Y llegamos al final de una serie, que, debo confesaros, no tenía en mente hacerlo, pero al escuchar a la jefa de la Yakuza en plena campaña electoral afirmar que “seguiría el legado de su padre” - el cual, como sabéis, mediante una feroz dictadura, gobernó el país andino con mano de hierro asociando desde entonces su nombre con la corrupción, el autoritarismo y la compra de medios de comunicación que sucedió en su régimen criminal - al instante decidí crearlo, de la forma lo más sucinta posible, de solo 10 capítulos para no extenderme demasiado, y que hoy llega a su conclusión ¿vale?: Como sabéis, a partir de finales de los 90, la dictadura fujimorista enfrentaba una creciente impopularidad mientras se descubrían numerosos casos de corrupción, volvían además las dificultades económicas y se hacían patentes las intenciones del japones de perpetuarse en el poder. En septiembre de 1998, el Congreso (en el que los partidarios de Fujimori tenían la mayoría absoluta) desestimó el pedido de nulidad de la aberrante ‘Ley de Interpretación Auténtica’, que le permitía reelegirse indefinidamente, la misma que era considerada ilegal por la oposición. Como era de esperar, Fujimori se presentó como candidato para las elecciones generales del año 2000 sin renunciar previamente a su cargo de jefe de Estado. Tras una campaña proselitista empañada de acusaciones de fraude, tienen lugar las elecciones en abril de ese año, en las cuales surgió inesperadamente como su adversario Alejandro Toledo, líder del movimiento político Perú Posible, y que posteriormente aglutinaría en torno a sí a los grupos de la oposición. Durante la primera vuelta, Fujimori superó a todos los otros candidatos incluido a Toledo quien argumentando un fraude se negó a participar en la segunda vuelta electoral y llamó a la población a votar en blanco. Producida esta, que tuvo lugar en mayo - previo anforazo - Fujimori fue reelegido. A raíz de su fraudulenta victoria, sus detractores incitaron protestas y el 28 de julio, durante la toma de posesión del tirano, tuvo lugar la denominada Marcha de los Cuatro Suyos dirigida por Toledo. Durante la marcha, se denunció la infiltración de matones del régimen para desorganizarla y ocurrió el incendio de la sede del Banco de la Nación, en el cual murieron 6 de sus empleados. No cabe duda que Fujimori había ordenado iniciar el incendio para distraer a la opinión pública - al mismo tiempo que ilegalmente asumía el mando en el Congreso - ya que las instalaciones se desplomaron por completo, y en los enfrentamientos entre los vehículos policiales y los manifestantes no se dio la magnitud destructiva necesaria como para destruir un edificio al punto que quedó el del Banco de la Nación. Luego de iniciar su tercer período en el 2000 y a través de la compra de un vídeo por parte de grupos opositores, salieron a la luz el 14 de septiembre de ese año evidencias de los actos de corrupción efectuados durante su gobierno por Montesinos, su más cercano colaborador. Fue mediante vídeos de cámara oculta que el propio Montesinos instalaba y en los que aparecía sobornando a miembros de otros partidos para que apoyasen a Fujimori. En ese momento estalló la que sería la última crisis de su régimen. Pillado por sorpresa, el sátrapa dio un sorpresivo mensaje a la nación el día 16, donde anuncio la desactivación del SIN y la convocatoria a nuevas elecciones generales, cesando además a Montesinos de su cargo formal como ‘asesor’, agradeciéndole por los servicios prestados, y entregándole personalmente 15 millones de dólares en efectivo como indemnización, un acto que provocó indignación en muchos ciudadanos. Tras la huida de Montesinos - quien se refugió en Venezuela - le tocó el turno para escapar a un desesperado Fujimori, quien luego de asaltar la casa de Montesinos, se llevó consigo 70 maletas de Vladivideos que lo comprometían seriamente en múltiples actos de corrupción, y con el pretexto de viajar a la Cumbre de la APEC a realizarse en Brunéi, de una forma por lo demás cobarde, partió precipitadamente buscando refugio en Japón, renunciando al cargo vía fax, lo cual no fue aceptado por el Congreso, quien lo destituyo ignominiosamente por incapacidad moral. Así llego a su fin esta oprobiosa dictadura, cuyo colorarlo sería la captura del propio Fujimori en años posteriores en Chile, siendo extraditado y condenado a prisión. Liberado en el 2023, gracias a una polémica disposición del Tribunal Constitucional (cuyos integrantes habían sido nombrados previamente por el pacto mafioso del Congreso dominado por el fujimorismo), moriría al año siguiente en libertad. Este debería ser el final de la serie, sin embargo, quisiera compartir con ustedes y a modo de conclusión, un artículo aparecido en Caretas, publicado el 24 de noviembre del año 2000 escrito nada menos que por Fernando Rospigliosi (proveniente de la izquierda radical al militar nada menos que en Vanguardia Revolucionaria, reconvertido posteriormente en un abyecto converso del fujimorismo, rebautizado debido a su traición por sus ex camaradas de armas como Rospulgoso), titulado “Un dictadorzuelo de Segunda”, del cual de seguro ahora reniega con toda su alma, en el que da cuenta en toda su crudeza del ignominioso fin de la dictadura fujimorista, el cual he decidido reproducirlo - entrecomillado claro está - para constatar como existen miserables que venden su conciencia a cambio de unos centavos y que hoy pretenden presentarse como acrisolados ‘defensores de la democracia’... Menuda sanguijuela en que se ha metamorfoseado este arrastrado: “Termino como era de esperarse que acabara, fugándose con las maleta llena de dólares. Como han concluido todos los tiranuelos que encabezaron dictaduras personalizadas, salvo aquellos que resistieron hasta morir o ser asesinados a balazos, como Rafael Leonidas Trujillo. Pero Alberto Fujimori no tenía el valor para llegar a un final como el del sátrapa dominicano, Y Vladimiro Montesinos lo supera también en ese aspecto: es ‘cobarde como un conejo’, como me lo describió un general hace muchos años. Por eso ambos miserables escaparon con los millones que robaron al pueblo peruano, dejando boquiabiertos y aterrados a sus acólitos y cómplices menores. Porque no todos sus secuaces han acumulados fortunas descomunales como las de Montesinos y Fujimori, ni las tienen en el extranjero, ni pueden ampararse en la nacionalidad japonesa, como aquel individuo que usurpo la presidencia del Perú. Ahora ellos tiemblan, no porque se haya frustrado algún proyecto político o alguna ideología, que jamás tuvieron, sino sencillamente ‘porque se les acabo la mamadera’ - como bien previno una indignada ciudadana a Martha Chávez - y porque ahora corren el riesgo de afrontar las consecuencias penales de sus delitos. El ‘fujimorismo’ ya no existe. En realidad, jamás existió. Para eso se requiere un líder con ideas y Fujimori nunca los tuvo. Fue un pobre diablo, un aventurero, un vivo criollo, un achorado que quiso ser parlamentario y se encontró de pronto, de pura casualidad, producto de circunstancias extraordinarias, sentado en el sillón presidencial. El resto fue obra de uno de los personajes más siniestros y perversos que hayan existido en toda la historia del Perú. Vladimiro Montesinos fue el verdadero gobernante. Y el creo. Con el aparato del Servicio de Inteligencia Nacional y la manipulación de la información, la falsa imagen de un Fujimori estadista, de un gobernante fuerte, que tomaba decisiones rápidas, firmes y valientes. Como desde hace mucho se ha repetido en esta columna, esa solo era una construcción propagandística. Hoy dia eso es obvio, Se le ha visto, ya sin Montesinos que lo guie, desesperado y ridículo, corriendo de un lado a otro sin rumbo ni propósito, tratando solo de salvarse el - ignorando incluso a sus propios hijos a quienes abandono a su suerte cuando escapo al Japón - quedando desnudo en toda su mezquindad y pequeñez. El ‘fujimorismo’ no existe más, como no existió el ‘leguiísmo’ tras la caída de Leguía en los años 30, otro sátrapa y ladrón como él. Sin embargo, están allí los que todavía se hacen llamar fujimoristas. No por cierto, los simpatizantes ingenuos, ya casi extinguidos, sino los sinvergüenzas que usufructuaron el poder durante la dictadura. Esos están allí, y seguirán actuando, tratando de entorpecer la transición. De obstaculizarla, de sembrar el caos, para intentar salvarse, ellos y sus ilícitos negocios. Empezando obviamente por los militares de la camarilla montesinista, que hoy pretenden mantener ilegítimamente el control de las Fuerzas Armadas. El adelanto del retiro de la infame promoción de Montesinos no representa ahora un verdadero avance – tenía que ocurrir de todas formas en diciembre - si es que quedan para sucederlos los generales que ellos mismos han ascendido y designado. Esa intolerable medida debería ser derogada de inmediato por el nuevo Gobierno de transición, La corrompida camarilla militar montesinista es muy débil y solo está blufeando. No tiene manera de impedir que un Gobierno democrático los eche de un plumazo, porque están totalmente desacreditados dentro de la institución militar y absolutamente repudiados por la sociedad. Ese es un plazo clave para garantizar una transición ordenada y unas elecciones limpias. Otro es, naturalmente, la inmediata devolución de Frecuencia Latina y Global a sus auténticos propietarios. La libertad de expresión, en particular en la televisión, es un factor decisivo para recuperar la democracia y tener elecciones libres. Por fin el Perú se está deshaciendo de esa maldita lacra, despertando de una pesadilla. Hay que actuar ahora con mucha prudencia, pero con extraordinaria firmeza para avanzar a una transición ordenada y pacífica” puntualiza la nota. Venga ya, me pregunto, al releer lo que escribió por aquellos años ¿qué pensará ahora ese felón? La lacra fujimorista - como lo describió perfectamente – no ha muerto, sino que ahora está a punto de volver a ser gobierno el próximo 28 de julio y quienes otrora los combatieron, hoy cual perros falderos, están junto a la mesa esperando ansiosos alguna sobra que les arroje la Señora K, heredera política de su padre y quien sin duda tratara de reeditar esa dictadura que tanto añora, y cuyas acciones en un futuro próximo ¿Quizás en el 2031? formaran parte de una nueva serie sobre la corrupción, el autoritarismo y la impunidad en el Perú ¿A qué no?