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martes, 29 de septiembre de 2026

QUEÑOA: Resistiéndose a su desaparición

De troncos peculiarmente retorcidos por los fuertes vientos de los Andes, el Queñoa (Polylepis racemosa), también denominado Queñua, es un árbol que crece en las zonas más elevadas de la Cordillera en el Perú, a más de 3.200 m.s.n.m. Su crecimiento se da en el bosque húmedo de las montañas de la zona. El nombre Polylepis deriva de dos palabras griegas, poly (muchas) y letis (láminas), refiriéndose a la corteza compuesta por múltiples láminas que se desprenden en delgadas capas. Este tipo de corteza es común en todas las especies del género. La corteza es gruesa y cubre densamente el tronco, que protege el tronco contra bajas temperaturas e incendios. El follaje es siempre verde, con pequeñas hojas densas y ramas muertas. Algunas especies forman bosques que crecen a lo largo de la línea de árboles e incluso llegan a mayores elevaciones, rodeados por pastizales y arbustales. Algunos individuos de Queñoa crecen por encima de 5000 m s. n. m., situándola como el género con la distribución más alta de árboles angiospermas en el mundo. Posee hojas compuestas, con foliolos pequeños, gruesos y cubiertos por resina y tricomas. El tronco es retorcido y cubierto por una corteza café-rojiza, que se desprende en delgadas láminas. Las flores son pequeñas, agrupadas en racimos y el número varía según la especie. Las flores son polinizadas por el viento y poseen características típicas de esta forma de polinización; es decir, flores con pétalos reducidos, estambres sobresalientes y un estigma amplio. Estos árboles poseen una adaptación al frío de las regiones de alta montaña. La corteza laminada forma un paquete alrededor del tronco que actúa a modo de aislante térmico, protegiendo a la planta contra heladas. Los bosques de Queñoa son además ecosistemas que albergan una fauna y flora única, especialmente aves especialistas de hábitat y con altos niveles de endemismo. Estos bosques también representan uno de los habitantes más vulnerables de los Andes por la fuerte presión antropogénica existente, ya que constituyen el único recurso maderable en esas alturas. Se cree que la polinización por el viento fue un evento evolutivo que probablemente ayudó a la Queñoa a colonizar las tierras altas, debido a que las especies no tuvieron que depender de polinizadores como animales, especialmente insectos, que son más escasos en regiones altas. De esta manera, los frutos de todas las especies son dispersados por el viento. Sin embargo, la presencia de espinas en los frutos de muchos plantas, sugiere la potencial dispersión de los frutos por animales. Muchas especies de aves buscan alimento o viven en los árboles de Queñoa y es posible que dispersen las frutas atrapadas entre sus plumas. Lamentablemente, la quema y tala de esta especie ha reducido la cantidad total de población. En efecto, su uso como la leña y material de construcción, así como la quema y el sobrepastoreo están terminando con estos árboles nativos de los Andes. Es económicamente importante porque posee múltiples usos, como madera para la construcción de corrales, mangos de herramientas y dinteles. Asimismo, la corteza posee propiedades medicinales para curar enfermedades respiratorias y renales y también se utiliza como tinte para teñir tejidos. Los bosques son zonas utilizadas para el pastoreo del ganado doméstico nativo (llamas y alpacas) e introducido (ovejas, vacas y cabras) y zonas de cultivo de maíz, papa y cebada, entre otros. Esto último ha llevado a la degradación de estos bosques. Según los expertos, los bosques de esta especie cubrieron, alguna vez, las laderas de la cordillera desde Colombia hasta Argentina. Sin embargo, su distribución actual es muy fragmentada, con una pérdida de alrededor del 95% de lo que existió hace cientos de años. Sin embargo, es importante mencionar que la queñoa es una planta de fácil adaptación a diversos climas y tiene un crecimiento rápido. Además, puede sobrevivir a las alturas más hostiles del mundo. Por cierto, los queñoales son árboles que cumplen una función de estabilidad climática. Por encontrarse en bosques nublados, capturan y almacenan grandes cantidades de agua en sus ramas y follaje que liberan gradualmente. Además, su fijación en la tierra, al igual que los musgos, evita la erosión y los deslizamientos de tierra, por lo que su desaparición pone en riesgo la estabilidad de los suelos que alguna vez protegía. Es por ello necesario intensificar la reforestación de esta especie para beneficiar a todos.
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