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sábado, 27 de julio de 2024

VENEZUELA: Hora cero

Nadie sabe con seguridad cómo va a amanecer en Venezuela el 29 de julio, al día siguiente de las elecciones presidenciales. En condiciones normales, el traspaso de poderes entre un presidente saliente y otro entrante sería una mera formalidad institucional, pero en el contexto en el que se encuentra Venezuela resulta una incógnita. Los opositores vislumbran una clara oportunidad de cambio en el país tras 25 años de chavismo y dan casi por segura su victoria. Al mismo tiempo, se preguntan si el régimen bolivariano, que ahora mismo controla todos los resortes del Estado, aceptaría una derrota y dejaría que, en enero del año que viene, alguien distinto a Nicolás Maduro entrase por la puerta del Palacio de Miraflores, la sede del Gobierno. Como sabéis, Venezuela enfrenta mañana unas elecciones presidenciales inmersa en la más devastadora crisis social, política y económica de su historia, el más importante “logro” alcanzado por el régimen chavista que convirtió al país - otrora uno de más ricos y envidiados de la región gracias a su petróleo - en el más miserable y despreciado del continente, con 8 millones de venezolanos que han tenido que emigrar para no morir de hambre. Maduro, aquel oscuro microbusero que en su desesperado intento por aferrarse al poder, ‘heredado’ de un moribundo Hugo Chávez en el 2013 ha estado elevando hasta el último momento la represión contra la oposición, prohibiendo la llegada de observadores internacionales y aumentando las detenciones arbitrarias así como las desapariciones forzadas. El contexto se agrava con sus recientes amenazas de que ocurrirá un "baño de sangre" y una guerra civil en caso de no ser reelegido: “Este 28 de julio, si no quieren que Venezuela caiga en un baño de sangre, en una guerra civil fratricida producto de los fascistas, garanticemos el más grande éxito, la más grande victoria de la historia electoral de nuestro pueblo. Este 28 de julio se decide guerra o paz, guarimba (protesta violenta) o tranquilidad, proyecto de patria o colonia, democracia o fascismo. Ellos están buscando una hecatombe, una tragedia, algo fuerte que cambie el curso de lo que va a ocurrir en Venezuela este 28 de julio, pero no lo permitiremos. Al pasado no volveremos y ellos jamás volverán al poder político en Venezuela”, exclamó ante sus partidarios. En esta ocasión Maduro se enfrenta en los comicios al embajador Edmundo González Urrutia de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) como principal candidato de la oposición, quien según todas las encuestas, lidera la intención de voto con más de 25 puntos por encima del sátrapa. No es de extrañar por ello, que a pocas horas de las elecciones y ante su inminente derrota, este haya reiterado sus amenazas que presagian más violencia si el resultado electoral no le favorece, ya que tiene a su disposición a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), la policía y las milicias chavistas listas para desatar el terror. Este discurso de intimidación busca no solo amedrentar a la oposición sino también infundir miedo en el electorado, interpretados como intentos por mantener el poder frente a una casi segura derrota electoral. Por ello, la comunidad internacional duda de la transparencia en los resultados de estas elecciones. La retórica de Maduro no solo ha sembrado temor, sino que está preparando el terreno para ‘justificar’ actos de violencia postelectorales y un potencial fraude para luego proclamar su ‘victoria’. Otros analistas advierten que el régimen podría desconocer un triunfo opositor anulando los comicios, que desencadenaría una crisis política y social de impredecibles consecuencias. Es indudable que más allá de desfasadas proclamas ideológicas (como su anacrónico y caduco socialismo del siglo XXI) el régimen chavista se ha desviado hacia una cleptocracia donde la corrupción y acaparamiento de recursos por una élite criminal se ha convertido en norma y donde la explotación despiadada de la riqueza mineral del país y contrabando a gran escala ha reemplazado cualquier tipo de gestión gubernamental legítima. Venezuela es un Estado fallido, donde el chavismo controla todos los poderes, incluido el sistema electoral, con regiones sin ley efectiva bajo el control del crimen organizado. El desplome de la economía, exacerbado por sanciones internacionales y la pésima gestión del régimen, ha provocado un éxodo masivo de millones de venezolanos buscando refugio y condiciones de vida básicas; situación que podría agravarse si Maduro consuma el fraude. Es indudable que el futuro político de Venezuela se encuentra en un punto crítico. La comunidad internacional, aunque reticente a intervenir militarmente, deberá jugar un papel importante de producirse una transición democrática para manejar las consecuencias humanitarias de la crisis, porque estas elecciones no solo determinarán el futuro de Venezuela sino también la estabilidad de los próximos años en toda la región. Las elecciones venezolanas son mucho más que un evento político; representan un momento decisivo en la lucha por la democracia en un país asolado por la corrupción y la desesperanza desde que el chavismo se hizo con el poder en 1999. La magia de la revolución bolivariana - si es que alguna vez la hubo - se terminó y la cruda realidad de una narcodictadura sostenida a sangre y fuego es lo único que ha quedado al descubierto tras 25 años de continuos fracasos. A pesar de los esfuerzos del régimen por impedirlo, el cambio es indetenible en Venezuela; sin embargo, permanece la incertidumbre de que si el sátrapa y sus secuaces intentaran recurrir al fraude una vez más. Pero la gran movilización de los electores, la defensa del voto en las mesas de sufragio y sobre todo la presencia ciudadana en las calles y plazas, será decisiva para evitar que ello suceda. Si el hartazgo entre la población civil se une a la actitud cívica de los uniformados, nada evitará la victoria de la oposición. Ante ello, Maduro puede optar por la represión o en su defecto negociar su salida del poder, esto es impunidad para él y su camarilla. Sucede que la encrucijada venezolana está instalada sobre un problema principal: ¿cómo lograr que acepte la derrota un grupo de jerarcas que, si lo hace, tiene garantizada la prisión? Maduro y varios de sus secuaces son investigados en la Corte Penal Internacional de La Haya por la comisión de crímenes de lesa humanidad. Además, en los EE.UU. ofrecen una recompensa de 15 millones de dólares por la información que permita capturar al dictador. Pero de consumarse la victoria de la oposición y el régimen se vea obligado a aceptar los resultados, el largo período de transferencia de gobierno hasta enero del próximo año será un periodo muy riesgoso, por lo que lo conveniente es que los plazos se acorten. Ello debido al alto grado de polarización existente en el país - exacerbado durante años por el chavismo con sus discursos de odio - por lo que la transición de ninguna manera sería pacífica y para muchos habrá llegado la hora de la venganza, lo cual generaría una reacción del régimen, desatando el baño de sangre prometido. Esperamos que no se llegue a esos extremos. Son tiempos difíciles los que se vienen. Hoy Venezuela libra una batalla por su libertad. (Mención aparte, merecen los eternos compañeros de viaje que este sátrapa ha tenido y tiene en el Perú: personajes de la izquierda local a los que una pretendida sintonía ideológica con el régimen chavista ha llevado a callar invariablemente frente a sus atropellos y a contorsionarse retóricamente para evitar llamarlo por su nombre: dictadura. De todo ese vergonzoso universo, no obstante, quien más, por así decirlo, destaca es Verónika Mendoza alias “Camarada Vero” - cabecilla del recién inscrito partido denominado eufemísticamente Nuevo Perú para el Buen Vivir, que al igual que MOVADEF y Perú Libre, es otro organismo de fachada de Sendero Luminoso, del cual por cierto, es su nueva vocera (A propósito ¿qué habrá sido de la “Camarada Vilma”?) - candidata en dos oportunidades a la presidencia de la República y socia del régimen filosenderista del delincuente terrorista Pedro Castillo, quien hoy se pudre en la cárcel por golpista y ladrón. Tiempo atrás, esta tipeja se negaba de hacer críticas al chavismo argumentando “que había ganado siempre las elecciones” (aunque siempre se supo también que lo hizo de forma fraudulenta), y ahora último ha cargado contra la oposición venezolana alegando que “no es la más democrática ni la más transformadora”, volviendo a apoyar de manera desvergonzada al régimen de Maduro, una clara demostración de lo que haría en el Perú si llegase al poder...Que siga soñando, que ello nunca ocurrirá)
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