A solo una semana del ballotage en el país andino a realizarse el próximo 7 de junio, toca ocuparnos en esta ocasión del candidato de la izquierda radical Roberto Sánchez (JPP) quien como una “gran novedad”, ofrece un retorno al pasado estatista de los años 70, precisamente a la época de la dictadura del general Juan Velasco Alvarado (1968 - 1975), que tan desastrosos resultados ocasionó a la economía peruana, del cual aún le cuesta salir. Por ello, es incomprensible que existan quienes pretendan que el Perú regrese a aquella época infausta, como si no hubiesen aprendido la lección que dejo aquel experimento socialista, que al final condujo a los peruanos a la pobreza más absoluta. Como todos los izquierdistas, en lugar de producir riqueza, buscan arrebatársela a quien la tiene para repartirla - según afirman - “entre los desposeídos” (aunque ellos se quedan con la mayor parte de lo robado, convirtiéndose en los privilegiados del nuevo régimen). Pero como podéis suponer, llega el momento que esa riqueza se acaba y ya no tienen que repartir, por lo que comienzan las protestas, que son violentamente aplastadas acusando a sus promotores de ser “contrarrevolucionarios al servicio del imperialismo” ¿Les suena conocidas esas palabras? Así sucedió en las postrimerías del régimen velasquista, cuando en medio de una grave crisis económica, el 5 de febrero de 1975 se desato la violencia en Lima, con el saqueo e incendio de una serie de locales comerciales y sedes de organismos públicos por parte de aquellos sectores a quienes el régimen había malacostumbrado a estirar la mano y no trabajar. Ese fue el comienzo del fin de la dictadura, que meses más tarde era derrocada por el felón Francisco Morales Bermúdez, que pocos años más tarde, restauro la “democracia” entregando un país en ruinas y que fue el caldo de cultivo del terrorismo homicida de Sendero Luminoso a partir de mayo de 1980. Miren el patético “ejemplo” que hoy es Cuba (“faro” ideológico de todos los izquierdistas del continente desde 1959) arruinado económicamente y que solo se sostiene “gracias” a sus aparatos represivos que aplastan inmisericordemente cualquier tipo de protesta, a la vez que estira la mano a China y Rusia, que les regalan alimentos y petróleo para sobrevivir. Es la misma situación en la que se encuentran Nicaragua y Venezuela. Si bien en este último país, el sátrapa Nicolas Maduro fue capturado y enviado a prisión por los EE.UU., el chavismo sigue haciendo de las suyas en el poder como si nada hubiera pasado, ya que a Donald Trump solo le interesaba apoderarse del petróleo venezolano - que lo ha conseguido - olvidándose de sus promesas de “restaurar la democracia” ... de ello ya nadie habla. Un caso más cercano del fracaso de la izquierda es Bolivia, hoy convulsionada por obra del narcopedófilo Evo Morales - al haber la justicia dictado orden de captura para que responda por los graves cargos de violación de niñas del cual está acusado - quien ha ordenado que miles de sus “ponchos rojos”, un grupo terrorista por el creado, desate el terror en las calles de La Paz, intentando derrocar al gobierno conservador de Rodrigo Paz. Como recordareis, cuando Morales estuvo en el poder, nacionalizo la industria petrolera y los yacimientos de gas en el 2006, dando origen a un ilusorio “estado de bienestar” entre los bolivianos, que únicamente duro hasta el 2014 cuando se acabó el espejismo y comenzó el declive, debido a que ninguna empresa extranjera quiso hacer nuevas inversiones en exploraciones, mientras que la estatal YPFB fue incapaz de realizarla, ocasionando el derrumbe total de la economía que hoy padece el país altiplánico y del cual el hoy prófugo de la justicia es el principal responsable. Lo que originó la nacionalización, fue la caída de la producción, acabando con las reservas y destrozando la gallina de los huevos de oro que era su industria petrolera y gasífera. Como consecuencia de ello, hoy existe una mayor dependencia de Bolivia de las importaciones, hasta el punto de que actualmente compra del exterior el 90 % del diésel y el 50 % de la gasolina que consume y, según proyecciones oficiales, en el 2029 el país se convertirá en importador neto de gas natural. Para colmo, no hay dinero para adquirirla, ya que las reservas monetarias del país se “evaporaron” en manos de Morales. A ese desastre lo ha llevado el socialismo, que Sánchez pretende imitar. Por otro lado, para nadie es un secreto que la izquierda siempre ha tenido una enfermiza fijación en cambiar la Constitución - especialmente en lo referente al capítulo económico - con el objetivo indisimulado de acabar con la independencia del BCR y apoderarse de las Reservas internacionales del Perú que superan los US$ 100.000 millones, para - según afirman - “reactivar la economía”, cuando estos son ahorros de todos los peruanos que están ahí para respaldar el valor de su moneda - el Sol - que es la más fuerte de la región, posibilitando que la economía peruana no se vea afectada por el caos político que se vive en el país. De no existir esas reservas, los peruanos estarían viviendo una hiperinflación tan terrible como en la época de Alan García. ¿A que no lo pueden entender? Por lo visto, no, ya que Sánchez y sus partidarios insisten con su cantaleta de “Asamblea Constituyente” y “Nueva Constitución” que lo presentan como la ‘solución’ a los problemas que vive el Perú, cuando ello no es cierto. Es lamentable que la izquierda latinoamericana - y la peruana en particular - se haya quedado anclada en el pasado y que a diferencia de sus “colegas” europeos, siga siendo desfasada y anacrónica, insistiendo en fórmulas desgastadas de estatizaciones y controles de precios que han demostrado hasta la saciedad su fracaso allí donde se han implantado, pero insisten una y otra vez con lo mismo. A propósito, cabe preguntarse ¿Quién es Roberto Sánchez? Candidato presidencial de Juntos por el Perú, fue acusado de traidor por su excompañero político Yehude Simon. “Es un tipo muy peligroso para la política, peligroso para el Perú. Carece de moral y de ética. Se portó muy mal, mordió la mano de quien le dio de comer. Le dimos el cargo más alto, lo defendimos todo el tiempo que pudimos y a la primera vendió su alma al diablo”, dijo hace unas semanas en una entrevista. Simon acuso a Sánchez de haberle abierto las puertas de su partido, pero al final lo desembarcó y se quedó con su organización política. “Roberto Sánchez se robó el partido, manipuló y traicionó a Verónika Mendoza y a todo el mundo, definitivamente”, agregó. A Simon no le falta razón. Sánchez, quien es un izquierdista radical, tiene un rosario de traiciones. Veamos. El candidato de JPP cuenta en las actuales elecciones con el apoyo público de Pedro Castillo, quien, tras fracasar en su intentona golpista del 7 de diciembre del 2022, fue detenido a las pocas horas de ese mismo día y condenado a varios años de prisión. Por cierto, Sánchez no es nada original en su discurso: repite su misma prédica incendiaria, la de dividir a los peruanos “entre ricos y pobres”, clamando por una Asamblea Constituyente y se pone un sombrero similar al que usaba el golpista. De esta manera, Sánchez ha logrado el apoyo del encarcelado Castillo - a quien ha prometido indultarlo si llega al Poder - pese a que él fue el primero de sus ministros en abandonarlo cuando dio el golpe de Estado. Aquella vez, cuando renunció, escribió en su cuenta X este texto que hasta hoy está en las redes sociales: “El golpismo político y la discriminación provocaron una decisión extrema del presidente. Pero no puedo por principios democráticos estar de acuerdo con esa decisión”. Y seguidamente enfatizó: “Presento mi renuncia irrevocable al Ejecutivo. Exhorto a la OEA a su asistencia”. Más tarde, durante el juicio por ese fallido golpe a la democracia, Sánchez lo volvió a traicionar. Afirmó que Castillo fue el único responsable de esa decisión que él no compartió. Al mismo tiempo, el candidato izquierdista ha incorporado a su movimiento y en su campaña electoral al líder etnocacerista Antauro Humala (de ideas tan extremistas, como el de dar el poder a lo que denomina la raza cobriza, “postergados durante siglos por el centralismo limeño”; Declarar la guerra a Chile “para recuperar Arica y Tarapacá”; Restaurar la religión Tawantinsuyana, “ya que el Cristianismo ha sido una imposición de los invasores y es ajena a nuestra realidad”... entre otras disparatadas “propuestas”), quien como recordareis, fue procesado por el asesinato de cuatro policías durante la revuelta que protagonizó el 2005 en Andahuaylas (Apurimac), conocido como el ‘Andahuaylazo’ siendo condenado a 19 años de prisión, pero que salió de la cárcel antes de tiempo, gracias a unas maniobras de parte del Ejecutivo. A Sánchez le ha importado poco o nada que el exmilitar le haya dicho de todo a Castillo, desde ignorante hasta ladrón. Y lo mismo hizo con sus militantes. Cuando Castillo fue vacado por el congreso, Antauro declaró al portal Infobae: “No puedo defender moralmente al expresidente Pedro Castillo porque es un ladrón de gallinas y me ratifico (…). Pudo haber sido un proyecto nacional de 50 años después de Velasco Alvarado. Falló porque se corrompió”. Ahí no quedaron sus ofensas. En otra entrevista afirmó: “A mí me dan risa los castillistas. Me dan risa tremendamente. Me dan vergüenza ajena. Castillo gobernó con la Constitución de (Vladimiro) Montesinos. Gobernó con piloto automático. También tuvo muertos por conflictos sociales”. Seguidamente agregó: “Lo conocí a (Pedro) Castillo por teléfono. Y, sinceramente, viendo su gobierno desde la prisión, he visto pasar a siete presidentes. Y te digo que Castillo fue, definitivamente, el más inepto. Castillo ha hecho un tremendo daño al movimiento social. Lo ha hecho retroceder. Es lamentable, pero yo creo que debemos superar el problema de Castillo”. Para atraerlo a sus filas, Sánchez le ofreció a Antauro las carteras de Defensa o Interior, claro, si es que gana las elecciones, según fuentes de su entorno, a pesar que ahora lo niegue y busque distanciarse de él. Y también prometió inicialmente expectorar a Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva (BCR), a quien los peruanos le deben su estabilidad económica y la fuerza de su moneda. Si bien ahora para la segunda vuelta, Sánchez ha decidido “ocultar” a Humala, y cambiar su posición respecto a la salida de Velarde, las dudas persisten. Uno se pregunta ¿Por qué Castillo aceptó que Sánchez incluya a Antauro Humala en su campaña pese a que ha despotricado de él? Yehude Simon ensaya esta respuesta válida: “Él (Sánchez) se ha aprovechado de Pedro Castillo. Yo diría por la ingenuidad que a veces existe en el mundo andino. No sé por qué Castillo puede creer tanto a una persona que lo ha traicionado o que lo ha negado. Seguramente, porque a cambio, ha logrado que su hermano José Castillo ingrese al Senado por Juntos por el Perú, mientras que su hija política, Yenifer Paredes, lo haya hecho a la Cámara de Diputados”. De lo que sí se puede estar seguro es que Sánchez no traicionará a los mineros informales e ilegales que están apoyando, abiertamente, su costosa campaña electoral. Se les conoce como ‘Los Reinfos’. Son grupos de mineros que han logrado que el Congreso extienda su permiso en reiteradas oportunidades para continuar operando sin ningún tipo de control. Un posible gobierno de Sánchez les permitiría hacerlo permanentemente. Es más, su apoyo a ese sector ilegal, que mueve millones de dólares todos los días arrasando con el medio ambiente, está documentado. El año pasado presentó un proyecto de ley solicitando una prórroga del Reinfo y el reingreso de 50 mil mineros ilegales, logrando que esa extensión fuera aprobada. “Lo que está haciendo es facilitar la ilegalidad y perpetuarla. Roberto Sánchez es el presidente en la sombra de la Comisión de Energía y Minas”, dijo en aquella oportunidad la congresista Diana Gonzales, integrante de esa comisión y la única que se ha enfrentado a los oscuros propósitos de Sánchez. El apoyo financiero al candidato de Juntos por el Perú se evidencia en los reiterados viajes al sur y centro del país, y a zonas donde predomina la minería ilegal. En esos lugares tiene alta aceptación que le ha permitido pasar al ballotage para enfrentarse a Keiko Fujimori el 7 de junio. Hasta allí llega acompañado de cientos de sus seguidores en modernas camionetas cuatro por cuatro y reparte profusa propaganda de su candidatura. Por lo que hasta hoy se conoce, Sánchez es una persona en la que no se puede confiar. Aparenta “moderación” ante los medios, pero en sus giras proselitistas es el radical de siempre. Tal vez sea cierto lo que sobre él dice Yehude Simon: “Este señor no tiene ninguna formación, es un oportunista, sabe que lo que dice es falso. Si falsea con alguien que le dio de comer, con alguien que le dio la vida política, que lo sacó encima de la pobreza, qué se puede esperar de este señor” asevero. Como podéis notar, si Sánchez es malo, la alternativa que representa Keiko es mucho peor, ya que reivindica los crímenes de su padre y de seguro pretenderá emularlo para quedarse por siempre en el Poder. Para ello, se cree que tendría el apoyo en el Senado de López Aliaga y del traidor de Jorge Nieto, con los cuales podría gobernar sin sobresaltos (siempre y cuando ‘el camarada Porky’ no conspire contra ella debido a que lo dejo solo es su absurdo relato fraudista), algo que el candidato de JPP no podrá emular porque su bancada no es tan numerosa como la fujimorista, por lo que, de ganar los comicios, al contrario de lo que afirma insistentemente la prensa basura, tampoco podrá hacer realidad ninguna de sus promesas centrales de campaña - como el de indultar a Castillo, nacionalizar los recursos naturales “en manos de los grupos oligopólicos”, recuperar el Gobierno “para el pueblo” , crear una nueva Constitución “basada en igualdad de derechos” o realizar “una segunda Reforma Agraria” - ya que además estará desde el primer minuto enfrentándose a los pedidos de vacancia, como ya lo han adelantado sus adversarios políticos. Si los fujimoristas conspiraron junto con el Congreso, el Ministerio Publico y medios de comunicación para derribar a Castillo según propia confesión del ‘naranja’ Miguel Torres, lo cual, por cierto, es un delito de sedición ¿Qué les impediría repetir la formula en esta ocasión? Su gobierno seria débil y no duraría mucho, a menos claro, que se les adelante y disuelva ese antro de corrupción que es el Congreso, apenas asuma el mando. De seguro en una situación similar, Keiko lo haría sin duda alguna, repitiendo los pasos de su padre....Por cierto, eso de que “dejaría el cargo luego de cumplir 5 años” (Keiko) o de “renunciar si enfrento un congreso hostil” (Sánchez) no se los cree nadie, ya que no está en el ADN de quienes admiran a los golpistas. Triste destino el del Perú, porque gane quien gane, perderá la democracia.