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Saturday, May 23, 2026

PERÚ: Un hedor de venganza

“Voy a gobernar como mi padre” fue la frase dicha recientemente por Keiko Fujimori - candidata por Fuerza Popular (FP), quien se enfrentará al izquierdista radical Roberto Sánchez de Juntos por el Perú (JPP) en el ballotage del 7 de junio -, con el cual prácticamente amenaza a los peruanos con volver a los aciagos días de la dictadura de su progenitor Kenyo Fujimori, quien como recordareis, mediante un autogolpe de Estado el 5 de abril de 1992 traiciono al Perú e instauró en el país andino una sangrienta dictadura, donde la corrupción generalizada, la brutal represión, los asesinatos indiscriminados, las desapariciones forzadas, la compra de líneas editoriales, el tráfico de drogas en el avión presidencial y como la cereza del pastel, mediante una “interpretación auténtica” reelegirse una y otra vez pretendiendo eternizarse en el poder y saquearla a su antojo, pero que todo ello se derrumbó en año 2000 al darse a conocer un tristemente célebre vladivideo ,en el cual se aprecia a su “asesor” Vladimiro Montesinos comprando mediante fajos de miles de dólares - colocados uno sobre otro - a un congresista “opositor”, quedando al descubierto la entraña criminal de su régimen, por lo cual tras el escándalo desatado, el sátrapa huyo vergonzosamente al Japón - abandonando a su suerte a sus hijos - hasta su posterior captura en Chile, siendo extraditado y condenado a 25 años de prisión por sus Crímenes de Lesa Humanidad. ¿Esto es lo que buscara ‘reeditar’ su hija? Por lo que se ve por estos días, todo parece indicar que sí, ya que, por ejemplo, el Pacto Mafioso del Congreso liderado por su partido, rechazo interpelar al ministro fujimorista de Defensa por el alevoso asesinato de cinco jóvenes en Colcabamba (Huancavelica) por parte de los militares - una masacre que la prensa basura ha ignorado olímpicamente - buscando la impunidad de los responsables por esos crímenes. Si así está comenzando a imitar los sangrientos métodos utilizados por su padre ¿Que puede esperarles a los peruanos si llega al Poder? Se proclama “respetuosa del estado de derecho” como si uno no supiera que tiene secuestrado al TC, a la JNJ, a la Defensoría del Pueblo, a la Policía Nacional y al Ministerio Público, que están enteramente a su servicio. Solo le falta acceder a Palacio de Gobierno para no soltarlo jamás. Aunque valgan verdades, ya lo dirige a control remoto desde el Congreso, porque el octogenario José María Balcázar es un holograma al que ni sus ministros hacen caso. Ahí está, por ejemplo, el asunto de los viejos y destartalados aviones F-16 que, pasando por encima de su autoridad, fueron adquiridos por orden del presidente del Congreso, el fujimorista reciclado Fernando Rospigliosi (proveniente de Vanguardia Revolucionaria y que fue feroz critico de su padre) quién es que realmente gobierna el Perú, por órdenes de Keiko, obviamente. Otra muestra de su poder, es que tras la grave denuncia que involucra a su candidato a primer vicepresidente Luis Galarreta, quien posee un patrimonio de más de un millón de soles del cual no puede explicar su origen, pero que para la politizada Fiscalía no pasa nada, demostrando que el Pacto Mafioso manda en los tribunales, al servicio del fujimorismo. Que no venga ahora quien no tiene trabajo conocido - a quien sus congresistas tienen que darle el 10 % de su sueldo para pagar su salario, obteniendo al año la suma de 271 mil dólares - a decir “que solo me quedaré cinco años y que no habrá otro 5 de abril” porque nadie se lo cree. Se trata de una mitómana compulsiva a quien no se puede dar crédito a una sola palabra que salga de su boca. Por ejemplo, en el 2011 prometió que “no volvería a postular para evitar la polarización” ... MENTIRA, ya que postulo nuevamente en el 2016; Es más, ese año juro que “no habría ningún candidato que se apellide Fujimori” ... OTRA MENTIRA, ya que postulo nuevamente en el 2021; Como si ello no fuera suficiente, ese año dijo “que no volvería a postular por cuarta vez” ... VOLVIO A FALTAR A LA VERDAD, ya que lo ha vuelto a hacer en el 2026. Sin palabra y sin honor, Keiko Fujimori no oculta su deseo de perpetuarse en el poder al igual que pretendió hacer su padre. Se trata además de una desnaturalizada hija que permitió que su madre Susana Higuchi fuera torturada y electrocutada, tanto en Palacio como en el Pentagonito por los esbirros del SIN, luego de denunciar una serie de delitos que involucraban a los hermanos del tirano, mientras Keiko, que usurpo su cargo de “primera dama”, disfrutaba de las delicias del Poder. Pero eso no es todo, ya que años más tarde, se negó a que Alan García indultara a su progenitor porque este le quitaría el liderazgo del partido, y también amenazó a su hermano Kenji con enviarlo a la cárcel porque se distancio de ella y dividió la bancada fujimorista, demostrando que no tiene sentimiento alguno. Si así se comporta con los de su propia sangre ¿Cómo creeréis que lo haga con el resto de peruanos? Ahora pretende engañar a todos, mostrándose conciliadora, moderada, ordenada y serena; Pero en realidad es fría, malvada y vengativa, quien solo está esperando el momento de sentarse en el sillón presidencial para ir a por quienes la enviaron a la cárcel en tres ocasiones - entre el 2018 y el 2020 - acusada de liderar una organización criminal dedicada al lavado de activos, y hubiese terminado condenada a 34 años de cárcel sino capturaba el Tribunal Constitucional por medio del Congreso que controla, que acudió prontamente en su ‘ayuda’ decretando ilegalmente su libertad. Es más, se dice que en su “lista negra” están quienes serian sus primeras víctimas, encabezados por el ex fiscal José Domingo Pérez - quien la envió a prisión - y el periodista Cesar Hildebrandt, su más acido crítico desde hace años. Asimismo, es indudable que buscará desde el comienzo silenciar toda oposición utilizando para ello a una prensa mercenaria, venal y prostituida, como está sucediendo ahora, atacando a toda hora a su contendor Roberto Sánchez en el ballotage, lo cual es una copia exacta de lo que hacía el autócrata durante su régimen dictatorial, el cual añora sin ningún rubor ni vergüenza. ¿Vieron los dominicales de la semana pasada? Fue algo realmente nauseabundo. Es el inicio de lo que se viene si Keiko gana. Niega que sabía de la existencia Grupo Colina; Niega que sabía la corrupción montada por Vladimiro Montesinos; Niega que hubo esterilizaciones forzadas; Niega las torturas sufridas por su madre; Niega que saboteó el gobierno de PPK, siendo la directa responsable de la inestabilidad democrática que se vive desde entonces en el Perú; Niega las leyes pro crimen, a pesar de que su bancada en el Congreso lo promovió y aprobó. Lo niega todo, pero luego dice que va a hacer “el mismo gobierno de su padre”, el mismo que destruyó instituciones, mintió, robó y asesinó. Por cierto, en el 2011 declaro a Al Jazzera: “Estoy orgullosa de lo que hizo mi padre” como podéis apreciarlo al final de la nota, demostrando que ella nunca va a cambiar. El odio que siente por los peruanos, solo lo esconde en la campaña. No sería nada raro por ello que una de sus primeras acciones de llegar al Poder, será la de indultar a su “tío” Vladimiro Montesinos, promoviendo además el retorno de los escuadrones de la muerte - como el siniestro Grupo Colina - para sembrar el terror y acallar toda critica en un baño de sangre. Es ingenuo pensar por ello que quien reivindica alegremente el proyecto golpista de su padre intentará actuar por la vía constitucional y democrática. Ella por más que lo disimula, no puede ocultar su vena autoritaria y si gana los comicios, será para quedarse en el poder de por vida, utilizando todo lo que esté a su alcance para lograrlo. Keiko ha justificado su cuarta postulación señalando que “el Perú no resiste más experimentos fallidos y que la actual crisis de inseguridad exige respuestas firmes”. Su narrativa combina la valoración de los escasos logros del gobierno de su padre, en especial en la lucha contra el terrorismo, con la necesidad de brindar una respuesta firme a la inseguridad. Sin embargo, el antivoto que origina - por lo cual fue derrotada en los tres últimos comicios - continúa siendo un factor estructural en la política peruana. A propósito, una encuesta dada a conocer a mitad de semana, indica que está a unos puntos delante de Sánchez (39% a 35%) pero ello no indica nada, ya que los peruanos son muy volubles y deciden su voto al momento de estar en la cabina de votación, tal como sucedió el 12 de abril donde apareció el llamado “voto escondido”, que posibilito que el candidato izquierdista pase al ballotage y que no aparecía en los sondeos previos, por lo que bien este escenario puede repetirse este 7 de junio, por lo que el resultado final puede ser una moneda al aire. En el colmo del cinismo, en su campaña electoral dice “defender al Perú” cuando representa la corrupción, la mafia, la dictadura, la impunidad, la mentira y la ignorancia, por lo que cabe preguntarse: ¿Y quién defiende al Perú de Keiko? A Sánchez se le puede vacar, pero a Keiko no... Piénsalo a la hora de votar (Por cierto, de seguro por lo que he escrito, algún despistado me dirá “Rojo” “Rojete” “Caviar” o cualquiera de esos adjetivos calificativos que suele expresar el lumpen fujimorista, pero estáis equivocados completamente. Así como describí perfectamente a Keiko Fujimori y todo el mal que representa, hare lo mismo la próxima semana con Roberto Sánchez y su proyecto anacrónico propio de la época velasquista, porque ninguno merece ser Gobierno, mucho menos Rafael López Aliaga quien seguirá revolcándose en su chiquero tras su rotundo fracaso electoral. Para que estéis enterados, eso se llama I-N-D-E-P-E-N-D-E-N-C-I-A, algo que en ese país no conocen ¿A qué se enteran?)

Tuesday, May 19, 2026

DOSSIER FUJIMORI: El autogolpe de 1992

Retrocedamos un poco en el tiempo: Corría el año 1989 y el Perú asistía a la mayor crisis económica de su historia. A la hiperinflación heredada del (des)gobierno aprista de Alan García Pérez, se sumaba la arremetida terrorista de Sendero Luminoso - de inspiración maoísta y liderada por Abimael Guzmán - así como una profunda desafección ciudadana hacia los viejos y corruptos partidos políticos tradicionales. Está crisis múltiple fue el caldo de cultivo que permitió el ascenso de un outsider llamado Kenyo Fujimori; un completo desconocido, un verdadero “intruso” al sistema político que atizando demagógicamente un discurso antisistema, con el lema “Honradez, Tecnología y Trabajo” salió de la marginalidad electoral y terminó - con el abierto y desvergonzado apoyo del régimen aprista - imponiéndose en la segunda vuelta presidencial de 1990 al candidato conservador Mario Vargas Llosa, del FREDEMO, quien fracaso en su intento de asumir la Primera Magistratura de la Nación (ello debido a que en lugar de postular con su Movimiento Libertad, prefirió aliarse con dos momias políticas como Fernando Belaunde y Luis Bedoya Reyes, cuyo cogobierno de 1980 a 1985 fue un completo desastre, terminando en sonados casos de corrupción).... El resto es historia harto conocida: el “chino” - como Fujimori también era conocido, aunque su ascendencia es japonesa - traiciono a todos y embarcó al Perú en una década de autoritarismo, con violaciones sistemáticas a los derechos humanos en su arremetida frontal contra los grupos terroristas Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, acompañado además de una corrupción endémica que a la postre condujo a su caída el año 2000. Sin embargo, el fujimorismo que el creo, logro sobrevivir al colapso de su régimen y todavía persiste en los cimientos del inestable sistema político peruano. Por cierto, cabe precisar que en su autobiografía publicada en el 2021 “La Palabra del Chino: El Intruso”, el mismo Fujimori reconstruyo las condiciones que le facilitaron llegar y consolidarse en el poder, siendo la más importante, sin lugar a discusión, el autogolpe de Estado del 5 de abril de 1992 también conocido como el fujimorazo. Ese día, tras una alocución en cadena nacional, Fujimori suspendió el Poder Judicial, militarizó los medios de comunicación y disolvió el Congreso, un episodio de gran resonancia en América latina y del que recientemente se conmemoraron 34 años. Como recordareis, para las elecciones de 1990 el Congreso peruano era bicameral y conformado por 240 congresistas. Aunque Fujimori ganó la elección presidencial en segunda vuelta con 4.522.563 votos, su partido, Cambio 90, solo alcanzó 14 escaños en el Senado y 32 en la Cámara. Esta débil representación sumada a la incapacidad de agregar otras fuerzas partidistas, derivó en una relación hostil entre Fujimori y el Congreso; al punto, que llegó a tildar a este último como “obstruccionista”. Ya en noviembre de 1990, se empezó a difundir el rumor de una posible vacancia por parte de la oposición usando la denuncia de evasión de impuestos que se presentara contra él durante la campaña de 1990. En marzo de 1991, la revista Caretas, difundió la noticia de que algunos congresistas estaban estudiando la posibilidad de la destitución presidencial. Sin embargo, para la primera mitad de 1991, la oposición y Fujimori no llegaron a enfrentarse de manera definitiva debido a la formación de alianzas provisionales del gobierno con algunas figuras de la oposición aprovechando puntos coincidentes. Ello posibilito que la relación entre Fujimori y el Congreso tuviera leves encuentros; inclusive, las mayorías - articuladas en torno al Partido Aprista y el Frente Democrático - le aprobaron tres periodos de facultades legislativas para avanzar en sus reformas económicas de corte neoliberal (conocidas como el Fujishock, para lo cual se apropió del programa económico del FREDEMO). Pero esto no fue suficiente para quien en medio de una guerra contra Sendero Luminoso - donde se registraron graves violaciones a los derechos humanos - le exigió al Congreso que le aprobara poderes absolutos para legislar. Ante la negativa de las cámaras y tras la aprobación de una ley que limitaría sus facultades, Fujimori optó por disolver el Congreso y anunció la creación de “un Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional” con la finalidad de reestructurar el Estado. Además, contando con el pleno respaldo de las fuerzas militares - entre las cuales su siniestro “asesor” Vladimiro Montesinos tenía mucha influencia -, saco los tanques a las calles, militarizando medios de comunicación, suspendiendo el Poder Judicial y los gobiernos regionales, arrestando a sus principales opositores, y censurando varios artículos de la Constitución de 1979. Consumado el autogolpe - apoyado por amplios sectores de la población, ante la insania terrorista - y tras una inmediata reacción por parte de la comunidad internacional, Fujimori se vio presionado a “reestablecer el orden democrático” y convocó una elección para integrar un Congreso Constitutivo que diseñara una nueva Constitución. Pero este solo sería un paso adicional para acrecentar su poder, ya que una gran mayoría de los partidos que integraban el disuelto Congreso se abstuvo de participar y esto le permitió al fujimorismo, aupado en Cambio 90 y el recién creado Nueva Mayoría, obtener, con 44 de 80 escaños, una mayoría absoluta en el denominado Congreso Constituyente Democrático. De allí salió el mayor legado de Fujimori: la Constitución de 1993 - aprobada mediante un referéndum - y que persiste hasta ahora. De esta forma el otrora “outsider” liquidó al antiguo sistema de viejos partidos tradicionales y reprimir a los sectores opositores, ya que la nueva Constitución amplió sus facultades presidenciales, otorgándole un mayor control sobre las fuerzas militares, permitiéndole ajustar cuentas con los integrantes del pasado Congreso “obstruccionista”, ya que, instó a sus aliados en el Constituyente para convertirlo en un Congreso unicameral con solo 120 miembros. Para 1995 y concentrando todos los poderes, Fujimori se reeligió con 4.798.515 votos. Como era de esperar, su coalición obtuvo mayoría absoluta en el nuevo Congreso. Si bien se declaró vencedor del terrorismo - con la captura de Abimael Guzman en 1992 y el desmantelamiento de SL - así como el del MRTA tras el rescate de los rehenes tras la toma por los terroristas la embajada japonesa en Lima en 1996, la corrupción generalizada de su régimen y el reelegirse de forma fraudulenta el año 2000 precipito su ignominiosa caída, huida del país, posterior captura y condena a prisión. Pero a pesar de las controversias y las críticas, Fujimori logró estabilizar la economía peruana y acabar con el terrorismo en el Perú. No es de extrañar por ello que su régimen dictatorial fuera ampliamente respaldado por sectores de la sociedad peruana que valoraron su mano dura contra el terrorismo, tal como ahora ofrece su hija Keiko, quien ha dicho que pretende “gobernar como lo hizo su padre” para acabar esta vez con el denominado “terrorismo urbano” que campea en el país gracias al conocido lobbysta y Traidor a la Patria, el judío Pedro Pablo Kuczynski, quien abrió las fronteras de par en par a millones de indeseables venezolanos que ingresaron en masa al país andino, desatando el caos y la violencia como nunca antes se había visto. Pero en relación a Fujimori, poco les importo a los peruanos que en ese camino haya liquidado el orden institucional y creado un régimen sumamente corrupto, autoritario y violento. Es indudable que el autogolpe del 5 de abril de 1992 redefinió la política peruana. Para algunos, representó una decisión necesaria para recuperar el orden y la estabilidad; para otros, fue un grave atentado contra la democracia. A 34 años del luctuoso hecho, el debate sigue abierto. Sin embargo, cabe precisar que los crímenes de Fujimori comenzaron mucho antes del autogolpe, precisamente el 3 de noviembre de 1991 - tal como lo detallamos el capítulo anterior, por parte de un grupo paramilitar creado por Vladimiro Montesinos y cuyas actividades salieron a la luz, precisamente con la masacre de Barrios Altos, el cual sería solo el inicio de una larga y sangrienta serie de matanzas y desapariciones de personas, mediante el terror institucionalizado dirigido desde el propio Estado (Próximo capítulo: El Grupo Colina)
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