TV EN VIVO

sábado, 1 de agosto de 2026

PERÚ: Improvisación y populismo

Lamentable discurso dado por Keiko Fujimori al asumir el cargo de Presidenta de la Republica en el Congreso el 28 de julio, donde no dijo nada de nada, solo absurdas generalidades, populismo barato y promesas vacías que sabe que no cumplirá. Lo único rescatable fue su corta duración. Anuncio, por ejemplo, el desmesurado incremento del gasto público, como aumentar el sueldo mínimo vital, cuando dijo todo lo contrario en su campaña electoral, criticando severamente a sus adversarios políticos que lo ofrecían; Dijo que planea construir las líneas 3,4, 5 y 6 del metro de Lima, así como en ciudades del interior del país andino, cuando han pasado 14 años y la Línea 2 de Lima - cuya construcción va a paso de tortuga - no se sabe cuándo se va a terminar, aparte claro esta del coste que representa esa multimillonaria inversión prometida ya que el Estado no se encuentra en la capacidad de hacerlo, a lo que debemos agregar que en cinco años es materialmente imposible que todas ellas estén terminadas y en pleno funcionamiento, incluso si al día siguiente de anunciado, se las comenzara a construir al mismo tiempo, Y si a ello agregamos a la nueva Carretera Central que también ofreció, es demagogia pura, buscando el aplauso fácil de la tribuna; Asimismo, dijo que las FF.AA, ahora se encargaran de luchar contra la inseguridad ciudadana, lo cual contraviene la Constitución ya que el ejército no está preparado para ello, y que además, ya ha estado colaborando desde hace años con la Policía en ese asunto y ha quedado demostrado que ha sido un fracaso absoluto; Hablo de “reconciliación” cuando no pronuncio en ningún momento sobre los 60 muertos en el sur del Perú durante la asonada senderista en el 2023, de lo cual el fujimorismo es considerado responsable por haber “blindado” en el Congreso una otra vez a Dina Boluarte de aquella violenta represión. (Ni siquiera se puede “reconciliar” con su hermano Kenyi, a quien por poco envió a la cárcel por estar en desacuerdo con ella, y que ahora no se pueden ni ver). Y como si fuera poco, su primer gabinete está integrado de fracasados ex ministros de anteriores administraciones, oportunistas del más variado pelaje que hasta ayer la criticaban duramente e improvisados a todo nivel, nombrando a un empleado de la embajada estadounidense como Canciller, un periodista deportivo como ministro de Cultura, un vendedor de acero como ministro de Salud, un desocupado como ministro de Transportes y así por el estilo... Figuras decorativas donde el mando lo va a tener ella. Como sabéis, poco antes de que la Señora K se dirigiera por primera vez al país como presidenta de la Nación, los congresistas de la oposición - tal como habían anunciado - se retiraron del Hemiciclo. Portaban fotos impresas en blanco y negro de los terroristas muertos en los últimos años. Gritaban “justicia”. Otros simplemente la abuchearon. En ese momento, Keiko Fujimori, quien suele manejar sus emociones al milímetro, empezó a pestañear repetidamente, con el rostro desencajado. Fue el primer gesto de rechazo institucional hacia un gobierno que llega al poder en un país fracturado. Como hizo durante toda la campaña, situó la inseguridad ciudadana en el centro de su anodino primer discurso como presidenta. En una nación golpeada por la extorsión y el crimen organizado, anuncio que las FF.AA. “asumirán un rol protagónico en el combate contra la delincuencia” y aseguro “devolverle el respeto” a la Policía Nacional. Para ello, ofreció un “ambicioso proceso de modernización tecnológica” que incluirá sistemas de videovigilancia interconectados, herramientas de inteligencia artificial para anticipar y mapear el delito y un fortalecimiento de labores de inteligencia. “La lucha no será únicamente contra el delincuente común. Iremos tras las mafias nacionales e internacionales que financian la extorsión, el sicariato, el narcotráfico y la minería ilegal” afirmó. El anuncio más polémico fue el del papel que desempañaran los militares en la seguridad interna, en la lucha contra el crimen. Fujimori dejo entrever que declarara en estado de emergencia diversas ciudades del país y que, en esos territorios, los militares asumirán un papel activo en el control del orden público. “Durante los estados de emergencia, las FF.AA. asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control del orden interno en estrecha coordinación con la Policía Nacional, hasta restablecer plenamente la autoridad del Estado y devolver esos territorios a los ciudadanos” anunció. Fujimori aseguro haber encontrado un “Estado a la deriva” que pretende fortalecer, e hizo hincapié en la desigualdad, en atender a los que “históricamente han sido relegados”. Para eso, dijo que va a reorganizar los programas de ayuda sociales y que va a relanzar el Programa Nacional de Asistencia Alimentaria, creado durante la dictadura de Kenyo Fujimori para distribuir alimentos a poblaciones empobrecidas - especialmente a escolares - con claros fines electorales. Agrego además priorizara la primera infancia con la meta de reducir a la mitad la desnutrición crónica infantil y la anemia. “Hoy el 12% de los niños menores de cinco años sufre desnutrición crónica y el 35% padece anemia. Reduciremos ambas cifras a la mitad, concentrando el esfuerzo en las poblaciones más vulnerables” sostuvo demagógicamente. Mientras a varias cuadras del Congreso, frente al Palacio de Justicia, otro símbolo reforzaba esa misma idea. Decenas de izquierdistas participaron en un lavado de la bandera peruana (sumergida en agua y jabón para ‘limpiarla’ simbólicamente), una acción de protesta que evoco las movilizaciones de comienzos de los años 2000, cuando se convirtió en un emblema del rechazo a la corrupción generalizada durante el ocaso del régimen dictatorial de Kenyo Fujimori. Esta vez, los organizadores afirmaron que buscaban “limpiar al país del mal” y expresar el rechazo al retorno del fujimorismo al poder. En su primer mensaje presidencial, Fujimori dedicó apenas unas frases “a la reconciliación nacional” y evitó pronunciarse sobre dos asuntos que marcaron buena parte de la campaña y de su herencia política: las violaciones de derechos humanos y su propuesta de retirar al Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. “Estoy empeñada en lograr que los objetivos de orden y de reconciliación nacional sean términos perfectamente compatibles (...) Hago un llamado a las fuerzas políticas de la oposición: tendamos los puentes del diálogo; pensemos en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”, afirmó durante su discurso ante el Congreso. Para el analista político José Carlos Requena, esos silencios forman parte de una decisión deliberada, “No quiere discutir esos temas. No les quiere dar mayor relevancia, No quiere sentir que le imponen algunos cánones. Es una omisión convencida”. La estrategia parece orientada a desplazar el debate hacia la seguridad, la economía y las gestiono publica, ámbitos en los que el nuevo Ejecutivo pretende construir sus bases. Como su padre el dictador, quien hizo del tractor su insignia, Keiko Fujimori ha situado la infraestructura en el centro de su proyecto de Gobierno. En su primer Mensaje a la Nación prometió conectar el país mediante nuevas carreteras y corredores logísticos para fortalecer la producción y acercar los mercados. También ofreció culminar la Línea 2 del Metro de Lima - una obra iniciada en el 2014 que, tras sucesivos retrasos, sigue inconclusa - y ejecutar las líneas restantes de la red. La apuesta responde a un problema tangible. La infernal congestión vehicular se ha convertido en uno de los mayores costos para la productividad de la capital peruana. Según la Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN), los habitantes de Lima y Callao pierden, en promedio, 198 horas al año atrapados en el tráfico, con unas pistas en pésimo estado de conservación y ocupados en su gran parte por vendedores informales. Fujimori anuncio además la puesta en marcha de sistemas de Metro para Arequipa, Piura y Trujillo, así como la culminación de proyectos emblemáticos como la nueva Carretera Central. Sin embargo, el discurso dejo abiertas las principales interrogantes, La Señora K no explico como financiará ese ambicioso paquete de infraestructura, cuál será la hoja de ruta para ejecutarlo ni en que plazos espera concretarlos. El equipo económico de la excandidata presidencial Marisol Pérez Tello ha calculado que solo una parte de dichas obras tendría un coste de 76,900 millones de soles (unos 22,600 millones de dólares), el cual equivaldría al 7% del Producto Bruto Interno. “Les recuerdo que la esperanza debe acompañada de realismo, compromiso y trabajo”, cuestiono la exministra de Justicia. Fujimori también anuncio que elevará el salario mínimo de 1,130 soles (332 dólares). El anuncio supone, además, un giro respecto de su discurso de campaña. Entonces cuestiono la misma propuesta de su rival, el ultraizquierdista Roberto Sánchez, al considerar hipócritamente que “buscaba el aplauso fácil”. Ahora, ha hecho suyo ese compromiso y lo ha incorporado entre las primeras decisiones de su Gobierno. Sin embargo, evito precisar cuándo entrará en vigor el aumento y bajo qué criterios económicos se implementará. El experto en finanzas Jorge Carrillo Acosta sostuvo que el aumento del sueldo mínimo podría generar mayor informalidad laboral, ya que “generara un sobrecosto para muchas empresas, sobre todo para las medianas y pequeñas” indico. “El empleador se verá obligado a pagarle a sus empleados por fuera de planilla. O en todo caso, la empresa se vera obligada a despedir trabajadores, generando un perjuicio mayor al beneficio que se pretendía conseguir” explico. Cabe precisar, por último, que la encuestadora IPSOS público un sondeo antes de la toma de mando. Ante la pregunta de qué sensación produce la elección de Keiko Fujimori como presidenta, el 39% de los encuestados respondió “preocupación”, superando al “optimismo” (37%) y también a la indiferencia (16%). De seguro, luego de escuchar su discurso, el grado de desaprobación ha aumentado. Mal comienzo para la Señora K y su verborrea demagógica, quien no espero asumir el cargo y fiel a su palabra de “gobernar como su padre”- no tardo ni un segundo en comprar el voto de una tránsfuga de la “izquierda”, para asegurarse el control del Senado - pero que fracaso en su intento de hacerse con el control de la Cámara de Diputados, a pesar de los ofrecimientos hechos a varios integrantes de la oposición para cambiarse de bando (tal como denuncio un representante de Ahora Nación) demostrando que el fujimorismo nunca cambiara y lo seguirá intentando cada vez que quiera que sus proyectos de ley sean aprobados en el Congreso. Lo triste de todo es, tal como lo proclama un siempre lucido Cesar Hildebrandt, a los peruanos les esperan “cinco años (al menos así lo prometió) de fujimorismo, cinco años de vivir al borde del abismo y la amenaza, cinco años de simulaciones y zarpazos”. Lo que sucederá de ahora en adelante, ya lo podéis imaginar....
Creative Commons License
Esta obra está bajo una Licencia de Creative Commons.