Nicolás Maduro fue un accidente del destino. Su ascenso al poder, muy probablemente, no se hubiera dado sin la repentina muerte del dictador Hugo Chávez atacado por un cáncer agresivo. A partir de entonces, este microbusero, quien nació el 23 de noviembre de 1962 en Cúcuta, capital del departamento de Santander en Colombia, ubicada cerca de la frontera venezolana, (por lo cual tiene el alias de el Cúcuta), supo manipular la imagen del ‘mártir’ para presentarse como un místico sucesor: “Yo, cristiano como soy, no tengo ninguna duda de que el comandante Chávez está en este momento al lado del libertador”, dijo Maduro en una de sus primeras intervenciones como sátrapa de Venezuela. Desde el 2013 está en el poder gracias a múltiples fraudes, a la manipulación de la Constitución, una férrea represión y al control y depuración de diversas instituciones del Estado, principalmente de las Fuerzas Armadas. Esto le ha permitido perpetuarse y al mismo tiempo arrojar a Venezuela a la miseria, a pesar de ser uno de los países con mayores reservas de petróleo en el mundo. De haber sido hace décadas uno de los países más ricos y envidiados del continente, hoy Venezuela es una de las más pobres y miserables, con millones de sus ciudadanos que son obligados a emigrar a otros países, huyendo del hambre y la miseria. Se estima que más de 20 millones de venezolanos viven en la pobreza extrema (su población total es de casi 30 millones) y casi el 85% piensa que es conveniente emigrar por la inseguridad y precariedad económica. En la actualidad, su desesperación va en aumento. Maduro se ha convertido en un paria internacional por la sistemática represión que aplica a opositores y medios de comunicación, y por la falta de libertades a una sociedad vejada en sus derechos humanos; en suma, ha terminado con la democracia. Pero toda demagogia tiene sus límites y la suya, apoyada en la verborrea chavista, apunta a que llegó a su fin. Hay dos opciones que están sobre el tablero. La primera corresponde a una intervención militar directa por parte del ejército de Estados Unidos y de esta forma llevarlo ante la justicia estadounidense para que responda por sus múltiples crímenes, mientras que, hay sectores interesados que “sugieren” que se abra de inmediato una nueva etapa hacia la democracia, donde sean las elecciones las que abran paso, nuevamente, “a una reconstrucción institucional”, aunque esta última opción es rechazada por la oposición venezolana, que no quieren tener ningún trato con ese régimen criminal ni con sus ‘alacranes’ ni ‘enchufados’ - que solo buscan salvar el pellejo - para los cuales solo habrá juicio y castigo, y que reconocen únicamente como legitimo presidente a Edmundo Gonzales quien gano las elecciones del 28J, cuyos resultados fueron desconocidos por Maduro, el cual, como recordareis, mediante el fraude más escandaloso que se recuerde se proclamo “ganador” de esos comicios, lo cual no ha sido reconocido por gran parte de la comunidad internacional que con justa razón es considerado como un usurpador. Recordemos que, en estos momentos, Maduro es acusado por Washington de ser el cabecilla del Cártel de los Soles (fundado por Hugo Chávez) y socio del Cártel de Sinaloa y del Tren de Aragua, por lo que ofrecen una recompensa de 50 millones de dólares a quien proporcione información para que sea arrestado. Esta organización criminal, también conocida como el Cartel de los Suns, es un grupo de narcotraficantes estrechamente vinculado al régimen chavista. Su nombre se remonta a principios de siglo, cuando en el 2004 el periodista y concejal Mauro Marcano acusó al jefe de la Guardia Nacional de Venezuela, Alexis Maneiro, y a otros oficiales de estar involucrados en el narcotráfico. Marcano, quien fue asesinado por los chavistas en septiembre del 2004, iba a efectuar la denuncia contra lo que llamó "Cartel de los Soles", en alusión a las insignias de generales venezolanos. Pero la afirmación de que este cartel está estrechamente ligado al Gobierno de Venezuela no es nueva. En julio del 2005, el diario The Miami Herald publicó, en palabras de un "diplomático extranjero en Caracas, familiarizado con las operaciones antidroga", que el Cartel de los Soles era como "un considerable grupo de generales del Ejército y la Guardia Nacional". Al respecto, la fiscal general de Estados Unidos, Pamela Bondi, dijo en conferencia de prensa que la DEA ha incautado 30 toneladas de cocaína vinculadas a Maduro, por lo que es uno de los mayores narcotraficantes del mundo. Otra opción es que se rinda y negocie un exilio ante la presión internacional que se está manifestando en Occidente. De momento, se sabe que el avión dictatorial habría llevado toneladas de oro y millones de dólares robados del Banco Central de Venezuela a Nicaragua, aunque se dice que Brasil ha montado un operativo para “rescatar” a Maduro, si los EE.UU. ocupan el país. Como sabéis, los criminales cuando ya se saben perdidos y sienten que ya no pueden salir del pantano, son capaces de saltar del barco a esconderse en las profundidades, abandonando a su suerte a sus partidarios, quienes ilusamente creían sus mentiras. El pueblo venezolano desde hace tiempo pide un cambio, pero la sangrienta represión al que son sometidos, intenta alargar ese régimen asesino. Pero la pesadilla de Venezuela no empezó con Maduro, sino con Hugo Chávez. La continuidad que supuso Nicolás fue solo el corolario del declive del que fue un gran país. Todas las democracias albergan demagogos, dicen Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, ambos profesores de Harvard y especialistas en democracia y autoritarismo. Ellos retoman en su libro Cómo mueren las democracias las observaciones del politólogo alemán Johann Linz para apuntar cuatro signos de preocupación sobre un político autoritario: 1) cuando rechaza, mediante palabras o acciones, las reglas democráticas del juego; 2) cuando niega la legitimidad de sus oponentes; 3) cuando tolera o alienta la violencia, y 4) cuando indica su voluntad de restringir las libertades civiles de sus opositores, incluidos los medios de comunicación. No cabe la menor duda de que Chávez y Maduro han cumplido a cabalidad estos preceptos, y muchos más en América Latina. Entretanto, China y Rusia lo han abandonado a su suerte, por lo que no van a mover un dedo para salvarlo. Cada vez mas solo, Maduro sabe que se acerca su fin. Por lo pronto, sigue atrincherando con lo poco que le queda, la demagogia y la desesperación. Sus discursos son cada vez más delirantes y sus medidas inoperantes, por ejemplo, decir que “está enlistando a la sociedad civil” (ancianos decrépitos en su gran mayoría enarbolando palos de escoba, a cambio de una bolsa de comida) lo cual no son más que patéticos montajes de propaganda, ya que como se ha podido comprobar estos centros de “alistamiento” que se encentran en las plazas, lucen prácticamente vacíos, por lo que está recurriendo al reclutamiento forzoso. Mientras tanto, el gobierno de Washington ha ordenado el despliegue de ocho buques, aviones, helicópteros y submarinos nucleares en el Mar Caribe, algo que esas aguas azul turquesa nunca habían vivido. Además, un país como Guyana, frontera con Venezuela, les ha permitido a los uniformados estadounidenses usar su territorio para desembarcar. Toda la inteligencia militar está lista para que, en cuanto Trump decida presionar el botón, las fuerzas de élite “capturen” o “liquiden” a Maduro. Historias como estas ya las hemos visto; basta recordar a Manuel Antonio Noriega, o a Muammar al Gaddafi. Estamos prontos a ver un nuevo episodio de otro dictador derrocado. Por cierto, su caída arrastrara con él a los regímenes asesinos de Cuba y Nicaragua, parásitos que sobreviven apenas con el petróleo que les regala Venezuela, y tras el fin del chavismo, saben que serán los siguientes - aparte claro esta del duro golpe que recibiría la corrupta izquierda latinoamericana al ver desaparecer a sus referentes - razón de más para que extirpar este cáncer maligno cuanto antes.... A por ellos.