TV EN VIVO

Saturday, February 7, 2026

PERÚ: Unas elecciones sin candidatos

Ya estamos en febrero y a poco más de dos meses de las elecciones generales programadas para el 12 de abril en el país andino, existe una total indiferencia y rechazo a las burdas propuestas - cada una más disparatada que la otra - hechas por quienes ofrecen de todo lo inimaginable, haciendo además el ridículo en las redes sociales, donde aparecen bailando, organizando rifas o disfrazados de payasos, con el único objetivo de lo ganar los votos que les posibilite sentarse en el sillón de Pizarro y robar a manos llenas “para recuperar lo invertido” según sus propias palabras, dichas sin vergüenza alguna. Nadie se salva de ello y todos en mayor o menor grado, están envueltos en grandes escándalos de corrupción, que ha originado que estos comicios sean los más anodinos e insulsos de los últimos tiempos, y donde ninguno de los mas de 30 candidatos - cuyo solo número es una vergüenza absoluta que demuestra el país bananero e informal que es el Perú, donde cualquier oportunista y aventurero, analfabeto consumado y sin estudios como Pedro Castillo puede presentarse, y ganarlas mediante el fraude, como sucedió en el 2021, donde los parásitos caviares digitaron las elecciones a su gusto, y que ahora desesperadamente pretenden repetir, tratando primero de vacar al Presidente José Jerí con acusaciones sin fundamento y colocar en su lugar a quien posibilite que “su” candidato sea el triunfador - tienen algo bueno que ofrecer, por lo que el resultado de seguro será de imprevisibles consecuencias. Nada bueno, por cierto. En efecto, los peruano se encuentran frente a las elecciones más desabridas, anónimas y carentes de épica que haya conocido su historia reciente. La intención de voto se ha desplomado dentro del electorado, sin que surja un solo nombre que cautive el nombre siquiera de una pequeña porción de los votantes. El caudillismo que siempre ha caracterizado el sufragio nacional esta vez ha fracasado estrepitosamente, al no poder colocar referentes significativos dentro de los espectros políticos. Entre inhabilitaciones oportunas y decepciones acumuladas, tanto la derecha como la izquierda han visto erosionarse la consistencia de sus candidaturas. Hay menos dispersión interna, es cierto, pero también una preocupante ausencia de convicción y una alarmante carencia de contundencia. En este contexto, la incertidumbre no es una anomalía: es la regla. Sin embargo, el plan de la izquierda se consolida de manera mucho más clara que el de la derecha, la cual se ha partido en frentes completamente disparejos. El ex burgomaestre de Lima, Rafael López Aliaga - cuya gestión ha sido un total desastre, con una caótica ciudad convertida en un inmenso basural - domina el espectro sin pena ni gloria, sostenido más por inercia que por un apoyo del electorado. Su campaña colinda más con soberbia y optimismo que con el trabajo de la persuasión. Y su estabilidad, debemos decirlo, responde menos a su campaña electoral que a la ausencia de competidores de peso en su propio campo ideológico. Pretende imitar al argentino Javier Milei, aquel ‘perro faldero’ de Trump que se arrastra ante su amo y acude solícitamente a la Casa Blanca a cualquier llamado de quien tiene jalando su cadena. Se puede ser de derecha - como quien escribe - pero JAMÁS llegaría a ese grado de sumisión y entreguismo de lo más patético que he visto. Y ‘Porky’ de seguro quiere seguir sus pasos, no como un perro, sino como el cerdo que es. Por otro lado, el coronel José Williams intenta liderar a la derecha menos ortodoxa, pero lo hace desde una candidatura deslucida, insípida, evidentemente apresurada y casi desatendida. Es más, el cobrar dos sueldos del Estado, como pensionista del ejército y como congresista - lo cual está prohibido y es un delito, pero la justicia sospechosamente no dice nada - lo deslegitima completamente por lo que es el menos indicado para dar clases de moral. Las expectativas, por ende, son nulas. Todo dentro de ese ‘vientre de alquiler’ que no ha sabido como prepararse de cara al 2026, desde candidaturas exasperadas y fracasadas, en búsqueda de un voto como sea, hasta la candidatura de emergencia del ex Comando Chavín de Huántar buscando salvar un naufragio sin salvavidas. El resultado es evidente: un remedo de ‘partido’ sin dirección clara ni proyecto reconocible. El fujimorismo en tanto, otrora omnipresente en el Perú, atraviesa el periodo de mayor debilidad de los últimos 15 años, pero se resiste a reconocerlo. Se aferra a la falaz creencia que sus votantes pasados optaban por ellos por convicción, cuando en realidad solo se remontaban a un voto nostálgico y anhelo de injerencia del fallecido exdictador Kenyo Fujimori. Su hija Keiko, autoproclamada heredera quien se resiste a dar un paso al costado y permitir que nuevos rostros dirijan el movimiento, presentándose por cuarta vez como candidata, a pesar del gran antivoto que ha recibido en anteriores comicios, donde siempre perdió en el ballotage. No hay que olvidar que, por culpa del fujimorismo, quien vaco a Kuczynski en el 2017, mas por revanchismo que por otra cosa, dio origen a la actual inestabilidad política en el Perú, sucediéndose en Palacio una serie de improvisados, hasta la actualidad. En cuanto al resto de los candidatos dizque derechistas, debido a su irrelevancia, no ameritan mención alguna. La izquierda como siempre, va profundamente fracturada, no tiene nada que ofrecer y solo tienen el mismo discurso violentista que busca además busca indultar y reivindicar a un delincuente terrorista como Pedro Castillo. Es de esperar que la defensa que hacen de este tenga algún impacto en el proceso electoral y sus seguidores voten por ellos. Como sabéis, este vil y despreciable sujeto - ladrón y golpista por añadidura, el cual cumple una condena por ello - ha sido el peor inquilino que haya pasado por Palacio de Gobierno, pero para el pueblo bruto e ignorante, una indiada soliviantada atraída por retoricas y narrativas simplistas de odio y revanchismo, no importa. Durante tres años el discurso ha sido orientado por su parte en negar el golpe de Estado y construir una falsa imagen de aquel oscuro individuo como un “preso político” (?). Es cierto que ese respaldo no garantiza triunfos, pero en un escenario atomizado puede inclinar balanzas. No sorprende entonces, que figuras como el impresentable José Luna - procesado por múltiples actos de corrupción - haya transitado sin rubor desde la condena inicial al golpe hasta su negación sistemática, siguiendo el pulso de la conveniencia política, buscando con ello la impunidad para sus delitos. Por cierto, una cosa en común que tienen los izquierdistas, es el anuncio de querer hacer uso de las Reservas Internacionales - que son la base de la actual estabilidad económica del país, gracias a lo cual tiene una baja inflación y la moneda más fuerte de Latinoamérica - en “obras para el pueblo” cuando lo único que quieren es repartírselo entre ellos, dejando al Perú en la misma situación en la que están Cuba, Nicaragua y Venezuela, en la miseria y la ruina total. Ya lo quiso hacer Castillo cuando dio el golpe, pero fracaso... Robar y robar es lo único que saben hacer. De esta manera, la derecha no capta nuevos votantes, especialmente en el sur del país, mientras la izquierda parasita juega a la “democracia” mientras prepara el indulto a ese analfabeto mononeuronal. En este terreno baldío emerge la figura folclórica de un cómico ambulante llamado Carlos Álvarez, quien busca presentarse como el “Bukele” peruano, con lo cual espera lograr raspar algo más que solo una muerte en primera vuelta. Candidatura que deja más incógnitas que respuestas (aunque últimas informaciones provenientes de ese país afirman que piensa abandonar la carrera electoral). Como dejar de lado a otro aventurero como Alfonso López Chau - de nefasta gestión al frente de la UNI - quien afronta una investigación fiscal por colusión agravada por escandalosas irregularidades cometidas cuando era rector de esa universidad pública. Además, registra antecedentes judiciales de décadas anteriores, terminando en la cárcel por robo y no por “oposición al velasquismo” como hizo hacer creer a los incautos, además de su publica admiración por el cabecilla terrorista del MRTA, Victor Polay Campos - condenado a Cadena Perpetua en la Base Naval - a quien considera “un luchador social” (?), por lo cual podría indultarlo en un eventual gobierno suyo - tal como Castillo pretendió hacer con Abimael Guzmán, quien se murió un día antes - hechos que contrastan con su discurso de “renovación política” que de ello no tiene absolutamente nada. De esta manera, y con más de treinta postulantes en carrera - lo cual es algo inédito en el mundo - el país andino enfrenta unas elecciones donde todo puede suceder. No hay liderazgos claros, no hay proyectos estructurados, no hay narrativas movilizadoras. Lima debería ser la región con la situación más clara, sin embargo, las encuestas indican que el trabajo no está bien hecho. ¿Fracaso de los candidatos? naturalmente. Todo aquel que conoce la política peruana sabe que siempre se ha referido a nombres y no tanto a ideas o partidos, y los actuales parecen no mover ni a un alma. Son las mismas caras viejas y desgastadas de pasados comicios. No cabe duda por ello que estas elecciones serán un tiro de moneda al aire. A ello debemos agregar el total desprestigio del Congreso, con casi el 100% de rechazo y que indudablemente arrastra a la clase política allí representada que solo buscan su conveniencia aun en contra de los intereses de los ciudadanos. Allí está por ejemplo el referéndum del 2018 que con más del 70% dijo no tanto a la reelección de congresistas como a la vuelta del Senado. Pero estos resultados no le importaron a estos fascinerosos que insisten en reelegirse una y otra vez. Si ahora con una sola cámara despilfarran las Arcas Públicas a mas no poder, imagínense ahora que vuelve el Senado, los gastos se dispararan hasta el infinito. Por ello no de extrañar la gran cantidad de desempleados y muertos de hambre que se presentan en estos comicios. Quieren seguir viviendo a costa de Estado, aprovechándose de la ignorancia de quienes votan por ellos. A poco más de dos meses para la primera vuelta y ningún candidato despunta en la encuestas. ¿Cómo, quienes ostentan, uno el 12 % y otro con el 7%, que obtendrán en la primera vuelta, podrían ser elegidos en el ballotage que necesariamente se va a dar en junio? Ello es absurdo, porque no representaran a nadie. Su baja aceptación - lo que originará que sus remedos de ‘partidos’ tengan una insignificante representación en el Congreso bicameral, donde la oposición podrá vacarlo en cualquier instante - puede ser un nefasto presagio para la institucionalidad democrática. A todo ello debemos agregar el tamaño de la cédula de votación, que, por sus grandes dimensiones, será tamaño “sabana” lo cual creará gran confusión en el electorado y dará origen sin ninguna duda a múltiples impugnaciones por parte de los perdedores.... ¿Y si en estos comicios sin candidatos aceptables ‘gana’ el voto nulo? A prepararse para lo peor.

Tuesday, February 3, 2026

HUELLAS DEL PASADO: Chinchaycamac

Era el dios principal y creador máximo del reino Chincha (ubicado en la costa sur del Perú), y era considerado una deidad oracular poderosa y protectora. Se le veneraba en un santuario principal junto a Urpiwachay, la diosa de los peces, siendo crucial para el comercio, la agricultura y la pesca en la región. Se creía que proveía equilibrio y fertilidad a la zona de Chincha y a menudo se le asociaba con la creación y la gestión de los recursos marinos. Según los chincha, sus dioses provenían de una isla cercana. El culto se realizaba en sus templos - llamados huacas - construidos expresamente para la adoración religiosa. Dentro de las ceremonias religiosas que practicaba esta cultura se utilizaba como principal elemento una concha marina del género Spondylus, que estaba considerada como alimento y símbolo de los dioses. Era considerado además un oráculo de gran prestigio, cuyo templo era visitado para recibir predicciones y guía. Aunque la zona tenía influencias de otros dioses como Kon o Pachacámac, Chinchaycamac mantenía su preeminencia local en el valle de Chincha. Se le vinculaba a la cosmovisión de la costa sur, enfocada en la relación con el mar y el intercambio comercial, sobre todo porque los chinchanos se dedicaban al comercio y eran estimados por ello por los Incas. Debido a su gran riqueza y poder, el Señor de Chincha recibía los mismos honores y privilegios que el Inca. Es más, tras la guerra civil que asolo al Imperio, que enfrento al Inca Huáscar con el bastardo Atahualpa - y que fue ganada por este último - el rey de Chincha se alió con el usurpador traicionando a su legitimo señor, por lo que debido a su traición, obtuvo el derecho a ser llevado en andas mas lujosas que la el propio Atahualpa, pero esto al final esto le costó su propia vida, ya que en los sucesos de Cajamarca - donde el audaz explorador Francisco Pizarro capturo al bastardo quiteño - el chinchano no obtuvo la misma suerte y fue muerto de un lanzazo por un español creyendo que era el propio Atahualpa, pero al darse cuenta de su error, quiso hacer lo mismo con Atahualpa, pero Pizarro se opuso y lo capturaron vivo, a quien luego de solicitarle un rescate por su vida, lo hizo estrangular por felón y regicida, por haber matado a Huáscar. De esta manera, el Imperio Inca no solo llegaba a su fin, sino también el reino Chincha, del cual era su tributario. Cabe precisar que la aparición de esta civilización se produjo entre los años 900 y el 1000 d. C., tras el derrumbe del Imperio Wari, del cual formaban parte. En el 1476 pasaron a formar parte del Imperio Inca, aunque su fortaleza como potencia marítima les permitió conservar algo de autonomía. El nombre de la civilización proviene de la palabra chinchay o chincha, que en su lengua significa jaguar y ocelote. Desde sus dominios en el valle que le da nombre, este pueblo se extendió por los valles de Ica, Nazca, Pisco y Cañete. Gracias a las condiciones del terreno y a la infraestructura hidráulica que construyeron, los chincha pudieron desarrollar una intensa actividad agrícola. Su actividad económica más importante, no obstante, era el comercio, especialmente el marítimo. La cultura chincha estableció rutas comerciales que les permitieron intercambiar productos con pueblos ubicados en los actuales Chile, Ecuador, Venezuela y Colombia. Los productos que más intercambiaban eran las conchas marinas y las piedras preciosas. Políticamente, los chinchas estaban organizados en señoríos gobernados por un monarca cruel y despótico. Los sacerdotes eran otra de las clases sociales privilegiadas dentro de una estructura social jerarquizada. Se trataba de un pueblo militarizado, por lo que la nobleza militar también se encontraba entre los grupos de poder. Tras la conquista española del Imperio Inca, sus cronistas dejaron por escrito algunos datos sobre los chinchas. En concreto, varios de ellos mencionan la existencia de un gran reino en la zona y alguno señalo la presencia de su rey en Cajamarca, cuando Atahualpa fue capturado. Sin embargo, no fue hasta que el alemán Max Uhle realizó excavaciones en la zona cuando se empezó a estudiar con más interés esa cultura. Los chincha integraron varios valles contiguos y estableció su capital en Tambo de Mora. Fue en esa fase cuando empezaron a practicar la navegación, lo que se convertiría en una de sus principales señas de identidad. Sus conocimientos acerca de ese tema les permitieron establecer rutas comerciales marinas y, en consecuencia, aumentar su prosperidad e influencia. A partir de 1438 y hasta 1471, los incas organizaron varias expediciones al territorio chincha. Según algunos investigadores, estos primeros contactos no fueron realizados con intenciones de conquista, sino que pretendían establecer relaciones económicas y políticas que beneficiasen a ambas civilizaciones. Sin embargo, otros historiadores sí apuntan a que existieron intentos de conquista por parte de los incas, entonces gobernados por Pachacútec. Finalmente, en 1476, la civilización chincha fue anexionada al Imperio inca durante el gobierno de Túpac Inca Yupanqui. A pesar de esa anexión, el reino chincha mantuvo su importancia. Según los relatos, el único que podía llevar andas durante las ceremonias, aparte del Inca, era el rey chincha, llamado Guavia Rucana, quien como detallamos líneas arriba, fue muerto atravezado por una lanza en Cajamarca. Buena parte de esa autonomía se debió a la gran posición económica y comercial conseguida por los chincha y que los incas querían aprovechar. De esta manera, los chincha unieron así su suerte con los incas: cuando los españoles conquistaron el Imperio, el reino Chincha sufrió el mismo destino, desapareciendo en la oscuridad. Por cierto, entre las ruinas de su capital, se pudo encontrar una gran estatua de madera - al parecer el propio Chinchaycamac - el cual se conserva en el Museo Larco.
Creative Commons License
Esta obra está bajo una Licencia de Creative Commons.