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martes, 30 de junio de 2026

DOSSIER FUJIMORI: El robo del oro del Paititi

Durante siglos, la mítica ciudad de Paititi ha sido objeto de leyendas y expediciones que intentan desentrañar sus secretos. Según relatos históricos y teorías de diversos investigadores, esta ciudad perdida habría sido el último refugio de los incas, donde ocultaron vastas cantidades de oro para evitar que cayera en manos de los conquistadores españoles. Se cree que Paititi estaría ubicada en algún punto remoto de la selva entre Perú y Bolivia, y aunque su existencia sigue siendo un misterio sin resolver, recientes revelaciones sugieren que pudo haber sido saqueada en los años 2000, con el robo de aproximadamente 2 toneladas de oro puro. De acuerdo con diversas investigaciones, este valioso tesoro habría sido extraído de manera clandestina y enviado a Japón, donde su paradero sigue siendo desconocido. Aunque no existen pruebas concluyentes, algunos exploradores y arqueólogos afirman que el saqueo fue real y que aún podrían quedar vestigios de la riqueza inca oculta en la selva amazónica. La historia de Paititi continúa despertando fascinación y controversia, manteniendo viva la intriga sobre si realmente existe y qué otros secretos podrían guardar la legendaria ciudad dorada de los incas. Según el relato del Padre Juan Carlos Polentini, un sacerdote argentino que estudió la zona, Paititi fue real y estaba ubicada en un área rodeada de cerros, similar a un remolino de montañas. Durante sus investigaciones, Polentini descubrió un manto grabado con inscripciones, que, según su testimonio, funcionaba como un inventario de los tesoros escondidos en la ciudad. Entre los objetos representados en el manto se encontraban valiosos artefactos de oro, como el disco solar inca, la cadena de oro de Huáscar (cuyo grosor era la muñeca de una persona adulta) y otros productos de la metalurgia inca. El Padre Polentini sostiene que los tesoros del Paititi fueron saqueados en 2003 por órdenes de Kenyo Fujimori, con la complicidad de su círculo de poder, y que el oro fue trasladado secretamente a Japón. Según su testimonio, la evidencia del saqueo es clara: “Corría el año 2000, y el dictador Kenyo Fujimori tuvo conocimiento del descubrimiento del Paititi, realizado por quien escribe estas líneas mientras recorría la zona predicando el Evangelio en las comunidades nativas de la zona, y al tener conocimiento de du hallazgo, decidió robar el fabuloso tesoro que albergaba, trasladándolo por helicópteros a Ica y de allí a altamar, donde un barco lo traslado prontamente al Japón. De este saqueo al Patrimonio Nacional fue cómplice su hija Keiko, quien hacía de primera dama del sátrapa, Tengo pruebas de ello”. Este es un testimonio dinámico de Polentini, expárroco de Lares (Cuzco), extraído del capítulo final de su libro El Paí-Titi: Padre Otorongo (Editorial Salesiana, Lima, 1999), donde da cuenta del mayor saqueo de la Historia Inca, el cual por su interés, os presentamos entrecomillado ¡vale?: “Tomé la parroquia de Lares en 1970, cuando Monseñor Ricardo Durand era obispo del Cuzco. Esta parroquia tiene más de 200 comunidades y me propuse visitarlas al menos una vez al año, así que comencé a recorrerla enterita. A los nueve años y medio entré a estudiar con los salesianos del Rosario para aprender carpintería. A los seis meses, ya con 10 años, me invitaron a ser salesiano y les dije que sí. Hice la primaria, la secundaria, la Normal de maestros y el noviciado, saliendo con el título de profesor. Luego vino el trienio de teologado. En 1971 me ordené como sacerdote en Córdoba (Argentina) y a los dos meses ya estaba en el Perú como misionero, donde me quedé por 50 años. Como buen ‘burro’ que fui, tuve un gran aguante para caminar por todas las comunidades y llevar el Evangelio, continuando la labor misionera de las distintas órdenes. Ahora estoy celebrando mi jubileo sacerdotal. Aquí estoy, muy tranquilo; he perdido una pierna, pero me encuentro en mi silla de ruedas, ‘amparado’ por las Hermanas de los Ancianos Desamparados. A mis 84 años, felizmente todavía me puedo mover y aún ‘soplo’, llevando mi sacerdocio con serenidad. Nunca fui una lumbrera, siempre fui el peor de los vagos, pero aquí estoy, haciendo lo poco que podía hacer. Para todos una bendición: que el Señor los mantenga en la fe en estos tiempos de tanta contradicción y escándalo, y que los mantenga unidos y firmes. He meditado mucho, he pensado profundamente y he dudado con cobardía si convenía hacer público lo que ahora, con toda extrañeza, van a leer. Lo haré con la menor cantidad de palabras posible. He juzgado que la verdad debe estar por encima de mis dudas, aunque me traiga problemas por lo abominable que pueda ser. Al final, tantos problemas he tenido en estos años pasados por causa del Paititi, que uno más solo le dará más sabor a la vida. El Paititi ha sido un peso del cual muchas veces me quise descargar y dejar en el abandono - y muchas veces lo hice -, pero era una verdad tan manoseada, vilipendiada, burlada e ignorada, que me exigía hacer algo para sacarla a la luz por el bien del Perú 🇵🇪. Quería desagraviarla con la seguridad que me daban tantas confidencias sinceras oídas y cosas vistas. Lamentablemente, nunca encontré apoyo ni comprensión en los organismos pertinentes. Más bien encontré burlas, críticas, insultos, calumnias, juicios, codicia, intereses personales y engaños de riqueza fácil. Agradezco a los pocos que sí me aceptaron y colaboraron. Mi criterio personal era que algo tan serio, rico y con tanta historia desconocida debía salir a la luz desde la Presidencia del Perú. Traté de hacer gestiones en varios gobiernos, pero siempre recibí un ‘no’ y quedé en ridículo. A Alberto Fujimori, al menos en cuatro ocasiones, le hice llegar documentación que sí recibió; una de ellas en sus propias manos en Calca, en el Valle Sagrado de los Incas. Me dijo: ‘Padre, vamos a hacer la expedición’. Allí terminó todo. A los tres años me enteré del porqué. Él dictador, con toda prudencia, consultó quién era ese cura que tanto lo importunaba con el Paititi, y la respuesta que recibió fue esta: ‘Polentini y sus compinches son una colección de huaqueros’. Sin comentarios. Pecado mortal por calumnia agravada. Este informe perverso fue la causa de todo el desastre que vino luego. En el año 1996 dejé el Cusco y me trasladé a Lima. Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados - y bien desamparado que yo estaba - me dieron asilo en su hogar de la Avenida Brasil, donde continúo mi vejez. En 1998 se presentó en este asilo un alto funcionario de Discovery Channel, proponiéndome hacer el descubrimiento del Paititi con todos los detalles técnicos que ellos manejan. Por supuesto que acepté. Me dejó de regalo un televisor y fue a realizar los trámites. ¡Qué le habrán dicho en el INRENA, en el INC y demás instituciones contra el cura Polentini, que jamás volvió! Gracias al apoyo y ánimo de la señora María del Carmen Rodríguez del Solar, para el mes de junio de 1999 pude publicar el libro Paititi (Padre Otorongo). Solo imprimimos 180 ejemplares, ya que nadie aceptó colaborar. Pensé que al menos con eso no se perdería la investigación. Y no se perdió. Allí daba las coordenadas de la ciudad (obviamente, con un pequeño error adrede). Ya veremos qué pasó. Alguno de esos pocos libros cayó, seguramente, en manos del SIN y de su siniestro jefe, Vladimiro Montesinos. Lo que sigue a continuación no lo digo con ánimo político, ni deseos de acusación o condenación. Es algo que sucedió en mi vida y que pienso debo hacer público por el bien del Perú, para evitar falsas apreciaciones en el futuro, ayudar en el discernimiento de la verdad histórica y por mi propia reputación tras mi muerte: Por el mes de julio o agosto del año 2000, leí en un periódico de Lima que la entonces Primera Dama de la dictadura, Keiko Sofía Fujimori, había creado en la zona alta de Ica - en un lugar con acceso exclusivo para helicópteros - una finca para cultivos de exportación, y que más adentro estaba instalando otras. Me llamó la atención la noticia, pero me pareció ridícula y no le di importancia. Por esas mismas fechas se perdió un helicóptero del Ejército. Se dijo que había caído patrullando la frontera con Ecuador, pero esto fue desmentido por la guarnición militar del norte, ya que esa frontera no necesitaba patrullaje y ellos no tenían asignada esa nave. Rápidamente, los medios dejaron de hablar del tema. Hacia mediados del año 2001, me llegaron comentarios desde el Valle de Lacco, específicamente de la comunidad de San Antonio. Me contaron que, durante muchos meses en el año 2000, habían estado pasando a gran altura, todos los días, helicópteros de ida y vuelta (dos o tres por día). Al principio les llamaba la atención, pero luego se acostumbraron. Ese Valle de Lacco era parte de mi parroquia de Lares, y yo había estado muchas veces en San Antonio cumpliendo mi labor pastoral. En el año 2002, hablando con un piloto de helicópteros - de quien no puedo dar más datos -, me decía que en los círculos de pilotos se comentaba abiertamente que, en el año 2000, Fujimori se había robado el oro del Paititi usando cinco helicópteros, llevándolo directamente al Japón, y que una de las naves se había caído. En otra ocasión, alguien me comentó que ese operativo duró nueve meses, y otra fuente me aseguró que ese oro había salido por Ica. En el mes de agosto del 2003, dos turistas rusos que tenían conocimiento de mi libro quisieron conocer el Mantto. Hacía ocho años que yo no iba, así que los llevé. Al llegar arriba casi me desmayo por el cansancio: tenía ya 76 años y era una subida muy empinada), pero sobre todo por lo que vieron mis ojos. ¡Ahí estaba el fruto del libro! Me dije entonces: es verdad lo que me dijo el piloto. Fujimori, con los cinco helicópteros, se había robado el oro del Paititi... y también del Mantto, por lo que estaba viendo. Aquí estaba la prueba. Había sido técnicamente "huaqueado", saqueado con explosivos. Una roca de unos dos metros y medio de alto por uno y medio de diámetro ya no existía; había sido dinamitada. Donde antes estaba la roca, ahora aparecía el brocal de un pozo de un metro de diámetro lleno de piedras partidas. No sé la profundidad, pero supongo que de allí sacaron una buena tonelada de oro, o más. Había también una especie de vereda, de un metro de ancho por ocho de largo de roca labrada, totalmente dinamitada. ¿Qué estaría ocultando? Seguramente otras cuevas o grutas en la parte posterior de ese mural. Por lo que pude ver, de allí salieron varios metros cúbicos de oro. Recordemos que un metro cúbico de oro macizo pesa 19.3 toneladas. Terminado el pillaje, amontonaron toda la roca dinamitada a lo largo de la base de la roquería, donde antes estaba la vereda (en la que aparezco en una foto antigua). Lo taparon con tierra y encima colocaron champas de gramínea del lugar para que, al crecer, todo quedara oculto. Sin embargo, con el tiempo la tierra se escurrió, el pasto se secó y aparecieron las piedras. El pozo también fue cubierto con tierra que terminó lavándose; allí habían sembrado sorgo, y aún quedaban unas diez plantas entre las piedras. Yo estuve allí tres años luego del robo. Lo peor de todo fue que borraron el precioso mural histórico dejado por los Incas cuando partieron hacia el Paititi. Apenas quedan una o dos figuras. Ese mural era un mensaje de despedida, el último legado de los Incas. Había escenas de guerra, bailes, una cadena, los cuatro suyos del Tahuantinsuyo, catorce Incas y un círculo de triple raya... lo borraron todo para no dejar huellas de su delito. Cualquiera que vaya ahora al Mantto, sin haberlo conocido antes, dirá que allí nunca hubo nada. Lo que la naturaleza no pudo destruir en siglos, ellos lo hicieron en meses. Los Incas, cuando ocultaban estas riquezas, solían dibujar a modo de inventario lo que allí habían colocado. ¿Y si hubieran estado allí las estatuas de oro macizo de los Incas en tamaño natural que nunca se encontraron? ¿Y la fabulosa cadena de uro de Huáscar? ¿Cuántas toneladas de tesoros de gran valor histórico y cultural se perdieron? Allí, en la paccha (caída de agua) del cerro de enfrente, queda llorando a gritos "la Mamá", una figura tallada en la roca junto a sus hijos, impotente y dolorida por el fracaso de su misión de custodiar el legado de los Incas. A ella no la pudieron destruir; queda como un mudo testigo. Hace 40 años, en Choquecancha, recogí la tradición de los ancianos nativos de la época. Me contaron que las estatuas de los Incas estuvieron un tiempo en las hornacinas del muro junto a la plaza, mientras el Inca despachaba durante tres meses a los grupos que viajaban al Paititi, escondiendo tanto peso para no cargar con todo a la vez. Esto sucedió, según los antiguos, mientras los españoles se ausentaron del Cuzco para capturar a Manco Inca en Vilcabamba, quien engaño a Hernando Pizarro convenciéndole de que traería de vuelta las estatuas sagradas de oro puro que sacaron del Templo del Coricancha antes de la llegada de su hermano Francisco. Codicioso, Hernando asintió y lo dejo ir, pero una vez libre, Manco Inca inicio la rebelión contra los españoles. Manco Inca estaba en acuerdo secreto con Huainaapoc (un rey joven), quien según las crónicas había ampliado el Imperio Inca hasta el Gran Paititi, en la Sierra de Parecis (Rondonia, Brasil). Huainaapoc pudo haber sido el Inca que estuvo tres meses en Choquecancha organizando las expediciones. Los que se fueron al Gran Paititi lo hicieron cruzando el Collao, Tiahuanaco, Cochabamba, las Pampas de Mojos y, siguiendo el Río Grande en Bolivia, llegaron a su destino. En las márgenes de este río se quedaron muchos fugitivos para vigilar que no pasaran los invasores; luego recibieron el nombre de Guarayos, cuyos descendientes siguen viviendo en esas selvas. Conocí a algunos de ellos cuando viví un año en Santa Cruz (Bolivia). En ese entonces, yo no sabía nada del Paititi. Justamente, la ciudad de Santa Cruz tuvo su origen como un campamento de organización para las expediciones que salían a conquistarlo, aunque nunca lo consiguieron. ¿Se podrá recuperar esa riqueza incaica robada por Fujimori? ¿O ya la habrán fundido? De seguro, para borrar toda huella de su procedencia. ¿Querrán los japoneses cargar con esta infamia a lo largo del tiempo? ¿Por qué lo nombraron "hijo predilecto" del Japón? Luego de conocer todo esto, tomé un buen mapa del Perú. Tracé con una regla la línea recta más corta para llegar desde el Paititi hacia el mar y esa línea pasaba exactamente por la ciudad de Ica. Fue ahí cuando recordé la finca de la primera dama Keiko Sofia Fujimori en las alturas de Ica, el helipuerto y el traslado directo hacia un barco anclado en alta mar, sin testigos El regreso de los helicópteros traía combustible y víveres para los cargadores (quienes no habrían sido peruanos, exceptuando a los pilotos y mandos, sino miembros de mafias extranjeras). Si hubo algún peruano engañado en ese operativo, tengan por seguro que ya no puede hablar. En otras palabras, ya no está vivo. Ubiqué en el mapa el punto exacto de la comunidad de San Antonio de Lacco: quedaba perfectamente en el trayecto de esa línea recta. Por allí pasaban los helicópteros. Respecto al helicóptero caído, el último informe que recibí de una fuente muy confiable dentro de la Comandancia del Ejército, es que la nave cayó en Mameria, lugar que está en la ruta de esa misma línea recta, justo donde termina el territorio del Paititi. Cayó a poco de haber levantado el vuelo. Lo amañado del informe oficial fue que decía que el helicóptero volaba desde una aparente mina de oro local llevando el cargamento hacia Lima. Sí llevaba oro, es verdad, pero no de una mina inexistente, sino del saqueo ordenado por Fujimori, y su rumbo real era hacia el barco en el mar, para trasladarlo de inmediato al Japón. La caída de ese helicóptero puso fin al operativo de nueve meses, y de inmediato se sucedieron los hechos del gran escape y el nerviosismo político que todos conocemos en el país. Tengo plena conciencia de la gravedad de lo que estoy haciendo público, bajo mi total y única responsabilidad. Estoy anunciando, no denunciando, ya que esto último no me compete a mí. Estas son las consecuencias tristes y horribles de haber publicado mi investigación en el libro PAÍ-TITI, Padre Otorongo. Soy testigo real de cómo era el Mantto antes de ese infame operativo y cómo quedó posteriormente. Ciertamente, lo mismo o peor habrá ocurrido en el propio Paititi. Este no ha sido el robo del siglo ni del milenio: es el robo de la creación de la humanidad. ¿Mil, dos mil toneladas de oro labrado y artístico? ¿O tal vez más? Nadie ha podido robar más que Fujimori y su banda criminal. ¿Cómo será pasar una eternidad fritándose en un charco de oro derretido, condimentado con mentiras, engaños y cómplices? Ojalá que ahora entiendan, de una vez por todas, que el maravilloso Paititi existe y que deben sacarlo a la luz de forma legal. ¿Será posible que los señores del INRENA, del INC y del proyecto PROM-MANU, que operaban por aquellos valles, no se hayan percatado de lo que sucedía? ¿Cómplices del expolio? Claro que sí. Seguramente los geólogos, mineros y el propio gobierno japonés tienen estudiados excelentes proyectos para la explotación de esa fabulosa mina si regresara una dictadura a gobernar el Perú. Pero esto debe hacerlo el mismo Perú para su propio beneficio. No lo vendan, no lo rematen, no lo regalen. Mientras Estados Unidos es un rico sentado sobre un banco de miles de toneladas de dólares, el Perú - como dijo el italiano Antonio Raymondi - es un mendigo sentado sobre un banco de miles o millones de toneladas de oro puro. El Paititi es una riqueza que ha enriquecido indirectamente a todo el mundo, menos a su propio país. Esta mina de oro de los Incas se puede trabajar sin ningún tipo de contaminación. Ellos lavaban el mineral solo con las aguas del río Choritiari, en la laguna cuadrada de Parrime, muy cerca de los grandes hornos de fundición. Esa laguna se conectaba con el centro de la ciudad del Paititi a través de un túnel escalonado de un kilómetro de largo. La laguna ya no existe debido a un aluvión provocado por el derrumbe de la cascada. Era artificial; en ella se decantaba el oro que venía de la mina mediante un sistema de compuertas. Sugiero mejorar la ley del Parque Nacional del Manu para hacerla más realista, inteligente, nacionalista y más humana con los nativos y sus necesidades. Y que sea un grupo peruano el que trabaje la zona, despachando a sus países de origen a todas esas empresas extranjeras que están envenenando los ríos del Perú” puntualizo Polentini. Han pasado 26 años de ese latrocinio cometido por Fujimori, y nada sabemos de lo que sucedió con ese fabuloso tesoro. No es de extrañar por ello que en su infinita codicia - para seguir robando las riquezas del Perú - el sátrapa japones pretendió reelegirse una vez más apelando al fraude, lo que al final, sin embargo, con la difusión de un vladivideo que dejo al descubierto la entraña criminal de su régimen, precipito su caída (Próximo capitulo: El crepúsculo de la barbarie)
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