En los últimos diez años, los peruanos asisten a la instalación de un modelo político que usa el poder para someter instituciones y silenciar adversarios. Como recordareis, el fujimorismo lo inauguró entre 2016-2020 con más de 70 congresistas. Con esa mayoría decidió abdicar en su rol de representación, fiscalización y legislación con visión de Estado, desestabilizando sus instituciones desde el Congreso para lograr sus oscuros fines. Así se destruyó la reforma educativa, se desmanteló la reforma universitaria, se revirtió la reforma electoral aprobada en referéndum, se impuso el bicameralismo contra la voluntad popular del 2018, se aprobó la iniciativa de gasto parlamentario y se extendieron beneficios tributarios a agroexportadores en contra de la evidencia técnica. Renovación Popular, como lo fue Perú Libre en la legislatura anterior, no es ajena a ese modelo, sino una de sus consecuencias más recientes. Ya negociaron antes con el mismo fujimorismo. Prueba de ello son la conformación y abdicación a la tutela de derechos y funciones en el Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo, la JNJ, las comisiones clave del Senado, y la fiscalía. Son hoy la expresión de espacios de poder distribuidos entre socios bajo la misma lógica con la que hoy reclaman favores pendientes. Es el ajuste de cuentas natural entre quienes comparten un mismo negocio que consiste en hacer de lo público su renta privada. Uno le reclama al otro “que no cumplió su parte del acuerdo”. Y lo más grave es que el fujimorismo está más que dispuesto a seguir negociando su parcela pública, con mayor razón ya que si no lo hace, la Señora K podría ser vacada con los votos de esa agrupación golpista. Un chantaje en toda regla. El ciudadano, mientras tanto, no está en esa mesa, pero está pagando toda la cuenta. Eso es lo que estos días exhibe la ilegal y anticonstitucional candidatura de Rafael López Aliaga - alias Porky - a la alcaldía de Lima, con frivolidad y de manera errática. Una postulación que solo se sostiene en el abuso flagrante de las reglas electorales y en la complicidad de un Jurado Nacional de Elecciones que prefirió resolver sin respetar la Constitución ni su propia jurisprudencia. Y esta es, para desgracia de los peruanos, la demostración más elocuente de que las organizaciones políticas no saben gobernar un país con tantas demandas pendientes. Por eso, solo saben hacer sobrevivir su propio ecosistema prebendario. Entonces, la pregunta que el país debe hacerse no es por qué la oposición fiscaliza sino por qué el gobierno prefiere ajustar cuentas con su socio del delito antes que usar las herramientas que ya tiene para gobernar. Además, recordar que el reto de la democracia y de saber gobernar es liderar negociaciones con transparencia, reglas claras y gestionar así las decisiones de las mayorías, y no el reparto entre quienes intentan imponerse a la fuerza. Por cierto, uno llega a preguntarse ¿Porque los limeños en un acto suicida, están dispuestos a votar por quien les ha visto la cara de idiotas abandonando el cargo por el cual había sido elegido, dejando a Lima convertida en una basurero? ¿A qué no a los limeños no les da vergüenza vivir en un medio de la inmundicia? ¿Porque colocan como primero en las encuestas a quien luego de incumplir todas sus promesas, trajo un tren chatarra y altamente contaminante, que estuvo durante 40 años abandonado y que costo millones traerlo desde los EE.UU. cuando decía que era una “donación”? ¿Adónde fue a parar ese dinero? ¿Por qué quieren de nuevo en el sillón municipal a alguien, que luego de abandonar la alcaldía, ahora le saca la vuelta a la ley y postula a una reelección encubierta? Son preguntas que rondan. El fenómeno no se explica únicamente ni por la falta de amor propio, que ciertamente es grande, ni por la ausencia de memoria, que ya no solo afecta a sucesos de comienzos de siglo, sino de eventos ocurridos tres o cuatro años atrás, tampoco se puede hablar de pragmatismo. En López Aliaga no funciona eso de “roba, pero hace obra” de lo cual hacía gala Castañeda Lossio (a quien, estando moribundo, Porky le robo el partido), y que, a fin de cuentas, era una variación de la lógica perversa que hizo fuerte a Kenyo Fujimori, aquel sátrapa que violaba flagrantemente la Constitución “pero que obtenía resultados”. En López Aliaga no hay un “pero” a su favor: Este impresentable personaje no ha hecho nada memorable por Lima, no trajo ninguno de los avances que prometió, y su principal “promesa”, el tren de Lima a Chosica, puede verse ahora abandonada en el Parque de La Muralla: Vagones oxidados e inútiles que constituyen el gasto de propaganda más caro de la historia. ¿Qué sucede entonces? Pareciera que ese voto por López Aliaga, ese orgullo porcino, es la última manifestación del desencanto, del descredito de un sistema electoral que ya nadie se toma en serio porque ha perdido la capacidad de ofrecer soluciones, visiones de futuro, proyectos de ciudad, mejoras tangibles. No es solo la perdida de fe en las instituciones, cuya burla desde los noventa, se presenta como una especie de venganza de los olvidados. Ahora, además, es la idea de que no saldrá nada realmente beneficioso del juego democrático, del acto de elegir. Pero eso no es todo, ya que Porky vuelve a vender humo y ahora promete públicamente S/18 mil millones. En efecto, en un programa de la televisión basura anuncio “que está gestionando ese monto para inversiones para el Gobierno de Perú antes de fin de año y que se los entregará a Keiko Fujimori”. Pero ¿De dónde saldrán esos S/18 mil millones? ¿Qué entidad los financiará? ¿Existe un documento, convenio, carta o compromiso que respalde semejante operación? Demagogo como siempre, López Aliaga - el mismo que quebró la Alcaldía de Lima - ahora habla de una gestión millonaria, pero no revela la fuente, ni menciona a la entidad en la que, según afirma, viene gestionando el aparente financiamiento. Venga ya, no se necesita ser inteligente para darse cuenta que no tiene ninguna competencia institucional del Poder Ejecutivo para gestionar inversiones nacionales. Anunciar cifras deliberadamente no convierte una promesa política en financiamiento público. “El Perú necesita inversión para que un país crezca al 6%, 7%, porque así disminuye la pobreza, aumenta el empleo y disminuye la anemia. Mi intención es que a este gobierno le vaya bien”, afirmó. El problema es que este sujeto tiene nefastos antecedentes políticos que siempre deben recordarse para el bien de las nuevas generaciones. Luego de ser elegido alcalde de Lima, en el 2022 aseguró: “mi palabra vale oro” y prometió que culminaría su gestión municipal. Sin embargo, en octubre del 2025 renunció y abandonó la Municipalidad Metropolitana de Lima a su suerte para postular a la Presidencia. Tras su rotundo fracaso, ahora pretende retornar al municipio al margen de la legalidad. Mientras pretenderse presentarse como “un gestor exitoso todoterreno” (?) a pesar que Lima esta más sucia, caótica y horrible que nunca “gracias” a su nefasta gestión, los cuestionamientos sobre su desastrosa administración municipal nunca cesarán. ¿Un político que dejó a la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) endeudada con S/5 mil millones pagaderos a 20 años, va ahora atraer inversiones para todo el Perú sin ser presidente? ¿Quién compro trenes chatarra y que hoy están abandonados a suerte porque son inservibles, puede calificarse de “exitoso”? ¿Quién debe más de 27 millones a la SUNAT en impuestos no pagados por sus empresas fantasmas– y que se niega a hacerlo el muy moroso - puede ser alguien de confiar? La pregunta se cae por sí misma y se convierte en el chiste que se cuenta solo. Cuando alguien como López Aliaga anuncia S/18 mil millones para el bien del país, pero no muestra de dónde vienen, el periodismo tiene la obligación de preguntar y cuestionar, y no de aplaudir como hace esa prensa vil y rastrera. Porque el Perú ya no necesita un vendedor de humo que hace mil promesas ‘con tal de salir electo y apropiarse del erario público’. Mientras tanto, y como podéis imaginar, la defensa de su candidatura cuenta con un ejército de troles y una granja de BOTS en las redes sociales. ¿Cuántos millones cuesta mantener eso? Un país no se construye con cifras lanzadas al aire, frases populistas, ni marketing político. Se hace con transparencia y resultados. Pero si López Aliaga hace lo que le da la gana con la complacencia de las autoridades electorales y realiza promesas imposibles de cumplir, su socia del delito Keiko Fujimori no se queda atrás, ya que no solo amenaza al Congreso con disolverlo - al mismo estilo que el genocida de su padre en 1992 - si no le aprueban las facultades solicitadas, con medidas metidas de contrabando que favorecen a las grandes empresas, y que no tienen nada que ver con la lucha contra la inseguridad o el Fenómeno del Niño, ya que también anuncia su próximo viaje a El Salvador “invitada por Bukele” ¿Qué tiene que hacer allí? Los problemas están en casa y no fuera del país ¡Póngase a trabajar señora que para eso la eligieron y no para seguir estando de vaga! Pobre Perú... (Sin duda, desesperada por su abrupta caída en las encuestas, la Sra K anuncio como su “gran logro” el aumentar en 100 soles la remuneración mínima vital, una abierta medida populista que en el fondo no resuelve nada. Pero en vez de burlarse de miles de trabajadores ¿por qué no corrige y se reduce de una vez el sueldo inmerecido de casi 40 mil soles que recibe sin merecerlo? ¿Y qué dicen de la “amenaza contra la vida” lanzada contra la jefa de la Yakuza? Por lo visto, como en la época de su padre, los psicosociales están de vuelta...)
De troncos peculiarmente retorcidos por los fuertes vientos de los Andes, el Queñoa (Polylepis racemosa), también denominado Queñua, es un árbol que crece en las zonas más elevadas de la Cordillera en el Perú, a más de 3.200 m.s.n.m. Su crecimiento se da en el bosque húmedo de las montañas de la zona. El nombre Polylepis deriva de dos palabras griegas, poly (muchas) y letis (láminas), refiriéndose a la corteza compuesta por múltiples láminas que se desprenden en delgadas capas. Este tipo de corteza es común en todas las especies del género. La corteza es gruesa y cubre densamente el tronco, que protege el tronco contra bajas temperaturas e incendios. El follaje es siempre verde, con pequeñas hojas densas y ramas muertas. Algunas especies forman bosques que crecen a lo largo de la línea de árboles e incluso llegan a mayores elevaciones, rodeados por pastizales y arbustales. Algunos individuos de Queñoa crecen por encima de 5000 m s. n. m., situándola como el género con la distribución más alta de árboles angiospermas en el mundo. Posee hojas compuestas, con foliolos pequeños, gruesos y cubiertos por resina y tricomas. El tronco es retorcido y cubierto por una corteza café-rojiza, que se desprende en delgadas láminas. Las flores son pequeñas, agrupadas en racimos y el número varía según la especie. Las flores son polinizadas por el viento y poseen características típicas de esta forma de polinización; es decir, flores con pétalos reducidos, estambres sobresalientes y un estigma amplio. Estos árboles poseen una adaptación al frío de las regiones de alta montaña. La corteza laminada forma un paquete alrededor del tronco que actúa a modo de aislante térmico, protegiendo a la planta contra heladas. Los bosques de Queñoa son además ecosistemas que albergan una fauna y flora única, especialmente aves especialistas de hábitat y con altos niveles de endemismo. Estos bosques también representan uno de los habitantes más vulnerables de los Andes por la fuerte presión antropogénica existente, ya que constituyen el único recurso maderable en esas alturas. Se cree que la polinización por el viento fue un evento evolutivo que probablemente ayudó a la Queñoa a colonizar las tierras altas, debido a que las especies no tuvieron que depender de polinizadores como animales, especialmente insectos, que son más escasos en regiones altas. De esta manera, los frutos de todas las especies son dispersados por el viento. Sin embargo, la presencia de espinas en los frutos de muchos plantas, sugiere la potencial dispersión de los frutos por animales. Muchas especies de aves buscan alimento o viven en los árboles de Queñoa y es posible que dispersen las frutas atrapadas entre sus plumas. Lamentablemente, la quema y tala de esta especie ha reducido la cantidad total de población. En efecto, su uso como la leña y material de construcción, así como la quema y el sobrepastoreo están terminando con estos árboles nativos de los Andes. Es económicamente importante porque posee múltiples usos, como madera para la construcción de corrales, mangos de herramientas y dinteles. Asimismo, la corteza posee propiedades medicinales para curar enfermedades respiratorias y renales y también se utiliza como tinte para teñir tejidos. Los bosques son zonas utilizadas para el pastoreo del ganado doméstico nativo (llamas y alpacas) e introducido (ovejas, vacas y cabras) y zonas de cultivo de maíz, papa y cebada, entre otros. Esto último ha llevado a la degradación de estos bosques. Según los expertos, los bosques de esta especie cubrieron, alguna vez, las laderas de la cordillera desde Colombia hasta Argentina. Sin embargo, su distribución actual es muy fragmentada, con una pérdida de alrededor del 95% de lo que existió hace cientos de años. Sin embargo, es importante mencionar que la queñoa es una planta de fácil adaptación a diversos climas y tiene un crecimiento rápido. Además, puede sobrevivir a las alturas más hostiles del mundo. Por cierto, los queñoales son árboles que cumplen una función de estabilidad climática. Por encontrarse en bosques nublados, capturan y almacenan grandes cantidades de agua en sus ramas y follaje que liberan gradualmente. Además, su fijación en la tierra, al igual que los musgos, evita la erosión y los deslizamientos de tierra, por lo que su desaparición pone en riesgo la estabilidad de los suelos que alguna vez protegía. Es por ello necesario intensificar la reforestación de esta especie para beneficiar a todos.