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sábado, 17 de octubre de 2026

PERÚ: Vergüenza mundial

Como sabéis, el domingo 4 de octubre se celebraron las elecciones regionales y municipales en el país andino. Esta pudo haber sido una extraordinaria oportunidad para que la oposición conquistara numerosos gobiernos regionales y alcaldías de capitales, incluida Lima Metropolitana. Sin embargo, y como era previsible, fue incapaz de unificarse y articular una alternativa común a la mafia fuji-porkysta que (des)gobierna el Perú. En efecto, debido al caudillismo con la que se desenvuelven estas agrupaciones - tanto de izquierda como de centro - no pudieron hacer frente a la maquinaria oficialista, que se volcó a favor de López Aliaga, alias Porky (Renovación Nacional) aliado de la Señora K y sostén de su régimen, por los votos que controla en el Senado. Si las fuerzas centristas encabezadas por Eduardo Bruce (Somos Perú) y Francis Allison (Avanza País) hubiesen ido unidas, otro hubiera sido el resultado. En el lado de la izquierda, Juntos por el Perú, Ahora Nación y Obras, que confluyeron contra Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial, no trasladaron esa convergencia a la elección capitalina. No acordaron una candidatura unitaria mediante una elección interna, y al presentarse divididos, redujeron considerablemente sus posibilidades. De esta manera, Ricardo Belmont obtuvo su peor votación en la metrópoli donde fue elegido alcalde dos veces, mientras Juntos por el Perú no consiguió convertirse en una alternativa de peso nacional y fue barrido en los comicios, una situación similar que ocurrió con Fuerza Popular, el partido de la Señora K, que no conquisto ningún gobierno regional ni alcaldía de capital provincial. La aplastante derrota de ambas formaciones evidencia que el voto que concentraron en las pasadas elecciones generales - y que posibilito que ambas fueran al ballotage - fueron “prestados” únicamente para que no gane el otro. No eran votos propios. Quienes se hicieron con el triunfo el 4 de octubre, fueron movimientos regionales y locales, evidenciando las limitaciones de las organizaciones políticas “nacionales” que fuera de la capital, no son tomados en cuenta por el electorado. En el caso de Lima, que hoy nos ocupa, compitieron 26 listas, aunque solo 24 mantenían formalmente una candidatura a alcalde. La mayoría de estas ‘organizaciones’ fantasmales que solo aparecen cuando hay procesos electorales (Vientres de alquiler seria lo más adecuado denominarlos) se quedarán sin obtener siquiera un regidor. La fragmentación no produce necesariamente mayor pluralismo: bajo las reglas vigentes, puede facilitar la concentración del poder municipal. Por cierto, el sistema electoral de Lima de más de diez millones de habitantes presenta serios problemas de representatividad. Mientras en las elecciones de gobernadores regionales existe un ballotage cuando ninguna fórmula supera el 30% de los votos válidos, en Lima Metropolitana basta ocupar el primer lugar, por pequeño que sea el respaldo obtenido. Como recordareis, en el 2022, López Aliaga ganó con el 26,34% de los votos válidos: aproximadamente el 23,5% de los votos emitidos y el 18,5% del padrón electoral. Es decir, menos de uno de cada cinco electores inscritos respaldó al ganador. Fue el menor porcentaje de votos válidos obtenido por un alcalde limeño desde el restablecimiento de la elección municipal directa en 1980. Además, el elector no puede escoger por separado al alcalde y a los regidores de otra organización. La lista ganadora recibe los puestos que le correspondan por cifra repartidora o la mitad más uno de los cargos de regidor, según lo que más la favorezca. Así, una minoría electoral puede convertirse en una mayoría absoluta dentro del concejo. La candidatura de López Aliaga como primer regidor, pese a no postular formalmente a la alcaldía, plantea una controversia fundamental. Aunque la autorizó el JNE, su eventual retorno inmediato al sillón municipal pondría en cuestión el propósito de la prohibición constitucional de reelección inmediata de alcaldes. La autorización electoral no elimina esa discusión política y jurídica. Con el 94.315% de actas contabilizadas, Renovación Popular mantiene el primer lugar con el 27.779% de los votos válidos, seguido de Avanza País, con el 26.802% y 1′420,757 votos. Por lo tanto, la distancia entre Aliaga y Allison, se mantiene. Pero si el primero termina siendo superado, volverá, como siempre - y ya lo ha advertido - a denunciar “fraude”. Sin embargo, el principal cuestionamiento está en haber permitido ilegalmente una candidatura que podría utilizarse como vía para eludir la prohibición de reelección. A ello se suma la controversia sobre su salida del Senado, dado el carácter irrenunciable del mandato parlamentario. Ambas cuestiones merecen una respuesta jurídica transparente. Si López Aliaga pretende terminar nuevamente como alcalde, deberá explicar cómo accedería a un cargo para el cual no fue elegido directamente como candidato. También podría repetirse el problema de una autoridad respaldada por una proporción muy reducida del electorado, frente al conjunto de quienes se abstuvieron, votaron en blanco o anularon su voto. Lo acontecido también revela la extrema fragilidad del sistema de partidos. Las organizaciones con representación parlamentaria no necesariamente logran arraigo regional o municipal, mientras otras fuerzas obtienen respaldo local sin consolidarse como alternativas nacionales. El Perú sigue sin adoptar mecanismos como las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias que Argentina ha utilizado para seleccionar candidaturas y exigir un respaldo mínimo a las fuerzas que buscan participar en las elecciones generales. Un sistema de este tipo permitiría que los electores intervengan en la selección de los candidatos y podría reducir la proliferación de organizaciones fantasmales sin ningún apoyo ciudadano. Pero en lugar de consolidar partidos representativos, el país permanece atomizado en clientelas caudillistas. Muchos “partidos” funcionan como si fueran propiedad privada de sus dirigentes, algo que incluso se refleja en sus símbolos, construidos alrededor del nombre o las iniciales de su fundador. Esa fragmentación debilita las alternativas colectivas y favorece al fujimorismo. De esta manera, la dispersión electoral, la ausencia de una segunda vuelta y la debilidad de una alternativa favorecen a Renovación Popular. Si Carlos Bruce - que tiene muchos anticuerpos por su condición de homosexual en un país homofóbico - hubiese renunciado a participar, hoy Francis Allison, de aceptable labor en Magdalena, sería el justo ganador de los comicios. Precisamente su crecimiento se dio en los últimos días, pero lamentablemente al parecer, no le alcanza para imponerse a un impresentable sujeto como López Aliaga, quien, al margen de la legalidad y la abierta complicidad tanto del JNE como del régimen neofujimorista de la Señora K., pretende volver a la alcaldía, la misma que abandonó a su suerte para postular a la presidencia, dejando a Lima no solo quebrada económicamente, sino más sucia, caótica y horrible que antes. Me pregunto ¿Cómo puede haber gente tan imbécil que haya votado por ese vil sujeto? Están conscientes que la ciudad es una pocilga y su condición empeorara, pero aun así hayan preferido esa opción ¿No les da asco Lima? ¿O no les importa vivir en medio de la inmundicia? A que no lo comprendo. Un retorno de Porky agravara el caos en todo sentido, así como la protección de las escasas áreas verdes para reemplazarlo por más cemento, como ya lo hizo cuando fue alcalde. De eso no hay duda. También preocupa que retome el tema de ese tren viejo y oxidado - una “donación” que costo más de 80 millones de dólares a la Municipalidad, para que termine arrimado porque es inservible y peligroso, porque emite gases cancerígenos - para ponerlo como sea en funcionamiento, a pesar que hasta el momento no se ha construido ninguna infraestructura, pretendiendo utilizar la del Ferrocarril Central que no es el adecuado. Desesperado por tenerlo como ‘caballito de batalla’ para las próximas elecciones generales - por lo que, de ser elegido alcalde, volverá a abandonar el cargo una vez más - no paro hasta obligar a renunciar al ministro Rafael Rey, que se oponía a esa basura rodante, amenazando a la Señora K. de vacarla en el Senado sino cumplía sus exigencias. Por lo visto ni entre los mafiosos se respetan sus “códigos”. Una de las fortalezas de Porky es el antiguo aparato de Solidaridad Nacional, el partido fundado por Luis Castañeda Lossio, el único alcalde de Lima elegido tres veces, y a quien López Aliaga se lo robo en su lecho de muerte. Castañeda afrontó investigaciones por graves casos de corrupción por recibir millones de Odebrecht y estuvo bajo arresto domiciliario antes de fallecer. Pese a los cuestionamientos a su fundador, ese aparato que hoy maneja Porky con otro nombre, conserva una importante base electoral. Por cierto, la ola conservadora que sacude a Iberoamérica ha favorecido a López Aliaga, pero las fuerzas que se le oponen también tienen responsabilidad. No construyeron una alternativa común capaz de frenar ese avance. El desastre que represento el régimen filosenderista del delincuente terrorista Pedro Castillo, y su posterior vacancia tras su fracasado golpe de Estado y entrada en prisión, desarticuló a la izquierda, de lo cual no se ha podido reponer. El peso electoral de Lima y Callao fue decisivo para el polémico triunfo de Keiko Fujimori. Ahora, los dos principales contendientes por la alcaldía, López Aliaga y Allison, respaldaron su candidatura presidencial, por lo que la disputa municipal se produce así dentro de un espacio político predominantemente conservador, aunque ambos se diferencian con ciertos matices, De esta manera, gane quien gane finalmente los comicios, Lima volverá a quedar bajo un liderazgo con una mayoría institucional muy superior a su respaldo ciudadano. Si es Porky es el elegido, la vergüenza va a recaer no solo en quienes lo eligieron sabiendo que es un fiasco, sino en un sistema que convierte la fragmentación y el escaso respaldo electoral en un poder concentrado. Como ninguno de los contendores obtendrá el 30% de los votos, lo ideal sería que vayan a un ballotage - donde Allison barrería con el 57% - pero ello no ocurrirá, porque todo ya está preparado en el JNE para que Porky sea el “elegido” (No es de extrañar por ello, que, sin esperar los resultados oficiales, López Aliaga - mismo Toledo - ya está celebrando “su victoria” botella en mano. Una imagen de lo más repugnante ¿No lo creen ustedes?)
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