Lo que nos enseña la historia, es que muchas veces en el Perú ocurre lo impensado. Cuando en el mundo y en la región, la izquierda retrocede desprestigiada por su incompetencia e incapacidad de resolver los problemas de sus poblaciones, y en el Perú se había logrado con un gran esfuerzo del bloque democrático en el Congreso destituir al golpista Pedro Castillo y enrumbar al Perú en la dirección del crecimiento económico, del desarrollo y reducción de pobreza, a través de alianzas que permitieron gobernabilidad frente a la irresponsabilidad e incompetencia de una izquierda corrupta, el cabecilla de Renovación Caviar, Rafael López Aliaga , posibilito que un comunista como José María Balcazar ocupe el sillón de Pizarro en reemplazo de José Jerí. Por cierto, su elección como presidente no fue un accidente político; es un síntoma de la descomposición moral de la clase dirigente peruana. ¿Quién es realmente Balcázar? Es el depravado que, desde su curul, defendió el matrimonio infantil y que las niñas tengan relaciones sexuales “tempranas” para su bien psicológico. Un despreciable sujeto expulsado de su gremio, el Colegio de Abogados de Lambayeque, por un desvío de 2.7 millones de soles a sus cuentas personales, hablamos de alguien capaz de plagiar la tesis de su propio hijo y que lleva con desparpajo el récord de más de una docena de carpetas fiscales en las que es el investigado. Este es el insulso personaje que hoy ostenta la banda presidencial: un hombre sin credenciales éticas, una sombra que debería estar respondiendo ante la justicia por corrupto, pedófilo y ladrón, y no gobernando un país. Como recordareis, el Perú avanzó mucho en estos últimos años desde el caótico régimen filosenderista de Pedro Castillo que solo trajo fuga de capitales y de talento, pobreza, inflación y una parálisis económica. En los últimos dos años, las inversiones que se habían ejecutado años atrás, especialmente en infraestructura, minería y agricultura, desde el gobierno de Fujimori dieron frutos y permitieron aprovechar los altos precios internacionales de los metales y los tratados de libre comercio que el Perú había firmado años atrás. De esta manera se llegó al 2026 con una situación expectante, indicadores macroeconómicos inmejorables y la expectativa de unas elecciones entre candidatos que abrazaban la libertad de empresa y la economía de mercado. Ese sueño se truncó a con la destitución de Jeri y la elección, otra vez, de un comunista a la Presidencia de la República por las bancadas de izquierda, y la complicidad irresponsable de Renovación Caviar. No podemos culpar únicamente de este desenlace a la izquierda que está en su juego, pero hay varios que actuaron irresponsablemente o se dejaron estar frente a la permanente amenaza de la izquierda. En primer lugar, la prensa basura fue implacable tanto con Dina Boluarte como posteriormente con José Jeri, ambos con defectos y acciones criticables, pero que no merecían destituciones express, violando la Constitución y el espíritu democrático del debido proceso. En segundo lugar, la llamada sociedad civil, las élites intelectuales, sociales y económicas del país que se dejaron estar, bajando la guardia frente a la izquierda, con la complacencia que les generaba ver una región que se derechizaba y una economía peruana que se enrumbaba otra vez al crecimiento y desarrollo. Finalmente, el otro gran responsable de este desastre es López Aliaga, que sabiendo la fragilidad de la alianza en el Congreso que había logrado dar gobernabilidad al país y respaldar a presidentes no comunistas como Boluarte y Jeri que tuvieron defectos pero también logros, no tuvo empacho en anteponer sus intereses políticos personales, sin medir las consecuencias de sus acciones sobre los intereses del Perú, y subirse al coche de la izquierda y los caviares para destituir a Jerí y terminar permitiendo que el Congreso nombre a un presidente de extrema izquierda. Lo más indignante de todo ello es que López Aliaga no admita la barbaridad cometida, y trate de culpar a otros de su bestialidad, pero a nadie engaña, como se percibe en las encuestas donde su caída es imparable. El daño ya está hecho y lo que resta es controlar los daños para que el Perú no termine en la mano del comunismo en las próximas elecciones. Quedan poco más de 5 meses a este gobierno y será responsabilidad del Congreso, de los medios de comunicación sensatos, y de la sociedad civil que todos representan, de hacer una marcación estricta a este nefasto régimen filosenderista, no permitiendo acciones que desestabilicen más al país, como intentar convocar a una espuria constituyente para cambiar la Constitución, la liberación de delincuentes terroristas como Pedro Castillo, Betssy Chávez o Guillermo Bermejo, que intenten afectar el proceso electoral, o lo avanzado en la economía. Otro caso similar es del prófugo líder de Peru Libre - Vladimir Cerron - que ha demostrado meridianamente que gobierna desde las sombras y que hará todo lo posible mediante el fraude, imponerse en los comicios del próximo 12 de abril. Ya lo hicieron el 2021 y ahora pretenderán repetirlo con ese monigote de Balcázar en Palacio, que no tiene poder alguno. Por ello, los sectores democráticos deberán en sus plataformas electorales desenmascarar tanto a la izquierda empobrecedora por lo que es - y resaltar la superioridad moral, material y democrática de sus idearios - así como a los topos de los caviares representados por Rafael López Aliaga. El adversario no solo está en él comunismo anacrónico y en la izquierda caviar que por más de 20 años ha manejado el país, impidiendo su desarrollo y que pretenden continuar haciéndolo, sino también en aquellos sujetos inescrupulosos y venales como Porky, quien, en busca de lograr sus propósitos, no duda en aliarse groseramente con los enemigos del Perú. Que ello no se repita y sea castigado severamente en las urnas.... Lo que ha hecho este miserable no tiene perdón.
Su nombre deriva del idioma quechua que significa “cabe en el centro”, en referencia a su ubicación entre las montañas de Huascarán y Contrahierbas. Localizada en la región de Ancash, provincia de Yungay, a una altitud de 6354 msnm., se trata de la quinta montaña más alta del Perú, también considerada como el tercer pico del Macizo del Huascarán, y es uno de los ascensos más retadores para los andinistas. Al ubicarse en el corazón de la Cordillera Blanca, su cima nos muestra una vista panorámica exclusiva, ofreciéndonos una espléndida vista de los lagos turquesa de Llanganuco. La primera ascención del Chopicalqui se realizó en 1932. La expedición del DAV (Deutscher Alpenverein) a Cordillera Blanca, dirigida por Philip Borchers (DE). Tras fracasar en el Champará y Contrahierbas, y realizar la primera ascensión del Huascarán Sur, Borchers (DE), H. Hoerlin (DE), E. Schneider (DE) y E. Hein (DE), alcanzaron la cumbre del Chopicalqui, siguiendo la arista suroeste, el 3 de agosto. En días posteriores se realizarían varias primeras ascensiones, entre ellas el Artesonraju y Huandoy Norte. Para llegar al nevado, hay que iniciar el recorrido desde Huaraz, para realizar una aclimatación en la Laguna de Churup a 4.450 m.s.n.m. siguiendo el recorrido debe dirigirse hacia el norte del Callejón de Huaylas, hasta la ciudad de Yungay y ascender a la Quebrada Llanganuco, pasando por las lagunas Chinancocha y Orconcocha. Son dos espejos turquesa rodeados de paredes verticales. Desde sus orillas se observa perfectamente la cara de la montaña. Por cierto, su reflejo es uno de los paisajes más buscados por viajeros y fotógrafos. Luego, hay que dirigirse hacia el portachuelo de Llanganuco y terminar hasta el campo base de Chopicalqui a 4.350 m.s.n.m. para empezar la ascensión hacia la cumbre. El transcurso hacia el glaciar es bien pesado y se encuentra señalado por hitos de piedra, ya que el ascenso es peligroso, porque se desploman rocas desde encima de la pared, por lo que se recomienda pasar esos puntos velozmente, sin agruparse y con casco. Lamentablemente, al igual que muchos otros picos de la Cordillera Blanca, el Nevado Chopicalqui ha experimentado un retroceso significativo de sus glaciares en las últimas décadas debido al cambio climático. Este fenómeno ha cambiado el paisaje de la montaña y ha planteado nuevos desafíos para los alpinistas que buscan conquistar sus cumbres. La evidencia del impacto del cambio climático es visible en cada grieta y serac del glaciar. Por ese motivo, ante la creciente amenaza del cambio climático, es más importante que nunca practicar el turismo responsable y apoyar la conservación de los ecosistemas frágiles de la Cordillera Blanca. Esto incluye seguir las regulaciones locales, respetar el entorno natural y contribuir a iniciativas de conservación que ayuden a proteger estos paisajes para las generaciones futuras. En resumen, el Nevado Chopicalqui es mucho más que una montaña; es un símbolo de la grandeza y la fragilidad de la naturaleza, así como un desafío para los espíritus aventureros. Con su impresionante belleza y su rica historia, esta maravilla natural continúa cautivando y asombrando a todos aquellos que tienen el privilegio de explorarla, recordándonos la importancia de preservar y proteger estos preciosos paisajes montañosos para las generaciones venideras.