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sábado, 22 de agosto de 2026

EE.UU.: Enemigo mío

Como recordareis, hace unos meses atrás, el Criminal de Guerra, maldito pedófilo y violador de niños Donald Trump recorrió con la mirada la sala llena de líderes latinoamericanos reunidos en la cumbre inaugural del Escudo de las Américas, en Florida, y vio reflejados en ella a sus aliados políticos: cipayos a los que había respaldado públicamente y gobiernos afines a MAGA que están a sus órdenes, cual perros falderos. Vio al por entonces presidente electo de Chile, José Antonio Kast, un conservador respaldado por Trump que había ganado las elecciones por una amplia mayoría, y al sátrapa salvadoreño Nayib Bukele, quien había cerrado un acuerdo de 4,7 millones de dólares con Estados Unidos para albergar a deportados sospechosos de actividades de pandillas, el cual por cierto, ha anunciado su deseo de reelegirse indefinidamente, algo de lo cual la prensa conservadora - demostrando su complicidad con este demagogo - no dice una sola palabra, pero si se tratara de alguien afín a la izquierda (como el dictador nicaragüense Daniel Ortega, de quien nos ocupamos la semana pasada), les faltaría espacio para denunciarlo incesantemente. También se encontraban presentes en dicho encuentro, el argentino Javier Milei, uno de sus más abyectos lacayos, a quien había respaldado y ofrecido un rescate de 20 mil millones de dólares, y el hondureño Nasry Asfura, quien había logrado una ajustada victoria con el apoyo de Trump. “Están perdiendo y me ruegan que los apoye. Les doy mi apoyo y ganan por 30 puntos”, dijo Trump al grupo presente. “Si pude vender eso, ¿hay alguna manera?” Por primera vez entre los presidentes estadounidenses de forma abierta, Trump ha respaldado a candidatos y favorecido a gobiernos latinoamericanos que, de manera desvergonzada, se muestran sumisos a los Estados Unidos. Para ello revivió una vieja doctrina del siglo XIX (la llamada Doctrina Monroe, ‘rebautizada’ como Doctrina Donroe), como un instrumento para la intervención estadounidense en América Latina, utilizando su poderío militar y amenazando con retener la ayuda económica o imponer aranceles a sus exportaciones, con el objetivo de extender la influencia de Estados Unidos en la región y tenerlos bajo su control. El objetivo: revitalizar el dominio estadounidense en el hemisferio occidental, tratando de expulsar a China, cuyas inversiones - e intereses - en la región no cesan. Para lograrlo relanzo el 7 de marzo, la renombrada Alianza Escudo de las Américas, una coalición que ha reemplazado de facto la cumbre de la era Clinton que reunió a líderes de toda la región con diferentes tendencias políticas. Pero a diferencia de esa reunión, en la organizada por Trump solo se encontraban sus incondicionales. Se dice que esta nueva alianza “se centrara en el uso de la fuerza militar letal para eliminar a presuntos narcotraficantes” aunque lo cierto es que de esta manera tratara de “justificar” sus intervenciones militares en la región. Bastara que a un gobierno hostil se le acusé de estar coludido con el narcotráfico y lo ataque, tal como sucedió con Venezuela, donde el verdadero motivo era apoderarse de sus inmensas reservas de petróleo - que el mismo Trump admitió - pero de “restaurar la democracia” que era el pretexto para intervenir en dicho país, ya no se habla, ni está en su agenda. En el último año, Trump además ha ejercido su influencia en Ecuador para llevar a cabo ataques militares contra presuntos narcotraficantes y ha respaldado a líderes conservadores en Chile, Honduras y Colombia, cuyo nuevo presidente asumió el cargo el 7 de agosto. Aún está por verse cómo la influencia de Trump podría afectar las elecciones presidenciales de octubre en Brasil, el país más importante de Latinoamérica. “Estos no son los gobiernos conservadores que se habrían sentido identificados con George W. Bush”, afirmó William LeoGrande, profesor de la American University especializado en política latinoamericana. “Son de extrema derecha. Y algunos de ellos, obviamente, son auténticos antisistema, como el propio Donald Trump” indico. La expansión del movimiento MAGA le ha brindado a Trump la oportunidad de apoyar a candidatos afines en América Latina, según declaró un alto funcionario de la Casa Blanca en referencia a los respaldos de Trump, quien lo presenta como una forma de abordar la migración y el flujo de drogas provenientes de América Latina. “Creo que para Trump es satisfactorio sentir y pensar que tiene cierto poder para influir en la política de toda una parte del mundo”, dijo Will Freeman, investigador de estudios latinoamericanos en el Consejo de Relaciones Exteriores. “Como ocurre con muchas cosas, es algo que él cree que Estados Unidos antes solo hablaba de ello, pero que probablemente no respetaba en realidad”. Cabe precisar que respaldar a candidatos en elecciones extranjeras siempre se ha considerado inaceptable para los presidentes estadounidenses. La administración del musulmán encubierto Barack Hussein Obama se empeñó en mantener a los líderes extranjeros alejados de la Casa Blanca demasiado cerca de sus elecciones. Pero hacia el final de su presidencia, durante una visita a Berlín a finales del 2016, prácticamente respaldó a la canciller alemana Angela Merkel, con quien compartía ideología, para un cuarto mandato. “Si yo estuviera aquí, fuera alemán y tuviera derecho a voto, tal vez la apoyaría”, dijo Obama. “No sé si eso perjudica o beneficia”. Pero lo que Trump está haciendo en América Latina es diferente debido al historial de intervención directa de Estados Unidos, dijo Ricardo Zúñiga, diplomático de carrera que fue director sénior de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Obama. Trump está ofreciendo su apoyo incondicional en las redes sociales a candidatos específicos de ultraderecha y amenazo, por ejemplo, con recortar la ayuda a Honduras si los votantes eligieran a otra persona... Al final, gano “su” candidato. “Ese nivel de activismo es bastante inusual”, dijo Zúñiga. “Y cuando Obama mencionó el caso Merkel, en aquel momento se consideró una ruptura con las convenciones y fue bastante controvertido”. El poder blando estadounidense ha sido utilizado durante mucho tiempo por los presidentes de Estados Unidos para orientar las políticas de otras naciones. Con frecuencia, se ha manifestado en reuniones en el Despacho Oval, asistencia humanitaria y advertencias contundentes del Departamento de Estado contra la injerencia electoral. Sin embargo, Trump ha adoptado su propio enfoque, único en su género: recortar drásticamente la ayuda exterior y amenazar con el uso de la fuerza. Lo hizo repetidamente con Colombia, amenazándola con una acción militar, sancionando además a su controvertido gobernante, el izquierdista Gustavo Petro, a quien acusó de ser cabecilla de narcotráfico. Posteriormente, Trump respaldó al ultraderechista antisistema Abelardo de la Espriella, quien asumió la presidencia el pasado 7 de agosto. Antes del encuentro del Escudo de las Americas, Estados Unidos se asoció con Ecuador para llevar a cabo “un ataque contra presuntos narcotraficantes”, pero se descubrió que una de las operaciones más publicitadas de una campaña de bombardeos en la Amazonía tuvo como objetivo una granja lechera en la frontera de Ecuador con Colombia, y no un centro de narcotráfico, como anunciaron funcionarios estadounidenses y ecuatorianos. Al inicio del segundo mandato de Trump, la administración firmó un contrato con El Salvador para encarcelar a deportados en una megaprisión, acusando a cientos de venezolanos de formar parte del Tren de Aragua. La mayoría de los hombres encarcelados no tenían antecedentes penales. En el 2025, Trump invitó a Bukele a la Casa Blanca para celebrar la colaboración. En Colombia, De la Espriella, el nuevo presidente del país y aliado de Trump, ha prometido ayudarlo en la lucha contra el crimen organizado, incluyendo ataques continuos contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico. También ha propuesto la construcción de varias megacárceles, como Bukele. Pero a los pocos meses de la creación del programa Escudo de las Américas de Trump a principios de marzo, no está claro qué resultados ha obtenido realmente, afirmó Feinberg, un distinguido profesor de la Universidad de California en San Diego. “No hubo indicios de que Estados Unidos se comprometiera a aumentar la ayuda. No se anunciaron nuevos programas”, dijo Feinberg. “Desde entonces no he visto nada. Esta idea de combatir a los malos en Latinoamérica no es precisamente nueva”. Una de las muestras más visibles de cooperación entre los países del Escudo de la Humanidad fue una declaración conjunta en junio, en la que se apoyaba el proceso electoral de Colombia. “Está claro que aún se encuentra en su fase inicial”, afirmó Jason Marczak, vicepresidente y director sénior del Centro Adrienne Arsht para América Latina del Atlantic Council. Otros presidentes estadounidenses valoraban Europa y la OTAN. Trump, en cambio, que odia a los europeos - porque no lo “ayudan” en su guerra de agresión contra Irán - y se muestra en contra de seguir perteneciendo a la alianza atlántica, se ha dedicado a formar sus propias coaliciones. “Trump ha priorizado el hemisferio occidental. A diferencia de Biden, quien estaba motivado por el intento de restablecer la cercanía con Europa”, dijo Cale Brown, director de Comunicaciones Estratégicas del Consejo de Seguridad Nacional durante el primer mandato de Trump. Biden se centró en armar a Ucrania para que atacara a Rusia, reincorporarse al acuerdo nuclear con Irán y abordar el cambio climático mediante el Acuerdo de París. Trump, por su parte, le dijo a Europa que debía resolver sus propios problemas. La iniciativa del Escudo de las Americas se alinea con el anuncio de la administración Trump a finales del 2026 de que planeaba resucitar la Doctrina Monroe del siglo XIX, que generalmente advertía a las naciones europeas contra la colonización de América Latina. También constituye una advertencia a China y Rusia contra la expansión de sus inversiones en la región. Feinberg afirmó que el público objetivo de Trump era su base política nacional, y que el lenguaje utilizado en torno a la estrategia tenía como objetivo demostrar fortaleza. “Si de verdad pensaran en el público latinoamericano, no hablarían así, porque es muy impopular”, dijo Feinberg. “Da una imagen de arrogancia y amenaza”. La mayor apuesta de Trump ha sido trabajar al margen de los líderes tradicionales de izquierda y derecha para alinear a Latinoamérica con su retorcida visión, utilizando la conocida estrategia del palo y la zanahoria, por lo que ha empoderado a Marco Rubio, de origen cubanoamericano, para que lleve a cabo sus planes. Asimismo, la administración Trump se ha centrado en someter a Cuba mediante la asfixia, negociando con el nieto del exdictador Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, un posible acuerdo económico y político. En tanto, Venezuela se ha convertido en un protectorado de Estados Unidos desde que la administración Trump derrocó al dictador Nicolás Maduro, y respaldó a su mano derecha, Delcy Rodríguez, para que sea su gobernante títere, que cumpla todas sus órdenes, mientras se apodera de todo su petróleo. “Me encanta Venezuela”, dijo Trump en un mitin el pasado 5 de agosto en Nevada. “Estamos obteniendo mucho petróleo de Venezuela. Y nos llevamos de maravilla con ellos”, afirmó. “Es como antes: al vencedor, le pertenecen las riquezas” añadió. “Cuando Trump describe la política hacia Venezuela de esa manera, perjudica la credibilidad de Estados Unidos, ya que lo hace ver como un ladrón”, dijo Zúñiga. “Entonces se nos percibe como bloqueadores de los actores políticos prodemocráticos y como partidarios de la prolongación de la dictadura anterior. Ese es un caso en el que un respaldo puede perjudicarnos seriamente a largo plazo”, añadió. Incluso los aliados de la Casa Blanca cuestionaron si la grosera injerencia política de Trump en América Latina había sido realmente efectiva. “En Venezuela, su respaldo a un líder específico ha socavado directamente su éxito anterior con la Operación Resolución Absoluta, así como sus objetivos declarados a largo plazo para el país”, argumentó Carrie Filipetti, subsecretaria adjunta para Cuba y Venezuela en la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado durante el primer mandato de Trump. Filipetti señaló que Delcy Rodríguez no cuenta con el apoyo de la población venezolana. Afirmó que ella ha empoderado a personajes cuestionables como Diosdado Cabello, un narcotraficante que funge como ministro del Interior, Justicia y Paz, y que las empresas estadounidenses se han mostrado reacias a invertir en el país debido a su preocupación por la falta de estado de derecho. En Honduras, Trump amenazó con que "habría graves consecuencias" si Asfura, a quien él apoyaba, perdía el recuento de votos. Su respaldo le dio un impulso al conservador, posiblemente porque se trata de un país pequeño estrechamente vinculado a Estados Unidos, dijo Freeman, del Consejo de Relaciones Exteriores. “Existe mucha asimetría en esa relación, y podrían verse perjudicados materialmente si se produce un distanciamiento con la Casa Blanca”, afirmó. Pero por algún motivo, Trump no ha respaldado a ningún candidato en todas las elecciones del hemisferio occidental en las que se presentó un aspirante afín a MAGA. No apoyó a ningún candidato en las elecciones peruanas, a pesar que su administración ha advertido repetidamente que el megapuerto de Chancay - construido y administrado por los chinos - representa “una potencial amenaza para los Estados Unidos”, y además se abstuvo inicialmente de respaldar a de la Espriella, un republicano con doble nacionalidad colombiana y estadounidense, hasta la segunda vuelta de las elecciones en junio. Sin embargo, la mayor prueba de la influencia de Trump en la región será Brasil, el gigante sudamericano. Aún no ha respaldado a ningún candidato en las elecciones brasileñas, en las que Flavio Bolsonaro, hijo de su aliado y expresidente, compite por la presidencia en una reñida contienda con el actual mandatario, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, una figura incómoda para la Casa Blanca. Trump ha tenido enfrentamientos con Lula por el procesamiento de Bolsonaro padre, condenado y encarcelado por planear un intento de golpe de Estado. Lula se ha visto favorecido en las encuestas por la percepción de que está ayudando a defender a Brasil de la política hostil de Estados Unidos, afirmó Zúñiga, quien fue cónsul general estadounidense en São Paulo, Brasil, durante el primer gobierno de Trump. "Serán unas elecciones muy reñidas", añadió Zúñiga. Flavio Bolsonaro visitó la Casa Blanca a finales de mayo. Declaró a la prensa que no había pedido el apoyo de Trump. Sin embargo, publicó una foto suya en Instagram en el Despacho Oval junto a Trump. La aprobación de Trump sigue siendo importante, pero de que le sirva para ganar, es otra cosa.

martes, 18 de agosto de 2026

COSMOS ANDINO / LOS INCAS Y SUS ANCESTROS MILENARIOS: 70 años de investigación sobre el Antiguo Perú

Se trata de una trilogía monumental del Dr. Federico Kauffmann Doig, reconocido antropólogo y arqueólogo chiclayano, que recorre la historia y la arqueología del Perú antiguo, desde sus orígenes más remotos hasta el apogeo del Imperio inca. Publicada en el 2026, la obra, compuesta por tres tomos en español, reúne - en más de 1500 páginas y 77 capítulos más anexos - más de siete décadas de investigación de uno de los estudiosos más influyentes del país, y que la firma EY Perú pone a disposición del público para su descarga gratuita. En efecto, a través de evidencia arqueológica, etnohistórica e iconográfica, el autor explica el surgimiento, la evolución y la diversidad de las culturas andinas. El resultado es una obra accesible y rigurosa que celebra la profundidad del legado cultural peruano y ofrece una mirada integral al desarrollo de una de las civilizaciones más fascinantes del mundo. Reconocido por su invaluable aporte al estudio de las culturas prehispánicas del Perú, Federico Kauffmann Doig ha dedicado su vida a ampliar nuestro conocimiento sobre el pasado. El investigador, que cumplirá 98 años el próximo 20 de septiembre, continúa trabajando en nuevos proyectos y estudios, sin que la edad sea un límite para seguir explorando las culturas que dieron forma al Perú. Como antropólogo, arqueólogo e historiador, ha sido director del Museo de Arte de Lima, Director General del Patrimonio Cultural de la Nación, subdirector del Instituto Nacional de Cultura, embajador en Alemania y director del Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú. Además, es autor de decenas de títulos de divulgación científica e histórica a lo largo de los años. En 1962 Kauffmann formuló una hipótesis de trabajo sobre el origen de la civilización andina, conocida como la teoría aloctonista. Proponía un origen foráneo de la cultura peruana. Aloctonismo significa, en efecto, lo que no es originario de su territorio, con lo que cuestionaba la entonces vigente teoría autoctonista de Julio César Tello. Kauffmann propuso la existencia de un centro originario común para los dos grandes focos de civilización de América, Mesoamérica (Méjico y Centroamérica) y el área andina (Sudamérica). Según su hipótesis, ese centro originario habría estado en Mesoamérica, de donde se habría irradiado al territorio andino o peruano en una época temprana, conocida como el Precerámico andino. Kauffmann se basaba en el hecho de que el Formativo mesoamericano, representado por la cultura olmeca (1500a.C.), era más antiguo que el Formativo Andino, representado por la cultura chavín y cupisnique (1000 a. C.) Estas culturas andinas no parecían contar con ningún antecedente en suelo peruano que explicaran su formidable desarrollo; por tanto, Kauffmann propuso que su origen habría que buscarlo lejos del subcontinente, en Mesoamérica. Los críticos consideraron está teoría como un retorno a la vieja teoría inmigracionista de Max Uhle sobre el origen maya de la cultura peruana, refutada por Tello. Pero los argumentos de Kauffmann reposaban sobre consideraciones distintas. Lo que él sostenía era que los elementos culturales que llegaron al área andina desde Mesoamérica se hallaban todavía en una fase inicial de desarrollo, muy alejada todavía de la época maya y azteca. Algunos de esos elementos sería el cultivo del maíz y la cerámica. Posteriormente, reformuló su teoría, sumándose al planteamiento de Donald W. Lathrap y otros autores, que sostenían que el origen de la alta cultura en América habría estado en la costa del actual Ecuador, donde se desarrolló la cultura Valdivia, hacia el 3000a.C. De la costa ecuatorial se habría expandido tanto a Mesoamérica como al Perú. Kauffmann consideró que este nuevo planteamiento respaldaba su teoría aloctonista en lo esencial. Sin embargo, con el paso del tiempo, el mismo Kauffmann desechó su teoría aloctonista, abandonando definitivamente la discusión histórica sobre el origen autóctono o foráneo de la civilización andina. A partir de entonces enfocó el asunto desde otra perspectiva. En 1981 planteó una nueva teoría, llamada teoría ecologista, según la cual, dicho desarrollo civilizatorio se habría dado a consecuencia del desequilibrio producido por el permanente crecimiento de la población y la escasez de suelos aptos para el cultivo, sumado a los efectos devastadores del fenómeno de El Niño. Este desequilibrio habría impulsado el surgimiento de logros culturales, como la organización política y religiosa, las técnicas agrícolas, el arte iconográfico y simbólico, cuyo objetivo primordial sería vencer la escasez de alimentos. En esta oportunidad, Cosmos Andino: Los Incas y sus Ancestros Milenarios, rinde homenaje a su legado y a su constante búsqueda por comprender quiénes son y de dónde vienen los peruanos. Es indudable que la dilatada trayectoria de Kauffmann Doig no es solo una crónica de hallazgos arqueológicos; es una lección de vida sobre la perseverancia y la pasión inagotable. A sus casi cien años, su dedicación a desentrañar el Cosmos Andino y a difundir la majestuosidad de sitios como Machu Picchu y Kuélap resalta la riqueza histórica del Perú que a menudo pasa desapercibida. La fascinante historia de su financiamiento por parte de Giancarlo Ligabue subraya cómo la fe en el conocimiento y la investigación puede superar las barreras geográficas y económicas. La obra de Kauffmann, plasmada en sus libros y ahora institucionalizada en la Biblioteca y el Instituto que llevan su nombre, garantiza que su valioso trabajo continuará inspirando a futuras generaciones de historiadores y arqueólogos. Sin duda, el Dr. Kauffmann Doig es un verdadero tesoro nacional vivo, cuya vida y obra nos recuerdan que el pasado andino sigue esperando ser explorado, comprendido y celebrado.
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