Cada 31 de octubre, las guitarras, los cajones y los valses buscan retomar el protagonismo que una vez tuvo en una de las otrora celebraciones más representativas de la identidad peruana, pero lastimosamente no lo consiguen. En efecto, el llamado Día de la Canción Criolla reunió en sus inicios a generaciones alrededor de un legado musical que acompaño la historia del país y mantuvo vivas las tradiciones de barrios emblemáticos de Lima, pero hoy, repetimos, la realidad es muy distinta. Para su mala suerte, cabe precisar que esta fecha también coincide con Halloween, una festividad que ha ganado popularidad entre quienes organizan fiestas de disfraces y reuniones temáticas. Aunque ambas celebraciones tienen orígenes distintos, e inicialmente compartían un espacio en el calendario peruano, ofreciendo diferentes maneras de disfrutar la última jornada de octubre, hoy por hoy es totalmente diferente. Pero ¿por qué se eligió precisamente este día para rendir homenaje a la música criolla? El origen de esta efeméride se remonta a la primera mitad del siglo XX, cuando diversas agrupaciones y centros musicales promovían la difusión de los géneros criollos. En aquella época, la música criolla ya contaba con espacios dedicados a su interpretación y enseñanza, pero sus impulsores buscaban un reconocimiento oficial que permitiera fortalecer su presencia en la cultura nacional. La propuesta consiguió el respaldo del entonces presidente Manuel Prado Ugarteche. Mediante una Resolución Suprema del 18 de octubre de 1944, se estableció que cada 31 de octubre se celebrara el Día de la Canción Criolla, con el propósito de fomentar y difundir esta manifestación artística. La disposición reconocía, además, “el valor del arte popular para fortalecer la identidad nacional”. La elección del 31 de octubre no fue casual. Entre las consideraciones para establecer la fecha se encontraba la intención de evitar interferencias con las procesiones del Señor de los Milagros, una celebración religiosa de gran arraigo en Lima durante el mes de octubre. De esta manera, se fijó una jornada propia para rendir homenaje a la música criolla sin afectar las actividades vinculadas a la festividad religiosa. La coincidencia con Halloween responde a una tradición diferente. Mientras la Noche de Brujas tiene raíces históricas asociadas a celebraciones de origen celta y se popularizó en el mundo con costumbres como los disfraces y la recolección de dulces, el Día de la Canción Criolla nació de una iniciativa peruana para preservar y promover una expresión musical propia. Ambas fechas terminaron compartiendo el calendario cada 31 de octubre, aunque sus motivos de celebración son distintos. La primera celebración oficial del Dia de la Canción Criolla se realizó el 31 de octubre de 1944, a las pocas semanas de que se aprobara la resolución que instituyó la efeméride. De acuerdo con registros históricos de la época, los centros musicales participaron en las actividades programadas y colocaron la bandera peruana como parte de los actos conmemorativos. Las verbenas y jaranas también formaron parte de la jornada, que buscaba acercar la música criolla al público. El programa contempló el izamiento del pabellón nacional desde las seis de la mañana en Lima y Callao. Posteriormente, se celebró una misa en la Iglesia y Monasterio de Nuestra Señora del Carmen en memoria de los compositores y artistas fallecidos. Las actividades reflejaron la intención de convertir la fecha en un homenaje tanto a quienes mantenían vivo el género como a quienes habían contribuido a su desarrollo. Desde entonces, el Día de la Canción Criolla se fue consolidado como una oportunidad para recordar a intérpretes y compositores, disfrutar de los ritmos tradicionales y transmitir este patrimonio musical a las nuevas generaciones. Sin embargo, todo eso pertenece al pasado, ya que actualmente se encuentra en total decadencia, languideciendo irremediablemente debido a que no surgen nuevos valores, y quienes se presentan como tales, se limitan a cantar “renovadas” versiones de los viejos temas de siempre. Pero hagan lo que hagan para darle “nueva vida” a esa celebración (como querer apropiarse del Halloween, creando un hibrido llamado Crioween, del cual nos ocupamos hace algunos años atrás) este muerto ya no se levanta. Marginados además de los medios de comunicación - inclusive del canal de Estado, que suprimió sus espacios - quienes los siguen en las peñas ubicadas en Rimac o Barranco, son gente de avanzada edad - contemporáneos de los dinosaurios - que viven de los recuerdos. Hay quienes, tratando de rescatar su identidad cultural, propusieron que la fecha se traslade al 18 de enero, aniversario de la fundación de Lima, al tratarse de una música esencialmente limeña, pero por un capricho de los que no tienen visión de futuro, todo quedó en nada, y hoy vemos las consecuencias. En conclusión, la Música Criolla se extingue porque no supo ni quiso adaptarse a los nuevos tiempos, a diferencia del Halloween, que cada 31 de octubre, es celebrado por niños, jóvenes y adultos en todo el Perú. Una fiesta importada, si, pero que ha sabido consolidarse para que cada año tenga mayor aceptación ¿No os parece?