El arrollador triunfo del conservador José Antonio Kast (58.2%) sobre la candidata comunista Jeanette Jara (41.8%) en la segunda vuelta electoral en Chile consolida sin lugar a dudas el viraje ideológico de Sudamérica y modifica la hegemonía política que, hasta antes de este triunfo, tenían los partidos del Foro de Sao Paulo en Sudamérica: Brasil, Venezuela, Colombia, Uruguay y Chile. Con el triunfo de Kast hoy la mayoría de las democracias sudamericanas han cambiado de orientación: Ecuador, Paraguay, Argentina, Bolivia y ahora Chile han salido del infame eje del ‘Socialismo del Siglo XXI’ y se han colocado a la derecha. Este viraje podría continuar el año que viene en Perú y Colombia si esos países consolidan alternativas serias liberales o conservadoras. Cabe precisar que este triunfo saco a Chile de la influencia del Foro de Sao Paulo, agrupación que como recordareis, reunió por primera vez a los partidos y movimientos políticos de izquierda en julio de 1990 en la ciudad de Sao Paulo. Este movimiento de reacción al derrocamiento de la dictadura comunista y el colapso de la URSS en 1991, logró por más de 3 décadas definir la agenda política en toda la región latinoamericana y consiguió, hasta hoy día, en base a su lucha contra el neo liberalismo y el consenso de Washington, varios de sus objetivos muy definidos: 1- Mantener a flote la criminal dictadura cubana luego de la desaparición de la URSS que la mantenía cual parasito que es (“labor” del que se hizo cargo Venezuela que le regalaba petróleo para sobrevivir, pero que ahora, tras su inminente colapso a manos de EE.UU., es Méjico quien se encarga de ello); 2- Engendrar movimientos socialistas en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Honduras y Nicaragua, que han ejercido - y ejercen - el poder de manera autoritaria y represiva; 3- Atacar a regímenes democráticos en Colombia, Chile y Perú con acciones de desestabilización interna, apoyo a movimientos terroristas o infiltración paramilitar; 4- Lograr la llegada del Partido de los Trabajadores (PT) al poder en Brasil, y que se mantenga en ella pese a los graves escándalos de corrupción descubiertos en ese país como la protagonizada por Odebrecht y que involucra al propio Lula y que ya estuvo en la cárcel por ello; 5- Sostener el populismo peronista de la familia Kirchner y sus seguidores para pretender volver al poder del que fueron desalojados por Milei; 6- Financiar proyectos políticos de izquierda en varios países latinoamericanos como Perú, Colombia, Argentina, Chile, con recursos de la corrupción brasilera, la delincuencia venezolana y la ayuda paramilitar cubana; 7- Medrar en la región a través de la corrupción en las obras públicas a cargo del cartel de las constructoras brasileras, tan funcionales al PT de Lula da Silva; 8- Alentar el narcotráfico, la extorsión y la delincuencia transnacional a toda la región sudamericana como factor adicional de desestabilización social para lograr sus viles intereses. Es por ello que el viraje ideológico que se ha dado en los últimos tiempos en 5 naciones en Sudamérica, es un golpe muy fuerte a esta hegemonía política. Este viraje es una pérdida concreta de espacio de acción, de tolerancia social, de complicidad política frente al delito. La derrota del partido comunista chileno el pasado domingo de una manera aplastante, es un grito de rechazo a la inseguridad, el odio, el vandalismo y la extorsión social y delictiva que se instauró en Chile desde octubre de 2019 y que llegó al Palacio de la Moneda. Es un ¡basta ya! a los carteles de la droga, a la delincuencia importada y ‘justificada’ desde el oficialismo, así como a la extorsión colombiana que llegó de la mano. Eso sí, falta obviamente que caiga la pieza más importante para que este viraje político sea irreversible: Venezuela. Desde allí el régimen chavista ha financiado, impulsado y dirigido toda la desestabilización en Sudamérica. Desde los bloqueos en La Paz que hicieron caer al boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada, llevando al narcopedófilo Evo Morales al poder, hasta las asonadas violentas en el sur peruano luego del fallido golpe de Estado del delincuente terrorista Pedro Castillo. Desde los incendios y saqueos en Santiago en el 2019 hasta los asesinatos políticos en Ecuador y Colombia. En tanto, desde Caracas, la metástasis cubana se siguió alimentando y multiplicando en la región con miles de cómplices, asalariados, alfiles y peones disfrazados de “luchadores sociales” y “progresistas”. Pero toda esta hegemonía comenzó a resquebrajarse. En Ecuador, Lenin Moreno no fue instrumental a su mandante Rafael Correa y abrió las puertas de la institucionalidad en ese país. Guillermo Lasso llego luego de esa apertura, sin embargo, la protesta social financiada por el correísmo todavía lo puso en jaque y fue así que llegó Daniel Noboa en el 2023, ahora con nuevo mandato. Ese mismo año ya había llegado Santiago Peña en Paraguay, siguiendo una zaga de victorias del partido Colorado luego de la nefasta aventura marxista que tuvo ese país con el sacerdote Lugo. Sin embargo, el verdadero golpe de timón lo marcó la llegada de Javier Milei en la Argentina, donde luego de 7 décadas de populismo peronista se comprobó que era posible confrontar las aberrantes consignas del Foro de Sao Paulo, con las ideas de la libertad, la propiedad, el respeto al proyecto de vida personal y la economía de mercado. La izquierda vio como sus consignas demagógicas, sus acciones políticas, sus triquiñuelas electorales y el dinero venezolano no eran suficientes para callar a un pueblo harto del clientelismo, de la retórica ‘revolucionaria’ vacía de políticos que cobraban las coimas en bolsas de basura, del cinismo kirchnerista de cientos de millones de propiedades en hoteles y lujo robados a una nación que otrora fue próspera. La fuerza disruptiva de ¡La Libertad Avanza o la Argentina retrocede! ha llegado no sólo a Buenos Aires, sino a toda la Región. Puso en evidencia que se puede ser más, mucho más que esas derechas cobardes, camufladas, que transigen, que se alinean al pensamiento caviar, que pactan y que le compran las sogas a su verdugos para que los ahorquen, como sucede con López Aliaga en el Perú. En cambio, Milei demostró que se puede levantar la bandera de la libertad, la propiedad, la iniciativa personal, el orden y la patria en lugar de las falsas consignas de la justicia social. En el 2023 Buenos Aires encendió la luz. No solo Buenos Aires para ser justos. Toda la Argentina, especialmente la de Córdoba, Mendoza, Santa Fe, encendieron la luz con la cual esa Nación alumbró a toda la Región a inicios del siglo XXI. Dejó de ser un punto más de la influencia paulista, un apéndice de los dictados del PT y un mendigo alimentado por maletas de dinero corrupto que llegaban desde Caracas para la familia Kirchner. Buenos Aires encendió la luz de la libertad. Como en los tiempos de Alberdi, Argentina se convirtió otra vez en un Faro para la región sudamericana, un Faro desde el cual no se dan consignas, ni se organizan bloqueos o se maquinan golpes de estado o asonadas violentas, sino un Faro desde el cual se irradian las ideas de la libertad, el respeto al ideal del prójimo, el respeto a la propiedad y el premio al esfuerzo de cada ciudadano. El triunfo de la derecha chilena unida detrás de José Antonio Kast ha sido posible en este contexto. La derecha chilena explotó sus espacios a mil. Se fue con Evelin Mathei y Johannes Kaiser a los extremos a los cuales nunca hubieran llegado ni Lavin, ni Longueira, ni el mismo Piñera. Obtener cerca del 60% de la votación es posible cuando se ve que la luz de la libertad ilumina, anima, moviliza, triunfa. Estamos viendo, por fin, el inicio del fin de la hegemonía del Foro de Sao Paulo y su reemplazo por la luz del Faro de Buenos Aires. Un Faro que no dirige ni trama. Es un Faro que ilumina. Tiene muchos riesgos y se puede apagar. Por ahora está encendido y tendrá para rato. Los chilenos hicieron ya su tarea. No dejaron entrar al enemigo por la rendija de la puerta. Ahora les toca a los peruanos y colombianos, consolidar este viraje el año que viene. Y a los pueblos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, librarse de una vez por todas de sus opresores que a sangre y fuego se resisten a dejar el poder. Con la flota estadounidense en sus costas, el régimen chavista vive sus últimas horas, y tras su caída, seguirán aquellos países que viven a cuenta de su petróleo. Y esto según Donald Trump, es solo el comienzo, ya tiene en la mira a Colombia, del narcoterrorista Gustavo Petro, y a Méjico, de la p. judía Claudia Sheinbaum.... A por ellos.
A que los peruanos no lo sabían, pero por breve tiempo, círculo hace décadas en sus calles lo que podría llamarse la versión andina del Grinch (aquella criatura demoniaca que odia la Navidad), pero debido al rechazo generalizado que recibió aquel engendro creado durante la dictadura velasquista, tuvo corta vida. Como sabéis, la llegada de la época navideña al Perú suele asociarse, como en muchos lugares del mundo, con la famosa imagen de Santa Claus. Sin embargo, hubo un peculiar episodio a inicios de la década de 1970 cuando el gobierno militar de turno intentó reemplazar esa tradicional representación con un personaje de lo más repulsivo: Taita Noel. Esta controvertida decisión, que buscaba desplazar al arquetípico Santa Claus asociado - afirmaban sus áulicos - al “consumismo capitalista por una reinterpretación andina de corte nacionalista”, terminó siendo un rotundo fracaso. La fuerza del imaginario colectivo en torno a la tradicional figura navideña importada desde Estados Unidos y Europa prevaleció por sobre este vomitivo y efímero intento de “peruanización”. Así, el recuerdo de Taita Noel solo quedó como una breve e insignificante anécdota circunscrita a unos pocos años de la década del setenta, y que desapareció sin pena no gloria en medio de la ignominia junto con la caída de la dictadura velasquista en 1975 y la consiguiente erradicación de sus símbolos. Ante todo, cabe precisar que el nefasto personaje de Taita Noel fue creado en 1972 por el Ministerio de Educación, a “iniciativa” del propio Velasco. Como sabéis, ese régimen dictatorial (que se hizo con el poder con un golpe de Estado en 1968) se autoproclamaba “como una revolución nacionalista de corte socialista”, buscando por ello redefinir los símbolos tradicionales con nuevas representaciones más vinculadas a su ideología izquierdista de corte “indigenista”. Es en ese contexto que se decide eliminar para las festividades de ese año la imagen ‘extranjerizante’ de Santa Claus, reemplazándola por un individuo de rasgos indígenas denominado Taita Noel el cual vestido como los nativos, con chullo, poncho y ojotas, se transportaba en un trineo “jalado” no por renos, sino por llamas (a pesar que la sierra también existen venados - llamadas tarucas - aunque no sean tan corpulentos como sus parientes nórdicos), que se difundió profusamente como nuevo ícono “navideño” a través de anuncios publicitarios y en los medios de comunicación confiscados por la dictadura, el cual por cierto, no repartía juguetes a los niños, sino libros y revistas acorde a la ideología comunista del régimen, como los pequeños libros azules de la colección Biblioteca Peruana de la editorial Peisa, así como la revista Urpi, entre otras obras “revolucionarias”. Sin embargo, y como podéis imaginar, la medida causó repulsión entre una ciudadanía habituada al tradicional Santa Claus - además del rechazo que causaba la presencia de ese espantajo vestido como un pordiosero que asustaba a los niños - por lo que la iniciativa fracasó rápidamente. Tras unos pocos años de vigencia y la expulsión de Velasco del poder por obra del felón Morales Bermúdez, Taita Noel paso al olvido, recordado apenas como una anécdota circunstancial en medio del turbulento proceso político peruano de esa década. Hay quienes recuerdan que durante la navidad de 1972 podía verse brevemente a este controvertido personaje andino en algunos establecimientos comerciales de Lima como fueron las tradicionales tiendas Tía y Monterrey ubicadas en el céntrico Jirón de la Union - el principal lugar donde las familias realizaban sus compras navideñas en esa época - las cuales decidieron sumarse a la iniciativa oficial y utilizaron la representación del Taita Noel en sus vitrinas y anuncios publicitarios. Pero todo resulto en vano. Al llanto de los niños que causaba su presencia - quienes pensaban que se trataba del “cuco” que pretendía llevárselos en la bolsa que cargaba - se sumó la furia de los padres de los peques, que los agarraban a pedradas apenas veían a uno de ellos por las calles. Pero más allá de su paso efímero y lastimero, algunos sectores izquierdistas aliados de la dictadura sí vieron con buenos ojos el surgimiento de ese engendro “como un ícono más cercano a la realidad nacional” (?). Por ejemplo, la Confederación Campesina del Perú (CCP) respaldó la propuesta y llamó a sus agremiados a difundir esta representación “netamente peruana” como símbolo identitario. Asimismo, varios intelectuales y figuras públicas que se vendieron vergonzosamente al régimen recordarían con nostalgia años más tarde la accidentada experiencia de Taita Noel, valorando “los ideales” (?) que - dicen -representaba. Quizás su gran handicap fue surgir desde la imposición gubernamental y no por consenso de la sociedad civil. Pero el imaginario simbólico que encarnaba no sería olvidado totalmente, sino que quedaría latente en el inconsciente colectivo local, y por eso, en estos tiempos reaparece brevemente, aunque claro ya no como ese indigente reciclador de basura inicial, sino como algo más “digerible” que ve a Santa Claus ya no como su enemigo, sino como su “hermano”. De esta manera, a cinco décadas del fugaz intento dictatorial por querer instituir a Taita Noel, el imaginario simbólico que evocaba no se desvaneció totalmente. Hoy en día al personaje “navideño” de rasgos andinos, se le otorga un rol “más social”: el recojo de juguetes para niños de escasos recursos, que recorre el país, ya no en un “trineo” jalado por llamas ... sino en un mototaxi, encabezando campañas navideñas de donación de regalos que luego entrega en albergues y ollas comunes, que, ante la avalancha consumista actual, afirman que “trata de encarnar el mensaje que buscaba originalmente llevar”. Lo peligroso es que bajo esa mirada inocente que actualmente muestra, este engendro creado bajo Velasco, pervive hoy recreado en “una labor social” buscando en realidad destruir la Navidad y los valores cristianos de la misma manera que el Grinch, para imponer su agenda caviar (acorde a los nuevos tiempos), en zonas marginales del país... A no dejarse engañar.
Para nadie es un secreto que el régimen chavista está al borde del colapso, ya que esta semana, Estados Unidos decidió estrangular su último recurso de financiamiento: el petróleo ilegal, en medio de la presión ejercida contra la dictadura por la presencia de una flota estadounidense en las costas venezolanas desde hace semanas, lista para invadir el país en cualquier momento y derrocar a Nicolás Maduro. Ante todo, cabe precisar que hace exactamente cuatro años se reveló uno de los mecanismos que el régimen tenía para sostener su frágil economía en medio de las sanciones internacionales por la violación sistemática de derechos humanos. Ese engranaje ilegal era el que daba cuenta de una red de “buques fantasmas” utilizados para traficar el principal - y único - recurso del país: el petróleo. Las maniobras eran ejecutadas con la ayuda de países aliados como China, Irán y Rusia, quienes filtraban en sus puertos Very Large Crude Carrier (VLCC, la denominación a los barcos petroleros) bajo falsa bandera y nombre. Muchos de los buques que amarran durante horas en los puertos más importantes de Venezuela llevan otra denominación y otro número de IMO, la identificación de cada una de las naves que otorga la Organización Marítima Internacional, código que sirve para identificar a la embarcación durante su vida útil. Es fundamentalmente la teocracia iraní la que intercambia crudo negro -valga la ironía- con Miraflores. Y dentro de la estructura de aquel país asiático, es la Guardia Revolucionaria Islámica la encargada de mantener activas sus operaciones en el exterior con diferentes formas de financiamiento. En la profundidad de esa organización, es la unidad de élite conocida como Fuerza Quds la que comercializa de manera ilegal con Caracas el crudo extraído en Venezuela. Como sabéis, este miércoles, los Estados Unidos dieron un paso más en su estructurado plan para presionar la caída del régimen de Maduro. Por orden de la Fiscal General Pamela Bondi, una operación conjunta de la Guardia Costera, el FBI, la Homeland Security Investigations (HSI) y el Departamento de Defensa, se resolvió confiscar un buque petrolero frente a las costas venezolanas, que el régimen chavista califico de “un acto de piratería”. “Durante varios años, el buque petrolero ha sido sancionado por Estados Unidos debido a su participación en una red ilícita de transporte de crudo que apoya a organizaciones terroristas extranjeras. Esta incautación, realizada frente a la costa de Venezuela, se llevó a cabo de manera segura y protegida”, dijo Bondi en su cuenta de X. De acuerdo a la cadena Bloomberg, la embarcación capturada fue identificada como el VLCC Skipper, según fuentes en los Estados Unidos y Guyana. “El buque petrolero de gran tamaño, que tiene 20 años de antigüedad, fue sancionado por Estados Unidos en el 2022 bajo su antiguo nombre, Adisa, por apoyar las exportaciones de petróleo iraní”, dijo el portal de noticias. La incautación se produjo tras una orden de embargo para un VLCC usado para transportar petróleo ilegal proveniente de Venezuela hacia Irán, procedimiento enmarcado dentro de las medidas norteamericanas para bloquear redes internacionales de financiamiento a organizaciones terroristas. La Fuerza Quds, el Cartel de los Soles, el Tren de Aragua -entre otros grupos-, fueron designadas como entidades terroristas por Washington. Y el gobierno de Maduro fue identificado como el tutor de esas últimas organizaciones criminales (por el cual pusieron precio a su cabeza de $25.0000 millones). Este golpe al financiamiento de ambos regímenes se enmarcó en el despliegue de navíos que los Estados Unidos tienen en el Caribe y que hasta el momento se había dedicado a impactar y perseguir lanchas con toneladas de drogas, sobrevolar el espacio aéreo venezolano y demostrar un poderío imposible de detener. “Acabamos de incautar un petrolero en la costa de Venezuela, un petrolero enorme, muy grande; de hecho, el más grande jamás incautado”, declaró el presidente Donald Trump a las pocas horas del procedimiento. Y en cuanto al petróleo incautado, dijo “que se lo quedara”. Como era de esperar, la embajada del régimen teocrático de Irán en Caracas condenó la acción como una “grave violación de las leyes y normas internacionales”. Original interpretación del tráfico ilegal de crudo. Posicionar el poder naval sobre las rutas que atraviesan el Caribe significa mucho más que realizar patrullas antidroga clásicas con lanchas rápidas, helicópteros y recursos limitados. El descomunal despliegue de fuerza en aquel mar azul implica cerrar los caminos del petróleo, corredores marítimos por donde circula más del 90% de los embarques de petróleo de Venezuela. Por cierto, la incautación de este petrolero fue el segundo acto de alto impacto de las últimas horas. El pasado martes 9 de diciembre dos cazabombarderos F/A-18 Super Hornet sobrevolaron el Golfo de Venezuela. Las aeronaves fueron detectadas sobre el estado Zulia mientras se aproximaban al Lago de Maracaibo. Ninguna nave de Maduro salió a su encuentro: tampoco los vieron llegar. El tercero de esos actos fue la aparición pública de la controvertida María Corina Machado en Oslo, Noruega, para recibir -con algún retraso de agenda- el Premio Nobel de la Paz. La líder opositora venezolana atravesó una romería para cruzar el Atlántico. Pero no pudo hacerlo en soledad. ¿Quién le dio asistencia dentro del territorio venezolano? Maduro sabe que además de la guardia pretoriana cubana que lo rodea hay otra que está cada vez más cerca suyo. A propósito de esos agentes cubanos que “protegen” al dictador: ¿es una fuerza que lo cuida o que lo tiene secuestrado? Aunque también se dice que tienen orden de matarlo si se entrega, ya que podría revelar las conexiones de La Habana con el narcotráfico, lo cual siempre se ha sabido, pero en esta ocasión y para salvarse, Maduro presentaría pruebas tangibles de ello. Contrariamente a lo que algunos analistas creen, Estados Unidos tiene tiempo para continuar con su estrategia de desgaste frente a Venezuela. No saltará ninguna etapa ni acelerará sus tiempos. Son pasos muy elaborados que continuarán hasta la caída de la dictadura chavista. Sin embargo, algunos analistas advierten que Trump debe ser muy cauteloso con las medidas que adopte, ya que el derrumbe del régimen podría sumir al país en el caos y la violencia, donde unidades militares, facciones políticas rivales dentro del chavismo e incluso grupos terroristas se disputarían el control del país rico en petróleo. Ante esa posibilidad, añaden de que la turbulenta historia reciente de las intervenciones estadounidenses de cambio de régimen en lugares como Irak, Afganistán y Libia podría repetirse en una Venezuela post-Maduro. “Lo que realmente nos preocupa es que no parece que tengan ningún plan serio para lo que ocurra luego”, dijo Phil Gunson, analista del International Crisis Group. “La idea de que van a poder encajar fácilmente un nuevo gobierno y todo lo demás se acomodará sin más, creo que es pura fantasía”, añadió. “El derrocamiento de Maduro - ya sea mediante un golpe militar, un levantamiento popular o una acción militar estadounidense - haría añicos el frágil gobierno autoritario de Venezuela y produciría el caos durante un periodo sostenido de tiempo sin posibilidad de ponerle fin, escribió por su parte Douglas Farah - consultor de seguridad nacional especializado en Latinoamérica - en un informe desclasificado dirigido a funcionarios del Pentágono. Farah, quien solía ser periodista, dijo que Venezuela estaría mejor sin Maduro, pero advirtió que “no se puede producir un cambio sísmico inmediato” en el gobierno del país sin consecuencias nefastas. “No habría mando ni control sobre el ejército ni sobre la policía”, dijo. “Habría saqueos y caos, así como una matanza indiscriminada de chavistas por parte de aquellos sectores que buscan venganza y que se sentirán envalentonados con la caída de régimen y ‘el sálvese quien pueda’ de aquellos que los oprimieron durante décadas” asevero. “Cualquier despliegue militar estadounidense destinado a estabilizar el país además requeriría probablemente decenas de miles de soldados durante un tiempo indeterminado, que podrían ser años”, dijo. Asimismo, una oposición triunfante se enfrentaría a enormes dificultades para hacer valer su autoridad sobre legisladores, gobernadores, burócratas, funcionarios de seguridad y soldados elegidos o formados durante años por Maduro, sobre todo entre quienes temen a las represalias. “Se habla de ‘limpiar’ inmediatamente el Estado de los miles de funcionarios chavistas, pero ¿quiénes los reemplazaran a continuación? El odio contra estos últimos es latente, por lo que no habría ningún trato con ellos por parte de la nueva administración” apunto. “Muchos oficiales militares de alto rango podrían resistirse al cambio de régimen. Incluso si Maduro aceptara transferir el poder a un sucesor afín a Estados Unidos - como al presidente electo Edmundo Gonzales - algunas fuerzas de seguridad podrían rebelarse e incluso librar una guerra de guerrillas contra las nuevas autoridades”, señaló. A ello debemos agregar que otros grupos armados de la región podrían oponerse a una transición o aprovechar un vacío de poder. Miles de terroristas pertenecientes al Ejército de Liberación Nacional (ELN) de la vecina Colombia tienen su base en las selvas fronterizas. El grupo ha prometido defender al régimen de Maduro y luchar contra cualquier fuerza extranjera en la región; su arsenal incluye artefactos explosivos y algunos drones armados. El desorden y el conflicto podrían desencadenar asimismo un nuevo éxodo de venezolanos que inundaría a los países vecinos, que ya tienen dificultades para atender a millones de migrantes que han huido del gobierno de Maduro en los últimos años. “Mantener el orden en todo el país sería una tarea colosal, sobre todo sin la plena lealtad de unas fuerzas de seguridad fuertemente pro-Maduro, que serían disueltas de inmediato, por lo que las fuerzas estadounidenses tendrían que encargarse de ello, mientras adiestran a nuevas fuerzas de seguridad. Pero ello toma tiempo” expreso. Una misión militar estadounidense en Haití en 1994, que depuso a una junta militar y estabilizó el país, requirió de unos 25.000 efectivos. Venezuela es unas 33 veces mayor que Haití, o aproximadamente el doble de California. En la invasión estadounidense de Panamá en 1989, un país que tiene menos de una décima parte del tamaño de Venezuela, participaron unas 27.000 fuerzas estadounidenses. Aquella operación condujo a la rápida captura del dictador panameño Manuel Noriega, quien, al igual que Maduro, fue imputado por cargos de narcotráfico y considerado un gobernante ilegítimo por Washington. Meses antes, Noriega había anulado la aparente elección de un líder de la oposición, Guillermo Endara, como presidente. Cuando se le preguntó al secretario de Estado Marco Rubio si la captura de Noriega podría servir como una especie de modelo para la planificación actual del gobierno de Trump, este se desentendió, diciendo que en aquella época él estaba en la escuela. El objetivo de Estados Unidos en Venezuela, añadió, es “impedir que estas organizaciones terroristas inunden nuestro país de drogas. Y eso es lo que estamos llevando a cabo”. Lo que eso significa exactamente sigue sin estar claro. Hasta ahora, Maduro se ha negado a abandonar el poder y exiliarse, ya que se enfrenta a una investigación de la Corte Penal Internacional que podría condenarlo por genocidio a largos años de prisión. “La premisa del gobierno de Trump es que, si aumentas la presión lo suficiente, Maduro se asustará y decidirá marcharse”, dijo Gunson. “Pero no puedes hacerlo simplemente lanzando unas cuantas bombas o requisando buques petroleros y esperando que Maduro se rinda, por lo que la invasión militar es el siguiente paso. Lo que suceda inmediatamente luego de la caída del régimen, es una incógnita” puntualizo.
Una noticia procedente de Chiclayo - al norte del Perú - llama la atención ya que, aprovechando la celebración de la Navidad, la alcaldesa comunista de esa ciudad no se le ocurrió mejor ‘ideota’ de instalar “un árbol” ... hecho de papel higiénico y otros materiales reciclables, enrollados en un armazón de fierro en medio de la plaza principal de la ciudad, lo que no solo es una burla a las tradiciones cristianas - a tal punto que ha sido rechazado e incluso vandalizado por los propios chiclayanos - sino que el precio de ese espantajo supera nada menos que los S/20.000 lo que es todo un escándalo, dada las graves carencias que sufre la ciudad bajo su nefasta administración. En efecto, lo que debía ser un motivo de celebración se convirtió en una polémica que encendió las redes sociales. Un singular “árbol de Navidad” instalado en el Parque Principal de Chiclayo, en la región Lambayeque, desató la molestia de los vecinos, quienes criticaron duramente su presentación y adornos, calificándolo como una vergüenza y una burla para la población. También cuestionaron al gobierno local encabezado por la alcaldesa izquierdista Janet Cubas Carranza. La indignación llegó a tal punto que un tiktoker apagó y dañó el árbol mientras transmitía el acto en vivo. El rechazo generalizado a esta monstruosidad obligo a que el personal municipal retirara los elementos que vestían el armazón, dejando solo el esqueleto de fierro bajo custodia del serenazgo. Para “justificar” el hecho las autoridades habían argumentado que “faltaban detalles por terminar”, una explicación que no calmó el malestar de una comunidad que espera mayor esplendor en las fiestas. Su rápida desinstalación, lejos de solucionar el problema, confirma la improvisación y genera dudas sobre la planificación y el uso de recursos públicos para celebraciones. La polémica se intensifico al considerar la figura de la alcaldesa, Janet Cubas, quien proviene de las filas de Juntos por el Perú, partido vinculado a oscuras figuras como la terruca Verónika Mendoza. A pesar del rechazo popular a esa monstruosidad, la sujeta en cuestión se ratificó en que “el árbol está bonito y aún no se había culminado”, intentando minimizar el fallido evento de encendido de luces. No obstante, documentos municipales contradicen su versión, revelando invitaciones formales para la ceremonia realizada este 8 de diciembre. La controversia trasciende el mero adorno navideño, transformándose en un termómetro del descontento ciudadano hacia la corrupta gestión municipal de Cubas y el despilfarro de fondos públicos. Entretanto, la ciudad exige una pieza que realmente represente el espíritu navideño y que justifique la inversión de 20.000 soles, poniendo a la alcaldesa y a su partido político en el ojo de la tormenta mediática y social. La indignación colectiva exige una pronta sustitución del adorno que consideran una burla. Otros manifestaron que la ornamentación no solo decepciona, sino que refleja el estado general de la ciudad - abandonada a su suerte - mencionando las calles deterioradas y un espacio público cada vez más descuidado. Venga ya ¿qué se puede esperar de una comunista seguidora del delincuente golpista Pedro Castillo? Esperamos que la Contraloría - si es que no está pintada en la pared - investigue a fondo este acto de corrupción y sancione a los responsables del despilfarro de los recursos públicos.
El presidente del directorio del Banco Central de Reserva del Perú (BCR), Julio Velarde, está próximo a cumplir 20 años en el cargo y la opinión acerca de su gestión es prácticamente una aclamación unánime. En efecto, el país andino ha mantenido en casi dos décadas un nivel de inflación envidiable para el resto de la región. Ni siquiera durante la epidemia del COVID-19 durante el nefasto régimen del lagarto Martin Vizcarra (hoy condenado por ladrón a 14 años de prisión, y donde mediante sus bonos populistas, regalaba el dinero a diestra y siniestra), la estabilidad monetaria fue un riesgo en el país y eso es mucho decir en comparación incluso con lo que ocurrió en algunos lugares del mundo desarrollado. Como sabéis, Velarde es conocido por mantener en general un perfil bajo, muy adecuado en quien ostenta una responsabilidad como la suya, y en consecuencia no ofrece entrevistas con frecuencia. Esta semana, sin embargo, hizo una excepción con el programa de streaming argentino “La Voz en Vivo”; y, ante las preguntas del panel que lo entrevistó, recordó cuáles han sido los elementos centrales de su éxito. Velarde destacó en dicha entrevista que la estabilidad monetaria peruana de las últimas dos décadas es resultado de la autonomía de la entidad emisora y de políticas fiscales prudentes. “La estabilidad depende de un Banco Central independiente” afirmo. La clave de todo es conocida, pero conviene repetirla a tan poco tiempo de un nuevo proceso electoral que a todas luces tendrá un resultado impredecible: una época en la que la demagogia ramplona de los candidatos por obtener un voto, suele atropellar sin miramientos la lógica económica. Nos referimos a la absoluta independencia de la que debe gozar el ente emisor frente al poder político, un principio que está inequívocamente expresado en la Constitución de 1993. Como recordareis, unos años antes, durante la primera y caótica administración de bufón aprista Alan García, los peruanos aprendieron dolorosamente lo que sucede cuando un banco central sumiso financia el populismo del gobierno de turno. En relación a su entrevista, Velarde analizó el proceso de desdolarización y la evolución de la inflación. Asimismo, recordó que la inflación peruana se mantiene entre las más bajas del mundo, con un registro interanual que apenas superó el 1% en el último año. ¿Cuál es la clave para que, pese a una inestabilidad política tan alta, el Perú haya mantenido estabilidad monetaria y crecimiento económico? “Hay dos aspectos. Uno es la estabilidad, que depende de un Banco Central autónomo e independiente. Y, aunque hubo muchos cambios de ministros de Economía, en general han sido prudentes. La deuda pública del Perú sobre el PBI es la más baja de Sudamérica y más baja que la de Méjico. Tenemos un 32% del producto, que es el nivel más bajo. Y aunque el déficit fiscal ha subido, hay unanimidad entre periodistas y la clase política en criticar ese aumento. Donde sí nos golpeó la inestabilidad es en el crecimiento. En los últimos casi diez años, desde el 2016, el crecimiento es mucho más bajo: antes era del 6%, ahora vemos algo más del 2%. Este año deberíamos estar en 3,3 o 3,4%. No es una mala situación. De hecho, luego de Argentina y Paraguay, creo que vamos a ser el país que más crece” añadió. El año que viene comenzaría su cuarto período de cinco años. Si el presidente de Perú le pidiera continuar, ¿cuál sería su decisión? “Realmente no lo sé. Estaría contento si me voy, pero también si me quedo. Tendría que pensarlo en su momento”. En Argentina ha sido muy oscilante la autonomía del Banco Central respecto del Poder Ejecutivo. ¿Qué rol juega esa autonomía para que el Perú haya logrado la estabilidad económica que hoy muestra? “No es importante solo en el Perú; lo es en todo el mundo. La autonomía es fundamental. El horizonte de los políticos es de corto plazo. Las consecuencias de inflar la economía no se sienten de inmediato: la respuesta después es la inflación. Aislar al Banco Central de presiones políticas es crucial. A la larga, asegura mejores resultados”. Frente a escenarios de inestabilidad, cambios y restricciones externas, ¿cómo evalúa la estrategia del BCR para fortalecer reservas y sostener la confianza en los mercados? “En los últimos 25 años, el sol se ha apreciado casi 5%; mientras que, en los 25 años previos, nuestra moneda se había depreciado 10’000.000%. Es un cambio enorme. Pero no buscamos la estabilidad del tipo de cambio, esa es una consecuencia. Consecuencia de tener una meta de inflación del 2%, similar a EE.UU. El tipo de cambio sube y baja, pero tiende a regresar a niveles no muy distintos respecto del dólar. Hemos conseguido que la inflación esté en la meta del 2% ya desde el 2023. Este año tendremos 1,5%. Está por debajo incluso de EE.UU., Reino Unido, Europa y Japón. Que el tipo de cambio no se deprecie frente al dólar responde en parte a esa inflación baja. Siempre hemos intervenido para evitar volatilidad excesiva, pero no buscamos ni un nivel ni una trayectoria del tipo de cambio” apunto. La experiencia de Perú no fue dolarizar, sino gestionar un bimonetarismo culturalmente arraigado. ¿Cómo fue ese proceso? “Con inflación alta, casi hiperinflación, toda la población prefería los dólares. La economía se había dolarizado de facto para gran parte de los ahorros. La inflación era del 30% mensual. Como ocurrió en Argentina, el sistema bancario se redujo en porcentaje del producto, se licuaron deudas y depósitos. Había que reconstruir el sistema financiero y la gente prefería depositar en dólares. Ahora la población se mueve cada vez más en moneda local”. Usted plantea la baja inflación como clave del éxito peruano. El presidente Milei busca lo mismo y fue revalidado electoralmente. ¿Cuánto demora un proceso de estabilización? “Lo importante es que la inflación baje. En el Perú, el compromiso desde el inicio fue que el Banco Central nunca más financiara al Gobierno. Eso se adoptó en los 90 y se mantiene. Si un Banco Central no financia al Gobierno, la inflación baja a la larga. ¿Cuánto demora? Puede variar, pero baja”. A comienzos de los 2000, Argentina rondaba el 10% de inflación y algunos sectores afirmaban que “un poco de inflación no venía mal”. ¿La meta debe ser llevarla al mínimo posible? “Stan Fischer, expresidente de la Reserva Federal, decía que por debajo del 20% no hay tantos problemas, pero es mucho mejor el 2%. Cuando se encuesta a la población, quiere inflación baja, cerca del 2%. Algo de inflación tiene que existir, porque muchos precios resisten la baja. Para permitir ajustes de precios relativos es preferible un nivel de inflación algo superior a cero. Pero el 2% es razonable” asevero. En la entrevista, Velarde reflexiono también sobre lo que ha costado en materia de crecimiento económico la inestabilidad política que el Perú padece desde la obligada renuncia del conocido lobbysta y Traidor a la Patria, el judío Pedro Pablo Kuczynski a la presidencia - el mismo que abrió las fronteras de par en par a millones de delincuentes venezolanos - en el 2018, para evitar ser vacado por corrupto (desde entonces, seis presidentes se han sucedido en Palacio de Gobierno), a lo que debemos agregar los intentos estatistas del delincuente terrorista Pedro Castillo por querer instaurar una dictadura comunista en el 2021 y tomar por asalto el BCR para robar a manos llenas las Reservas Internacionales, pero fracaso miserablemente en su intento, y termino en la cárcel. Sin embargo, esas circunstancias escapan a la responsabilidad de Velarde, que se mantuvo firme al frente del BCR durante esos tumultuosos periodos. En realidad, el único antídoto del que dispone el Perú ante esa volatilidad política es, precisamente, la permanencia de un profesional tan serio como él al frente del BCR, ante lo que se viene el próximo año. Y solo podemos hacer votos por que decida prolongarla.
Esta exposición inaugurada el pasado 27 de noviembre en el Museo de América de Madrid marca un hito: por primera vez se organiza en España una muestra dedicada a la pintura virreinal cuzqueña con fondos casi íntegramente procedentes de colecciones de la península. En efecto, la muestra titulada Pintura Cuzqueña. Centro y Periferia, saca a la luz un conjunto de obras que, durante décadas, han dormido en los depósitos del museo, en iglesias o en colecciones privadas españolas. En medio del debate decolonial que atraviesa los museos de todo el mundo, la muestra propone una lectura que intenta acercarse a eso: presentarlo como un cruce continuo entre memoria indígena, tradición católica, circulación atlántica y una identidad artística que supo afirmarse en el tiempo pese a un gran terremoto y jerarquías coloniales. Francisco Montes, especialista en arte hispanoamericano y comisario de la muestra, apunta que el concepto centro y periferia estructura el recorrido, pero no lo hace desde una mirada jerárquica, sino como mapa horizontal en torno al Cuzco (Perú). “Hemos elegido un concepto que ya se ha utilizado en la historia del arte: centro y periferia, pero no para jerarquizar un lugar respecto a otro, sino para ofrecer una geografía que transite evidentemente desde el Cuzco como núcleo que irradia una serie de influencias que afectan a sus alrededores, tanto a escala regional como trasatlántica”, explica Montes. “Cuzco va a generar sus herramientas y sus recursos para seguir destacando en el plano económico, en el plano ideológico y en el plano artístico”, afirma sobre este arte que alcanzó su periodo de máxima expansión en los siglos XVII y XVIII. Para la exposición, el Museo de América ha reunido unas 60 obras, de las cuales 25 fueron prestadas. Montes, también profesor titular del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, subraya que hasta ahora las grandes exposiciones de arte virreinal peruano dependían de préstamos traídos desde Perú. A las piezas de la institución se suman los de la Thoma Foundation, en Estados Unidos, considerada una de las mayores reservas de arte virreinal del mundo y que ha cedido siete obras. También han contribuido instituciones como el Archivo General de Indias, la Biblioteca Nacional de España, el Museo del Prado, el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional de Antropología, el Museo de Bellas Artes de Sevilla y el Museo del Greco, además de conventos, parroquias y catedrales andaluzas cuyo patrimonio, en muchos casos poco visible, adquiere aquí una nueva lectura. El comisario insiste en la memoria indígena como clave para comprender la singularidad del Cuzco, antigua capital del imperio inca. Esa identidad, apunta, se expresa también en el arte, en el valor simbólico del textil y en técnicas ornamentales como el uso del pan de oro, recurso técnico y simbólico que identifica al arte cuzqueño. Entre la idea inicial y el montaje final pasó más de un año y medio, comenta el comisario. El proceso de selección de piezas fue largo y estuvo divido entre el trabajo de archivo, consultas bibliográficas, y búsquedas en conventos y colecciones donde algunas obras habían quedado olvidadas. “Dimos con piezas inéditas”, sostiene. La exposición dialogo también con objetos materiales que acompañan a las pinturas: textiles con símbolos andinos, plata labrada con iconografía de aves —figuras esenciales en la cosmovisión andina— y piezas de madera como los queros, vaso ceremonial surandino. Todas las piezas, sostiene, ayudan a replantear nociones como “arte sincrético” o “arte mestizo”, términos que la historiografía actual cuestiona por su rigidez o por las connotaciones jerárquicas que arrastran. Una reproducción del retablo de la Virgen de Copacabana, cuyas réplicas fueron convertidas en souvenirs durante el periodo colonial, aparece en la exposición como un mueble litúrgico de plata en el centro de la exposición. Concentra santos y relieves eucarísticos, como un pequeño teatro devocional. “En esas épocas, las reproducciones del retablo eran llevados o regalados a sus familiares en España”, comenta Montes. El trabajo en plata, recuerda el comisario, no es un simple gesto ornamental: este metal provenía de las minas de Potosí, centro neurálgico de su comercio. Montes sitúa además la evolución de la escuela cuzqueña dentro de su contexto histórico. El terremoto de 1650, que devastó la ciudad, activó una intensa reconstrucción arquitectónica y artística; la llegada posterior del obispo Manuel de Mollinedo y Angulo, con una valiosa colección de pintura europea, impulsó los talleres locales; y la independencia del gremio indígena respecto al gremio español dio fuerza y autonomía a los pintores. Todo ello coincidió con un auge económico en la ruta del Camino Real y generó una producción tan abundante que, ya en el siglo XVIII, comenzó la exportación masiva hacia lugares cercanos, como lo que ahora es Chile o Argentina. La muestra presenta también las relaciones entre modelos europeos y reinterpretaciones locales. Las obras de Francisco de Zurbarán y su taller dialogan con versiones cuzqueñas posteriores, donde los pintores incorporan paisajes boscosos, aves y tejidos minuciosos que definen un lenguaje propio. Los pintores peruanos Basilio de Santa Cruz Puma Callao y Diego Quispe Tito introducen elementos iconográficos y decorativos que distinguen la escuela cuzqueña de otras regiones del virreinato. El gusto por los cobres pintados, la adaptación de grabados flamencos y la persistencia de iconografías como la Virgen de la Leche muestran cómo los artistas locales reinterpretaban modelos globales desde su propio entorno cultural. “Esta exposición quiere revisar y actualizar la pintura cuzqueña en el marco de las nuevas perspectivas historiográficas”, apuntó. Cabe precisar que Pintura Cuzqueña. Centro y Periferia podrá visitarse en el Museo de América hasta abril del próximo año.