‘Heredero’ del emblemático Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia (MNAAH), que se ubicaba en Pueblo Libre, un lugar céntrico y fácilmente accesible, pero que, debido a la antigüedad del edificio y la falta de espacio para exponer sus colecciones, se decidió trasladarlas a un nuevo destino ubicado en un agreste desierto lejos de Lima, donde hoy - para mayor vergüenza de las autoridades que no hacen nada por recuperarlo - yacen prácticamente en el olvido. Nos referimos al Museo Nacional del Perú (MUNA), que se encuentra en el kilómetro 31 de la Antigua Panamericana Sur, en Lurín. Su volumen domina el paisaje cercano al santuario de Pachacámac y ocupa casi setenta mil metros cuadrados distribuidos en siete niveles, tres de ellos subterráneos. Fue concebido como el gran espacio de la memoria precolombina del país, pero que hoy atraviesa un periodo de incertidumbre debido a que permanece cerrado al público, prácticamente abandonado a su suerte. El imponente edificio, que cuenta con cerca de 70,000 metros cuadrados de infraestructura moderna destinada - aseguraron - “a albergar y exhibir el patrimonio cultural del país”, desde su apertura nunca ha podido operar con normalidad. Entre las principales dificultades se encuentran problemas técnicos en sus instalaciones y deficiencias en el acceso vial al recinto, factores que han limitado su funcionamiento y la llegada de visitantes. Esta situación ha generado preocupación en el sector cultural, dado que el MUNA fue concebido como uno de los proyectos museísticos más ambiciosos del Perú, llamado a convertirse en un espacio clave para la preservación y difusión de la historia nacional. Cabe precisar que, desde el 14 de diciembre del 2024, el espacio permanece sin recibir público. A través de un comunicado publicado en sus redes sociales, se precisó que el viernes 13 de diciembre del mismo año fue la última jornada de atención. De este modo, el proyecto más emblemático del sector Cultura supera ya más de un año con las puertas cerradas, a pesar de que su edificación implicó una inversión cercana a los S/ 500 millones y de que fue inaugurado el 24 de julio del 2021, en el contexto de las celebraciones por el Bicentenario. Durante su breve etapa operativa funcionó con exposiciones temporales, pero la gran muestra permanente de arte precolombino nunca estuvo lista. El proyecto que buscaba reorganizar y poner en valor el patrimonio nacional atraviesa ahora cuestionamientos por fallas técnicas y por limitaciones de acceso que impiden su funcionamiento regular. El exministro de Cultura, Alfredo Luna Briceño, detalló públicamente las fallas durante una entrevista concedida a Willax Televisión. De acuerdo con lo señalado, el techo presenta problemas de filtración, no se implementó un sistema de bombeo para la napa freática y el sistema de climatización - fundamental para la adecuada conservación de piezas arqueológicas - no funciona de manera óptima, producto del apuro y la improvisación en su construcción. A esta problemática se añade un obstáculo fundamental: el acceso. Por ese motivo, el Museo Nacional del Perú (MUNA) no cuenta con las condiciones óptimas necesarias, lo que hace imposible visitarlo debido a la inexistencia de una vía de ingreso. Además, el sistema de bombeo para la napa freática y el sistema de frío, esenciales para la conservación de piezas arqueológicas, no funcionan correctamente. “Si el MUNA estuviera en perfecto estado, tampoco lo podríamos visitar porque no existe una vía de acceso. No hay cómo”, afirmó el exministro. La frase resume una paradoja: aun con las salas listas, el público no podría llegar con seguridad. Cabe precisar además que el sistema de climatización resulta clave en un museo dedicado a bienes precolombinos. Las variaciones de temperatura y humedad comprometen textiles, cerámicas y piezas orgánicas. Pero sin un control estable, la exhibición permanente pierde viabilidad. El recinto cuenta con bibliotecas, auditorio, archivos, talleres y laboratorios de investigación. Sin embargo, esas instalaciones no operan a plena capacidad mientras el edificio permanece cerrado. El problema no radica en la falta de espacio, sino en la imposibilidad de garantizar condiciones técnicas y logísticas para su uso continuo. Cabe precisar que la idea de un museo nacional no nació en el siglo XXI. En 1822, el Libertador José de San Martín propuso la creación de un museo, una biblioteca y un archivo nacional en plena guerra de independencia. El anhelo permaneció como referencia histórica durante décadas. El proyecto del actual Museo Nacional del Perú surgió como parte de un plan de remodelación del antiguo Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú y como una estrategia para reorganizar colecciones que excedían sus depósitos. La por entonces ministra de Cultura, Diana Álvarez-Calderón Gallo, impulsó la iniciativa durante el gobierno de Ollanta Humala. En un inicio se evaluó la construcción de un gran museo en la Amazonía. Finalmente se optó por la zona sur de Lima, cerca del Santuario de Pachacámac, en un área con disponibilidad de terreno. En el 2014 el Ministerio de Cultura lanzó el concurso de ideas arquitectónicas y en el 2016 comenzó la construcción. El 29 de diciembre del 2020, mediante el Decreto Supremo Nº 018-2020-MC, Francisco Sagasti formalizó la creación del Museo Nacional del Perú. La inauguración oficial ocurrió meses después, en julio del 2021. El MUNA definió como misión “ser un espacio de diálogo y encuentro a través de la protección y valoración de la diversidad cultural”, con énfasis en las relaciones entre distintos grupos a lo largo de la historia. También proyectó convertirse en entidad rectora y articuladora de los museos del país. Sin embargo, ese diseño institucional contrasta con su situación actual. El edificio se ubica en Lurín, en un tramo de la Antigua Panamericana Sur. No cuenta con un acceso peatonal seguro ni con infraestructura vial suficiente para grandes flujos de visitantes. Tampoco se contempló una estación del futuro metro subterráneo que conecte directamente con el museo. En otras ciudades, los grandes museos integran su planificación a sistemas de transporte masivo. En este caso, el visitante depende de vehículos particulares o de rutas que no llegan hasta la puerta del recinto. El ministro fue directo al describir el escenario: “No hay cómo”. La falta de conectividad afecta tanto a escolares como a investigadores y turistas. Sin vías adecuadas, el museo queda aislado. La inversión millonaria no se traduce en circulación constante de público ni en dinamización cultural de la zona. El Museo Nacional del Perú representa una de las obras culturales más costosas del Estado en los últimos años. Su construcción demandó alrededor de quinientos millones de soles. Pese a ello, funcionó menos de tres años hasta fines del 2024 y nunca consolidó su exposición permanente de arte precolombino. El debate público gira en torno a la supervisión de la obra y a la continuidad de la política cultural. El propio exministro reconoció que los problemas estructurales requieren atención prioritaria. Las declaraciones oficiales evidencian que la reapertura depende de correcciones técnicas y de soluciones de acceso. El contraste resulta evidente: un edificio de gran escala, concebido para custodiar piezas que narran miles de años de historia, permanece cerrado mientras se revisan sistemas básicos. La misión institucional apunta a articular memoria, investigación y difusión. La realidad impone resolver filtraciones, bombeo de agua subterránea y climatización. A más de un año del cierre, el MUNA se mantiene como un proyecto inconcluso en términos operativos. ¿Un elefante blanco? Obviamente que sí. Su estructura permanece en pie en Lurín, a pocos kilómetros de Pachacámac. Las salas esperan visitantes que no llegan. Las colecciones aguardan condiciones estables para exhibirse. El calendario avanza mientras el museo más grande del país continúa sin público... Es el precio de la improvisación que lamentablemente, se da en todo sentido en el Perú.