la ejecución de Túpac Amaru II, las autoridades españolas se vieron obligadas a aplicar varias de las reformas económicas y administrativas para evitar nuevos levantamientos. Por ejemplo, se eliminó la figura del corregidor y se crearon las intendencias y la Audiencia del Cuzco. Pero a pesar de su sangriento final, el espíritu de Túpac Amaru II perduró. Su lucha sirvió de inspiración para nuevos levantamientos en el Cuzco y más allá. En abril de 1781, los indígenas de las provincias cercanas se unieron en apoyo a Diego Cristóbal, primo de Túpac Amaru II. La llama de la rebelión no se extinguió, y el eco de sus ideales reverberó en lugares lejanos, como Nueva Granada y Rio de La Plata, donde la agitación social se avivó con los ecos de su resistencia. Así, Túpac Amaru II se convirtió en un símbolo de la lucha indígena y el anhelo de libertad en el continente americano. Su vida y su sacrificio continúan resonando en la memoria colectiva, recordándonos que la búsqueda de justicia y dignidad nunca cesa. Su legado permanece vivo, no solo en la historia del Perú, sino en la lucha de todos los pueblos por su derecho a la autodeterminación y la libertad.
En lo que es considerado como una grave derrota para Donald Trump y sus cipayos de la región (Milei, De La Espriella, Kast, Fujimori, Noboa, entre otros) en su demencial y burdo intento de querer colocarlo bajo control de Washington, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva - conocido simplemente como Lula - ganó decisivamente la segunda vuelta de las elecciones contra su rival de ultraderecha y favorito de EE.UU., Flavio Bolsonaro, hijo de un golpista que se pudre en la cárcel y que tenía la esperanza de ser liberado. Cabe precisar que el triunfo de Lula ha tomado por sorpresa a todos, ya que hasta el último momento todas las proyecciones indicaban que Bolsonaro se impondría en los comicios, pero ello no ocurrió. Pasado el primer momento de incredulidad, tanto Trump como Milei se negaron a reconocer el triunfo de Lula, y hasta hablaron de “fraude”, pero quedaron solos ya que el resto del mundo si lo hizo. En tanto Bolsonaro, se unió a la pastrana montada por su patrocinador naranja, negándose a reconocer su derrota, pero al enterarse que la justicia había requisado sus pasaportes y prohibirle dejar el país, el muy cobarde abordo un avión privado y luego de cruzar subrepticiamente a la Argentina, huyó a los EE.UU. para no terminar en la cárcel junto al demente de su padre Jair, al estar acusado de graves cargos de corrupción. Una vez llegado a Miami y en el colmo del ridículo, se autoproclamo “verdadero presidente electo del Brasil” pero al saber que no tenía apoyos, tuvo que aceptar el resultado. Así llego a su fin la carrera política tanto de este impresentable como del bolsonerismo. En cuanto al resultado de las elecciones, que podemos calificar de histórico. En términos de la política interna de Brasil, confirma a Lula como un político consumado y un estadista de gran calibre, a pesar de los cuestionamientos que se le hizo por su relación con Odebrecht, por lo que incluso estuvo en prisión. Pero al iniciar su cuarto mandato, ha desafiado su edad y los feroces intentos estadounidenses de socavarlo mediante la guerra económica, las sanciones y las tácticas sucias en las redes sociales, que bloquearon sus cuentas y apoyaron desvergonzadamente a Bolsonaro, pero de nada les valió, y ahora serán prohibidas en el Brasil. Lula también ha roto con los patrones tradicionales de las elecciones presidenciales brasileñas. Antes de ganar la segunda vuelta, perdió la primera; una victoria de remontada era algo nunca antes visto y parecía improbable. Ahora, gracias a una rápida renovación de su campaña, que incluyó un descubrimiento tardío de las redes sociales ajenas a X y Meta - como WhatsApp, Telegram y TikTok - y un aumento en la movilización de votantes en todo el país, Lula es el primero en lograrlo. Para Brasil, estas elecciones fueron trascendentales y pudieron haber resultado fatales. Si Bolsonaro hubiera ganado, el país sin duda habría perdido su soberanía ante una política de sumisión incondicional a la infame ‘Doctrina Donroe’ de los EE.UU. Lo que se impuso a Venezuela mediante la violencia y la traición se habría logrado en Brasil con elecciones bajo presión. Se habría sumado al reciente giro a la ultraderecha de América Latina y a una total sumisión a Washington. Es casi seguro que Flavio Bolsonaro también habría encontrado la manera de acabar con la democracia en su país. Su padre, Jair Bolsonaro, ya lo intentó, y tras su fracaso, termino en la cárcel. Ningún miembro del siniestro clan Bolsonaro ha expresado jamás el más mínimo arrepentimiento por ese fallido intento de golpe de Estado. Al contrario, Flavio y su hermano Eduardo, otro prófugo de la justicia residente en Estados Unidos, buscaban venganza. Si a esto le sumamos la nefasta reputación de Flavio, con vínculos con el crimen organizado e incluso con escuadrones de la muerte, algo reconocido incluso por la revista The Economist, de marcada tendencia derechista, su victoria podría haber significado la ruina para muchos brasileños. Se esquivaron muchas balas, algunas literalmente. Sin embargo, sobrevivir al peligro es distinto de lograr una victoria contundente. Esto no ha sucedido. La victoria de Lula es sólida, superando a Bolsonaro por más de tres puntos porcentuales, pero esto no cambia el hecho de que este último aún obtuvo más del 48% de los votos. El bolsonarismo ha sido derrotado, pero no aplastado. Lo mismo ocurre con el mayor y más peligroso aliado del clan Bolsonaro: Washington. No cabe duda de que EE.UU. ha sufrido un serio revés, sobre todo en el plano geopolítico. Su proyecto de someter a América Latina a los dictados de la ‘Doctrina Donroe’ mediante el ingreso de Brasil al Escudo de las Americas para controlarlo militarmente, ha fracasado. Y ese golpe es doloroso, ya que Brasil es el principal objetivo de Washington en Sudamérica. Por su ubicación, tamaño, demografía, desempeño económico y potencial, el gigante sudamericano es tan importante que ningún imperio estadounidense renovado en el "patio trasero" estará completo sin él. Consideremos algunos indicadores básicos. Según el Banco Mundial, Brasil tiene una población de 213 millones de habitantes, lo que lo convierte en el séptimo país más poblado del mundo. Además, está altamente urbanizado, con casi el 90% de su población viviendo en ciudades y pueblos. Es un país tecnológicamente avanzado, con casi el 93% de los brasileños con acceso a al menos 3G y casi el 85% utilizando internet. Los indicadores económicos son notoriamente complejos y difíciles de comparar, pero Brasil tiene claramente la mayor economía de Sudamérica. A nivel mundial, también ocupa un lugar destacado. El Fondo Monetario Internacional proyecta que su PIB para 2026 (ajustado por poder adquisitivo) alcanzará casi 5,3 billones de dólares, lo que la convierte en la octava economía nacional más grande del mundo, superando, por ejemplo, al Reino Unido, Francia y Corea del Sur. Brasil también posee importantes reservas de petróleo crudo y es el mayor productor de petróleo de Sudamérica. Poner estas riquezas bajo control estadounidense y sumarlas a lo que Washington está saqueando en Venezuela (convertido en un “protectorado”) habría sido un sueño hecho realidad tanto para los geoestrategas como para las empresas estadounidenses. Sobre todo, teniendo en cuenta que aproximadamente la mitad de la producción petrolera brasileña se vende actualmente a China, el rival más temido de EE.UU. Más importante aún, China es, con diferencia, el socio comercial más importante de Brasil. El comercio chino-brasileño se encuentra en niveles récord y sigue creciendo, mientras que Brasil es el principal destino de la inversión extranjera directa china. La ‘Doctrina Donroe’ no solo se diseñó para restaurar el dominio estadounidense en América Latina, sino específicamente para mantener a China al margen. Y por si todo lo anterior no fuera suficiente para irritar a los fanáticos del imperio hemisférico en Washington, Brasil también es una potencia importante en el ámbito de los minerales críticos, también llamados raros. De hecho, según datos estadounidenses, las reservas de minerales críticos de Brasil ocupan el segundo lugar luego de China y superan con creces las de otros países como India y Australia, por no hablar de EE.UU. A esto se suma el hecho de que el Brasil de Lula también ha sido un actor principal en los BRICS, en los proyectos de multipolaridad y destronamiento del dólar, y en la resistencia a Israel y sus monstruosos crímenes, incluido el genocidio contra los palestinos, por lo que Washington no podría estar más ansioso por someter esta enorme espina en lo que considera su punto débil del sur. ¡Qué premio tan valioso! Y también lo que se puede perder. Por ahora, Estados Unidos ha perdido. Pero precisamente porque Brasil es tan crucial, Washington no se rendirá. Al contrario, el hecho de que el partido de Bolsonaro domine el Congreso brasileño, solo fortalecerá la determinación de Estados Unidos, con numerosas oportunidades para sembrar la división, la subversión y las sucias artimañas para el cambio de régimen aún por explotar. Brasil ha obtenido un respiro crucial. Pero la lucha no ha terminado. El imperio contraatacará. Siempre lo hace. Esto significa que Lula y sus aliados internos deberán continuar y ampliar la modernización de su estrategia, iniciada durante la segunda vuelta, por ejemplo, mediante una política coherente de defensa de la soberanía brasileña en el ámbito de las redes sociales. También significa que los aliados de Brasil en el mundo, especialmente aquellos igualmente comprometidos con el proyecto de la multipolaridad, como China y Rusia, deben reflexionar profundamente sobre cómo brindar mayor apoyo a Brasil frente a la presión estadounidense, ya que le propino un revés que no olvidará.
Cada 31 de octubre, las guitarras, los cajones y los valses buscan retomar el protagonismo que una vez tuvo en una de las otrora celebraciones más representativas de la identidad peruana, pero lastimosamente no lo consiguen. En efecto, el llamado Día de la Canción Criolla reunió en sus inicios a generaciones alrededor de un legado musical que acompaño la historia del país y mantuvo vivas las tradiciones de barrios emblemáticos de Lima, pero hoy, repetimos, la realidad es muy distinta. Para su mala suerte, cabe precisar que esta fecha también coincide con Halloween, una festividad que ha ganado popularidad entre quienes organizan fiestas de disfraces y reuniones temáticas. Aunque ambas celebraciones tienen orígenes distintos, e inicialmente compartían un espacio en el calendario peruano, ofreciendo diferentes maneras de disfrutar la última jornada de octubre, hoy por hoy es totalmente diferente. Pero ¿por qué se eligió precisamente este día para rendir homenaje a la música criolla? El origen de esta efeméride se remonta a la primera mitad del siglo XX, cuando diversas agrupaciones y centros musicales promovían la difusión de los géneros criollos. En aquella época, la música criolla ya contaba con espacios dedicados a su interpretación y enseñanza, pero sus impulsores buscaban un reconocimiento oficial que permitiera fortalecer su presencia en la cultura nacional. La propuesta consiguió el respaldo del entonces presidente Manuel Prado Ugarteche. Mediante una Resolución Suprema del 18 de octubre de 1944, se estableció que cada 31 de octubre se celebrara el Día de la Canción Criolla, con el propósito de fomentar y difundir esta manifestación artística. La disposición reconocía, además, “el valor del arte popular para fortalecer la identidad nacional”. La elección del 31 de octubre no fue casual. Entre las consideraciones para establecer la fecha se encontraba la intención de evitar interferencias con las procesiones del Señor de los Milagros, una celebración religiosa de gran arraigo en Lima durante el mes de octubre. De esta manera, se fijó una jornada propia para rendir homenaje a la música criolla sin afectar las actividades vinculadas a la festividad religiosa. La coincidencia con Halloween responde a una tradición diferente. Mientras la Noche de Brujas tiene raíces históricas asociadas a celebraciones de origen celta y se popularizó en el mundo con costumbres como los disfraces y la recolección de dulces, el Día de la Canción Criolla nació de una iniciativa peruana para preservar y promover una expresión musical propia. Ambas fechas terminaron compartiendo el calendario cada 31 de octubre, aunque sus motivos de celebración son distintos. La primera celebración oficial del Dia de la Canción Criolla se realizó el 31 de octubre de 1944, a las pocas semanas de que se aprobara la resolución que instituyó la efeméride. De acuerdo con registros históricos de la época, los centros musicales participaron en las actividades programadas y colocaron la bandera peruana como parte de los actos conmemorativos. Las verbenas y jaranas también formaron parte de la jornada, que buscaba acercar la música criolla al público. El programa contempló el izamiento del pabellón nacional desde las seis de la mañana en Lima y Callao. Posteriormente, se celebró una misa en la Iglesia y Monasterio de Nuestra Señora del Carmen en memoria de los compositores y artistas fallecidos. Las actividades reflejaron la intención de convertir la fecha en un homenaje tanto a quienes mantenían vivo el género como a quienes habían contribuido a su desarrollo. Desde entonces, el Día de la Canción Criolla se fue consolidado como una oportunidad para recordar a intérpretes y compositores, disfrutar de los ritmos tradicionales y transmitir este patrimonio musical a las nuevas generaciones. Sin embargo, todo eso pertenece al pasado, ya que actualmente se encuentra en total decadencia, languideciendo irremediablemente debido a que no surgen nuevos valores, y quienes se presentan como tales, se limitan a cantar “renovadas” versiones de los viejos temas de siempre. Pero hagan lo que hagan para darle “nueva vida” a esa celebración (como querer apropiarse del Halloween, creando un hibrido llamado Crioween, del cual nos ocupamos hace algunos años atrás) este muerto ya no se levanta. Marginados además de los medios de comunicación - inclusive del canal de Estado, que suprimió sus espacios - quienes los siguen en las peñas ubicadas en Rimac o Barranco, son gente de avanzada edad - contemporáneos de los dinosaurios - que viven de los recuerdos. Hay quienes, tratando de rescatar su identidad cultural, propusieron que la fecha se traslade al 18 de enero, aniversario de la fundación de Lima, al tratarse de una música esencialmente limeña, pero por un capricho de los que no tienen visión de futuro, todo quedó en nada, y hoy vemos las consecuencias. En conclusión, la Música Criolla se extingue porque no supo ni quiso adaptarse a los nuevos tiempos, a diferencia del Halloween, que cada 31 de octubre, es celebrado por niños, jóvenes y adultos en todo el Perú. Una fiesta importada, si, pero que ha sabido consolidarse para que cada año tenga mayor aceptación ¿No os parece?
A un día de unas elecciones que podrían devolver a la ultraderecha el poder en el Brasil, varias encuestas muestran una fuerte caída del apoyo a los líderes conservadores elegidos recientemente en América Latina, logrado gracias a la grosera injerencia estadounidense, que no ha dudado en alterar los resultados electorales para que sus “elegidos” sean los ganadores. Pero el desengaño no ha tardado mucho en llegar. En efecto, nuevos sondeos en realizados en Perú, Colombia, Chile y Argentina indican que muchos votantes empiezan a perder la paciencia con gobiernos elegidos con promesas “de combatir la delincuencia y reactivar economías debilitadas”, pero nada de eso han cumplido, pero si el de estrechar la relación con Donald Trump, convirtiendo a sus países - en un evidente acto de traición, demostrando no tener además honor ni dignidad - en vasallos de Washington, el cual mediante el infame ‘Escudo de las Americas’ los va a tener controlados, política, económica y militarmente, para evitar el retorno al poder de gobiernos que puedan ser considerados ‘hostiles’ a la Casa Blanca. De lograr su cometido de que Bolsonaro triunfe en los comicios brasileños, prácticamente toda la región será convertida en su ‘protectorado’ tal como lo es hoy Venezuela, de una forma por lo demás patética y grotesca, en la cual su embajador en Caracas es quien realmente manda en el país, y donde la dirigencia chavista, temerosa de terminar en la cárcel, se han convertido en un felpudo estadounidense. De esta manera, Washington recupera el control de su ‘patio trasero’ y no lo va a dejar durante mucho tiempo, apelando a las intervenciones militares - tal como el propio Trump ha declarado - “para evitar un regreso a la situación anterior”, buscando expulsar a China, teniendo a partir de ahora el absoluto control de sus riquezas naturales, tales como el petróleo y las tierras raras. “El ganador (o sea EE.UU.) se queda con todo” subrayo. Y su clase política, tan ruin y servil como siempre lo han sido a través de la historia, lo aprueba incondicionalmente... Venga ya, un colonialismo en toda regla. En relación a los sondeos, la mandataria conservadora de Perú, Keiko Fujimori, y su homólogo colombiano Abelardo de la Espriella, conocido por su discurso de línea dura, su “cruzada cultural” y su apoyo al porte de armas, son los últimos en ver caer su popularidad. Una encuesta de Ipsos publicada la semana pasada mostró que la aprobación de Fujimori bajó al 40 % frente al 57 % que tenía cuando asumió en agosto, con un rechazo que del 60%. Su caída ha sido tan acelerada, algo que no se había visto en el país andino en los últimos tiempos, pero comprensible porque no hace nada de nada y solo repite métodos ya utilizados con otro nombre, y que ya han demostrado su ineficacia. Por su parte, De la Espriella perdió más de seis puntos en su primer mes en el cargo. Muy poco dirán algunos, pero al tratarse de encuestadoras afines al gobierno, su caída sin duda es mayor. En Chile mientras tanto, donde el año pasado los votantes eligieron al mandatario más conservador de las últimas tres décadas ante la creciente preocupación por el crimen organizado, la aprobación de José Antonio Kast cayó al 30 %, según la última encuesta Cadem publicada el domingo. Es su nivel más bajo desde que inició su mandato en marzo. Hay quienes, como Leoncio Silva, un pensionado chileno, que creen ilusamente que Kast logrará derrotar a las bandas extranjeras a las que muchos atribuyen el aumento de la violencia en su país… “con un poco más de tiempo”, la misma excusa de otros gobernantes que no han podido resolverlo. "Esperemos un año y veamos", dice el muy inocente. En tanto, el presidente argentino, Javier Milei, el más abyecto lacayo de Trump en la región, también registra sus peores niveles de aprobación cuando falta un año para buscar la reelección. "Creo que muchos de estos gobiernos generaron expectativas que probablemente no eran realistas. La gente quiere resultados rápidos, lo que es imposible obtener", dice Michael Shifter, investigador senior del centro de estudios The Inter-American Dialogue, con sede en Washington. “De poco o nada le ha valido entregar la Patagonia a EE.UU. e Israel, mientras que millones de argentinos han visto caer dramáticamente su nivel de vida, forzándolos a comer carne de burro. Solo los privilegiados de la casta libertaria pueden darse el lujo de comer carne de vaca, cuando antes era de lo más común” agrego. Pero el rechazo tiene poco que ver con la ideología, advierte: "No estoy seguro de que fuese distinto si se tratara de gobiernos de izquierda". Una encuesta de AmericasBarometer, realizada a más de 25.000 personas en 21 países, reveló un escaso respaldo a los aliados de Estados Unidos que integran la alianza "Escudo de las Américas" impulsada por Trump: Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú, Guatemala, Panamá, Paraguay y República Dominicana. Es más, la impaciencia por una mejor gestión se manifiesta con especial fuerza en Bolivia. Allí los votantes sacaron del poder al Movimiento al Socialismo, que gobernó por casi dos décadas, en medio de la peor crisis económica del país en cuatro décadas. El presidente Rodrigo Paz fue elegido como una alternativa moderada y cercana al sector empresarial, pero apenas a los seis meses de asumir el cargo, miles de manifestantes - seguidores del prófugo de la justicia Evo Morales, a quien la justicia busca encarcelar por pedófilo - ya bloqueaban las principales ciudades del país para exigir su renuncia. Muchos culpan al mandatario, de 59 años, de no haber logrado poner fin a la escasez de combustible. "Pensaba que iba a ser diferente, que iban a cambiar las cosas, pero estamos igual o peor que con Morales y Arce", dice Jamil Alanoca, un estudiante de negocios de 19 años. Al otro lado de la frontera, en Perú, los votantes acudieron a las urnas en abril y junio en busca de alivio frente a una epidemia de extorsiones y ya muestran frustración por la falta de resultados. "Para tratar de ocultar su fracaso e incapacidad para enfrentarlos, Fujimori dice ahora que no se va a solucionar de la noche a la mañana el problema de tantos años, cuando ella y su partido, petardearon hasta forzar la caída de Pedro Pablo Kuczynski en el 2018, dando origen a la actual inestabilidad política que ha tenido el Perú desde entonces, con tantos presidentes en tan pocos años, donde un Congreso dominado por el fujimorismo y sus aliados de turno los vacaban a voluntad. Todo ello es exclusiva responsabilidad de Keiko", señalo Guillermo Loli, director de encuestas de opinión en Ipsos Perú. Sin embargo, en todo ese oscuro panorama para los lideres conservadores de la región, hay una “excepción” y es el salvadoreño Nayib Bukele, cuya política de mano dura contra las pandillas le ha valido un apoyo casi de culto. El autodenominado "dictador más cool del mundo" goza de un 83 % de aprobación, según la encuesta AmericasBarometer, luego de reducir las tasas de criminalidad a mínimos históricos con una amplia ofensiva contra las pandillas. Esos resultados se lograron tras encarcelar a más de 90.000 sospechosos bajo un régimen de excepción instaurado hace cuatro años que, según grupos de derechos humanos, ha estado marcado por graves abusos. "El Salvador de Bukele sigue siendo un experimento decisivo: un Estado que cambió libertades por seguridad y que, según estas mediciones, logró mayor seguridad", señala el informe Pulse of Democracy 2026, elaborado por la Universidad de Vanderbilt a partir de las encuestas de AmericasBarometer. Shifter expresa sus dudas de que el éxito de Bukele contra las pandillas de su país pueda replicarse con las redes del crimen transnacional que operan en otras partes de la región. "Bukele, creo, es realmente único en su grupo, es la excepción", considera. “Pero hay que tener en cuenta que su país es microscópico si los comparamos con los países sudamericanos, por lo que sus métodos no tendrían los mismos resultados de aplicarse. Las realidades son distintas como para que sea exitoso” puntualizó. (Por cierto, si se confirma el triunfo de Bolsonaro este domingo, Trump ya debe tener listo la correa para que su nueva mascota se una a la troupe ¿No lo creen ustedes?)
Ubicado en Tacna, localizado en el extremo sur del Perú y cerca de la frontera con Chile, se encuentra la mezquita Bab Ul Islam (cuyo nombre significa "Puerta del Islam" en árabe, lo cual refleja su papel como lugar de acogida para los musulmanes de la zona) levantada por inmigrantes pakistaníes allá por la década de los 90, durante el régimen dictatorial de Kenyo Fujimori, cuando se liberalizaron las importaciones de vehículos, por lo que pudieron traer autos de segunda mano procedentes de Corea del Sur y Japón, inundando el mercado peruano con miles de ‘ticos’, ‘combis’ y ‘mototaxis’, que desde entonces han convertido las calles de Lima sobre todo, en un auténtico infierno, donde el manejar es prácticamente imposible, ya que nadie respeta las reglas de tránsito e impera la “ley de la selva”, y todo por culpa, cuando no, de ese sátrapa japones. Volviendo al tema de fondo, la citada mezquita es el elemento más visible de la presencia musulmana en Tacna, que se ubica en la entrada sur de la ciudad, a cinco minutos del centro. Considerada un lugar de culto para los seguidores del islam, se levantó en el año 2000. Esta es una de las pocas mezquitas de todo el Perú y la única en Tacna, lo que la convierte en una rareza en un país donde los edificios islámicos son casi inexistentes La mezquita combina elementos arquitectónicos islámicos con un estilo contemporáneo y cuenta con una sala de oración principal y un patio abierto. Fue construida en los años 2000, luego de que un grupo de comerciantes pakistaníes se estableciera en Tacna durante los años 90 y formara una pequeña comunidad musulmana. Al crecer en número, la comunidad necesitó un espacio propio para la oración, lo que llevó a la construcción del edificio. Los visitantes deben llevar ropa modesta que cubra brazos y piernas, y quitarse los zapatos antes de entrar a la sala de oración. Si no se va a rezar, es mejor evitar llegar durante los horarios de oración principales para no molestar a los fieles. Desde entonces, las familias musulmanas que residen en dicha ciudad se reúnen allí cinco veces al día. El imán de la mezquita, cuenta que se juntan para orar e impartir las enseñanzas de los libros del Corán, “un libro de paz” y que les da “el mensaje de tranquilidad”. Cabe precisar que los viernes a la 1:30 p.m. el espacio cobra una actividad especial, ya que la comunidad se reúne para la oración principal de la semana. Pocos musulmanes se la pierden. En el salón principal, el imán dirige la oración. Los niños y hombres acuden a esta sala, mientras que las mujeres y las niñas se instalan en un ambiente del segundo piso, donde escuchan la oración por parlantes, evitando el contacto con el sexo opuesto, como es habitual entre los musulmanes. Si bien es cierto, que la mayoría de las personas en el Perú profesan la religión católica, hay un cierto porcentaje de su población que ha escogido otro camino para manifestar su fe. También hay otras creencias que tienen su propia historia con el país. Tal como el islam, que es una de las religiones con más adeptos en el mundo entero (la segunda tras el cristianismo). Sin embargo, en el Perú no tiene tantos seguidores como en otros países de la región (En Chile, por ejemplo, los palestinos tienen una importante presencia). Los creyentes, en su mayoría de la rama sunní, residen en Lima, donde tienen un lugar especial en Magdalena para poder expresarse y realizar sus oraciones, y que también sirve como punto principal de celebración para el Ramadán en el país, aparte claro está, de la mezquita ubicada en Tacna. Fundada por Sher Afzal Khan Barikoti, cumple funciones religiosas y educativas propias del islam, similares a las de cualquier comunidad religiosa. Sobre su religión, hay cinco pilares sobre la que se sostiene y todo musulmán, en cualquier parte del mundo, debe cumplir. Además de creer solamente en un único dios llamado Alá y en Mahoma como el último de sus profetas, todo buen islamita debe rezar cinco veces al día mirando a La Meca (lugar donde nació Mahoma y el Islam, en Arabia Saudita), respetar de manera estricta el ayuno en el mes del Ramadán (noveno mes del calendario musulmán), aportar el 2.5% de su sueldo anual para la ayuda de los más necesitados y visitar La Meca (al menos una vez en la vida). Aparte de ello, realiza actividades educativas, ya que en un local contiguo funciona el Colegio Internacional Paradise of Children, un centro de idiomas acreditado por la Universidad de Cambridge. Si bien hay voces, provenientes en especial de grupos religiosos protestantes (o ‘evangelistas’ como gustan denominarse) que consideran a la mezquita un “centro de adoctrinamiento” y hasta exigen su erradicación por tratarse - alegan - “de un peligro para la seguridad nacional” lo cierto es que se trata de un lugar de culto y enseñanza religiosa, como cualquier templo cristiano, judío o budista. “La comunidad vive en paz, lejos de la violencia extremista” responde su imán. En ella no solamente se reza y venera a Alá, sus seguidores también acuden a ella cada vez que desean protestar por actos terroristas de los grupos integristas que malinterpretan el Corán y confunden yihad con terrorismo. “Nuestras actividades son abiertas, comunitarias y educativas, no secretas ni coercitivas” añadió. Aun así, su trabajo silencioso para captar especialmente a los más jóvenes y convertirlos al Islam, no ha dejado de llamar la atención, y se encuentran en la mira de quienes no los ven con buenos ojos, especialmente en estos días, cuando grupos terroristas islámicos han desatado el caos y la violencia en ciudades de Francia, Italia, Portugal, Bélgica, España, Grecia y Albania, infiltrándose en los movimientos de protesta “estudiantiles” gracias a la masiva presencia de millones de ellos en el continente, llegados en pateras desde Africa, buscando islamizar Europa, con la complicidad de los Gobiernos que se niegan a cerrar las fronteras y expulsarlos en masa. No es de extrañar por ello el auge de los partidos ultranacionalistas que al lema “Europa es cristiana y no musulmana” han prometido hacerlo, con mayor razón cuando están en plena campaña electoral, como en Alemania, Francia y España, donde sus candidatos van primeros en las encuestas. Si bien no se puede culpar a todos los musulmanes de lo que hagan los yihadistas, el prejuicio contra ellos es muy fuerte, y hay quienes alertan en el Perú que hay que cortar de raíz su crecimiento para evitar pasar por la misma situación, con mayor razón cuando han anunciado que entre sus planes está el levantar una mezquita más grande en Lima, ya que el de Magdalena no se da abasto debido al incremento del número de creyentes. “Aún estamos a tiempo de evitarlo” expresó un conocido reverendo, que tiene un canal de tv donde despotrica de ellos, y es cercano al fujimorismo. Si bien hay quienes lo califican de intolerante, tiene algo de razón en ello.... Mas vale prevenir ¿No os parece?