Lo que empezó como un ballet incomprendido en Rusia hoy es una de las tradiciones más queridas de la Navidad. En el Perú, “Cascanueces” late con la misma fuerza que en el resto del mundo. En efecto, hay sonidos que anuncian la llegada de diciembre incluso antes de mirar el calendario. Uno de ellos es la ‘suite’ de “Cascanueces”, esa melodía que parece hecha de cristal y nieve, capaz de transformar cualquier rincón de la ciudad en un escenario encantado. En Lima, desde las primeras semanas del mes, este clásico regresa a casa como refugio para la magia de la Navidad (al menos, por unas semanas). Remontándonos en el tiempo, la historia de “Cascanueces” dista mucho de ser tan luminosa como el telón que se abre cada fin de año en diversos teatros del mundo. La obra que hoy es un fenómeno global, un ritual familiar y un punto de encuentro intergeneracional, estuvo a punto de no existir. Ni siquiera contó, en su nacimiento, con el entusiasmo de su propio compositor. Lo que ahora se celebra con devoción en el Perú y en el mundo, nació de dudas, objeciones y un recibimiento frío incluso estando en el país más grande del mundo como es Rusia. Quizá ahí reside parte de su encanto: “Cascanueces” es un milagro artístico, una historia que, contra todo pronóstico, se convirtió en un símbolo universal que prevalece en el tiempo a punta de A finales del siglo XIX, el coreógrafo Marius Petipa decidió transformar el cuento “El cascanueces y el rey de los ratones” de E. T. A. Hoffmann en un ballet. La versión literaria era oscura y extraña. Para hacerla más amable, Petipa tomó como referencia una adaptación más ligera de Alexandre Dumas. Aun así, la idea no convenció del todo a Tchaikovsky. El compositor, aún marcado por la muerte de su hermana y abrumado por el reciente éxito de “La bella durmiente”, aceptó el encargo sin entusiasmo. Se dice que le parecía una historia frágil y demasiado infantil para convertirse en una obra monumental. Pero ese no fue el único obstáculo: Petipa enfermó y dejó el proyecto en manos de Lev Ivanov, su asistente, quien terminó de dar forma a la pieza que pasaría a la historia. Cuando “Cascanueces” se estrenó en San Petersburgo en 1892, la recepción fue tibia: las críticas consideraron que la trama era confusa. A los bailarines les resultó extraño que el protagonismo recayera más en los niños que en los solistas adultos, y se dice que incluso la prensa señaló que la partitura, hoy celebrada por su belleza, era excesiva para una historia tan simple. Nadie imaginó que ese mismo ballet terminaría dominando las temporadas navideñas del mundo. Fue recién en los años cincuenta del siglo pasado que llegaría la gloria. Las compañías estadounidenses la adaptaron y la llevaron de gira, de la mano del reconocido coreógrafo George Balanchine. El resto es historia: “Cascanueces” se convirtió en un ritual global que, cada diciembre, miles de familias incluyen en su calendario de fin de año. Como toda gran obra, “Cascanueces” está rodeada de pequeños secretos. Para la pieza “Danza del Hada de Azúcar”, por ejemplo, el compositor usó un instrumento poco conocido entonces, la celesta, cuyo sonido cristalino era perfecto para crear un ambiente sobrenatural. Tchaikovsky, temeroso de que otros compositores lo copiaran, lo mantuvo oculto hasta el estreno. Otro detalle importante es que la protagonista a veces no se llama Clara, sino Marie, dependiendo de la tradición nacional que se siga. Asimismo, el rol del Cascanueces (hoy uno de los más esperados) es originalmente más breve en la versión rusa, seguida por la versión estadounidense. En el Perú, “Cascanueces” llegó para quedarse hace más de tres décadas. Específicamente, con el Ballet Municipal de Lima ya son 38 años de puestas continuas: tiempo en el que la tradición se ha consolidado hasta volverse un ritual familiar. No es raro que padres que lo vieron de niños regresen ahora con sus propios hijos; o que abuelos acompañen a nietos que, quizá, viven su primera experiencia en el ballet. “En el Perú ya es una tradición navideña, así como en el resto del mundo”, recuerda Patricia Cano, fundadora del Ballet Municipal de Lima. “‘Cascanueces’ da la bienvenida a la Navidad. Hay familias que ya tienen como plan venir a verlo incluso el mismo día de la Navidad, en una pausa entre la prisa por los regalos, la cena y las preocupaciones de la vida misma”, añade la otrora primera bailarina. El vínculo del público peruano con este ballet tiene que ver con la nostalgia y con la fuerza del trabajo artístico local. Elencos como el Ballet Municipal, el Ballet Nacional del Perú y compañías independientes han logrado, año tras año, mantener viva la magia, incluso en escenarios cambiantes. Patricia Cano lo sabe mejor que nadie. Durante años interpretó a la Hada Confite —el rol más delicado y emblemático del ballet navideño— cada 25 de diciembre. “Siempre me tocaba interpretarla en la función de Navidad, lo que lo hacía aún más mágico. Ahora, como maestra, lo más lindo es poder volcar mi experiencia en las chicas de la compañía… Ponemos magia en cada interpretación, y eso es lo que nos hace conectar con más de una generación”, precisa. Para Viviana Gutiérrez Tagle, primera bailarina del Municipal e intérprete de la Hada Confite, esta Navidad es especial. Es su última temporada en “Cascanueces” después de años de dedicación. “Lo más lindo es ver el teatro lleno, que la gente se emocione tanto que reserve entradas desde que salen a la venta. Esa es nuestra vitamina”, confiesa. Desde noviembre, los ensayos son intensos y las funciones se extienden hasta fin de año. “Volver al escenario cada Navidad era mágico. Esta es mi última temporada, y la atesoraré en mi corazón por siempre”, reflexiona emocionada. En Surco, donde se presentó una de las versiones más esperadas (a fines de noviembre e inicios de diciembre), Rosie Schottland, directora del montaje, la describe como una experiencia que va más allá del espectáculo: “Más que una tradición, se ha convertido en un puente cultural que une generaciones y países. Conecta a niños, jóvenes y adultos en un universo imaginario lleno de esperanza”. Para ella, la clave está en la enseñanza. “Ese amor por lo que hago, unido a la paciencia y la dedicación, es lo que permite construir la armonía escénica. Solo así el espectador puede sentir que está presenciando un sueño hecho movimiento”, dice. Del lado del Ballet Nacional del Perú, los bailarines principales viven la temporada con la intensidad de una maratón artística. Ariam León, bailarín principal y Príncipe del Azúcar en la adaptación de Rosie Schottland, lo resume así: “‘Cascanueces’ es mucho más que un ballet; es un ritual cultural que une a generaciones enteras”. Para él, la obra representa ese instante del año en el que la fantasía se vuelve posible. “Es una obra muy exigente físicamente, pero también demanda frescura, magia y una interpretación honesta”, indica. En tanto, Luis García, intérprete del Cascanueces en la adaptación del Ballet Nacional del Perú, enfrento la temporada con un sentido profundo de responsabilidad. “La gente viene con recuerdos, expectativas y con la ilusión de vivir otra vez esa magia. Mi trabajo es lograr que en cada función se sienta viva, especial y auténtica”, preciso. Desde la dirección artística del Ballet Nacional, Grace Cobián observa no solo el impacto artístico, sino también el social de esta historia navideña. “Demuestra el crecimiento de la compañía y su conexión con el público”, afirma. “Miles de personas siguieron nuestras redes y agotaron las entradas. Eso confirma que el ballet no es elitista ni lejano: les pertenece a todos y crea memorias colectivas”, concluye. Al final, “Cascanueces” es un fenómeno difícil de explicar con lógica. Es disciplina, técnica y exigencia, sí; pero también emoción, memoria, símbolo. Es un ballet que nació frágil y se volvió gigante. Un ballet que no pretendía ser eterno y terminó abrazando al mundo. En el Perú, el sueño de Clara también se mantiene intacto con las melodías de Tchaikovsky, bailes inolvidables y la nieve que cae, aún en pleno verano.
A que los peruanos no lo sabían, pero por breve tiempo, círculo hace décadas en sus calles lo que podría llamarse la versión andina del Grinch (aquella criatura demoniaca que odia la Navidad), pero debido al rechazo generalizado que recibió aquel engendro creado durante la dictadura velasquista, tuvo corta vida. Como sabéis, la llegada de la época navideña al Perú suele asociarse, como en muchos lugares del mundo, con la famosa imagen de Santa Claus. Sin embargo, hubo un peculiar episodio a inicios de la década de 1970 cuando el gobierno militar de turno intentó reemplazar esa tradicional representación con un personaje de lo más repulsivo: Taita Noel. Esta controvertida decisión, que buscaba desplazar al arquetípico Santa Claus asociado - afirmaban sus áulicos - al “consumismo capitalista por una reinterpretación andina de corte nacionalista”, terminó siendo un rotundo fracaso. La fuerza del imaginario colectivo en torno a la tradicional figura navideña importada desde Estados Unidos y Europa prevaleció por sobre este vomitivo y efímero intento de “peruanización”. Así, el recuerdo de Taita Noel solo quedó como una breve e insignificante anécdota circunscrita a unos pocos años de la década del setenta, y que desapareció sin pena no gloria en medio de la ignominia junto con la caída de la dictadura velasquista en 1975 y la consiguiente erradicación de sus símbolos. Ante todo, cabe precisar que el nefasto personaje de Taita Noel fue creado en 1972 por el Ministerio de Educación, a “iniciativa” del propio Velasco. Como sabéis, ese régimen dictatorial (que se hizo con el poder con un golpe de Estado en 1968) se autoproclamaba “como una revolución nacionalista de corte socialista”, buscando por ello redefinir los símbolos tradicionales con nuevas representaciones más vinculadas a su ideología izquierdista de corte “indigenista”. Es en ese contexto que se decide eliminar para las festividades de ese año la imagen ‘extranjerizante’ de Santa Claus, reemplazándola por un individuo de rasgos indígenas denominado Taita Noel el cual vestido como los nativos, con chullo, poncho y ojotas, se transportaba en un trineo “jalado” no por renos, sino por llamas (a pesar que la sierra también existen venados - llamadas tarucas - aunque no sean tan corpulentos como sus parientes nórdicos), que se difundió profusamente como nuevo ícono “navideño” a través de anuncios publicitarios y en los medios de comunicación confiscados por la dictadura, el cual por cierto, no repartía juguetes a los niños, sino libros y revistas acorde a la ideología comunista del régimen, como los pequeños libros azules de la colección Biblioteca Peruana de la editorial Peisa, así como la revista Urpi, entre otras obras “revolucionarias”. Sin embargo, y como podéis imaginar, la medida causó repulsión entre una ciudadanía habituada al tradicional Santa Claus - además del rechazo que causaba la presencia de ese espantajo vestido como un pordiosero que asustaba a los niños - por lo que la iniciativa fracasó rápidamente. Tras unos pocos años de vigencia y la expulsión de Velasco del poder por obra del felón Morales Bermúdez, Taita Noel paso al olvido, recordado apenas como una anécdota circunstancial en medio del turbulento proceso político peruano de esa década. Hay quienes recuerdan que durante la navidad de 1972 podía verse brevemente a este controvertido personaje andino en algunos establecimientos comerciales de Lima como fueron las tradicionales tiendas Tía y Monterrey ubicadas en el céntrico Jirón de la Union - el principal lugar donde las familias realizaban sus compras navideñas en esa época - las cuales decidieron sumarse a la iniciativa oficial y utilizaron la representación del Taita Noel en sus vitrinas y anuncios publicitarios. Pero todo resulto en vano. Al llanto de los niños que causaba su presencia - quienes pensaban que se trataba del “cuco” que pretendía llevárselos en la bolsa que cargaba - se sumó la furia de los padres de los peques, que los agarraban a pedradas apenas veían a uno de ellos por las calles. Pero más allá de su paso efímero y lastimero, algunos sectores izquierdistas aliados de la dictadura sí vieron con buenos ojos el surgimiento de ese engendro “como un ícono más cercano a la realidad nacional” (?). Por ejemplo, la Confederación Campesina del Perú (CCP) respaldó la propuesta y llamó a sus agremiados a difundir esta representación “netamente peruana” como símbolo identitario. Asimismo, varios intelectuales y figuras públicas que se vendieron vergonzosamente al régimen recordarían con nostalgia años más tarde la accidentada experiencia de Taita Noel, valorando “los ideales” (?) que - dicen -representaba. Quizás su gran handicap fue surgir desde la imposición gubernamental y no por consenso de la sociedad civil. Pero el imaginario simbólico que encarnaba no sería olvidado totalmente, sino que quedaría latente en el inconsciente colectivo local, y por eso, en estos tiempos reaparece brevemente, aunque claro ya no como ese indigente reciclador de basura inicial, sino como algo más “digerible” que ve a Santa Claus ya no como su enemigo, sino como su “hermano”. De esta manera, a cinco décadas del fugaz intento dictatorial por querer instituir a Taita Noel, el imaginario simbólico que evocaba no se desvaneció totalmente. Hoy en día al personaje “navideño” de rasgos andinos, se le otorga un rol “más social”: el recojo de juguetes para niños de escasos recursos, que recorre el país, ya no en un “trineo” jalado por llamas ... sino en un mototaxi, encabezando campañas navideñas de donación de regalos que luego entrega en albergues y ollas comunes, que, ante la avalancha consumista actual, afirman que “trata de encarnar el mensaje que buscaba originalmente llevar”. Lo peligroso es que bajo esa mirada inocente que actualmente muestra, este engendro creado bajo Velasco, pervive hoy recreado en “una labor social” buscando en realidad destruir la Navidad y los valores cristianos de la misma manera que el Grinch, para imponer su agenda caviar (acorde a los nuevos tiempos), en zonas marginales del país... A no dejarse engañar.
Una noticia procedente de Chiclayo - al norte del Perú - llama la atención ya que, aprovechando la celebración de la Navidad, la alcaldesa comunista de esa ciudad no se le ocurrió mejor ‘ideota’ de instalar “un árbol” ... hecho de papel higiénico y otros materiales reciclables, enrollados en un armazón de fierro en medio de la plaza principal de la ciudad, lo que no solo es una burla a las tradiciones cristianas - a tal punto que ha sido rechazado e incluso vandalizado por los propios chiclayanos - sino que el precio de ese espantajo supera nada menos que los S/20.000 lo que es todo un escándalo, dada las graves carencias que sufre la ciudad bajo su nefasta administración. En efecto, lo que debía ser un motivo de celebración se convirtió en una polémica que encendió las redes sociales. Un singular “árbol de Navidad” instalado en el Parque Principal de Chiclayo, en la región Lambayeque, desató la molestia de los vecinos, quienes criticaron duramente su presentación y adornos, calificándolo como una vergüenza y una burla para la población. También cuestionaron al gobierno local encabezado por la alcaldesa izquierdista Janet Cubas Carranza. La indignación llegó a tal punto que un tiktoker apagó y dañó el árbol mientras transmitía el acto en vivo. El rechazo generalizado a esta monstruosidad obligo a que el personal municipal retirara los elementos que vestían el armazón, dejando solo el esqueleto de fierro bajo custodia del serenazgo. Para “justificar” el hecho las autoridades habían argumentado que “faltaban detalles por terminar”, una explicación que no calmó el malestar de una comunidad que espera mayor esplendor en las fiestas. Su rápida desinstalación, lejos de solucionar el problema, confirma la improvisación y genera dudas sobre la planificación y el uso de recursos públicos para celebraciones. La polémica se intensifico al considerar la figura de la alcaldesa, Janet Cubas, quien proviene de las filas de Juntos por el Perú, partido vinculado a oscuras figuras como la terruca Verónika Mendoza. A pesar del rechazo popular a esa monstruosidad, la sujeta en cuestión se ratificó en que “el árbol está bonito y aún no se había culminado”, intentando minimizar el fallido evento de encendido de luces. No obstante, documentos municipales contradicen su versión, revelando invitaciones formales para la ceremonia realizada este 8 de diciembre. La controversia trasciende el mero adorno navideño, transformándose en un termómetro del descontento ciudadano hacia la corrupta gestión municipal de Cubas y el despilfarro de fondos públicos. Entretanto, la ciudad exige una pieza que realmente represente el espíritu navideño y que justifique la inversión de 20.000 soles, poniendo a la alcaldesa y a su partido político en el ojo de la tormenta mediática y social. La indignación colectiva exige una pronta sustitución del adorno que consideran una burla. Otros manifestaron que la ornamentación no solo decepciona, sino que refleja el estado general de la ciudad - abandonada a su suerte - mencionando las calles deterioradas y un espacio público cada vez más descuidado. Venga ya ¿qué se puede esperar de una comunista seguidora del delincuente golpista Pedro Castillo? Esperamos que la Contraloría - si es que no está pintada en la pared - investigue a fondo este acto de corrupción y sancione a los responsables del despilfarro de los recursos públicos.
Con ese nombre se conoce en el Perú a la tradicional Cabalgata de los Reyes Magos que se realiza en España, del cual se diferencia no solo en el nombre, sino también en la forma en que es celebrado. En efecto, mucha agua ha corrido tras las primeras manifestaciones religiosas de reyes en Lima y la ‘Bajada de Reyes’ es uno de los días litúrgicos más coloridos y festivos del mundo cristiano. El 6 de enero se revela, además, la universalidad del mensaje de Cristo al convocar a personajes de diversas procedencias: Melchor, Gaspar y Baltazar. Tres nombres significativos que han pasado a la memoria colectiva de muchísimas generaciones, recubiertos de esplendor y misterio. Dicen que llegaron a Belén portando oro, incienso y mirra, y que al comienzo de los tiempos eran más de tres. Las primeras pinturas de la Era Cristiana revelaban que fueron cuatro; hasta que recién hacia el siglo IV, la tríada se impuso. Melchor tenía larga cabellera y barba blancas, su gracia era que traía el oro; en tanto, Gaspar, más joven y sin barbas, ofrecía el incienso; mientras Baltazar, de tez morena, portaba la mirra. Con esa imagen poderosa, de gente de lejanos sitios - Persia, Babilonia y Arabia - de finas y exóticas vestimentas y, principalmente, dadivosa, es que llega la tradición al Perú desde España, donde como podéis imaginar, la Epifanía de los reyes se vive con verdadero espíritu creyente y festivo. En el país andino en cambio, durante los felices tiempos del Virreynato y aún en los inicios de la República, se relacionaba a los Reyes Magos con ofrendas. Por ejemplo, Gaspar entregaba dulces y frutas; Melchor proveía de vestidos y calzados; y Baltazar, el más serio y temido, se encargaba de “premiar” a los niños maleducados dejándoles trozos de madera y carbón por regalos. Según algunos historiadores, la gente empezaría a relacionarlos con la entrega de juguetes recién hacia fines del siglo XIX. En Lima y otras partes del país, los Reyes Magos son interpretados por miembros de la Policía Nacional. Y si bien en provincias, como en Cuzco, Ayacucho o Huancavelica el entusiasmo es más general, los rezos más intensos y los cantos más sonoros donde la gente participa en los ritos con mucha fe, es en la capital donde el acto litúrgico se torna más teatral y menos emotivo. En esa ocasión, los agentes policiales capitalinos cabalgan muchas veces desde la sede policial del Potao, en el Rímac, ataviados con las indumentarias del Oriente antiguo. En otras épocas, los Reyes Magos no solo paseaban por las principales calles de la ciudad, visitando los nacimientos públicos y recibiendo los saludos de niños y adultos, sino también realizaban labores sociales muy puntuales, como visitar hospitales, hospicios u otros centros asistenciales limeños. En los años 90 lo usual era iniciar la visita mágica al nacimiento levantado en el Congreso de la República. El ingreso era entonces por la misma avenida Abancay, poco antes del mediodía. En aquellos tiempos, las trompetas de los arcángeles (vestidos de agentes policiales) llegaban como antesala de los sudorosos Reyes Magos de Lima, quienes del Legislativo solían encaminarse hacia el Parque Universitario y la Plaza San Martín, y de allí a la sede de la 7ª Región de la Policía Nacional, donde otro nacimiento los esperaba. Pero en sus primeras cabalgatas, la comitiva real marchaba por la avenida Alfonso Ugarte, las plazas Dos de Mayo y Ramón Castilla, hasta llegar luego al templo de Santa Rosa de Lima, en la avenida Tacna. Y en ocasiones, el desfile incluía el Estadio Nacional, la Plaza Manco Cápac y la Plaza Bolognesi; un verdadero paseo capitalino. El punto final era la Plaza Mayor, donde cumplían con su último tramo de homenaje, previo refresco de túnicas en la pileta central. Pero todo eso ha cambiado, y ahora solo se limitan a dar una vuelta a la plaza hasta llegar a la sede del Ayuntamiento, donde dejan sus ofrendas al Belén que allí se instala. Fin de la corta ceremonia. Como podéis notar, mucha agua ha corrido tras las primeras manifestaciones religiosas de reyes en Lima y los de ahora ya no son lo que eran. Ello se debe principalmente a que durante el corrupto primer gobierno de Belaunde Terry (1963-1968) el 6 de enero dejo de ser feriado en el calendario oficial. Pero lo que no deben olvidar es probar ese día, es el delicioso Roscón de Reyes, un dulce tradicional adornado con crema chantilly y frutas secas, para poner punto final a las fiestas navideñas. Curiosamente en provincias la “Bajada de Reyes” se sigue celebrando entusiastamente y de lo cual nos vamos a ocupar en una próxima oportunidad... ¡Feliz Día de Reyes!
En aquellos tiempos de locura colectiva en el país andino, donde una oprobiosa dictadura izquierdista instaurada mediante un golpe militar en 1968 por Juan Velasco Alvarado quiso erradicar de raíz todo tipo de celebraciones cristianas (para imponer el culto a la personalidad a su persona, buscando imitar groseramente a los sátrapas de los regímenes comunistas que por ese entonces pululaban en el mundo), como lo hizo inicialmente con la Navidad, reemplazando a Santa Claus por un esperpéntico personaje llamado Taita Noel y presentando al niño Jesús y a sus padres, vestidos de indios, sino que también pretendió hacerlo con las celebraciones de Año Nuevo, buscando “peruanizarlo” con una disparatada ‘ceremonia’ en la cual se entonarían loas incesantes al dictador y su “robolución”, con danzas folklóricas de fondo, haciendo además ‘ofrendas’ a Túpac Amaru, icono por antonomasia del régimen. ¿Y porque llevaba el gorro de Santa Claus? De seguro pensaban reemplazar a ese espantajo de Taita Noel - a quien se dice que comenzaron a tirarle piedras cada vez que quería acercarse a los niños - por el Túpac Noel que en lugar de regalos iba a repartir libros con el Plan Inca y otras obras “revolucionarias”. Afortunadamente para el buen gusto, esta absurda ‘celebración’ nunca se llevó a cabo, porque en agosto de 1975, el tirano, que padecía de cáncer terminal a tal punto que le amputaron una pierna, fue derrocado por un felón mediante un incruento golpe con apoyo de la CIA, quien de inmediato dispuso el desmantelamiento de todo aquello que estuviera relacionado con el velasquismo, entre ellas y en primer lugar obviamente, sus ridículas ceremonias. Sin embargo, esta pretensión no paso al olvido ya que un semanario de la época dio detalles de cómo iba a celebrarse a finales de aquel año. La crisis económica se agudizaba cada día más, por lo buscaban un medio para distraer a la indiada del desastre que ellos originaron y que mejor que una ceremonia de varios días de duración donde correría el alcohol a granel. Pero leyendo la citada publicación, se puede constatar que los “ideólogos” del régimen no tenían ni imaginación, ya que todo era una burda copia del Año Nuevo Andino, el cual es una antigua tradición adoptada por el Imperio Inca. Esta celebración tiene lugar cada 21 de junio, que coincide con el solsticio de invierno en la zona del hemisferio sur, donde está ubicado el Perú. El Año Nuevo Andino era un festejo religioso en la época prehispánica donde rendían culto al dios Sol (Inti) y la Madre Tierra (Pachamama). Esta fiesta nació para rendir honor y respeto en el día más oscuro del año, ya que la creencia marcaba que aquí se reiniciaban los ciclos de cosechas. Así, se agradecía al Sol y la Pachamama por los alimentos otorgados, además de pedir por una nueva buena temporada de siembras en los productos agrícolas. Durante el Año Nuevo Andino, había ofrendas, sacrificios, actividades culturales y artísticas para retribuir la ‘bondadosa’ que era la conexión ancestral del Inti con la Madre Tierra y la repercusión que tenía está con los indios. Como podéis notar, esta celebración (que continúa llevándose a cabo en los andes peruanos cada 21 de junio) es la que los velasquistas también quisieron apropiarse y “trasladar” su celebración a Lima el 31 de diciembre. Es más, cuenta 7 Días, que hasta planearon realizarlo en el hipódromo de Monterrico, que iba a ser expropiado y reconvertido en el “Parque Popular Túpac Amaru” pero un hecho fortuito impidió que ello ocurriera, como fue el triunfo del caballo Santorin en el por entonces afamado Gran Premio Carlos Pellegrini en Buenos Aires en 1973, por lo que el dictador, ebrio como nunca, agarro el decreto de expropiación del hipódromo que ya lo tenía firmado, rompiéndolo en pedazos, mientras decía emocionado “Que parque ni que parque caraj…. Viva el Perú”. Entonces sus “ideólogos” buscaron otro lugar donde hacerlo y le echaron el ojo al Golf de San Isidro, pero la grave crisis económica los obligo a posponer sus planes para finales de 1975. Sin embargo, la caída del régimen en agosto de ese año acabo con todos sus desvariados sueños, que hoy yacen en el basurero de la ignominia ¿A qué no?
Entre los acontecimientos religiosos durante la Navidad se encuentra la conocida Misa del Gallo, que se celebra a las 12 de la noche el día de Nochebuena, es decir, justo cuando comienza el día de Navidad. Esta es la forma en la que se recibe el día de la conmemoración del nacimiento de Jesús. Ahora bien, ¿cómo surgió el nombre de esta misa y por qué? ¿Cuándo se comenzó a celebrar? La mayoría de los historiadores coinciden en que fue el Papa Sixto III quien, durante el siglo V, instauró la costumbre de celebrar una misa de vigilia nocturna de medianoche del día de la celebración de Jesús. La celebración se realizaría en el ‘ad galli cantus’, es decir, con el canto del gallo, de ahí su nombre. Además de esa teoría, hay quienes aseguran que el origen del nombre de la Misa del Gallo tiene su lugar en la celebración de la misma en la Basílica de S.Petrum in Gallicatum, en Jerusalén. Según cuentan, la iglesia tomó el nombre de esta misa de un episodio de las Escrituras que relataba como “Jesús advirtió a Pedro que este le negaría tres veces antes que el gallo cantase” como en efecto sucedió. Lo que sí sabemos es que esta tradición navideña de origen cristiano se lleva celebrando desde hace siglos en honor al nacimiento de Jesús durante la primera hora de la Navidad, es decir, de madrugada. Sin embargo, hoy en día, la misa del gallo no se celebra necesariamente a medianoche. Esto puede deberse a una variedad de razones. El Vaticano, por motivos de salud del Papa, por ejemplo, ha cambiado en ocasiones la hora de la misa para que termine celebrando a las 19:30 horas en lugar de la medianoche. Acudir a la iglesia para escuchar la misa del gallo es lo que marca la tradición y aunque antaño esa misa se celebraba obligatoriamente a las doce de la medianoche tras la cena de Nochebuena, con el tiempo se ha acabado adelantando para quienes deseen primero acudir a celebrar el nacimiento de Jesús antes de irse a casa a cenar con los suyos. Por cierto, en el caso de que no poder asistir a la Misa del Gallo, se puede seguir en directo por el canal oficial del Vaticano - Vatican News - a partir de las 19:30. También será posible ver esta misa desde la comodidad de vuestros hogares en la TDT `por ATV+ o Pax Televisión a la misma hora que de hecho, la emiten también desde la Basílica de San Pedro en el Vaticano.
En los actuales tiempos en que el Perú se encuentra en manos de una banda delincuencial liderada por un impresentable sujeto quien con sus burradas pretende hacer retroceder al país andino a épocas oscuras ya superadas, como fue la dictadura militar de tinte izquierdista encabezada por Juan Velasco Alvarado (1968-1975), el cual con sus trasnochadas ideas estatistas propias de su mente enferma hizo tanto daño al Perú, es menester ocuparnos en esta oportunidad de uno de sus disparatados proyectos ‘socialistas’ enfilados contra la Navidad, a la cual calificaba en su insania de “extranjerizante y ajeno a la realidad peruana” por lo cual el sátrapa había tomado la decisión en 1972 de suprimir la celebración cristiana por consejo de sus ‘asesores’, pero dada la extrema religiosidad de los peruanos que impediría ver cumplido su demencial deseo, decidió ‘peruanizarlo’ reemplazando a los tradicionales símbolos navideños como Santa Claus, el Árbol de Navidad, el Pavo al horno, el Panetón, la Chocolatada de Nochebuena, los Belenes (que los peruanos llaman ‘nacimientos’), los Villancicos y hasta los regalos, por otros acordes a la infame revolución velasquista, o sea ‘autóctonos’ y que se asemejaran a sus ideales ‘socialistas’. El resultado de todo ello fue de lo más desastroso como todo lo realizado por ese régimen. Como recordareis, ya en el 2018 le dedique una entrada a ese engendro llamado Taita Noel que busco reemplazar - sin éxito - a Santa Claus, por lo cual en esta ocasión me dedicare a describir los cambios que pretendió hacer con el resto de los nombrados ¿vale? La lista de ideotas era tan ridícula que si lo hubiese visto impresa en una antigua revista de la época no la hubiese creído. El Árbol de Navidad: Como sabéis, el símbolo por excelencia de estas fiestas proviene de los antiguos celtas, quienes adornaban abetos que crecen en los bosques europeos para sus celebraciones ancestrales, lo que al no poder ser erradicado, fue “cristianizado” por la Iglesia Católica. Al llegar la costumbre al Perú pero al no existir esa clase de arboles, se masifico el uso de los artificiales, lo cual durante el velasquismo se vio con malos ojos y ordenaron que sea reemplazado por el peruanísimo molle, un árbol leñoso que no se parece en nada a los abetos y que es utilizado por los indios para sus carnavales. Pero como no calo esa disparatada idea, simplemente fue prohibido por decreto; El Pavo al horno: Si bien esta ave es originaria de América, lo cierto es que recién a partir de los años 50 y 60 se convirtió en el Perú en una tradición influenciado sobre todo por los EE.UU. donde es consumido especialmente durante su Día de Acción de Gracias (Thanksgiving) y también en Navidad. Considerado por ello “alienante” por el régimen, se incentivo a cambio el consumo del Conejillo de Indias (cuy) en su reemplazo, acompañado de patatas secas (chuño) y maiz tostado, "aderezados" con mucho picante como les encanta a los indios; El Panetón: Este clásico integrante de la navidad peruana, llegó al país a finales del siglo XIX y comienzos del XX con la migración italiana, cuya gente en su mayoría provenía de Génova. Dicho panetón era muy distinto al actual ya que no se parecía al actual y además estaba preparado sin levadura. Con el tiempo y para hacerlo más atrayente, se decidió hacerlo de mayor tamaño para que alcanzara a toda la familia. Su éxito fue inmediato y así se ha fabricado desde entonces. Pero Velasco, en su paranoia, ordeno que sea reemplazado por el denominado pan de Oropesa, hecho artesanalmente en el Cuzco, caracterizado por su gran tamaño y que se venden especialmente a los turistas en la entrada al Aeropuerto del Cuzco y en las estaciones del tren a Machupicchu; La Chocolatada de Nochebuena: Infaltable en la noche del 24 de diciembre donde es habitual tomarlo caliente junto con un buen pedazo de panetón, también estuvo en la mira del régimen, por lo que se ordeno que en su lugar se tomara el dañino mate de coca, tomada por los indios y que es la puerta abierta al consumo de otras drogas más nocivas para la salud; Los Belenes: Se trata del clásico pesebre ideado en Italia, el cual aparece el Niño Jesús junto a sus padres y a los Reyes Magos venidos de Oriente quienes van a adorarle cargados de regalos. Sin embargo, al ser de raza blanca y con rasgos europeos como tener el cabello rubio y los ojos azules (donde Baltasar era la excepción al ser negro) fue anatemizado por el velasquismo, que “indianizaron” a los protagonistas, convirtiendo por ejemplo al caucásico Niño Jesús, en el llamado “Niño Manuelito”, que se diferenciaba del primero por su vestimenta y rasgos indígenas; Los Villancicos: Es una forma musical y poética tradicional de España, muy popular entre los siglos XV y XVIII. Originariamente eran canciones profanas con estribillo, de origen popular y a varias voces. Posteriormente comenzaron a cantarse en las iglesias y a asociarse específicamente con la Navidad con el fin de promover la evangelización. Por su origen peninsular, el régimen lo deformo groseramente, por lo que ahora los coros debían cantar incesantemente vomitivas loas a Velasco y su “revolución”; Los regalos: Como podéis imaginar, los juguetes caros e importados que abarrotaban las tiendas en Navidad “desaparecieron” como por encanto, siendo reemplazados por juguetes “autóctonos” fabricados con materiales peruanos, de ínfima categoría y desechables. Es lógico suponer que por más que el tirano intento cambiar las costumbres de los peruanos con sus locuras “socialistas” fracaso miserablemente en su intento. Solo el llamado Niño Manuelito pudo sobrevivir de toda esa época infausta, aunque se le quito todo tinte político que recordara sus negros orígenes. Venga ya, ese tipo estaba mal de la cabeza y termino en el ostracismo como todo dictador. Por cierto ¿cómo se vería esa “mesa navideña” con semejantes ingredientes? (Para actualizar la nota, me preguntan porque no incluí en la lista a la denominada Chicha de Jora - una conocida bebida fermentada hecha a base de maíz que los indios toman en cantidades industriales durante sus celebraciones - ya que ello estaba reservado para conmemorar el “Año Nuevo Velasquista”, otra absurda celebración de la que me ocuparé próximamente ¿vale?) :(
Durante el mes de la Navidad, el Palacio Municipal y de la Cultura de San Isidro abre sus puertas al público para la exhibición titulada “La Navidad en el Perú a través de los siglos”, con el fin de dar a conocer cómo cambiaron las tradiciones de la fiesta navideña en el Perú a lo largo del tiempo. Cabe destacar que la exposición de la Municipalidad de San Isidro se realiza con piezas de valor artístico de los siglos XVIII, XIX y hasta del primer tercio del siglo XX, provenientes de colecciones privadas como las de Armando Tafur Zuazo, Giancarlo Figallo, Luis Enrique Castillo Narrea y Óscar Castro. En “La Navidad en el Perú a través de los siglos” encontraremos asimismo la celebración del nacimiento de Jesús en cada región del país andino, donde se festeja de forma distinta con cantos y comidas propias. Asimismo, los artesanos de antaño y hoy, fabrican las imágenes de la escena del nacimiento con materiales tan diversos como arcilla, fibras vegetales o madera, por lo que cada región incorpora en sus obras su particularidad cultural. Como podéis imaginar, en el siglo XIX, la Navidad en Lima era una verdadera fiesta, muy distinta a la forma como se realiza ahora.Era la celebración central de una serie de actividades que duraban todo el mes de diciembre que comenzaban el 7 de diciembre con las ceremonias en homenaje a la Purísima Concepción y culminaba el 6 de enero con la gran fiesta de Reyes, con paseo de alcaldes y cabalgata a la Pampa de Amancaes. Sin embargo, a partir del siglo XX, la Navidad dejó de ser una fiesta religiosa y comenzó a transformarse en una fecha donde el consumismo y la modernidad han desvirtuado su verdadero significado. De aquella época extremadamente religiosa, rescatamos valiosas piezas que hoy son parte de la exposición montada por la Municipalidad de San Isidro, la cual tiene por intención retornar al verdadero sentido de esta fiesta: el niño Jesús y puede ser visitada desde el pasado 11 de diciembre, en la Casa Municipal y de la Cultura, ubicado en la Av. Los Incas 270. Recuerda que su horario de atención: lunes a viernes de 9 a.m. a 4 p.m. y sábado de 9 a.m. a 1 p.m., así que no tienes excusa para no visitarla :)
Producto de la nutrida imaginería religiosa que se gestó a partir de la difusión del cristianismo en América, el Niño Manuelito es como se conoce a Jesús en el Cuzco, ubicada en el sur del Perú. Según se dice, su nombre deriva de una interpretación de la profecía atribuida al profeta Isaías "de que Dios vendrá como un niño al que se llamará Emmanuel, cuyo nombre en hebreo significa 'Dios con nosotros', aunque el mismo texto dice que su nombre original será Jesús". A pesar de que su origen puede rastrearse hasta los tiempos felices del Virreynato, otras versiones sitúan la historia contemporánea de Manuelito en la década de los 70 del pasado siglo - en todo caso la revivió aunque por otras razones - cuando la dictadura velasquista en su ridículo afán de erradicar los símbolos de la Navidad por considerarlos “alienantes e incompatibles con la Revolución” desterró de las fiestas a Santa Claus, el Árbol de Navidad, el Pavo de la Cena navideña, la Chocolatada de Nochebuena y hasta los Belenes, reemplazándolos por elementos “típicamente peruanos” (?) como el Taita Noel, el Molle, el Cuy (Conejillo de Indias), el Mate de Coca y el Niño Manuelito, respectivamente. En referencia a este ultimo - el único que sobrevivió en 1975 a la caída de régimen - se dice que representantes de la comunidad de Vilcabamba llegaron hasta el taller de Antonio Olave, uno de los artesanos más conocidos del Cuzco en el siglo XX y le pidieron restaurar una imagen de madera del niño Jesús "que había sido rescatada de las profundidades de un abismo". Olave escuchó la historia de un pastorcito que se clavó una espina en un pie para consolar a un amigo que pasaba por el mismo percance, y quedó tan impresionado con el cuento que se convirtió en su inspiración para recrear al Niño Manuelito de la época española, aunque en esta ocasión se caracterizaba porque la imagen del niño Jesús vestido con trajes típicos, tenía una espina en el pie. Rápidamente, esta imagen pasó a formar parte de la cultura del Cuzco y hoy adorna la gran mayoría de ‘nacimientos’ en el Perú - como allí denominan a los Belenes - tanto en las iglesias como en las casas. Esa leyenda explica porqué Manuelito es también conocido como el "Niño de la espina" y se le representa con una de estas esquirlas clavada en un pie. Sin embargo, existe una diversidad de representaciones iconográficas de Manuelito en diferentes localidades del Cuzco. Estas pueden ser: sentado en un trono, echado, dormido en el pesebre, llorando con una espina en el pie ("niño de la Espina"), envuelto en pañales (Waitasqacha), como niño pastor, o el niño Varayoq (con la vara de autoridad comunal), como las versiones más conocidas. Desde la antigua capital del Imperio de los Incas, esta iconografía fue distribuida a una amplia región de los Andes e incluso pueden encontrarse vínculos con el niño Chaperito de Canta, en Lima, o el niño Lachocc de la región sur andina de Huancavelica. Otro dato notable es que en algunas localidades se cree que el niño Manuelito no es otra versión del niño Jesús, sino un personaje distinto de éste. Al niño Manuelito se le atribuye un carácter travieso propio de su edad y se cree que su imagen, entendida no como una representación sino como la dimensión corpórea del personaje real, puede salir a jugar y a recorrer los pueblos, por lo que estas imágenes deberán ser guardadas en urnas o cajas de cristal, o incluso estar encadenadas, para evitar que escapen. Como podéis imaginar, en el Cuzco Manuelito es la figura principal del Santurantikuy, feria de imaginería artesanal en que se arman escenificaciones de la Natividad a modo de ‘nacimientos’ y que se realiza en la Plaza Mayor de la ciudad. En esta feria se venden los adornos en plata y los vestidos que se colocarán cada año a la imagen del niño que, según se supone, va creciendo y, por tanto, las prendas del año anterior "ya le han de quedar chicas". La gran valoración que tiene la imaginería tradicional cuzqueña ha hecho que especialistas en arte tradicional de diversos países adquieran Manuelitos, algunos de ellos vestidos con trajes de plata. No cabe duda que esta costumbre pervive especialmente en el interior del país debido a la profunda religiosidad que profesan :)
Tras las celebraciones de la Navidad y el Año Nuevo, en varias partes del mundo se preparan para celebrar El Día de Reyes, una costumbre que se festeja el mismo día de la Epifanía: el 6 de enero. Se trata de una tradición navideña que se inició en Europa y sus protagonistas simbolizan a las naciones paganas que se acercan a Cristo. Como sabéis, el festejo tiene su origen en el Evangelio de San Mateo, que es el único que menciona a los Reyes Magos, aunque no dice que fueran “reyes”, sino simplemente “magos” venidos de Oriente, quienes tras seguir a una supuesta “estrella”, llegaron a Jerusalén “buscando al Rey de los Judíos que ha nacido”, pero al no encontrarlo, continuaron su camino y guiados por la “estrella” llegaron a Belén, donde misteriosamente esta se “detuvo” y mediante un rayo de luz, les mostró el lugar donde se encontraba el niño Jesús, a quien ofrecieron ofrendas de oro, incienso y mirra. Sin embargo, el texto de Mateo no indico cuantos eran ni tampoco sus nombres, pero según los evangelios apócrifos, fueron tres por el número de presentes ofrecidos y sus nombres eran Gaspar, Melchor y Baltasar, quienes procedían de Babilonia, Persia y Arabia, respectivamente. Esta historia acabo por generalizarse y se impuso finalmente. Sobre los regalos ofrecidos al niño recién nacido, el oro representaba su naturaleza real, como presente conferido a los reyes; el incienso representaba su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios; y la mirra - un compuesto embalsamador para los muertos - representaba el sufrimiento y muerte futura de Jesús a manos de los judíos. Para conmemorar el acontecimiento, se decidió celebrarlo cada 6 de enero. En el Perú (a diferencia de España, donde se celebra su llegada el día anterior con un Gran Cabalgata en la cual sus Majestades cargados de regalos, pasean en sus carrozas por la principales ciudades de la península) la celebración se llama Bajada de Reyes, que consiste en que una familia o comunidad realiza una pequeña celebración, mientras se van desmontando el Nacimiento y el Árbol de Navidad para guardarlos hasta el próximo año. Antiguamente este día era feriado y también se celebraba con un desfile por las calles de Lima, hasta la llegada del primer gobierno de Belaúnde Terry (1963 -1968) quien en una arbitraria medida decidió suprimirlo. Ello también puede deberse a que la cada vez mayor influencia de Santa Claus con el 25 de Diciembre como la fecha ideal para recibir los regalos, hizo que la celebración del 6 de enero cayese en desuso. Hasta ese tiempo, los Reyes Magos paseaban por las principales calles de la ciudad - recorriendo el Congreso de la Republica, avenida Abancay, Parque Universitario, Plaza San Martín, Plaza 2 de Mayo, avenida Nicolás de Piérola, Plaza Castilla, avenida Emancipación, llegando hasta el Templo de Santa Rosa y por la avenida Tacna, dirigirse hacia el Estadio Nacional, cruzando la Plaza Bolognesi, Paseo Colon, Plaza Grau, Paseo de la Republica y Plaza Manco Cápac - recibiendo a su paso los saludos de niños y adultos. A su regreso, el punto final de su recorrido era la Plaza Mayor, donde la comitiva real colocaba sus ofrendas ante el Nacimiento levantado en la Municipalidad de Lima. Hoy apenas subsiste este ultimo detalle - realizado por policías que interpretan a los Reyes Magos, quienes cabalgan previamente alrededor de la plaza - con el cual se pone punto final a las fiestas navideñas en el Perú. Si bien actualmente en el interior del país, como en el Cuzco, Ayacucho o Huancavelica el entusiasmo es más general, los rezos más intensos y los cantos más sonoros, donde la gente participa en los ritos con mucha fe, en Lima la celebración del 6 de enero pasa ahora casi desapercibida y muchos se preguntan si no es posible restablecer el feriado ese día para celebrarla como antaño, aunque es muy difícil que ello suceda. De todas maneras, ello no me impide desearles un Feliz Día de Reyes :)
Eran los inicios de la década del 70 y en pleno gobierno ‘revolucionario’ los asesores del general Juan Velasco Alvarado, habían puesto en la mira en uno de los personajes más tradicionales de la Navidad; Santa Claus, a quien se le acusaba de ser “alienante, promotor del consumismo capitalista y símbolo de una ideología extranjera” (?) por lo que decidieron reemplazarlo por uno que sea ‘autóctono’ y se asemejara a sus ideales ‘socialistas’. Es así como en 1972 a través de una disposición del ministerio de educación se dispuso la prohibición de la imagen del personaje en las festividades navideñas de aquel año. Pero el régimen velasquista, autodenominado “Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas” no la tendría fácil, y desde un inicio se vio que borrar de la mente de los limeños a tan tradicional personaje era virtualmente imposible, por lo que se inicio una campaña mediática - como lo llamaríamos ahora - contra Santa Claus, reforzando la “historia” de que los regalos no eran traídos por el regordete personaje, que a pesar de vestir de rojo y blanco no tenía nada de peruano, sino que los regalos “llegaban a los niños” a través del “niño Manuelito” el rebautizado niño Jesús del Cuzco. Asimismo, los publicistas de la época buscaron una salida para reemplazar a Santa Claus y se le peruanizo, creándose entonces un engendro de nombre 'Taita Noel' el cual ahora vestiría poncho, un chullo en la cabeza y ojotas. Además, su trineo ya no seria tirado por renos sino por llamas. De esta manera, los primeros ‘Taitas Noeles’ aparecieron en las desaparecidas cadenas de tiendas Tia y Monterrey (muy conocidas en aquellos tiempos) ubicadas en el céntrico jirón de la Unión, que era a su vez el principal lugar donde se realizaban las compras navideñas en los 70, y donde se les podía ver en las calles. En cuanto al árbol de Navidad simplemente “desapareció” por decreto. Hasta el pavo en la cena navideña era mal visto al no tener origen peruano y trataron de cambiarlo por el cuy (o conejillo de Indias). Pero a pesar de los esfuerzos del gobierno, el llamado ‘Taita Noel’ nunca calo entre los limeños ya que por el contrario, debido su aspecto andrajoso se convirtió en el cuco de los niños, quienes lloraban aterrorizados cuando uno de esos ‘pordioseros’ se les acercaba buscando que se tomen una foto con el y de esta manera, poco a poco casi sin que uno se diera cuenta, fueron desapareciendo, ya que la caída del gobierno ‘revolucionario’ en medio de una grave crisis económica en 1975, arrastro consigo a ese siniestro esperpento, volviendo todo a la normalidad y ya nadie se acordó de el. De no ser por antiguas publicaciones y diarios de la época ni sabríamos como fue ese espantajo, un ejemplo de la ridiculez al cual puede llegar el ser humano ¿no os parece? :)
Como sabéis, este 5 de enero para poner un broche final a las Fiestas Navideñas, llegan de Oriente SS.MM. los Reyes Magos cargados de regalos. Lo que pocos saben es que existe una ciudad fundada en su honor en el continente americano que con el correr del tiempo ha perdido su nombre original. Era 1535 y el expedicionario español Francisco Pizarro luego de conquistar el Imperio de los Incas, decidió buscar un sitio adecuado para fundar la capital del Imperio ultramarino español, desechando la ciudad del Cuzco (capital incaica) por encontrarse en el interior de sus dominios, en la cordillera de los Andes, ya que deseaba que estuviera ubicada cerca al mar para comunicarse fácilmente con la Metrópoli. Conocida originalmente como la Ciudad de los Reyes, fue bautizada así por Francisco Pizarro el 18 de enero de 1535. Sin embargo, ese nombre no se debe precisamente a los monarcas españoles que reinaban en ese momento, sino que llamada así en honor a la Epifanía, fecha en la que los Reyes Magos habrían iniciado la búsqueda del recién nacido. El historiador Porfirio Sanz señala en su libro “Las ciudades en la América hispana: siglos XV al XVIII señala que “la explicación del mágico nombre se debe a que por las mismas fechas de enero estaban los españoles buscando un lugar para la fundación del emplazamiento de la nueva ciudad. Pizarro escoge, como lugar más apropiado para la ciudad, un lugar cerca de la costa, no lejos del santuario de Pachacamac, cerca del río Rímac”. Roxanne Cheesman, en su artículo “Los reyes ignorados” publicado en el 2015, señala: “Acostumbramos repetir que Lima es la Ciudad de los Reyes, asumiendo equivocadamente que tal título hace referencia a los soberanos españoles que reinaban al momento de fundar Pizarro la ciudad. Olvidamos así que los reyes aludidos en la fundación y el escudo son los tres reyes magos que, según el Evangelio (Mateo 2:1,2) y el Antiguo Testamento (Isaías 60:3 y 60:6), anunciaron el nacimiento del hijo de Dios”. Recuerda que la fundación de Lima ocurrió en días cercanos a la Epifanía. “Por ello, el escudo de Lima tiene sobre un fondo azul, que era el color de la lealtad, sus tres coronas unidas por los rayos de la estrella que los guió, custodiada por dos águilas igualmente coronadas. Pero Lima, desde sus inicios, extrañamente prefirió ignorar tal advocación. Ninguna iglesia se erigió en honor de sus reyes epónimos. Eso, a diferencia de la ciudad alemana de Colonia, donde se construyó desde 1248 y durante 600 años su extraordinaria catedral, para albergar los restos de los tres reyes magos que Federico Barbarroja trajo de Milán durante el saqueo de la ciudad. Lima, en cambio, no dedicó a los Reyes de Oriente una iglesia, plaza o calle. La Catedral por ejemplo, fue creada por Pizarro en honor a la Virgen de la Asunción y no a los Magos como debiera haber sido”, señaló Cheesman. Es mas, con el paso del tiempo, las tres veces coronada Ciudad de los Reyes perdería su nombre por el de Lima, como el nombre españolizado del valle donde se fundo en 1535. Mira que son desagradecidos, ya que si bien es cierto que conservan el escudo como símbolo de la ciudad, ya no se celebra el Día de Reyes con una gran Cabalgata como sucede en España, limitándose los Reyes montados a caballo (y no en camello como debiera ser) a dar una vuelta a la Plaza Mayor para depositar sus regalos al pie del pesebre levantado en el Ayuntamiento. Y fin de la historia. Venga ya, es una tradición que debería revivirse ¿no os parece? :)
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A diferencia de hoy en día, en que como producto del consumismo es el Árbol de Navidad quien preside las fiestas y Santa Claus el encargado de dejar los regalos la víspera del 24 de diciembre, antiguamente no era así. En efecto, durante la época virreinal y las primeras décadas de la República, las celebraciones navideñas no se centraban únicamente en la Nochebuena, sino que se extendían a lo largo de todo el mes. El 8, 13, 15, 24, 28 de diciembre y el 6 de enero eran días festivos del calendario litúrgico que se celebraban con tanto fervor como desenfreno. Como cuenta Ricardo Palma, en sus Tradiciones Peruanas: “Allá en los tiempos de Su Majestad, la conclusión del año en la Ciudad de los Reyes fundada por Francisco Pizarro, era de lo bueno lo mejor”, donde lo religioso y sagrado no excluía a lo mundano y profano. 1.-Día de la Purísima Concepción. El 8 de diciembre marcaba el inicio de la maratón de celebraciones con el Día de la Purísima Concepción (como se le conocía antaño a la Inmaculada Concepción). Al respecto, es interesante hacer una precisión: aunque muchos suelen pensar que esta fiesta de guardar hace referencia al momento en que la Virgen empieza a cargar en su vientre a Jesús, este día realmente conmemora la concepción misma de María, quien, según la bula “Ineffabilis Deus”, nace sin aquella mancha que cargan todos los hijos de Adán y Eva: el pecado original. Cuenta Palma que, en la víspera, las familias limeñas armaban un altar dedicado a la Virgen con velas, sahumerios y flores. Al día siguiente, desde las siete de la noche, empezaban a llegar los invitados, quienes se vestían con sus mejores trajes. Luego se rezaban los cinco misterios gozosos, y seguía una charla a cargo del fraile. El acto concluía con la entonación de villancicos al compás de violines, flautas y clavicordios. Entonces, la otra fiesta comenzaba: “Luego de las diez de la noche, hora en que se despedían los convidados de etiqueta, principiaba lo bueno y lo sabroso. Jarana en regla. Las parejas se sucedían bailando, delante del altar, el ondú, el paspié, la pieza inglesa y demás bailes de sociedad por entonces a la moda”, cuenta Palma. Tres días más permanecían los altares en las casas, y la jarana continuaba con excesiva devoción. 2.-Día de Santa Lucía. Cinco días después de la Purísima, el 13 de diciembre, se rendía homenaje a Santa Lucía, patrona de los ciegos, los pobres y los niños enfermos. A diferencia del día de la Purísima, esta celebración eran mucho más tranquila, pero no por ello menos importante. Era el inicio de las preparaciones para recibir la Navidad: se decoraban las fachadas e interiores de las iglesias, las congregaciones religiosas y las familias armaban los nacimientos, y se sembraban, en pequeñas macetas, semillas de trigo que luego se cosechaban para adornar dichos nacimientos. 3.-Misas de aguinaldo. El 15 de diciembre arrancaba una serie de nueve misas matinales consecutivas que a pesar de celebrarse bien temprano eran bastante concurridas. Y es que a diferencia de las ceremonias regulares y de la propia Misa del Gallo, celebrada a la medianoche del 25 de diciembre, las de aguinaldo se caracterizaban por su jovialidad y alegría. Duraban dos horas y estaban acompañadas por una pequeña orquesta que adaptaba temas religiosos a ritmos populares con matracas, zampoñas, bandurrias y pitos, y que cantaba coplas que lindaban con lo blasfemo. 4.-Día de los santos inocentes. Pese a que en la cultura popular el 28 de diciembre se ha establecido como el día del año en el que está permitido jugar todo tipo de bromas a las personas ingenuas, en la hagiografía católica esta fecha conmemora la siniestra matanza ordenada por el rey Herodes de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén.Esta extraña contradicción entre el culto y el comportamiento de los feligreses se originó en la Edad Media. Por ese entonces, entre Navidad y Bajada de Reyes, el clero solía celebrar un festival carnavalesco cargado de elementos litúrgicos y simbología pagana llamada la Fiesta de los Locos, donde los roles sociales se invertían transitoriamente. Por ejemplo, los monasterios escogían a un joven de su congregación y lo nombraban “obispo de los locos”, cargo que duraba hasta el 28 de diciembre, y que el joven aprovechaba para cometer todo tipo de travesuras. Con el paso del tiempo, ambas tradiciones se mezclaron y dieron lugar al Día de los Inocentes que conocemos en la actualidad. Esta tradición tuvo especial arraigo entre los españoles, quienes la trajeron consigo al Nuevo Mundo. Además de bromas y jugarretas, otra costumbre se había impuesto: “Manda Herodes a su gente / que quien preste en este día / lo pierda por inocente”, escribió Carlos Prince, un editor francés radicado en Lima, quien dedicó un pequeño capítulo de su “Lima antigua” para describir las bribonerías que se sucedían en el Día de los Inocentes durante el siglo XIX. 5.-Bajada de Reyes. Finalmente, el 6 de enero, las celebraciones navideñas concluían con la gran fiesta de Reyes, donde había un paseo de alcaldes y cabalgata a la Pampa de Amancaes, como cuenta José Gálvez en sus “Estampas limeñas”. Y es que además de ser una festividad religiosa, la Bajada de Reyes (o Día de Reyes como llamamos en España) tenía especial significado para la capital peruana. A diferencia de lo que se suele pensar, Lima fue bautizada con el nombre de “Ciudad de los Reyes”, no por los monarcas españoles, sino por los Tres Reyes Magos. Cuenta la historia que fue el 6 de enero cuando Francisco Pizarro envió tres jinetes desde Pachacamac para buscar el lugar más apropiado para asentar la futura capital. Así, en el escudo de armas de la ciudad podemos observar tres coronas de oro y la Estrella de Belén, además de la inscripción en latín que significa “Este es el verdadero signo de los Reyes”. Como los Reyes Magos llegaron a Belén para visitar al recién nacido, llevándole ofrendas de oro, incienso y mirra, las personas esperaban hasta el 6 de enero para entregar los obsequios navideños. Previamente, sin embargo, se acostumbraba a asistir a una misa donde se representaba aquella escena, luego seguía una copiosa cena en la que se consumía la popular rosca de Reyes. Terminada la cena y el intercambio de regalos, se procedía a desarmar los nacimientos. Entonces, una nueva fiesta se armaba en los hogares limeños, muchas de las cuales se prolongaban hasta el amanecer para despedir un mes entero de maratónicas celebraciones, que de 'religiosas' ya empezaban a tener poco :)
Uno de los momentos más añorados por todos es cuando llega la hora de armar el árbol de Navidad y darle un clima festivo al hogar con luces de colores y adornos en cada rincón. ¿Pero cuánto sabemos del significado del árbol y cada uno de los objetos usados para su decoración? Su origen podemos encontrarlo entre los antiguos celtas, para quienes el árbol era considerado un elemento sagrado. Se sabe de árboles adornados y venerados por los druidas de centro de Europa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de diversos elementos y fuerzas de la naturaleza. En ella se celebraba cada 8 de diciembre el cumpleaños de Frey (dios del Sol y la fertilidad) adornando un árbol perenne, que generalmente era un roble. El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo): en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín), mientras que en las raíces profundas se encontraba el Helheim (reino de los muertos). Cuando el cristianismo llegó el centro y norte de Europa de la mano de una corrupta y decadente Iglesia Católica, esta decidió apropiarse de sus celebraciones ancestrales, ‘cristianizándolas’ y tomó la idea del árbol para celebrar el ‘nacimiento’ de Cristo, cambiando su significado original. A partir de entonces, el árbol representaba ‘el amor de Dios y la vida eterna, mientras que su forma simbolizó a la Santísima Trinidad’. Una leyenda interesada creada siglos después, llego a afirmar que Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, encontró en los bosques del norte de Europa un árbol sagrado que seguía siendo adorado en secreto, por lo que tomó un hacha y cortó el roble que representaba al Yggdrasil (aunque también pudo ser un árbol consagrado a Thor), y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Según la versión ‘oficial’, las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo, como luz del mundo. Otra tradición dada a conocer durante la Reforma del Cristianismo, cuenta que Martín Lucero – enemigo de Roma – fue quien habría impuesto los árboles de pino para celebrar la Navidad hacia el 1.500. La historia cuenta que caminando de regreso a su casa una noche de invierno, Lucero fue sorprendido por el brillo de las estrellas entre los árboles. Quiso entonces reproducir esa escena en su hogar, y colocó un rama de árbol de pino en una habitación, y le instaló alambres en sus ramas para sostener velas encendidas. A medida que pasó el tiempo, las manzanas y las luces, se transformaron en esferas y otros adornos como los actuales, mientras que la estrella, colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella de Belén. Asimismo, se agregó la tradición de poner regalos para los niños bajo el árbol, enviados por los Reyes Magos o Santa Claus dependiendo la leyenda de la región donde se encuentre. Esta costumbre ‘cristiana’ – para variar – también se origino entre los antiguos celtas, quienes se repartían las antorchas como augurio de pronto verano. Finalmente, el 8 de diciembre de 1854, Pío IX proclamó que María fue ‘preservada del pecado original’ desde el primer instante de su existencia (?) De ahí el armado del árbol el 8 de diciembre, sea conocido de la Virgen Inmaculada Concepción. Como podéis notar, una vez más la Iglesia Católica demostrando su total falta de originalidad, hizo suya una celebración ancestral que de ‘cristiana’ no tiene nada :)
A diferencia de lo que sucede en Lima donde el Día de Reyes (o ‘Bajada de Reyes’ como fue rebautizado en este país) pasa virtualmente desapercibido, no sucede lo mismo en el interior del Perú, especialmente en el Cuzco, donde bajo la aun fuerte influencia de la Iglesia Católica se celebra la llamada ‘Epifanía del Señor o adoración de los Reyes Magos’, no como se estila en España con una gran cabalgata - que incluyen carruajes adornados para la ocasión con los personajes mas populares de la televisión para deleite de los niños, finalizando luego de un gran recorrido por las calles de Madrid con una gran espectáculo de luces y fuegos artificiales en la plaza de Cibeles - sino en una fiesta costumbrista que incluye música y danzas indígenas. Esta festividad evoca a su manera a los tres Reyes Magos - Melchor, Gaspar y Baltasar - que viajaban de Oriente a Belén, con el fin de honrar y otorgar ofrendas al niño Jesús, la cual se escenifica el 6 de enero en varias plazas, templos y localidades del Cuzco. Es así como en las principales plazas de la ciudad las familias salen y comercializan las tradicionales vestimentas del llamado ’Niño Manuelito’ (una versión ‘peruana’ del niño Jesús, el cual se caracteriza por llevar un traje típico y un ‘chullo’ - gorro tejido - que cubre su cabeza), en medio de coloridas ferias que se llevan a cabo días previos y hasta el mismo 06 de enero, las cuales tienen como objetivo el comercializar prendas de distintos colores y tamaños, zapatitos, ropones, capas, entre otras para vestir al ‘Niño Manuelito’ como parte del recuerdo de los últimos días de festejo por la Navidad. De la misma manera los artesanos cuzqueños confeccionan prendas de vestir con características típicas de sus regiones, quienes muestran su creatividad para vestir a los ‘Niños Manuelitos’ con atuendos originales como sombreros que se usan para las danzas típicas ,’ojotas’ en vez de zapatos, gorritos navideños, entre otros indumentos que son elaborados de forma manual. Durante la Bajada de Reyes muchas familias cuzqueñas acostumbran llevar a los ‘Niños Manuelitos’ a los templos para que sean bendecidos por los sacerdotes después de participar de la celebración Eucarística. De esta manera el pueblo cuzqueño celebra sus diversas fiestas religiosas y otras costumbristas de un modo particular arraigado a tradiciones que expresan en éste caso sentimientos de fe muy profundos, que además van acompañados de mucha algarabía con danza, música y color, así como los sabores y aromas de potajes típicos servidos en las mesas de la familias de especial modo en ésta significativa y religiosa época del año (Venga ya, me ha llamado la atención la veneración que le tienen en el Cuzco al tal ‘Niño Manuelito’ y prometo dedicarle una entrada …. el próximo Día de Reyes) :)
Como ya es habitual, Plaza Norte trae el mundo navideño más esperado, ‘La Villa de Papa Noel’ contando con mayor espacio, más novedades y muchas sorpresas, la cual esta abierta todos los días desde las 3:00 pm hasta las 10:00 pm. hasta próximo el 8 de enero. Como sabéis, ‘La Villa de Papá Noel’ está formada por diferentes casitas, todo ambientado con un show de luces que iluminan al ritmo de la música. “Tiene el hermoso concepto de ciudad europea, con fachadas pintorescas e iluminadas para darle mayor realismo. Ocupa un área de 600 metros cuadrados y este año esperamos la visita de más de 600 mil personas. Los niños disfrutarán de mágicos momentos y los grandes volverán a ser niños” señalaron los organizadores. El concepto que se realizará este año se denomina “Sueños de Navidad”, presentando nacimientos navideños de diferentes partes del mundo, desde los espectaculares ‘Retablos Ayacuchanos’, pasando por ‘Jerusalén’ y terminando en Suiza con la ‘Villa en Miniatura’. Este será el primer año además que medio millón de luces instaladas en la Villa de Papá Noel, están sincronizadas con música y ‘bailarán’ al ritmo de variadas canciones, donde las luces van a brillar y cambiar de color de acuerdo con la melodía, ritmo y tiempo. Asimismo, la Villa de Papá Noel, presentará este año una impresionante infraestructura y mágica ciudad de fantasía, color y luces, donde se podrán encontrar las siguientes atracciones: 1.- Museo de Nacimientos: Una gran exposición con diferentes tipos de nacimientos del Perú y del mundo; 2.- Fábrica de Panetones: Visita a Papa Noel mientras disfruta de los más deliciosos dulces seleccionados para todos los niños del mundo; 3.- Fábrica de Juguetes: Los pequeños duendes te enseñarán a construir los juguetes que serán repartidos a todo el mundo por Papa Noel; 4.- Mini Villa: Hagamos juntos la cuenta regresiva a la espera del nacimiento del niño Jesús y la visita de Papá Noel; 5.- Casa de Papa Noel: Visita al verdadero Papá Noel y Mamá Noel, quienes te esperan con mucha alegría en esta mágica navidad. Podrás pedirle tus deseos y tomarte una foto con ellos; 6.- Nacimiento en vivo: Vive este mágico momento interactuando con los pequeños animales del nacimiento; 7.- Reloj Astronómico: El imponente reloj astronómico anunciará el cambio de hora durante todo el día con suaves melodías y los doce apóstoles; 8.- Zona de Nieve: ¡Toca y juega con nieve de verdad! Ven y vive esta divertida experiencia al lado de tus amigos y familiares; 9.- Feria Navideña: Los más atractivos artículos navideños para el hogar, con más de cien locales diversos; 10.- El Gran Árbol de Navidad: Una maravilla de la ingeniería, el más grande de Lima, donde los duendes hacen gala de toda su destreza en construcción e iluminación, con espectaculares efectos de luces. Recuerda que las entradas a S/.10 por persona (niños desde los 2 años en adelante pagan su entrada) incluye el ingreso a la Villa de Papá Noel. ¿A que esperas vivir esta maravillosa experiencia con tu familia o amigos? :)
A escasos días del 24 de diciembre, que mejor momento para ocuparnos en esta oportunidad de una curiosa costumbre que quiso implantarse a la fuerza en todo el Perú, pero que fracasó en su intento. Sucede que en el Cuzco se venera desde los felices tiempos del Virreynato la imagen de un niño regordete, llamado “Manuelito” (una representación andina del Niño Jesús, adaptada a las costumbres locales) el cual aparece tratando de sacar una espina que tiene clavada en el pie. Resulta que hubo una época cuando los militares de tendencia socialista que gobernaban este país, quisieron imponer esta celebración en todo el Perú, para reemplazar los símbolos “alienantes e imperialistas” que salían a relucir en estas fechas, como Santa Claus y el árbol de Navidad, considerados en ese entonces como “iconos del capitalismo” (?). En efecto, según pude averiguar, en 1972, durante el régimen militar del General Velasco Alvarado se quiso “peruanizar” las celebraciones cristianas, desterrando todo aquello “políticamente incorrecto” como lo llamaríamos ahora, reemplazándolo con elementos nativos. Así por ejemplo, en los Belenes (llamados “pesebres” en este país) fue eliminado el niño Jesús, sustituido por el tal “Manuelito” y al igual que Maria y José dejaron de ser caucásicos, “volviéndose” cobrizos como los indios, vistiendo desde entonces trajes típicos, mientras que el buey y las ovejas fueron “metamorfoseadas” en llamas y alpacas. En cuanto a Santa Claus fue desterrado y reemplazado por un grotesco personaje llamado “Taita Noel”- quien se hacia pasar como autóctono y revolucionario – pero que en realidad era el mismo Santa, solo que en lugar de su tradicional traje rojo usaba un poncho y llevaba un chullo en la cabeza, quien era acompañado por llamas en vez de renos, mientras que el árbol de Navidad simplemente “desapareció” por decreto. Hasta el pavo en la cena navideña era mal visto al no tener origen peruano y trataron de cambiarlo por el cuy (o conejillo de Indias). Como era de esperar, y por más esfuerzos que hicieron por imponerlo, esta arbitraria medida no prospero y pasado unos años, todo volvió a la “normalidad” por así decirlo. De toda esa parafernalia “socialista” solo sobrevivió el “Manuelito”, ello debido a que ya era venerado con anterioridad y a quien esta dedicado la festividad del “Santuranticuy” – una feria artesanal que coincide con la Navidad - el cual se prepara con seis meses de anticipación y se escenifica en la Plaza Mayor del Cuzco. Venga ya, me parece ridículo que por aquellos años y como producto de la locura del dictador se haya llegado a esos extremos. Si por “alienante y elemento extranjero” - según repetía el gobierno militar de ese entonces - se trato de erradicar la Navidad, bien podrían haber dejado de hablar español, vestir con taparrabos y lucir escudos y lanzas como en la época de los incas y adorar al Sol ¿no os parece? (Aprovecho el momento para desearos una Feliz Navidad) :)
Al pasar por la Plaza Mayor hace unos días, me percate del árbol navideño colocado por la Municipalidad de Lima para celebrar las fiestas - denominado de la “inclusión”- y que a diferencia de otros años, deja mucho que desear. Eso me llevo a preguntarme ¿cómo celebraban la Navidad los antiguos limeños? En el siglo XIX, era una verdadera fiesta religiosa, muy distinta a la que se celebra ahora. La Navidad era la celebración central de una serie de actividades que duraban todo el mes de diciembre, Cuenta Ricardo Palma que en la tarde del 24 de diciembre los comerciantes instalaban en la Plaza Mayor, mesas donde se vendían flores, dulces, conservas, juguetes, y todo tipo de comidas. Hacia la medianoche, las multitudes se dirigían a los templos para celebrar la misa de gallo. Estas “noches buenas” en la plaza mayor dejaron de realizarse en 1902, cuando el alcalde Federico Elguera remodeló la plaza. Es así como las festividades fueron trasladadas al parque de la Exposición donde años después dejaron de celebrarse. Si bien algunas pervivieron, ya no son como las de antes. Entre ellas teníamos: 1,- La misa de gallo. Era la liturgia más importante de Nochebuena, y que se realizada a la medianoche. Para esta misa las iglesias de la ciudad se esmeraban en la decoración de sus altares. Era famosa la misa de gallo de la iglesia de la Merced en el jirón de la Unión. Las limeñas acudían a esta misa vistiendo mantillas, como en las épocas virreinales. Luego de la misa la multitud regresaba a la Plaza Mayor para seguir con las celebraciones. En los hogares algunas familias celebraban la cena navideña, según su condición social, con cena, bebida y baile. Es preciso recordar que la tradición navideña en la Lima antigua comenzaba a las 5:00 p.m. del 24 de diciembre y terminaba el día siguiente con personas alrededor de la pileta de la Plaza Mayor, que se amanecían bailando zamacueca..2.- Los nacimientos. Los “belenes” - como los denominamos en España - fueron difundidos por los padres de la orden Betlemita y en el escudo de dicha congregación se puede observar la natividad de Jesús. En Lima se armaron famosos nacimientos, como el que se exhibía en el convento de los padres betlemitas o barbones. Y era famoso por la abundancia de muñecos automáticos y por los villancicos con que festejaban al Divino Infante: “En las casas grandes se invitaba a los amigos y relacionados para ver el nacimiento y había baile, cena y diversión de lujo, estas visitas se realizaban desde las siete hasta las once de la noche” (Ricardo Palma), una costumbre que se fue perdiendo con el paso de los años. 3.- La cena navideña. Era un verdadero festival de sabores. En las plazas de la ciudad se instalaban mesas donde se ofrecían potajes criollos como los chicharrones, tamales, humitas, cau-cau, escabeche, frejoles con dulce, y turrones mazamorra morada, salchichas de Huacho, alfajores, anticuchos y picarones entre otros platillos. Eran verdaderos festines donde se mezclaban limeños de todos los sectores sociales. Por su parte, los inmigrantes italianos, ingleses y españoles conservaban sus costumbres y preparaban la cena según sus tradiciones. De todos estos platos, no podían faltar los tamales y chicharrones. No había navidad limeña sin estos dos potajes. Posteriormente, a fines de 1920 se difundirá el consumo del pavo.4.- El panetón. La costumbre de comer panetón se difundió en el siglo XX, sin embargo, en el siglo XIX algunas familias de Lima ya degustaban el famoso “Panetón de Milán” o el “Pan dulce a la genovesa”. En un aviso encontrado en el diario El Comercio se anunciaba el Panetón Bonaspetti , el cual se vendía “en la Bodega de la Unión, Mercaderes 195, frente a la sombrerería Crevani”. (El Comercio, diciembre 16, 1898). Sin embargo, hay que aclarar que en el siglo XIX, el consumo de estos panetones italianos no era una costumbre muy difundida entre la población, ya que eran vendidos en las bodegas para consumo de familias extranjeras. Fue recién a mediados del pasado siglo cuando D’Onofrio industrializó su fabricación y su consumo se popularizó hasta nuestros días. 5.- Santa Claus. Llegó al Perú a fines del siglo XIX. El periodista Federico Larrañaga escribió en 1906 en La Crónica que Papa Noel había nacido en París “entre un bosque de pinos nevados de la colina de Montmartre”. Su imagen se difundió en el Perú a inicios del siglo XX, era el personaje que traía los juguetes a los niños buenos, en detrimento de los Reyes Magos que poco a poco pasaron al olvido junto con su celebración el 6 de enero. (tal como detalle en una entrada del) 6.- De la fiesta religiosa a la fecha comercial Con el tiempo la Navidad se convirtió en un negocio. Grandes tiendas del jirón de la Unión, como la Casa Welsch, Oeschle, Crevani, Pigmalyon, vendían regalos para damas y caballeros. Además se vendían juguetes para los más pequeños. Los juguetes preferidos por los niños eran: carruajes, cornetas, caballitos de madera, soldaditos de plomo, tambores, casas de muñecas y herramientas. Hacia 1930, muchas de estas costumbres se van perdiendo paulatinamente y la Navidad se va a parecer más a la que conocemos actualmente, una celebración eminentemente comercial y alejada de sus orígenes. Aprovecho el momento para desearos unas Felices Fiestas :)
Cuando vine por primera vez a este país, me sorprendió mucho hasta donde ha llegado la nefasta influencia del catolicismo entre los peruanos para llegar a embrutecerlos con sus costumbres y supersticiones de lo más disparatadas. Por si no fuera poco el adorar imágenes de yeso, telas pintadas y cruces torcidas, hay que agregar en la Navidad los llamados “Pesebres” (llamados Belenes en España) que designa literalmente un establo, en la cual tratan de representar el nacimiento de Jesús, del cual por cierto no existe prueba alguna de su existencia y que en todo caso fue creado adrede para sustituir al dios persa Mitra, de gran popularidad en el Imperio Romano y cuya vida, muerte y resurrección fue copiado punto por punto por una corrupta y decadente Iglesia Católica para difundir su doctrina. La tradición del pesebre es sumamente antigua. Hay evidencia de su composición en catacumbas del cristianismo primitivo, y también en antiguas iglesias y lugares de peregrinación del culto cristiano. Sin embargo, el primer belén navideño del que se tiene registro fue realizado en la Nochebuena de 1223 por San Francisco de Asís, dentro de una cueva próxima a Greccio, en Italia. En esa ocasión, el santo utilizó animales en lugar de actores o de figuras, para simbolizar el nacimiento de Cristo, y posteriormente celebró una misa nocturna. Sin embargo, es común que aparezcan también en los belenes de mayor tamaño otras figuras secundarias o terciarias, como pastorcillos con sus rebaños, paseantes, bailarines, ángeles, etc. La orden franciscana, de hecho, fue una de las grandes promotoras del belenismo en los siglos venideros, A partir del siglo XIV esta tradición se masificó en Italia y otros países de Europa, primero como una práctica llevada a cabo por las autoridades eclesiásticas, luego también por los aristócratas y finalmente como una tradición. Los pesebres fueron incluso empleados como herramienta de evangelización en la América hispana, a lo largo del siglo XVIII, incorporando a su representación especies vegetales y animales locales. Ya en el siglo XIX, el belenismo era tan popular que surgieron las primeras Asociaciones Belenistas en Europa, y se llegó incluso a celebrar congresos especializados en la materia. Sin embargo, hoy en día se considera una forma de expresar libremente la fe católica y de celebrar la llegada de las fiestas navideñas. Por esa razón, son muchas y muy variadas las costumbres actuales en torno al pesebre. De acuerdo a la tradición, el pesebre se arma antes de Navidad, generalmente el día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, y se deja en pie hasta el 2 de febrero, fiesta de la Candelaria. También es común ocultar al principio al niño Jesús con un pedazo de tela (o en algunos casos retirarlo físicamente de la escena), hasta pasada la medianoche del 24 de diciembre, cuando se lo revela o se lo hace presente, pues se considera que por fin Jesucristo “ha nacido”. Actualmente los Belenes, si bien son cada vez mas escasos en Europa e ignoradas ampliamente en los países anglosajones - donde fueron destruidos en los tiempos de la Reforma - aun supervive en Latinoamérica, adaptada a las costumbres de cada país. Me pregunto ¿el adorar imágenes no es idolatría? :(