Luego de tres campañas presidenciales fallidas, años de problemas legales, entradas en la cárcel por corrupción y más de una década como líder de una oposición que dividía a la sociedad con sus maniobras desestabilizadoras, Keiko Fujimori ha conseguido por fin el cargo más alto del país andino al convertirse en la primera mujer electa como presidenta de Perú. Su victoria devuelve al poder al movimiento político fundado por su difunto padre, Kenyo Fujimori, a 26 años del colapso de su régimen autoritario en medio de sonados escándalos de corrupción y violaciones a los Derechos Humanos, que lo obligo a huir del país, para que luego de unos años, ser extraditado y condenado a 25 años de prisión por Crímenes de Lesa Humanidad, que cumplió casi hasta su muerte en el 2024. Según el recuento definitivo publicado el pasado lunes por las autoridades electorales, Fujimori, de 51 años, venció a su rival político de izquierda, Roberto Sánchez, por 49.641 votos, con lo que se pone fin a una de las elecciones más reñidas de la historia del país. De esta manera, cuando Fujimori asuma el cargo el 28 de julio, se unirá a un grupo cada vez mayor de líderes conservadores latinoamericanos, lo que reforzará un giro hacia la ultraderecha en toda la región y podría impulsar los esfuerzos de Donald Trump por ampliar la influencia de Estados Unidos en el hemisferio, su “patio trasero” amenazado por China. Fujimori heredará un país maltrecho por años de inestabilidad política originada por su propia organización; un aumento de los crímenes violentos por parte de la delincuencia venezolana (llegados en masa al Perú desde la época del judío Pedro Pablo Kuczynski, que abrió las fronteras de par en par a cerca de dos millones de esos indeseables, los cuales desde entonces, desataron el terror y la violencia extrema nunca antes visto en las calles); así como una profunda desconfianza hacia la corrupta y desacreditada clase política peruana, que solo buscan acceder a puestos del Estado para ROBAR a manos llenas todo lo que puedan. Y el Congreso es un claro ejemplo de ello, manejado por un pacto corrupto liderado por el fujimorismo. Keiko ha prometido restablecer el ‘orden’ en el Perú con el mismo enfoque inflexible que utilizó su padre, Kenyo Fujimori, para derrotar a grupos terroristas como Sendero Luminoso y el MRTA en la década de los noventa. Durante su campaña, ella repitió que la elección era una disyuntiva entre “el orden o el caos”. Para sus seguidores, Fujimori representa el regreso a un liderazgo firme tras años de gobiernos pusilánimes que se sucedieron sin cesar. Sin embargo, sus detractores la ven como la heredera de un movimiento político autoritario que debilitó las instituciones democráticas y cuyo negro historial de ser actualmente el poder en la sombra controlando las instituciones del Estado - en especial el Congreso - vacando presidentes uno tras otro, sugiere que podría erosionar aún más la frágil democracia y el Estado de derecho del Perú. Por cierto, el resultado electoral puso en evidencia lo dividido que está el país. La contienda fue la tercera segunda vuelta presidencial más reñida en los 204 años de historia del Perú, solo superada por las elecciones que ella perdió por un estrecho margen en el 2016 y el 2021. El resultado también fue histórico en otro sentido: Fujimori es la primera persona electa presidenta a pesar de haber recibido menos votos dentro del Perú que su oponente. Su victoria se debió únicamente al fuerte apoyo recibido de los peruanos que viven en el extranjero, muchos de los cuales emigraron a Estados Unidos y Europa durante las crisis económicas y la violencia política de las décadas de 1980 y 1990. “Dentro del Perú, ella no ganó”, dijo Patricia Zárate, una analista política peruana. “Su victoria va a ser difícil para aceptar para un sector importante de la población, ya que medio país voto en su contra y están convencidos de que gano mediante el fraude, manipulando los votos del exterior” expreso. En tanto este viernes, tras ser proclamada oficialmente como ganadora de los comicios por el JNE, Fujimori dio su primer discurso, prometiendo representar a todos los peruanos, dijo: ‘Hoy comienza una nueva etapa en el Perú. Tenemos que entender que nuestro país está fragmentado y vamos a tener, sobre todo, que tender los puentes de unidad y reconciliación’. No está claro si los peruanos creen que lo vaya a hacer, dadas las entrañas autoritarias del fujimorismo, donde siempre han visto al adversario político o a un periodista independiente que no se alinee con su narrativa, como un enemigo al cual hay que exterminar. Intolerantes al extremo, buscan una sumisión total antes que un dialogo con sus oponentes, a quienes, si no logra ‘convencerlos’ por las buenas, lo hará por las malas mediante la fuerza bruta y la represión. “Yo sé que siempre se ha dicho que un político es mentiroso por naturaleza, por lo que estoy convencida especialmente que Keiko Fujimori se ha ganado la fama de que no le puede creer ni una sola palabra que sale de su boca”, dijo Zárate. “Su nula credibilidad es un hándicap con el que va a tener que luchar. Y va a tener que admitir, como ya lo empezó a hacer en campaña, que cometió errores. Pero no solo hacerlo con palabras, sino también con acciones, si realmente quiere ser mínimamente creíble. Pero conociéndola como la conozco no hará nada de ello El dialogo y la reconciliación que ahora ofrece no va con ella y lo que declaro son solo palabras al viento” apunto. En los últimos 15 años, aunque perdió sucesivamente tres elecciones presidenciales - ante Humala, Kuczynski y Castillo - se ha convertido en una de las políticas más influyentes del Perú, más poderosa que los presidentes que se han ido turnando en el cargo desde 2016, donde, o bien están en la cárcel o actualmente procesados por corrupción. En tanto, Fuerza Popular, el partido que Keiko Fujimori fundó luego de que su padre fuera encarcelado por abusos contra los derechos humanos, se ha convertido en una de las fuerzas políticas más disciplinadas del país, algo poco habitual en un país conocido por sus alianzas políticas volátiles y “vientres de alquiler” que se crean para cada proceso electoral, desapareciendo tras finalizar este. “Fuerza Popular ha usado su influencia en el Congreso, donde ha hecho un pacto mafioso con otras fuerzas políticas, para derrocar a cuatro presidentes, al mismo tiempo que protege a sus aliados políticos de las investigaciones por corrupción” añadió Zárate. “Luego de perder las elecciones del 2021 frente al izquierdista Pedro Castillo, Fujimori pasó semanas denunciando un fraude electoral generalizado - como hoy lo hace Sánchez, o en primera vuelta hizo lo propio López Aliaga - sin aportar evidencia alguna e intentando además anular los votos de las regiones andinas que le fueron adversos, en su mayoría pobres. Esos episodios han contribuido a consolidar su imagen entre muchos peruanos como una política corrupta dispuesta a manipular las instituciones a su antojo para afianzar su poder” sostuvo. En los últimos comicios, Sánchez obtuvo un apoyo abrumador en muchas regiones rurales y de mayoría indígena, que en el 2021 apoyaron a Castillo. Los votantes de esas zonas fuertemente ideologizados desde hace años por políticos de izquierda, culpan a Fujimori y a la clase política conservadora peruana concentrada en Lima, de haber respaldado al gobierno de Dina Boluarte, cuya violenta represión de la asonada terrorista surgida tras la destitución y captura del golpista Castillo, acabó con la vida de decenas de facciosos. “Boluarte término ‘blindada’ por los fujimoristas y sus aliados del Congreso, mientras que el corrupto Fiscal de la Nación, integrante de la organización criminal ‘Los Cuellos Blancos del Puerto’, en coordinación con ellos, la ha ido ‘limpiando’ de todos los cargos por los que fue acusada” añadió. Sin embargo, el anuncio del triunfo electoral de la hija del ex dictador supuso una reivindicación muy esperada del legado de su padre para los fujimoristas, que lo consideran “un héroe” que salvó al país de la ruina económica y de la amenaza comunista que representaron Sendero Luminoso y el MRTA. Muchos ven a Fujimori como un contrapeso muy necesario frente a quienes le sucedieron, considerados corruptos e ineficaces. Yolanda Díaz, una administradora de empresas en Lima, dijo que el padre de Fujimori estaría orgulloso de ella porque ha seguido adelante por lo que consideraba era el bien del país, “a pesar de la campaña de odio y mentiras de la izquierda” asevero. Sin embargo, sus críticos opinan todo lo contrario, ya que consideran a Fujimori un ladrón y un genocida. Aparte de ello, están convencidos que el gobierno de su hija Keiko será uno de venganza, dispuesta a desquitarse de cada uno de sus críticos. Como sabéis, en estas últimas semanas previas al proceso electoral, el fujimorismo ha exhibido desvergonzadamente todo su poder, ya que, de facto, aparte de controlar todas las instituciones, gobierna el Perú desde el Congreso. Ha legislado para tener una Ley de Amnistía, para ‘blindar’ a las FF.AA. y la Policía Nacional de juicios y persecuciones por parte de jueces y fiscales caviares, a los cuales, por cierto, busca “barrerlos” del Poder Judicial - tal como lo ha prometido el actual presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, otrora rabioso critico de Kenyo Fujimori y hoy reconvertido en un acérrimo defensor de su hija. A ello debemos agregar también que se están preparando desde el primer día para perseguir a los periodistas críticos del fujimorismo. Ello quiere decir que a quienes no se alineen con el nuevo régimen, les caerá “todo el peso de la ley” para silenciarlos, tal como ocurría durante la dictadura fujimorista de los años 90. Pero estas acciones de intimidación son visibles. No han sido maquinaciones secretas que aguardan una proclamación para efectuarse, porque este proceso ya está en marcha. A nadie se le escapa, que, con su triunfo electoral, a Keiko se le estará dando más poder de lo que actualmente tiene, y lo usara de manera abusiva para eternizarse en el poder. Es iluso pensar que luego de más de 15 años de intentar llegar a presidencia, una vez en Palacio, se retire pacíficamente al cumplir su mandato el 2031. El fujimorismo ha vuelto al poder para quedarse ad infinitum y espera esta vez que nada ni nadie le impedirá cumplir su deseo. El ‘orden’ prometido por la hija del sátrapa será la continuación del status quo vigente, y todo aquel que no esté de acuerdo con ello, se enfrentará a un Poder Judicial ya sumiso a las órdenes de la jefa de la Yakuza, como en los felices tiempos de su padre, que dejo un legado de terror que ha prometido continuar. Sera “el país de las maravillas” cuyo ignominioso final aun esta por escribirse...