Siguiendo al pie de la letra con una estrategia montada de antemano, Pedro Castillo y sus secuaces continúan firmemente en su propósito de controlar a las Fuerzas Armadas (FFAA) y la Policía Nacional (PNP) para instaurar en el más breve plazo una dictadura comunista en el país andino. Así, un régimen espurio nacido el fraude y caracterizado desde el primer día por la naturaleza corrupta de sus integrantes, evidenciado desde los prontuarios de los individuos nombrados en los más altos cargos hasta por los negociados descubiertos en Palacio y la guarida de Sarratea, ha creado una suerte de comisarios políticos para las FF.AA. con el pretexto de luchar contra la corrupción. En efecto, la Resolución Ministerial 1087-2021 del Ministerio de Defensa establece a esos comisarios políticos, disfrazados en la maraña de un lenguaje enrevesado, tautológico e incomprensible. Al respecto, el artículo 1° de la RM dice: “Constituir la Red de Oficiales de Integridad del Sector Defensa, conformada por los Oficiales de Integridad de las instituciones que integran el Sector, como espacio institucionalizado para fortalecer la cultura de integridad en el Sector Defensa, a fin de coadyuvar en la implementación del Modelo de Integridad y optimizar la capacidad preventiva y defensiva del Sector frente a la corrupción y cualquier otra práctica contraria la ética pública.” Como es obvio, el corrupto régimen de Pedro Castillo no está interesado en luchar contra la corrupción que practica con toda desfachatez. Nuevamente los comunistas, expertos en tergiversar perversamente el uso de las palabras y los conceptos, usan la supuesta “defensa de la ética y la integridad” precisamente para hacer lo contrario a lo que proclaman, crear una instancia que servirá para amedrentar, chantajear y disuadir a quienes no se sujeten a sus intenciones e incentivar y permitir la corrupción de quienes se sometan a sus dictados. De esta manera, mientras congresistas deshonestos respaldan a cambio de prebendas a los comunistas en el gobierno, ellos siguen avanzando en la captura política de instituciones que son fundamentales para imponer su dictadura. A ello se suma que en la Policía Nacional del Perú (PNP) pretenden ahora desmantelar nada menos que a la Dircote (Dirección Contra el Terrorismo), la unidad policial que investigó los conocidos vínculos de Castillo con Sendero Luminoso de su maestro y guía Abimael Guzmán y sus organismos de fachada (Movadef - Conare - Fenate - Perú Libre) desde el 2017, y que ha aportado las evidencias de la vinculación de los congresistas Guillermo Bermejo y Guido Bellido, así como de Vladimir Cerrón con los narco terroristas del Vraem, la facción senderista de los Quispe Palomino, que aun sigue activa. Precisamente un reportaje dado a conocer recientemente revela que los comunistas pretenden pasar al retiro al general Oscar Arriola, jefe de la Dircote y al coronel Max Anhuamán (División de Investigación del Terrorismo Internacional), que son precisamente dos de los oficiales que han llevado esas investigaciones sobre la banda delincuencial que hoy en el poder. (“Pases al retiro: Quieren la cabeza del jefe de la Dircote. Equipo PNP que investigó a Guillermo Bermejo también está en la mira.”, 10/12/21). Es más, Anhuamán ha sido uno de los testigos en el juicio que se le sigue a Bermejo por terrorismo. Si los comunistas se salen con la suya y avanzan en el control político de las FFAA y la PNP, las posibilidades de impedir que se perpetúen en el poder se evaporarán. Como sabéis, estas sucias maniobras realizadas por Pedro Castillo y su banda filosenderista en las FF.AA. son parte de un plan existente desde que el régimen se instaló el pasado 28 de julio. No son casuales, producto del capricho o simples pataletas porque no se benefició a los amigos. Como se ha venido señalando desde el primer día, el principal objetivo en esta etapa de los comunistas en el poder es la captura total de las FF.AA. y la PNP. Ellos necesitan de la fuerza militar y policial para poder imponer la asamblea constituyente y la disolución del Congreso, para hacer realidad su sueño de instalar su ‘república popular de nueva democracia’ En eso han venido trabajando desde el principio, asesorados por sus tutores cubanos, venezolanos y bolivianos, con amplia experiencia en la materia. Su primer paso fue humillar a las FF.AA. colocando como ministro de Defensa a un cuestionado individuo con negros antecedentes. Ningún gobierno democrático, de ningún signo, se hubiera atrevido a designar a un policía, ni siquiera a un general prestigioso, como Mindef. Y los comunistas pusieron nada menos que a un sub oficial (r) de la PNP de la calaña de Walter Ayala. Una bofetada a las instituciones castrenses. Y no pasó nada al comienzo (ya que posteriormente fue defenestrado en medio de otro escandalo de corrupción el pasado 15 de noviembre, pero quien lo sucedio en el cargo es otro individuo de negro historial cuya cabeza ya es solicitada por el Congreso). Luego cambiaron a los tres Comandantes Generales sin explicación ni motivo alguno. Tampoco nada sucedió. El siguiente paso, más importante aún, es tratar de imponer ascensos de oficiales que no lo merecen porque son amigos, conocidos o paisanos de Castillo y sus secuaces, por lo cual no es de extrañar que este hay interferido groseramente en los ascensos de las FF.AA. Esa es la manera de ir ubicando a oficiales dóciles en puestos de mando, de tal manera que tengan asegurada su adhesión incondicional. No es un asunto banal, como ha creído algunos. Es decir, hoy día Castillo no va a decir ‘que dé un paso al frente el oficial que adhiere el marxismo-leninismo- maoísmo - mariateguismo - pensamiento Gonzalo para ascenderlo’. Eso lo harán en 10 o 15 años si se salen con la suya. Hoy buscan relaciones personales con oficiales que son maleables o corrompibles. Al mismo tiempo van midiendo la resistencia de los mandos. Es decir, si desde el comienzo los jefes del EP o la FAP que levantaron su voz para denunciar el maltrato de sus instituciones se hubieran prestado a los designios de Castillo, posteriormente les seguirían exigiendo más pruebas de sometimiento, de tal manera de desacreditarlos y domesticarlos más. Como hubo quienes protestaron, los echaron y de mala manera, para dar una señal muy clara: quien no agacha la cabeza se va. Es decir, Castillo pide lealtad personal y no institucional, como siempre hacen los dictadores o aprendices de dictadores. Algo inaceptable desde todo punto de vista. En suma, el régimen comunista continúa en su objetivo de controlar políticamente a las FF.AA. Para ellos esto es fundamental porque aquí y todas partes tienen que imponerse por la fuerza sobre la sociedad. Y para eso necesitan controlar y utilizar a quienes tienen las armas. Cuando Lenin y Mao dijeron que el poder nace del fusil se referían a eso, a la necesidad imperiosa de los comunistas de usar la fuerza para imponer y mantener su dictadura. No existe - ni existirá jamás - un gobierno comunista en democracia, ellos siempre necesitan de la violencia para sostenerse. Lo triste de todo es que existen elementos en el Congreso que le siguen el juego y se niegan a vacar a ese oscuro individuo a pesar de las múltiples pruebas presentadas en las últimas semanas y que lo comprometen en sonados casos de corrupción por los cale a estas alturas en un país que se respete hace mucho no solo habría sido ignominiosamente destituido, sino que ya estaría purgando sus delitos tras las rejas junto a la banda delincuencial que está destruyendo sistemáticamente al Perú :(
Es la nueva fragancia de Paco Rabanne, que tiene un efecto larga duración y un aroma oriental fresco, producto de la fusión de toques de limón, incienso, vainilla y tonka. Sobre este nuevo lanzamiento, comparte sus impresiones el ex rugbista Nick Youngquest, quien desde hace ocho años es el rostro de la prestigiosa marca. Desde que era pequeño, Nick Youngquest, el famoso jugador de rugby australiano, observó cómo su madre y abuela, en su rutina diaria, tomaban sus perfumes de sus tocadores y ponían delicadamente gotas de él en sus cuellos y ropas. Aromas que aún recuerda y que lo transportan a su infancia, cuando a escondida, sacaba el perfume de su padre y lo usaba, disfrutando de ese pequeño acto de adultez. Lo cierto es que en esos años Nick nunca imaginó que en su futuro tendría una exitosa carrera como deportista, ni menos que sería embajador y rostro de la marca Paco Rabanne. Por eso, cuando revela cuáles han sido sus victorias más importantes, el deportista y modelo señala que: “Para ser sincero, y aunque suene cursi, uno de los momentos de mayor victoria fue protagonizar la campaña de Invictus. Yo venía de una profesión totalmente diferente, y trabajar con Paco Rabanne ha sido fascinante. He tenido la oportunidad de ver otra vertiente de la vida profesional, trabajar con cientos de personas en un plató para grabar un anuncio de televisión, y participar en las increíbles acciones benéficas que llevamos a cabo en todo el mundo. Ha sido un viaje increíble, algo que me ha enorgullecido hacer y de lo que estoy muy agradecido”. Lo cierto es que el modelo australiano dejó el rugby profesional para convertirse en el 2013 en la imagen de la fragancia ‘Invictus’ de Paco Rabanne. Su aparición en uno de los spots más emitidos de los últimos años, lo situó en el mapa de la moda y le valió la comparación con David Beckham. “Uso perfume siempre, ¡soy afortunado y tengo una muy buena selección de fragancias, gracias a Paco Rabanne!”, revela. Hoy protagoniza nuevamente la campaña de lanzamiento de ‘Invictus Victory’, la nueva fragancia de Paco Rabanne. Un atrevido eau de parfum, que representa un duelo entre dos fuerzas opuestas: frescura e intensidad. Por un lado, una intensa frescura personificada en una penetrante fragancia cítrica envuelta en fuerte incienso, masculino y agradable; y por otro lado, la delicadeza de la vainilla fundida con la dulzura del haba tonca, con un efecto misterioso, balsámico y cautivador. El resultado final de este nuevo perfume es una fresca fragancia oriental que deja una potente estela hipnotizante, un inconfundible aroma magnético. Sobre este lanzamiento, Youngquest señala que: “¡Me apasiona! Me encanta la combinación de frescura e intensidad. Es sensual, pero desprende una energía fuerte. Huele muy bien”. De toda la gama de fragancias ‘Invictus’, el rostro de la marca cuenta que: “No tengo una favorita, todas pueden usarse en momentos distintos. Dentro de la gama, existen diferencias sutiles, que siempre juegan con la yuxtaposición de frescura y sensualidad. Me encanta la versatilidad de las fragancias, a los hombres nos va muy bien. Yo puedo considerar que ‘Invictus Legend’ es una fragancia que usaría en una primera cita; en cambio, otra persona puede verla como un perfume de diario, y eso está muy bien, revela tu identidad. La fragancia que escojas enfatizará tu propia individualidad”. El nuevo perfume, que en su envase negro y elegante lleva un V de victoria, apela a ese sentimiento que muchas veces vivió el ex deportista y rostro de la fragancia. Sobre ese sentir, Youngquest comparte que: “La idea de victoria y derrota va cambiando a lo largo de la vida. Cuando era más joven y me dedicaba al deporte profesional, lo único que me importaba era ganar, pero ahora me he dado cuenta de que la victoria se presenta de muchísimas formas. No significa necesariamente quedar por encima de alguien o derrotarlo. Ahora mismo me dedico a correr maratones por razones benéficas y, sinceramente, sé que nunca voy a quedar el primero. Sin embargo, me siento mucho más victorioso ahora, al terminar una maratón y finalizar la carrera rodeado de niños que sonríen porque corren conmigo, que cuando ganaba partidos de rugby. La victoria nos acompaña todos los días. Me siento victorioso cuando me levanto por la mañana, enciendo el ordenador y retomo mis estudios de posgrado, porque es lo que he elegido hacer, he escogido ser mejor persona y estudiar. Creo que, si vemos las cosas desde esta perspectiva, disfrutaremos de más victorias y las viviremos más intensamente” puntualizo :)
Símbolo del poderío español en América del Sur y cuyo comandante, el Brigadier Ramón Rodil resistió heroicamente durante dos años el asedio de los insurgentes tras desconocer la Capitulación de Ayacucho - firmada en 1824 por quienes fueron derrotados en aquella contienda - la fortaleza del Real Felipe (construida por el Virrey José Antonio Manso de Velasco, Conde de Superunda, en el siglo XVIII en la bahía del Callao) protegía a la capital del Virreynato del Perú de los ataques de corsarios y piratas enviados al Pacifico tanto por Inglaterra como por Holanda para intentar apoderarse de esas tierras y vaya que lo intentaron en diversas ocasiones, pero fracasaron en su intento. Se trata de una de las pocas obras de arquitectura militar que existen en el Perú y es la más grande que construyeron los españoles en América. Fue conocida también - en conjunto con los fuertes “San Rafael” y “San Miguel” - como los “Castillos del Callao”. Su nombre fue elegido en honor de SM el rey Felipe V, que había fallecido en 1746. Posteriormente fue renombrada por José de San Martín como “Castillo de la Independencia” al iniciarse la etapa republicana, recuperando su nombre original durante la dictadura de Augusto B. Leguía en 1925. Tiene la forma de un pentágono irregular ocupando un área de 70 000 m², con un baluarte en cada uno de sus cinco vértices. Los baluartes llevan los nombres del Rey, la Reina, el Príncipe, la Princesa, San Carlos y la Natividad. Además de ellos dispone de dos torreones: el Rey y la Reina (este último torreón mira hacia el mar, en dirección oeste), así como cinco murallas: la del Camino Real, de la Marina, Camino de Chucuito, la Marcelosa y la de Camino de la Magdalena. Posee dos puertas: la Principal, que está en la muralla del Camino Real, y la del Perdón, que está en la muralla Camino de Chucuito. Cabe destacar que en dirección norte desde la fortaleza se hallaba el Fuerte San Miguel y al sur se encontraba el Fuerte San Rafael. Como sabéis, durante los felices tiempos del Virreynato, El Callao era el puerto por donde se embarcaban las riquezas de la región con rumbo a España. Por esta razón fue víctima de constante ataque de parte de los enemigos de la Metrópoli. Por ese motivo, y para proteger el puerto, el virrey Pedro de Toledo y Leiva dispuso su fortificación, construyendo entre 1640 y 1647 las murallas que rodearon el entorno de la ciudad. Pero un terremoto en 1746, al que siguió a los pocos minutos un maremoto, destruyó gran parte del puerto, dejándolo desprotegido. Es entonces que el virrey Manso de Velasco, ordenó la construcción de una fortaleza. Así, el 29 de diciembre de 1746 se aprobó el diseño presentado por el matemático y arquitecto francés Luis Godin y los españoles José Amich y Juan Francisco Rossa. Fue una de las más grandes obras de arquitectura que realizó España, con un costo de tres millones de pesos. Para esta se utilizaron bloques de piedra traídos de las canteras de la isla San Lorenzo y de los restos desenterrados de las antiguas murallas destruidas por las catástrofes. Pero en 1782, el virrey Manuel Guirior notó que la fortaleza era vulnerable a un “golpe de mano” por sus flancos. Por ello decidió construir dos pequeños fuertes, llamados “San Miguel” y “San Rafael”, que se hallaban a corta distancia hacia ambos lados del recinto completando el sistema defensivo de “Los Castillos del Callao”. La fortaleza permaneció sin mayores incidentes hasta 1806 cuando se empezó a gestar la independencia del Perú. Fue entonces cuando el virrey Fernando de Abascal ordenó construir un almacén para las armas y la artillería, así como un aljibe que pudiera contener agua para abastecer a dos mil hombres por cuatro meses de ocurrir un sitio a la fortaleza. Precisamente, el Almirante Guillermo Brown realizó un bloqueo al puerto del Callao el 21 de enero de 1816. Al mando de una flotilla, Brown capturó algunos barcos españoles y bombardeó el puerto sin causar mayores daños. Fueron contestados por los cañones de los castillos y de las baterías terrestres, que obligaron a retroceder a los atacantes. El 16 de enero de 1819, la fortaleza rechazó el ataque de la escuadra libertadora del almirante Lord Thomas Cochrane durante el gobierno del virrey Joaquín de la Pezuela. Ese intento infructuoso obligó al general José de San Martín a entrar a la capital por Pisco y no por el Callao. Una vez declarada la independencia, se ordenó el sitio de la fortaleza, que se hallaba bajo dominio español al mando del general José de La Mar. El 19 de septiembre de 1821, al ver la escasez de alimentos y la amenaza de epidemia que sufrían sus tropas, La Mar decidió entregar la plaza y unirse a las fuerzas independentistas. San Martín entonces renombró la fortaleza bautizándola como “Castillo de la Independencia” La fortaleza volvió a dominio español tras la Sublevación del Callao realizada en 1824, tomando el mando de esta el brigadier Ramón Rodil, quien resistió hasta el 22 de enero de 1826, en que entregó la plaza al ver que la ayuda de España no llegaba. Posteriormente en 1866, durante el combate de 2 de mayo, el fuerte fue una de las líneas defensivas peruanas contra la flota española al mando del almirante Casto Méndez Núñez. El último suceso militar de la fortaleza fue durante la Guerra del Pacífico, en la cual la fortaleza impidió el desembarco de la escuadra chilena al mando del almirante Galvarino Riveros Cárdenas en el Callao. El castillo sobrevivió a la guerra, pero no sucedió lo mismo con los fuertes “San Rafael” y “San Miguel”, que fueron completamente destruidos por los invasores. Hubo que esperar hasta 1925, cuando por disposición del dictador Leguía, se realizaron los trabajos de restauración del recinto, retomando el nombre original de Fortaleza del Real Felipe. Actualmente su uso es turístico, sirviendo como sede del Museo del Ejército del Perú :)
Dicen que cada país tiene el gobernante que se merece y no cabe duda que ello se aplica perfectamente al Perú, donde las masas ignorantes eligieron a un burro en unos cuestionadísimos comicios signados por el fraude y ahora pagan las consecuencias de su estupidez. Como podéis imaginar, nos estamos refiriendo a un tipejo de lo más impresentable llamado Pedro Castillo, de ideas trasnochadas, limitadísimo lenguaje y nula inteligencia - empeñado en instaurar a como dé lugar una dictadura comunista - quien pudo salvarse esta semana del primer intento de vacancia formulado en su contra gracias al apoyo de elementos prontuariados en el Congreso quienes le salvaron el cuello de momento, pero ahora le tocara pagar dicho “favor” por lo que no nos sorprenda que más adelante, al ver que no cumple con lo ofrecido - y no lo va a hacer porque no tiene palabra - van a ir a por él. Ante todo, cabe recordar que hace casi cuatro años, en diciembre del 2017, el conocido lobbysta y Traidor a la Patria Pedro Pablo Kuczynski enfrentó el primer intento de vacancia por parte de la oposición en el Congreso. El judío era uno más de los varios políticos peruanos salpicados por los múltiples escándalos de corrupción de la constructora brasileña Odebrecht. Luego de anunciar públicamente que no renunciaría, PPK sobrevivió a ese primer asalto por poco: hacían falta 87 votos (dos tercios del número total de congresistas) para que la moción de vacancia prosperara, pero los vacadores solo alcanzaron 79. Pero para el siguiente asalto, tras conocerse reveladores testimonios que lo involucraban en nuevos actos de corrupción, no tuvo tanta suerte. El nuevo intento de vacancia en marzo del 2018 no llegó a votarse en el Pleno del Congreso. El 14 de ese mes, un día antes del debate y votación, PPK renunció tras conocerse la compra de votos que hizo para evitar su humillante destitución a un sector del fujimorismo, a cambio del “indulto humanitario” que había concedido ilegalmente al exdictador Kenyo Fujimori, al cual no tiene derecho alguno tras ser condenado a 25 años de prisión por Crímenes de Lesa Humanidad. El escándalo origino que este sea anulado y el condenado volvió a la cárcel del cual nunca debió haber salido. En cuanto a Kuczynski y su ignominioso final (quien hoy se encuentra bajo arresto domiciliario “por su avanzada edad” en espera de su juicio), inauguro la temporada de caza al inquilino de Palacio en el Perú que se vive desde entonces. Hubo de pasar tres años, cuando en septiembre del 2020, el sucesor de PPK, su antiguo vicepresidente Martín Vizcarra, sobrevivió a un primer intento de vacancia en el Pleno del Congreso por corrupto y por ladrón. Como recordareis, este lagarto había hecho de la confrontación diaria con el Congreso, su principal - y única- estrategia política. Al punto de que un año antes, el 30 de septiembre del 2019, disolvió inconstitucionalmente el poder Legislativo (como hizo Fujimori en 1992) erigiéndose desde entonces en dictador. El muy infeliz pretendió eternizarse en el cargo y para ello llamo a nuevas elecciones congresales creyendo ilusamente que podía mantenerlos bajo su control, pero se equivoco completamente. Sería este nuevo Congreso, elegido en enero del 2020, el que intentaría en dos ocasiones deshacerse de él, y el que finalmente lo vacó por incapacidad moral permanente con el voto de 105 congresistas, 18 más de los que hacían falta para sellar la suerte de este miserable delincuente. De ahí en adelante, y antes de las elecciones de este año, el Perú sumó dos presidentes más, uno de los cuales no llegó a cumplir una semana en el cargo. Se esperaba, con no poca ingenuidad, que las elecciones generales del 2021 aportaran algo de calma y permitieran al país reencontrar el rumbo en el año del Bicentenario de su independencia. Ocurrió, obviamente, todo lo contrario, ya que el encargado de la presidencia Francisco Sagasti (reconocido admirador de terroristas) hizo todo lo posible para que esas elecciones amañadas de raíz las “ganase” su camarada Pedro Castillo - terrorista convicto y confeso - quien se presento como candidato de la organización delincuencial Perú Libre (organismo de fachada de Sendero Luminoso) no ocultando su deseo en campaña de instaurar en el Perú “su república popular de nueva democracia” siguiendo al pie de la letra las enseñanzas de su maestro y guía Abimael Guzmán, cabecilla de Sendero y condenado por sus abominables crímenes a Cadena Perpetua, al cual Castillo no pudo indultar como era su promesa electoral, porque la muerte del genocida se le adelanto. Era de esperar que tras el fraude consumado en esos comicios, la oposición democrática intentara removerlo del cargo que usurpa ilegalmente a la primera oportunidad. Los vergonzosos inicios del mandato de Castillo, que fue incapaz de nombrar un gabinete completo sino hasta pasado dos días de jurar el cargo - gentuza de la peor calaña igual a él - y que ha debido cambiar a 10 de esos indeseables elementos (incluido a quien eligió como primer Ministro, un cocainómano con comprobadas conexiones con el narcoterrorismo) en poco más de cuatro meses, no auguraban nada bueno. Para sorpresa de casi nadie, ha sido incluso peor. A las idas y venidas y contradicciones habituales en sus improvisados mensajes, al nombramiento de figuras cuestionables como ministros y otros cargos claves, a su negativa a conceder entrevistas a los medios de comunicación y transparentar las acciones de su régimen, se han sumado en semanas recientes nuevos casos de corrupción y tráfico de influencias, que involucran tanto al propio Catillo, como a sus secuaces de su entorno criminal con quienes (des)gobiernan al Perú. Así, pese a que cuando asumió el cargo se le había indicado que ya no podía hacerlo, Castillo ha venido despachando de forma clandestina mismo delincuente - sin registros publicados - en una vivienda privada, en lugar de en su oficina de Palacio de Gobierno como por ley está obligado. Ahí ha recibido a ministros y empresarios para realizar oscuros negociados sumamente lesivos para los intereses del país, lo que a todas luces, constituye un delito. Esa grave revelación, sumada a otros casos por parte de miembros de su entorno delincuencial, hizo que ganara fuerza una primera moción de vacancia presentada por 28 legisladores a finales de noviembre. Sin embargo, la moción no pasó a votarse en el Pleno ya que el 7 de diciembre no consiguió los 52 votos necesarios para ello. Ello debido a que Castillo se reunió en la víspera con ciertos congresistas de la “oposición” involucrados en sonados escándalos de corrupción, quienes a cambio de su impunidad votaron en contra, tal como efectivamente ocurrió. Pero con el pasar de los días se darán cuenta de que las promesas dadas por ese individuo no se cumplirán y la situación cambiará. En la desprestigiada clase política peruana, los “aliados” de hoy son los enemigos del mañana, que se alejaran de su lado cuando vean la “inconveniencia” de seguir blindándolo. Entretanto, Castillo continúa lanzando ridículas arengas y victimizándose como si, en lugar de tener que enderezar el rumbo de su desastroso régimen, se encontrara todavía en campaña. Pero en estos últimos tiempos, la supervivencia de un mandatario en el Perú - que llegue a cumplir los cinco años que la Constitución dicta - debido a los escándalos de corrupción en los que aparecen involucrados, es ya una mera cuestión aritmética. Se cuenta o no se cuenta con los votos - 52 de 130 - para llevarlo al Pleno. Y, una vez superado ese primer escollo, se cuenta o no con los 87 (también de 130) necesarios para dictaminar su incapacidad moral permanente y con ello, removerlo del cargo. Lo que los peruanos han entendido en estos años de crisis política es que, cuando el Congreso dispara una primera vez, sin lugar a dudas volverá a disparar una segunda. También, que los tiempos son cada vez más cortos: de los tres meses entre la primera y segunda moción de vacancia contra Kuczynski, se paso a un interregno de solo un mes en el caso de Vizcarra. Por otro lado, si algo han aprendido los peruanos en estos casi cinco meses de caótico e improvisado mandato de Castillo, es que este sujeto que en su medio lenguaje se autotitula ‘prosor’, es alérgico al aprendizaje y no parece comprender la endeblez de su régimen filosenderista, desaprobado por más del 60% de los peruanos. Puede que haya sobrevivido al primer intento de vacancia, ¿pero sabrá prepararse para el siguiente? Todo parece indicar que no y es solo cuestión de tiempo de que siga el camino ya seguido por quienes lo antecedieron. Castillo cometería un error grave de cálculo si cree que va a seguir en el poder por cuatro años y medio más, al amparo de elementos como César Acuña, José Luna y los de Acción Popular, quienes esta vez no han permitido ni incluso que se acepte la discusión de la moción de vacancia planteada por sus actitudes dictatoriales y sin la menor capacidad para estar al frente de un país que atraviesa una gravísima crisis, agravada por la pandemia del Coronavirus que no ha podido ni sabido enfrentar. Si Castillo insiste en una ilegal y antidemocrática asamblea constituyente de la mano de Vladimir Cerrón y Guillermo Bermejo, mantiene su política de espanto a la inversión privada a través de personajes como su premier Mirtha Vásquez, no cambia a ministros como el de Educación y Transportes y Comunicaciones, no aclara las reuniones en el pasaje Sarratea con proveedores y lobistas, y no explica la bonanza económica de su exsecretario Bruno Pacheco, todo estará perdido para él. Y cuando eso suceda, lo primero que va a reaccionar es la gente a pie, y una vez que esta comience a llenar con su indignación las plazas y las calles exigiendo la salida de quien jamás debió haber llegado a Palacio, los Acuñas, los Lunas y los de Acción Popular serán los primeros en abandonarlo a su suerte, para que no os identifiquen con él. En ese momento ya no servirán de nada los diálogos, las reuniones en Palacio de Gobierno ni los “arreglos” bajo la mesa, como sucedió en la víspera de la votación. Eso de que apoyaron al ahijado de Cerrón por “la gobernabilidad” o para dar “estabilidad”, no se los creerá nadie. Será el precio a pagar por no dejar que Castillo ni dé explicaciones al país por sus delitos. Pese a ser nuevo en política, Castillo debería saber que el Perú muchos de los remedos de “partidos” no se sustentan en ideologías, principios ni vocación de servicio, sino en intereses. Cuando todo se venga abajo, ni las izquierdas de Verónika Mendoza y Marco Arana, hoy cómplice de este oprobioso régimen de quien vive de espaldas al país, moverán un dedo por volver a salvar a quien tendrá que salir por la puerta falsa de Palacio de Gobierno, como ya se ha visto recientemente. Es innegable que en medio de la improvisación más absoluta que se vive actualmente, la historia volverá a repetirse :)
Con 111 años de existencia, Laive ha ido plasmando a través de estos largos años la visión y los valores empresariales de una compañía en busca de la excelencia. Y ahora nos presenta su yogurt Sbelt, cero grasas y cero azúcares pensando espacialmente en quienes cuidan su figura. Como sabéis, Laive es una empresa dedicada a producir y comercializar alimentos de calidad garantizada, promoviendo la salud y el bienestar de sus consumidores. Entre sus principales alimentos se encuentran leches, yogures, quesos, mantequillas, manjares, jugos y néctares; así como también embutidos y cereales. Reconocida como una de las marcas más innovadoras del mercado, Laive es líder en la elaboración de productos “funcionales” con valor agregado, entre los que destacan los productos con cultivos prebióticos y probióticos, los semidescremados, los 0% grasa, los 0% lactosa y los que contienen omegas y DHA. Cabe destacar que Laive es una compañía cuya razón social en 1910, era Sociedad Ganadera del Centro. No se sabe con certeza de donde viene el nombre de Laive, pero se supone que es la unión de las iniciales de dos nombres de los dueños de las haciendas donde se creó la empresa. Originalmente dedicada a la producción ganadera y agrícola, para lo cual contaba con haciendas tanto en Huancayo como en Huancavelica hasta 1970, cuando todas sus tierras fueron expropiadas ilegalmente por la reforma agraria - durante la dictadura velasquista - obligándole a reconvertirse en una fábrica de producción de quesos inaugurando en Lima una moderna planta procesadora de productos lácteos en 1972 que producía además del queso fundido, mantequilla y queso fresco, el novedoso yogurt, y les fue tan bien en el negocio que hoy son la segunda productora de lácteos en el país. En 1980 inauguraron su planta en Arequipa - donde se procesan y maduran naturalmente los quesos Edam, Danbo, Gouda, Cuartirollo, Parmesano y Mozarella entre otros - consolidándose como una empresa peruana líder e innovadora, orientada al consumidor, que brinda productos de calidad garantizada en alimentación y nutrición son la segunda productora de lácteos en el país. Con el paso de los años, su posición se consolida en el mercado peruano a pesar de la dura competencia que representan Gloria y Nestlé. Confiando en el crecimiento del país a pesar del duro desafío que representa el régimen filosenderista de Pedro Castillo, el 2022 traerá nuevos desarrollos siempre en sus consumidores. Y es que desde su fundación a inicios del siglo pasado Laive nunca ha dejado de crecer y lo seguirá haciendo a pesar de todas las adversidades que se le puedan presentar. Laive es Vida :)
Como sabéis, la emancipación de los extensos territorios que fueron parte del Imperio Español desde el siglo XVI culminó un largo proceso, iniciado a mediados del siglo XVIII, en el que los ciudadanos americanos tomaron conciencia de su personalidad propia y de su fuerza. Muchos comenzaron a preguntarse por qué debía depender todo un subcontinente de una península europea. La discriminación sistemática que sufrían los criollos (hijos de europeos nacidos en América) por parte de los peninsulares que acaparaban los altos cargos de gobierno de las colonias y que se negaban a compartirlo - por lo cual tenían que conformarse con puestos subalternos - contribuyó a radicalizar sus posturas. El autoritarismo de la monarquía borbónica suscitó así entre las clases acomodadas un profundo descontento. Estos sectores estaban acostumbrados a hacer y deshacer en función de sus intereses, manipulando a los virreyes a su antojo. Hasta que la Corona retomó el control y envió a funcionarios dispuestos a imponer su autoridad por la vía expeditiva. El rey trataba, ante todo, de extraer de los territorios ultramarinos todas las riquezas posibles, a través del aumento de los impuestos y la producción de plata. La emancipación de los EE.UU. respecto a Gran Bretaña marcaría a los criollos el camino a seguir. Al poco tiempo, la Revolución Francesa difundiría ideas opuestas a una monarquía absolutista como la española. Esta, anclada en el pasado, iba a demostrar su incapacidad para gobernar desde Madrid unos territorios enormes y lejanos. A falta de comunicaciones rápidas, las decisiones llegaban con retraso, cuando la situación había cambiado y los problemas eran otros. Su dominio será cada vez más precario. La guerra con Inglaterra desatada a finales de siglo le impedirá asegurar eficazmente el ya de por sí lento contacto entre ambos lados del Atlántico. Pero fue la invasión napoleónica, en 1808, el hecho que inició la recta final hacia la independencia americana. La metrópoli tendría que combatir entonces en dos frentes, contra los franceses y contra los brotes secesionistas en las colonias. Cuando concluye la guerra en la península con la expulsión ignominiosa de los franceses, España concentra sus energías en recuperar su imperio cueste lo que cueste. Un país devastado por seis años de contienda feroz contra Napoleón no podía prescindir de los recursos americanos. Por ello, para no perder esta fuente de ingresos, España sacó fuerzas de flaqueza y realizó una apuesta bélica que iba a dejarla aún más exhausta. Según el historiador Josep Fontana, más de 45.000 hombres cruzaron el Atlántico en 25 expediciones de reconquista entre 1811 y 1818. La ofensiva de los realistas, es decir, de los partidarios del rey, tendrá éxito al principio. Hacia 1815, los patriotas, aspirantes a la independencia, se hallaban en retroceso en todo el continente, a excepción de la actual Argentina. Pero pasado tres años, la guerra cambiaría de signo. La pérdida de Chile puso a los españoles a la defensiva. Solo les quedaba una posibilidad: la llegada del ejército que se estaba reuniendo en Cádiz. Pero un hecho inesperado desbarató sus planes. Los refuerzos, en lugar de cruzar el Atlántico, se sublevaron contra el rey a las órdenes del teniente coronel Riego. El pronunciamiento marcó el inicio del Trienio Liberal, en el que Fernando VII se vio obligado a aceptar la Constitución de Cádiz. A menudo se ha señalado que la inestabilidad en la península tuvo efectos desastrosos sobre la causa imperial en América, al trasladar al Nuevo Continente las divisiones entre absolutistas y liberales. Pero lo cierto es que las luchas intestinas entre los peninsulares muchas veces no obedecían a motivos ideológicos, sino a envidias y disputas por el poder. En Perú, el único territorio aún en manos españolas, la situación interna del ejército era caótica. Un motín de la alta oficialidad destituyó al virrey Joaquín de la Pezuela, acusado de pasividad frente a los patriotas, y colocó en su lugar al general José de la Serna. Los problemas no acabaron ahí. Otro militar, apellidado Ramírez, se consideraba con derecho al cargo por ser de graduación superior. Despechado, presentó su dimisión. Pese a todo, las autoridades coloniales aún confiaban en la victoria. Para que la administración virreinal se hundiera definitivamente hizo falta una intervención externa: la del ejército colombiano a las órdenes de Simón Bolívar y de Antonio José de Sucre, su lugarteniente. Los recién llegados no lo iban a tener fácil. A ojos de los peruanos eran extranjeros, por lo que fueron recibidos con desconfianza ya que a diferencia del Libertador José de San Martín (quien renuncio a su titulo de Protector y abandono el país) este par de arribistas eran ambiciosos y tenían planes para dividir el Perú, como efectivamente ocurrió luego, al arrebatarle Bolívar primero Guayaquil y luego el Alto Perú, creando Bolivia. Los realistas, mientras tanto, reconquistaron la capital, Lima, y buena parte del país. Según el historiador John Lynch, la independencia “llegó a parecer una causa perdida”. Bolívar, desesperado, reunió un ejército de cerca de nueve mil hombres con el que venció providencialmente a los españoles en Junín en apenas una hora. Fue una batalla brutal en la que no pudieron emplearse armas de fuego, solo lanzas y espadas. Por eso se ha dicho de ella que parecía una lucha entre caballeros medievales. El virrey, sin embargo, aún contaba con un ejército poderoso y se lanzó a perseguir a Sucre para cortarle la retirada. Se inició así un dramático juego del gato y el ratón. Este bandido bolivariano lograba escabullirse mientras La Serna se encontraba en una situación cada vez más precaria. Sus hombres atravesaban terrenos montañosos que dificultaban su marcha y donde les era cada vez más difícil aprovisionarse. El hambre se hizo tan acuciante que tuvieron que comer la carne de sus burros y mulas. El envío de destacamentos a la búsqueda de ganado tal vez hubiera aliviado la situación, pero se descartaba totalmente para no dar oportunidad a posibles desertores. Los españoles, finalmente, fueron más rápidos. A los independentistas les quedaba una sola opción, aceptar la lucha aunque estuvieran en inferioridad de condiciones, con solo 5.800 hombres contra los 9.300 del enemigo. Sin apenas artillería, además, ya que un solo cañón debía enfrentarse a once. La batalla, que iba a poner fin al dominio español, tendría lugar el 9 de diciembre de 1824. Su escenario fue Ayacucho, una llanura junto a la cordillera del Condorcanqui limitada por dos barrancos. El nombre, en lengua quechua, significaba “el rincón de los muertos”. Poco antes del combate se encontraron en territorio neutral miembros de los dos ejércitos. Unos y otros aprovecharon para saludarse, ya que tenían en el bando contrario a amigos y parientes. En algún caso los lazos familiares eran muy estrechos: si el brigadier Antonio Tur estaba con los peninsulares, su hermano, el teniente coronel Vicente Tur, apoyaba a los independentistas. La confraternización se prolongó durante cerca de una hora, en la que no faltaron comentarios sobre posibles negociaciones de paz. La lucha comenzó bien para los españoles. Su mejor comandante, Jerónimo Valdés, sembró el pánico en las filas patriotas, pero estas consiguieron reorganizarse. Estaban decididas a resistir a toda costa. Uno de sus generales, Córdoba, protagonizó entonces un gesto destinado a infundir moral a sus tropas. Desmontó de su caballo y proclamó con teatralidad que no quería disponer de ningún medio para escapar, si es que llegaban a ser derrotados. Luego ordenó fuego a discreción e hizo avanzar a sus hombres. “¡Hasta la victoria final!”, gritó. El inesperado avance independentista cambió el curso de la batalla. Se produjo una situación confusa, y durante media hora de lucha cuerpo a cuerpo los lanceros americanos masacraron a los peninsulares, que vieron cómo Córdoba les arrebataba su artillería. Desesperado al ver que sus fuerzas se desintegraban, el virrey se lanzó a la lucha como un soldado más. Fue hecho prisionero tras recibir varias heridas de sable, por lo que tuvo que ser sustituido por el general Canterac. En un primer momento este intentó reunir a sus hombres dispersos y continuar la lucha. Pronto, sin embargo, se dio de bruces con la realidad. Los soldados se negaban a combatir. Es más, amenazaron a sus jefes e incluso dieron muerte a uno de ellos, el capitán Salas, que se había empeñado en contener el movimiento de rebeldía. Reclutados a la fuerza para defender una causa en la que no creían, se sublevaban a la primera ocasión. Historiadores como Salvador de Madariaga han supuesto que la capitulación de Canterac estaba pactada desde el primer momento y que la batalla solo fue una escenificación, destinada a salvar el honor militar para que no pareciera que los realistas se rendían sin combatir. No existen pruebas documentales que avalen esta teoría. Sí es evidente, en cambio, que Ayacucho representó un desastre total para el ejército español. Tuvo que lamentar 1.400 muertos y 700 heridos, además de unos 1.000 prisioneros. Los patriotas, por su parte, contaron casi un millar de bajas, de las que unas trescientas fueron muertas. Sin embargo, pese a la derrota, las fuerzas peninsulares alcanzaron un muy generoso acuerdo de rendición. El gobierno del Perú se comprometía a costear el retorno a Europa de los vencidos que desearan regresar, facilitándoles la mitad de su paga mientras permanecieran en territorio americano. También aceptaba no tomar represalias contra nadie que se hubiera significado a favor del régimen colonial, “aun cuando haya hecho servicios señalados a la causa del rey”. Liberaba, además, a todos los prisioneros enemigos y aceptaba hacerse cargo de los heridos a cuenta de sus propios fondos. Y, por si todo esto fuera poco, el último artículo del acuerdo de capitulación establecía que cualquier duda se interpretaría a favor de los españoles. Según el historiador peruano Virgilio Roel, “se les concedieron tantos derechos que da la impresión de que fueron ellos los vencedores de Ayacucho”. Las guarniciones que aún resistían, al conocer la derrota, comenzaron a desintegrarse. Pío Tristán sustituyó a La Serna como virrey, pero nada podía hacer ya. El viejo imperio hacía aguas por todas partes, en medio de un sálvese quien pueda generalizado. El general Maroto, futuro militar carlista, fue uno de los que se apresuró a ponerse a salvo. Comprobó que todo estaba perdido y optó por volver a España. Al poco tiempo, el propio Tristán aceptaba los hechos y se rendía. En la metrópoli, mientras tanto, tardaron cinco meses en enterarse del desastre ayacuchano. Sin una marina que garantizara las comunicaciones entre las dos orillas del Atlántico, las noticias se transmitían con exasperante lentitud. En Madrid, La Gaceta continuaba publicando noticias fantasiosas sobre supuestas victorias. El periódico aseguraba, por ejemplo, que Simón Bolívar había sido vencido y que iba a caer prisionero de un momento a otro. Pero cuando por fin llegaron informaciones de la batalla, las dio a conocer a pie de página como si se tratara de un hecho sin excesiva importancia. Quedaban, pese a todo, algunos irreductibles. En el Alto Perú, el general Olañeta se mantenía activo contra toda esperanza. Sucre, intentó sobornarlo. Si rompía con España, se convertiría en el nuevo gobernador de la región. Olañeta, absolutista convencido, intentó ganar tiempo y propuso un cese de las hostilidades durante cuatro meses. Procuró continuar con el esfuerzo bélico, pero vio cómo sus propias unidades se sublevaban una tras otra a favor de los patriotas. Fue asesinado mientras intentaba sofocar una de estas revueltas. Tras ello, el Alto Perú se constituía como estado independiente. Nacía la actual Bolivia, así llamada en “homenaje” a Bolívar, un déspota quien hasta su muerte llevo su odio al Perú. Ya solo un enclave permanecía en manos españolas, la fortaleza del Real Felipe en el Callao. Su jefe, el brigadier José Ramón Rodil, demostró una obstinación numantina al resistir un asedio de más de un año, negándose a reconocer la Capitulación de Ayacucho. En este tiempo recurrió a métodos despiadados, como fusilar a los desertores. Cuando comenzaron a escasear las provisiones, ordenó que los soldados recibieran una alimentación más completa que los civiles. A medida que el tiempo pasaba, la situación de los sitiados se hizo más y más dramática. Cuando ya no tenían casi qué llevarse a la boca se comieron las ratas, pero una epidemia de peste les diezmó todavía más. Rodil prefirió rendirse a caer prisionero en combate. Su capitulación ponía el definitivo punto final a la guerra de Independencia. En Madrid entretanto, el gobierno aún soñaba con recuperar las antiguas colonias. Cualquier rumor, por infundado que fuese, contribuía a despertar las esperanzas más descabelladas. Los ministros imaginaban que las repúblicas americanas pronto se verían sumidas en tal caos que regresarían encantadas a la tutela española, anhelando salir de la anarquía. En realidad, por inestables que fueran los nuevos países, sus ciudadanos no deseaban volver a la época virreinal. El fin del dominio español implicó un cambio político, pero poco más. Los patriotas que esperaban paz y bienestar pronto comprobaron su error. No se colocaron los cimientos de un desarrollo económico, ni se corrigieron las hirientes desigualdades sociales. Las nuevas repúblicas gobernadas ahora por los criollos, acostumbraron a mostrarse hostiles con los indios, que en países como Perú constituían más de la mitad de población y que veían cómo se deterioraban sus condiciones de vida. Habían alcanzado la independencia, sí, pero la libertad estaba todavía por llegar :(