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sábado, 1 de julio de 2023

PERÚ: Hundido en su inmundicia

Como podéis suponer, nos estamos refiriendo al delincuente terrorista Pedro Castillo (alias Abimael 2.0) quien se encuentra en la cárcel por golpista y por ladrón, el cual semana a semana sufre continuas derrotas en el Poder Judicial al quedar desbaratada toda la estrategia montada por sus abogados quienes con absurdos argumentos tan grotescos como risibles, buscan la manera de que salga de prisión, sin conseguirlo. Como sabéis, este analfabeto filosenderista que llego al poder mediante el fraude, cumplirá la próxima semana 7 meses tras las rejas, como consecuencia del golpe de Estado que dio el pasado 7 de diciembre con el objetivo de instaurar una sangrienta dictadura comunista y que fracasó miserablemente a las pocas horas, siendo capturado públicamente por la policía y enmarrocado como un vulgar delincuente, mientras huía desesperadamente por las calles de Lima. Desde entonces, no ha cesado en su empeño de tratar de evadir a la justicia, que lo condeno a 36 meses de prisión preventiva, en espera de su juicio, donde por la gravedad de sus múltiples delitos cometidos, le espera una sentencia entre 30 a 35 años de prisión. Pero hay algo que no ha tomado en cuenta para pretender salir de la cárcel, y es la pésima labor de su defensa legal que ha logrado lo impensable: ser tan caótica como el régimen del mafioso al que patrocinan. En efecto, desde su entrada en la DIROES, el burro chotano ha contado, con al menos 17 abogados. Los ha tenido de todo tipo. Algunos más estridentes que otros. Algunos más enfocados en defenderlo en la esfera internacional que a nivel interno. Están también aquellos que lo acompañan desde hace varios meses y quienes ejercieron su defensa durante apenas un puñado de semanas. Y no faltan los que tuvieron algún cargo público durante su administración, como los exministros Aníbal Torres y Walter Ayala. Todos ellos, sin embargo, han logrado ser un desastre. Ese es, a decir verdad, el único logro que han obtenido en conjunto, porque, hasta el momento, todos y cada uno de los variados - y muchas veces descabellados - recursos que han presentado ante diferentes instancias del Poder Judicial han sido rechazados. Ni siquiera han sido capaces de urdir una estrategia uniforme para defender a su cliente y, más bien, entre ellos parece haberse establecido la máxima de buscar el mayor protagonismo posible a costa del resto. Un esfuerzo bastante cuestionable, por cierto, ya que no olvidemos que, a fin de cuentas, se trata de defender a quien intentó subvertir el orden constitucional y que, una vez que vio naufragar sus planes, intentó cobardemente huir a Méjico. En estos casi siete meses desde el zarpazo de Castillo, sus abogados se la han pasado difundiendo una retahíla de alegatos para justificar lo injustificable tan disímiles que resulta imposible tomarlos en serio. El mismo día del golpe, por ejemplo, Víctor Pérez Liendo afirmó que se pretendía procesar a su patrocinado “por meros anuncios de voluntad o intención que no configuran ningún ilícito penal”, refiriéndose a las decisiones de Castillo de disolver el Congreso, reorganizar el sistema de justicia, instaurar un estado de emergencia y gobernar por decreto anunciadas en su mensaje a la nación. Sin embargo al día siguiente, Guillermo Olivera se sacó de la manga el recurso de que ese oscuro individuo “no se encontraba en sus cabales” cuando leyó el discurso golpista en la televisión. “Cuando leyó ese mensaje escrito por otros, unos minutos antes le dieron una bebida y luego de beber el agua se sintió como atontado. Por eso es que leyó. [...] Estaba un poco sedado”, afirmó. A los pocos meses, no obstante, su nuevo abogado argentino Guido Croxatto conto en una entrevista que Castillo tenía siete discursos diferentes el día del golpe y que optó por leer “el más suave”. Una revelación que echaba por tierra la versión de Olivera y que, para variar, quedó posteriormente desacreditada por su colega Eduardo Pachas, quien afirmó que Castillo leyó el mensaje golpista debido a que se hallaba “con amenazas de muerte hacia su persona” (?) Ahora, además, a las diferencias de versiones entre los abogados del aprendiz de dictador se han venido a sumar los ataques directos entre ellos. Esta semana, Olivera calificó de “entreguista” al exministro Aníbal Torres por haber firmado, en calidad de defensor legal, el acta de detención de Castillo el día del golpe, y lo acusó de haber desempeñado “un rol teleridigido, un rol encubridor”. Según fuentes consultadas, además, Olivera se habría convertido en el agente discordante en el interior del equipo de abogados de Castillo debido a su afán de “figurar, de ser el jefe”. Y en las últimas semanas ha pasado a fungir de vocero de la estrategia legal - en el sentido, claro está, de que esta exista - del golpista, anunciando, por ejemplo, las movidas de abogados de un caso a otro. Como imagináis, el patético espectáculo que dan los abogados de Castillo termina emulando en muchos aspectos lo que fue su nefasto régimen, y daría risa si no fuera porque estamos hablando de un asunto tan serio como el procesamiento de quien trató de liquidar la democracia peruana. Y el sainete montado por sus defensores legales no debería eclipsar esta verdad incontestable. No cabe duda que estos continuos reveses legales representan una derrota significativa para ese impresentable sujeto - que pretendía hacer realidad el sueño de su idolatrado líder, el despreciable genocida senderista Abimael Guzmán de instaurar en el Perú una “república popular de nueva democracia” - ya que la investigación por rebelión en su contra continuará. El proceso legal seguirá su curso, y se espera que se lleve a cabo cuanto antes. Esperemos que el Poder Judicial dé su veredicto sin mayores contratiempos y lo castigue ejemplarmente. No se puede vivir bajo el imperio de la ley si no se sanciona a los que violan y se burlan de la justicia ¿No os parece?

martes, 27 de junio de 2023

LA CASA MARSANO: Desaparecida por la codicia

Siempre me he preguntado porque los peruanos no valoran lo que tienen y permiten que testimonios de su pasado se encuentren abandonados y desaparezcan en medio de la incuria e indiferencia. Vemos por ejemplo como sus templos indígenas - llamados ‘huacas’ - terminan convertidos en basurales, si es que tienen suerte, ya que generalmente son destruidos por los invasores de terrenos, que arrasan con ellas para levantar sus casas ¿Y las autoridades? Bien gracias. Pero ello también ocurre con otras edificaciones tanto de los felices tiempos del virreinato - que se encuentran en Rímac o Barrios Altos, que se caen a pedazos - como de la época republicana ubicados en Santa Beatriz, Magdalena, Pueblo Libre o Jesús María, que son reemplazados por edificios multifamiliares. El caso que vamos a tratar a continuación es sobre una majestuosa edificación que se encontraba en la otrora aristocrática avenida Arequipa (en Miraflores) y que hoy es parte del recuerdo por culpa del actual alcalde de Lima Rafael López Aliaga, cuya empresa era propietaria del inmueble, quien ordeno sorpresivamente su demolición al enterarse que iba ser declarada monumento nacional y por lo tanto, un bien intangible. Nos referimos a la Casa Marsano - también llamado Palacio Marsano - inaugurado con mucha pompa en 1941, y llamo la atención porque en esa época ya no se hacían grandes mansiones. Su propietario, el italiano Tomas Marsano la mando construir así porque quería algo grandioso para celebrar sus Bodas de Oro matrimoniales. El arquitecto e historiador José García Bryce describe la casa como sigue: "Era de tipo francés, una casa de estilo clásico con columnas, frontis con triangulación sobre la parte superior, muchos frisos y toda la clásica ornamentación francesa. No era de un estilo puro, era más bien una arquitectura ecléctica que también usaba otros elementos". Tenía además una mansarda especial sobre la entrada, es decir un remate curvo encima del pórtico. "las mansardas por lo general son rectas, pero esta tenía una forma curvada, parecía una cúpula achatada de base cuadrada. Era algo que resaltaba y caracterizaba a esta mansión", concluye Bryce. Con el paso del tiempo, el inmueble llego a manos de la empresa hotelera "Perú Real State" de Rafael López Aliaga cuyos planes iníciales - afirmó - “eran conservar el diseño original y construir una sucursal de la cadena internacional de hoteles Hilton, en la zona de estacionamiento” lo cual era mentira porque desde el comienzo tenía pensado demolerlo. Al descubrirse sus verdaderas intenciones, se alzaron muchas voces de protesta que los inversores se retirasen del proyecto. Y es así que para evitar que se paralice su demolición, esta se llevo a cabo en el 2002 sin contar con el permiso de la Municipalidad de Miraflores. Hoy se levanta en el lugar un horrible construcción “moderna” donde venden equipos de computo. Para lograr su vil propósito, Porky tuvo la complicidad de las corruptas autoridades del Instituto Nacional de Cultura (INC) que se negaron a declararlo como monumento histórico. Así, el por entonces director de esa institución César Coloma, se opuso a su inscripción “por la modernidad del edificio y por no ser de estilo arquitectónico peruano, que en consecuencia, no contribuye a la arquitectura local". Tremenda ignorancia en tan pocas palabras de quien no hizo nada por conservar el patrimonio histórico de la ciudad. Casas coloniales eran derribadas en nombre del “progreso” y el sujeto en cuestión nada decía y mucho menos se oponía. De igual manera, Miguel Cruchaga, por entonces decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, dijo que "no se debe pensar que este tipo de inmuebles son intocables. Dentro de la libertad de cada propietario es legitimo que se haya demolido, más bien me parece tonto pensar que no se pueda hacerlo". Claro, el ya tenía conocimiento de antemano de los planes de López Aliaga de deshacerse del edificio. Qué diferencia con el cercano San Isidro, donde se levantan imponentes mansiones de estilo Tudor, muchas de ellas convertidas en sedes de embajadas, un distrito que conserva muchos rincones que parecieran sacados de alguna ciudad europea. Que lastima que exista gente como las anteriormente mencionadas que por razones estrictamente monetarias permitan que se destruya su herencia. Ahora se comprende que siendo Alcalde de Lima, Porky no haga nada por ella. ¿Y sus promesas de campaña? El viento se los llevó.
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