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sábado, 10 de agosto de 2024

VENEZUELA: Un país secuestrado

El drama que vive el país llanero desde hace 25 años no tiene cuando acabar y ha degenerado en una situación explosiva producto del megafraude orquestado por el dictador Nicolás Maduro para eternizarse a como dé lugar en el poder, ya que tanto este usurpador como sus secuaces saben perfectamente que el dejarlo significaría la cárcel e incluso la muerte para ellos (especialmente para su número dos, el impresentable Diosdado Cabello, como para su ministro de Defensa, el narcogeneral Vladimir Padrino López). Pero esta tragedia comenzó desde mucho antes que Hugo Chávez ganase las elecciones mediante la demagogia y el engaño, en 1999. En efecto, diez años atrás, en 1989, comenzaba el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (CAP), que prometía corregir los desastres de su desastroso populista primer gobierno, avizorándose el fin del clientelismo y la inauguración de una época de prosperidad liberal para Venezuela. Los celos minúsculos de la política tradicional, particularmente los de su propio partido, Acción Democrática, y los sindicalistas de la CTV, junto a la arrogancia de CAP, que siguió en su periplo mundial sin atender el descontento interno por unas políticas necesarias pero incomprendidas, por falta de una buena comunicación de ellas por el gobierno, culpa de los “genios tecnócratas” que no sabían de política, y el que sabía, CAP, no se dedicó a ejercerla. Ese fue el comienzo de la actual tragedia venezolana: la incomprensión de un plan liberal necesario dio pie a que lo aprovecharan los enemigos de la democracia desde dos flancos: por un lado, la izquierda radical, que con “el Caracazo” hizo el ensayo exitoso de la utilización del descontento popular para las protestas subversivas, hoy utilizadas por el socialismo del siglo XXI para imponer sus gobiernos en Chile y Colombia. Por otro lado, los añorantes de una Venezuela dictatorial, los Notables, que hicieron la “revolución de los náufragos”, de quienes se aprovechó la izquierda golpista incrustada en las FAN, que llevó al 4F y con la traición de Rafael Caldera al acabar con su propio partido - Copei - y apoyar a Chávez, sobreseyendo escandalosamente su causa, llevó a que en Venezuela se llevase con éxito la infame estrategia del Foro de Sao Paulo, de la toma del poder por la vía electoral, para acabar desde dentro con la democracia. La estulticia del liderazgo democrático llevó a que la Corte Suprema de Justicia aprobase la inconstitucional Constituyente y que desde ese momento los políticos inculcasen la falsa idea de que “Venezuela no es Cuba” y se aferraran a la tontería de tener como estrategia solamente la vía electoral, la cual duro 20 años para que recién se comenzase a reconocer que había en el país una dictadura comunista y una “oposición” colaboracionista que siempre se doblegó ante las patrañas del chavismo, lo que llevó a la frustración e indiferencia política del pueblo venezolano. Si bien es cierto que desde comienzos de siglo con Súmate descolló María Corina Machado, quien propuso una vía liberal radical para Venezuela, fue incomprendida y aislada por los políticos tradicionales porque ella señalaba que la vía electoral como única estrategia para acabar con el régimen era un grave error, motivo por el cual fue segregada por la colaboracionista MUD. Ante ese panorama, Machado decidió cambiar la forma de ganarle al régimen utilizando sus propias reglas. Pero muchos venezolanos no entendieron su giro radical en el 2023 de aceptar la farsa electoral e ir a unas primarias que formaban parte del libreto del régimen y los colaboracionistas para postular un candidato títere que legitimase la proclamación de Maduro luego del fraude preparado con antelación. Hubo quienes votaron a regañadientes por ella en las primarias, porque no creían en la farsa electoral, lo cual quedó reflejado plenamente cuando a pesar de su triunfo, el régimen impidió que fuera la candidata, por lo que la oposición en una barrera contra el tiempo proclamase a Edmundo Gonzales como su representante. El chavismo permitió su participación porque al ser poco conocido creían que no tenía opción alguna. Pero se equivocaron. Lamentablemente, el pasado 28 de julio, cerca de 8 millones de venezolanos residentes en el exterior fueron impedidos de participar en los comicios para apoyar su candidatura, lo cual busco ser aprovechado por el régimen, pero la abrumadora mayoría de quienes lo hicieron - algo así como el 70% - rechazaron a Maduro, quien ordeno que fuera proclamado casi de inmediato como “ganador” por el organismo electoral controlado por el chavismo, negándose hasta el momento a dar a conocer las actas que muestran su contundente derrota. El fraude había quedado consumado. O al menos, así lo creen. Ello sin embargo ha reforzado la idea primigenia de Machado de que las elecciones no son la salida de la dictadura en Venezuela, porque estos controlan firmemente todo el aparato del Estado, para seguir haciendo lo que les venga en gana, mediante una salvaje represión tanto por parte de la policía bolivariana como de los colectivos chavistas, para acallar a sangre y fuego toda oposición. Siempre se ha señalado que las dictaduras comunistas no se derrotan con elecciones, por lo que sería conveniente que se siga la estrategia de la resistencia civil, como se hizo en la Europa oriental en los noventa, que derroco a esos sangrientos regímenes impuestos en 1945 por el genocida Stalin y que fueron barridos uno tras otro cual frutos podridos de un árbol carcomido hasta sus raíces, junto con el colapso y desaparición de la propia Unión Soviética. Ahora, muchos entienden la estrategia de María Corina, cuya extraordinaria capacidad de liderazgo, ideas firmes y una acción coherente con ellas, hiciera que su participación electoral utilizando las mismas armas del chavismo tenía tres fines: 1) arrinconar al liderazgo colaboracionista de la oposición, ya que con su arrollador triunfo en las primarias se convirtió en la líder indiscutible de la oposición pudiendo así imponer su estrategia de lucha frontal al régimen; 2) desnudar el fraude montado por Maduro, y con su experiencia en el sistema electoral venezolano, conformó una extraordinaria maquinaria diseñada para tener las pruebas del fraude y así denunciar de manera incontrovertible la farsa del chavismo; y 3) A partir de esto, ahora sí conformar la resistencia civil , basada en el enorme descontento popular con el régimen asesino y su hastío con la debilidad de la oposición a Maduro, que unido a su magnetismo en la población aseguran el compromiso popular en la lucha por recuperar la libertad secuestrada. Sin embargo, la resistencia democrática venezolana liderada por María Corina no la tiene fácil, ya que en primer lugar, hay que hacer frente a la salvaje represión del régimen tiránico comunista de Maduro; En segundo lugar, con la impaciencia de la mayoría de la población, que no entiende la necesidad de un proceso y quiere la solución inmediata, la resistencia es repito, un proceso, y por lo tanto lleva tiempo, si se hubiese iniciado desde el fraude del revocatorio hace tiempo que se hubiese salido de la dictadura, pero es ahora que se comienza, entonces, el fraude descarado es el principio del fin, pero, insisto eso lleva tiempo. Finalmente tendrá que luchar con la inmoralidad del establishment tanto el nacional como el de afuera: el primero que pone con antelación los intereses particulares que el interés nacional, como se ve en la mayoría del empresariado con Maduro; mientras que el segundo, ejemplificado por la cobardía del discapacitado físico y mental de Joe Biden, que presionado por el ala de la izquierda radical de su partido, para que la diplomacia estadounidense esté al servicio de la tiranía, como se ve en el levantamiento de las sanciones al régimen, así como de la liberación de Alex Saab, el conocido testaferro de Maduro, a cambio del fraude colosal perpetrado por el régimen, y ante el cual todavía no se atreve a hacer más que expresar una cínica “preocupación” y por aquellos países e instituciones internacionales que son cortesanos del régimen al no actuar con firmeza y presteza ante la salvaje tiranía chavista. A propósito de esto, Perú es de nuevo un ejemplo paradójico de democracia, el único país con presidentes presos por corrupción y el único que más allá de palabras vacías hizo lo correcto: ser el primero en reconocer al diplomático Edmundo González como presidente constitucional de Venezuela. Este país, otrora el más rico del continente, que acogió a millones de latinoamericanos y europeos, vive hoy en la absoluta miseria, bajo una opresión tiránica de un régimen comunista, la desidia de sus élites empresariales y la indiferencia del sistema internacional, que no apoya la épica lucha del pueblo venezolano por la democracia. Afortunadamente tiene en González, que como presidente constitucional de la resistencia sabrá imponer sus conocimientos, bonhomía y experiencia y en María Corina, como líder firme en sus ideas y coherente en sus acciones, está posicionada para conducir el proceso de resistencia qué llevará a la implosión del régimen chavista, tarde o temprano ella logrará su meta de liquidarlo y enviarlo al basurero de la historia. Edmundo González será un presidente de la transición democrática, con calma y cordura, quien llevará este proceso y María Corina, será la Rómulo Betancourt del siglo XXI, la líder que llevó de nuevo la democracia al país como él lo hizo el siglo pasado. Mientras tanto Venezuela seguirá viviendo la tragedia de una tiranía del denominado socialismo del siglo XXI, la cual que sirva esta advertencia a los demás países del continente, que agazapado busca la destrucción de sus pueblos, por medio de la destrucción de la democracia. (Por cierto, no sorprende que la izquierda latinoamericana - en especial los gobiernos de Brasil, Colombia y Méjico - apoyen en bloque a la tiranía, porque en el fondo tienen los mismos objetivos, como Gustavo Petro por ejemplo, quien busca imponer una constituyente en su país para reelegirse indefinidamente. En el Perú, Antauro Humala sueña con lo mismo y como era de esperar, ha salido para apoyar el fraude montado por el sátrapa venezolano. Me pregunto ¿Maduro financia su campaña tal como Chávez lo hizo con su hermano Ollanta? Habría que investigarlo... No cabe duda que el diablo los cría y ellos se juntan)

martes, 6 de agosto de 2024

LOS HÚSARES DE JUNÍN: Legado de Libertad

El 6 de agosto de 1824, mientras Simón Bolívar huía cobardemente del campo de batalla - como siempre - los Húsares del Perú derrotaron inesperadamente a las fuerzas españolas en Junín, marcando un hito resplandeciente en la lucha la independencia del país andino, convirtiendo una inminente derrota en una victoria épica que preludió la libertad del Perú y de toda América. Este año, al cumplirse 200 años de su creación, los Húsares de Junín regresaron al Palacio de Gobierno como símbolo imperecedero de aquella gesta. Ante todo, cabe precisar que se le denomina húsares a una unidad militar de élite. Esta surgió en Hungría y estaba constituido por veinte jinetes. Con esta caballería hicieron frente al decadente Imperio otomano en varias ocasiones, ocasionándole continuas derrotas. Su gran desempeño sirvió de estímulo para que otros países adoptaran este tipo de formación. Con el tiempo y los cambios tecnológicos, los húsares, en algunos países, se transformaron en unidades de blindados. Sin embargo, en el Perú se transformaron en las guardias de honor de los presidentes. Desde entonces, la labor de los Húsares de Junín ha sido compartida por la Caballería Mariscal Nieto, la cual habitualmente ha custodiado el Palacio de Gobierno y solo por este año - debido a la celebración del Bicentenario de las Independencia - los Húsares han tomado la posta. Cabe recordar que el 18 de agosto de 1821, el Libertador José de San Martín formó la Legión Peruana de la Guardia, designando el escuadrón del capitán Pedro Benigno Raulet como base para formar dos escuadrones de húsares, que se integrarían a la Legión bajo el mando general de Guillermo Miller, teniente coronel. En 1822, estos escuadrones evolucionaron para formar el Regimiento de Caballería Húsares de la Legión Peruana de la Guardia con cuatro escuadrones. El cuarto escuadrón, bajo el mando del coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente, se organizó en Trujillo. Al año siguiente, en el norte del país, se estableció el Regimiento Coraceros del Perú basado en el cuarto escuadrón. Posteriormente, este regimiento se fusionó con los restos de los húsares de la guardia y pasó a llamarse Húsares del Perú. Bajo el liderazgo del coronel Antonio Placencia, participaron en la batalla de Junín. La victoria conseguida ese entonces, marcó un momento decisivo para el Perú y Sudamérica. Como sabéis, el 6 de agosto de 1824, en la meseta de Bombón, Junín, se desarrolló una de las batallas decisivas para la independencia del Perú. Las fuerzas realistas, encabezadas por el general José de Canterac, se retiraban de la zona por estrategia, pero parte de la caballería del ejército libertador les dio alcance, por lo que Canterac mandó a repelerlos inmediatamente. El éxito parecía sonreír a España, ya que las formaciones de los insurgentes que entraron en combate sufrieron grandes bajas y presas del pánico, empezaron a retirarse, con Bolívar a la cabeza, quien en apresurada fuga ya se resignaba a la derrota. Sin embargo, una unidad no había participado aún en el combate: los Húsares del Perú. El mayor José Andrés Rázuri comunicó a esta formación la orden falsa de atacar. Liderados por el coronel Manuel Isidoro Suárez, los Húsares ejecutaron una maniobra audaz y veloz, atacando uno de los flancos de la caballería realista. Este movimiento, que tomó por sorpresa a los realistas, desorganizó y causó gran confusión en sus filas. La ofensiva de los patriotas obligó a los contrincantes a una retirada desordenada. Tras esta hazaña, Bolívar decidió renombrar el regimiento Húsares del Perú como Húsares de Junín en honor a su destacado desempeño en este conflicto bélico. La acción de los Húsares fue decisiva para la victoria del ejército libertador en la batalla de Junín. Sin necesidad de usar armas de fuego, valiéndose únicamente de sus sables y lanzas, la caballería patriota logró una de las victorias más trascendentales en la guerra de independencia. Este triunfo elevó la moral de las tropas independentistas y preparó el terreno para la contienda de Ayacucho, que se libraría el 9 de diciembre de ese mismo año, la cual sellaría la independencia del Perú y de gran parte de Sudamérica.

sábado, 3 de agosto de 2024

VENEZUELA: Una incesante batalla por su libertad

Tal como se temía, se consumó el megafraude en Venezuela montado por el dictador Nicolás Maduro para entornillarse en el poder y hoy el país llanero arde en llamas por las multitudinarias protestas de miles de indignados ciudadanos, que hasta el momento han dejado decenas de muertos a manos de los colectivos chavistas que a sangre y juego - tal como prometió el sátrapa - pretenden acallarlos, pero no lo lograran. El comienzo del fin de ese régimen asesino ha comenzado. En efecto, ¿en qué cabeza cabe que quien devastó al país, arruinó su economía, destruyó los servicios públicos, provocó la migración de una cuarta parte de la población, acabó con la posibilidad de que las mayorías disfrutasen de medios de sustento dignos, reprimió y se burló de la gente con promesas que jamás cumplió, pudiese ganar unas elecciones libres? ¿Cómo creer que el pueblo venezolano, tan sufrido, haya premiado en las urnas al peor gobierno que ha conocido la historia del país? Los chavistas jamás se pasearon por estas interrogantes porque, para ellos, nunca tuvieron sentido. Siendo expresión de los mejores intereses del pueblo -por “revolucionarios”-, la elección no podía sino confirmar a quien pusieran ellos de candidato. Se llama a votar, sí, ¡pero no para elegir a otro! Desde hace meses se dieron a la tarea de cometer cuanto abuso y atropello se les ocurriera, inhabilitando candidatos, inventando conspiraciones para apresar a figuras opositoras, hostigando a activistas, obstaculizando, como sea, las movilizaciones populares, impidiendo la llegada de observadores internacionales, acaparando medios y mintiendo, mintiendo y mintiendo. Pero lejos de amilanar las ansias de cambio de la gente, las exacerbó aún más. Conscientes de que iban a ser derrotados de manera fulminante, decidieron, entonces, tirar la parada definitiva. Y montaron el sainete del cual somos testigos. Primero, no le entregarían a los testigos de oposición copias de las actas de escrutinio en aquellos centros en que podían salirse con las suyas. Luego, prohibirían la entrada de dirigentes de la oposición a la sala de totalización del CNE. Antes, en horas en que todavía transcurría la votación, grabarían a Jorge Rodríguez y a Diosdado Cabello, sonrientes, felicitando al “pueblo” por la jornada, a la par que Schemel (Hinterlaces) lanzaría – a pesar de la aparente prohibición de dar a conocer resultados antes que el CNE – un “exit poll” señalando un “triunfo” de Maduro en las mismas proporciones en que anunciaría finalmente. Y todo ello, a pesar de que video tras video en circulación los desmentían con la gente celebrando, en cada centro de votación, la contundente victoria de Edmundo sobre Maduro que arrojaba el conteo de votos: 2 a 1 o 3 a 1. Confirmado, además, por los exit polls confiables que se fueron dando a conocer. Pero no, ¡ganó Maduro! El cinismo, la falta de escrúpulos y el desprecio por la voluntad de la gente se pierde de vista. Una de las características más odiosas de las autocracias de inspiración ideológica –como la chavista en Venezuela– es la soberbia y la prepotencia con que se conducen. Dueños de una verdad indiscutible construida a partir del imaginario con que justificaron su ascenso al poder, son impermeables a todo cuestionamiento. Sus críticos son basura. Creyendo haber descubierto los misterios del devenir histórico al haber liderado una “robolución” saqueando las riquezas del país a más no poder desde 1999, despliegan una pretendida superioridad moral para burlarse de todo aquello que refuta su retórica. En posesión de la maquinaria del Estado, desconocen los derechos de todo aquel que no se sume a la buena nueva, amparados en la convicción de que el único rasero de lo “Justo”, de lo que distingue lo correcto de lo que no lo es –es decir, entre el bien y el mal– lo pauta su funcionalidad para con el avance del poder “revolucionario”. Y como la “revolución” son ellos, la defensa de sus intereses –sus privilegios, inmunidad y los despojos de que se han apoderado– absuelve todo atropello ejecutado con ese propósito. Los fines trascendentes involucrados convierten a la Historia en juez supremo. Y ellos son sus custodios. Y, mientras más poder acumulan, más necesitan refugiarse en las argucias con que justifican el desmontaje del Estado de derecho y la imposición de un ejercicio despótico en el que, por antonomasia, la razón siempre estará de su parte. La anomia del poderoso. Los griegos clásicos se referían a posturas semejantes de soberbia y prepotencia como hibris o hubris, una desmesura y falta de modestia respecto a sus propias limitaciones, que pervierten el trato de una persona con otros y con los elementos de su entorno. Es la soberbia que enceguece a los dictadores, porque, emborrachados de poder, confunden las posibilidades reales de que algo suceda con sus pretensiones particulares. Y cometen errores, minando su posición de dominio. Subsumidos en su burbuja ideológica, pierden la capacidad (o el interés) de corregirse. Es la realidad la que debe adaptarse a sus designios. La razón de la fuerza por encima de la fuerza de la razón. En estas horas de lucha que se vive en Venezuela nadie sabe si los chavistas podrán salirse con la suya. Esperemos que no. El liderazgo democrático siente, en estos momentos, el enorme peso de la responsabilidad que le toca asumir en la conquista de la libertad. Ya las primeras reacciones a nivel internacional le exigen a Maduro las cuentas claras. Difícil que el pueblo se resigne a un escamoteo tan grosero. ¿Qué “legitimidad” conquistaron estos miserables con tan vulgar fraude? ¿A quiénes pretenden engañar? ¿Se conquistó “la paz y la tranquilidad”? ¿Se allanó el camino para atraer inversiones y generar empleo? ¿Los países aledaños pueden confiar en que no se incrementará el flujo migratorio hacia ellos? ¿Se levantarán las sanciones? ¿La Corte Penal Internacional y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU desistirán de sus investigaciones ante estos resultados? ¿Quedará sin efecto la orden de captura internacional dictada contra Maduro? ¿Quedará todavía abierta la puerta de una justicia transicional, condicionada al retorno a la democracia? Repito, es muy difícil saber qué va a ocurrir. Pero tengo la convicción de que, lejos de un triunfo pírrico que los chavistas celebran encerrados en Miraflores mientras las calles arden, el sainete que montaron es claramente, su suicidio. Antes de lo que se imaginan, Maduro y sus secuaces pueden terminar perfectamente como Ceausescu y su odiada mujer Elena la zapatera, ante un paredón de fusilamiento, o mejor aún, colgados ¡La Historia NO los absolverá!

martes, 30 de julio de 2024

HUELLAS DEL PASADO: Los Monolitos Recuay

Recuay es una cultura del Antiguo Perú que se desarrolló en la sierra del actual departamento de Áncash entre los 1 a. C. hasta los 700 d. C. Corresponde a la etapa del mundo andino llamada Intermedio Temprano, Se le ha denominado también como cultura Huaylas o Santa. Se considera a la tradición Recuay como un conjunto de señoríos y centros regionales con una fuerte variabilidad. Existen pocas evidencias que muestren una configuración política de tipo 'Estado' y de integración funcional entre los diferentes sitios Recuay. Al igual que las otras culturas del Intermedio Temprano, se conoce poco sobre esta civilización. La posición más aceptada es que fue una prolongación de la cultura Chavín, debido a la influencia del estilo “Blanco sobre Rojo” en la región. En 1874 Agustín Icaza ordenó excavar una serie de tumbas ubicadas en el terreno que poseía en el distrito de Recuay. Este terreno se denominaba la estancia de Rapish que luego fue rebautizada y es donde se ubica actualmente el pueblo de Cátac. Hacia 1878 se encontraron 160 cerámicas en el ahora llamado sitio arqueológico de Roko Ama. Icaza luego se las vendió a José Mariano Macedo quien las llevó a Europa junto a su colección de más de 2000 artefactos antiguos. En Europa, Macedo vendió la colección a un agente del Museo etnológico de Berlín por 2000 libras esterlinas. En 1881 se exhibieron en París 152 vasijas cerámicas de la colección original de Icaza caracterizadas por la arcilla fina utilizada para la elaboración y las imágenes decoradas con los colores rojo y negro.El estilo Recuay, caracterizado por su cerámica y su litoescultura, fue descrito por Eduard Seler en 1893, sobre la base de ejemplares de cerámica llevados al Museo etnológico de Berlín por Mariano Macedo. Cabe precisar que el área de Recuay está muy cerca del área de la antigua cultura Chavín. Precisamente, el sitio importante de este último, El Templo de Chavín de Huántar, se encuentra justo al oeste. Los Recuay llegaron a ocupar gran parte del territorio de los Chavín y fue influenciado por estos en la arquitectura (por ejemplo, en el uso de galerías subterráneas) y en la cantería, como en la escultura y las estelas. Si bien las culturas costeras peruanas de esa época como la Mochica y la Nazca, son mucho más conocidas, la sierra alta también vio el surgimiento de poderosas organizaciones políticas culturales. Estos eran Cassamarca en el norte, Huarpa en Ayacucho y Pucará en Puno. Cabe precisar que la relación entre Recuay y los Mochicas en el norte debe haber sido bastante tensa porque compartían fronteras y competían por las mismas fuentes de agua. Al respecto, hay evidencia de una guerra considerable por el control del líquido elemento, y de una sociedad orientada a la guerra para defender sus tierras como se refleja en sus edificios fortificados e iconografía. De hecho, Recuay está asociado con la aparición más temprana de centros y pueblos fortificados en los Andes peruanos. La cultura floreció especialmente en la región del Callejón de Huaylas, y a lo largo del río Marañón. También se extendió a los valles de los ríos Santa, Casma y Huarmey. Al norte, llegó a la zona de Pashash, en Pallasca. Precisamente, Willkawayin fue uno de sus asentamientos más importantes. Su principal forma de expresión del arte era por medio del trabajo en piedra (tallado y mampostería), herencia de su antecesora, la cultura Chavín. Además, realizaron esculturas en bultos que representan guerreros con escudos o cabezas-trofeos, con las que ornamentaron sus complejas construcciones arquitectónicas. En efecto, los Recuay son reconocidos por sus trabajos escultóricos realizados en piedra (litoescultura). Estas esculturas consisten en lajas de piedra labrada, en forma de prisma o estatuaria, que se tallaba en alto o bajo relieve o por incisión en la piedra. Representaron guerreros, felinos y serpientes, cabezas humanas, caras y cabezas trofeo, maquetas y copas con pedestal, etc. De ellos, destacan sobre todo los célebres monolitos Recuay, bloques de piedra de forma casi cilíndrica, esculpidos aparentemente para representar a guerreros de rango elevado. Estos tienen la expresión rígida, en posición sentada con las piernas cruzadas y portando una maza, un escudo o una cabeza-trofeo. Otros monolitos representan mujeres con trenzas largas y vestidas con capuchas o mantos. Tuvieron una función arquitectónica ornamental, sirviendo como dinteles o empotrados en los paramentos. Numerosos ejemplos de esta litoescultura fueron recogidos por el padre Augusto Soriano Infante y resguardados en el Museo Regional de Ancash (Huaraz). Otra muestra de la escultura Recuay son las cabezas clavas que representan a hombres y felinos y que nos recuerdan a los de la cultura Chavín, aunque con el sello propio de los Recuay. Pero a pesar de la solidez de sus fortificaciones, la continua lucha con los Mochicas debilitó seriamente a los Recuay, quienes finalmente sucumbieron en el año 700 d.C. ante los Wari, los cuales paradójicamente también conquistaron a sus adversarios y los integraron a su Imperio. Hoy nos quedan como testimonio de su paso por la historia aquellas enigmáticas litoesculturas, mudos testigos de una civilización desaparecida.

sábado, 27 de julio de 2024

VENEZUELA: Hora cero

Nadie sabe con seguridad cómo va a amanecer en Venezuela el 29 de julio, al día siguiente de las elecciones presidenciales. En condiciones normales, el traspaso de poderes entre un presidente saliente y otro entrante sería una mera formalidad institucional, pero en el contexto en el que se encuentra Venezuela resulta una incógnita. Los opositores vislumbran una clara oportunidad de cambio en el país tras 25 años de chavismo y dan casi por segura su victoria. Al mismo tiempo, se preguntan si el régimen bolivariano, que ahora mismo controla todos los resortes del Estado, aceptaría una derrota y dejaría que, en enero del año que viene, alguien distinto a Nicolás Maduro entrase por la puerta del Palacio de Miraflores, la sede del Gobierno. Como sabéis, Venezuela enfrenta mañana unas elecciones presidenciales inmersa en la más devastadora crisis social, política y económica de su historia, el más importante “logro” alcanzado por el régimen chavista que convirtió al país - otrora uno de más ricos y envidiados de la región gracias a su petróleo - en el más miserable y despreciado del continente, con 8 millones de venezolanos que han tenido que emigrar para no morir de hambre. Maduro, aquel oscuro microbusero que en su desesperado intento por aferrarse al poder, ‘heredado’ de un moribundo Hugo Chávez en el 2013 ha estado elevando hasta el último momento la represión contra la oposición, prohibiendo la llegada de observadores internacionales y aumentando las detenciones arbitrarias así como las desapariciones forzadas. El contexto se agrava con sus recientes amenazas de que ocurrirá un "baño de sangre" y una guerra civil en caso de no ser reelegido: “Este 28 de julio, si no quieren que Venezuela caiga en un baño de sangre, en una guerra civil fratricida producto de los fascistas, garanticemos el más grande éxito, la más grande victoria de la historia electoral de nuestro pueblo. Este 28 de julio se decide guerra o paz, guarimba (protesta violenta) o tranquilidad, proyecto de patria o colonia, democracia o fascismo. Ellos están buscando una hecatombe, una tragedia, algo fuerte que cambie el curso de lo que va a ocurrir en Venezuela este 28 de julio, pero no lo permitiremos. Al pasado no volveremos y ellos jamás volverán al poder político en Venezuela”, exclamó ante sus partidarios. En esta ocasión Maduro se enfrenta en los comicios al embajador Edmundo González Urrutia de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) como principal candidato de la oposición, quien según todas las encuestas, lidera la intención de voto con más de 25 puntos por encima del sátrapa. No es de extrañar por ello, que a pocas horas de las elecciones y ante su inminente derrota, este haya reiterado sus amenazas que presagian más violencia si el resultado electoral no le favorece, ya que tiene a su disposición a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), la policía y las milicias chavistas listas para desatar el terror. Este discurso de intimidación busca no solo amedrentar a la oposición sino también infundir miedo en el electorado, interpretados como intentos por mantener el poder frente a una casi segura derrota electoral. Por ello, la comunidad internacional duda de la transparencia en los resultados de estas elecciones. La retórica de Maduro no solo ha sembrado temor, sino que está preparando el terreno para ‘justificar’ actos de violencia postelectorales y un potencial fraude para luego proclamar su ‘victoria’. Otros analistas advierten que el régimen podría desconocer un triunfo opositor anulando los comicios, que desencadenaría una crisis política y social de impredecibles consecuencias. Es indudable que más allá de desfasadas proclamas ideológicas (como su anacrónico y caduco socialismo del siglo XXI) el régimen chavista se ha desviado hacia una cleptocracia donde la corrupción y acaparamiento de recursos por una élite criminal se ha convertido en norma y donde la explotación despiadada de la riqueza mineral del país y contrabando a gran escala ha reemplazado cualquier tipo de gestión gubernamental legítima. Venezuela es un Estado fallido, donde el chavismo controla todos los poderes, incluido el sistema electoral, con regiones sin ley efectiva bajo el control del crimen organizado. El desplome de la economía, exacerbado por sanciones internacionales y la pésima gestión del régimen, ha provocado un éxodo masivo de millones de venezolanos buscando refugio y condiciones de vida básicas; situación que podría agravarse si Maduro consuma el fraude. Es indudable que el futuro político de Venezuela se encuentra en un punto crítico. La comunidad internacional, aunque reticente a intervenir militarmente, deberá jugar un papel importante de producirse una transición democrática para manejar las consecuencias humanitarias de la crisis, porque estas elecciones no solo determinarán el futuro de Venezuela sino también la estabilidad de los próximos años en toda la región. Las elecciones venezolanas son mucho más que un evento político; representan un momento decisivo en la lucha por la democracia en un país asolado por la corrupción y la desesperanza desde que el chavismo se hizo con el poder en 1999. La magia de la revolución bolivariana - si es que alguna vez la hubo - se terminó y la cruda realidad de una narcodictadura sostenida a sangre y fuego es lo único que ha quedado al descubierto tras 25 años de continuos fracasos. A pesar de los esfuerzos del régimen por impedirlo, el cambio es indetenible en Venezuela; sin embargo, permanece la incertidumbre de que si el sátrapa y sus secuaces intentaran recurrir al fraude una vez más. Pero la gran movilización de los electores, la defensa del voto en las mesas de sufragio y sobre todo la presencia ciudadana en las calles y plazas, será decisiva para evitar que ello suceda. Si el hartazgo entre la población civil se une a la actitud cívica de los uniformados, nada evitará la victoria de la oposición. Ante ello, Maduro puede optar por la represión o en su defecto negociar su salida del poder, esto es impunidad para él y su camarilla. Sucede que la encrucijada venezolana está instalada sobre un problema principal: ¿cómo lograr que acepte la derrota un grupo de jerarcas que, si lo hace, tiene garantizada la prisión? Maduro y varios de sus secuaces son investigados en la Corte Penal Internacional de La Haya por la comisión de crímenes de lesa humanidad. Además, en los EE.UU. ofrecen una recompensa de 15 millones de dólares por la información que permita capturar al dictador. Pero de consumarse la victoria de la oposición y el régimen se vea obligado a aceptar los resultados, el largo período de transferencia de gobierno hasta enero del próximo año será un periodo muy riesgoso, por lo que lo conveniente es que los plazos se acorten. Ello debido al alto grado de polarización existente en el país - exacerbado durante años por el chavismo con sus discursos de odio - por lo que la transición de ninguna manera sería pacífica y para muchos habrá llegado la hora de la venganza, lo cual generaría una reacción del régimen, desatando el baño de sangre prometido. Esperamos que no se llegue a esos extremos. Son tiempos difíciles los que se vienen. Hoy Venezuela libra una batalla por su libertad. (Mención aparte, merecen los eternos compañeros de viaje que este sátrapa ha tenido y tiene en el Perú: personajes de la izquierda local a los que una pretendida sintonía ideológica con el régimen chavista ha llevado a callar invariablemente frente a sus atropellos y a contorsionarse retóricamente para evitar llamarlo por su nombre: dictadura. De todo ese vergonzoso universo, no obstante, quien más, por así decirlo, destaca es Verónika Mendoza alias “Camarada Vero” - cabecilla del recién inscrito partido denominado eufemísticamente Nuevo Perú para el Buen Vivir, que al igual que MOVADEF y Perú Libre, es otro organismo de fachada de Sendero Luminoso, del cual por cierto, es su nueva vocera (A propósito ¿qué habrá sido de la “Camarada Vilma”?) - candidata en dos oportunidades a la presidencia de la República y socia del régimen filosenderista del delincuente terrorista Pedro Castillo, quien hoy se pudre en la cárcel por golpista y ladrón. Tiempo atrás, esta tipeja se negaba de hacer críticas al chavismo argumentando “que había ganado siempre las elecciones” (aunque siempre se supo también que lo hizo de forma fraudulenta), y ahora último ha cargado contra la oposición venezolana alegando que “no es la más democrática ni la más transformadora”, volviendo a apoyar de manera desvergonzada al régimen de Maduro, una clara demostración de lo que haría en el Perú si llegase al poder...Que siga soñando, que ello nunca ocurrirá)

martes, 23 de julio de 2024

FIESTAS PATRIAS: ¿Por qué en el 2024 se celebra el Bicentenario si la Independencia del Perú se proclamó en 1821?

Como sabéis, cada año, el 28 de julio en Perú se conmemora la declaración de independencia del país andino, proclamada en 1821 por el general don José de San Martín en la Plaza Mayor de Lima, frente a una multitud congregada para el histórico evento. Pero en el 2021 se celebraron los 200 años de este histórico acontecimiento, conocido como el Bicentenario. Y en el 2024 también se llevará a cabo una conmemoración en julio bajo el mismo rótulo. Uno por ello llega a preguntarse: ¿Por qué se sigue conmemorando el Bicentenario del Perú este año? Sucede que a inicios del 2021, el Gobierno, a través del Decreto Supremo Nº 001-2021-PCM, declaró a ese año como el “Año del Bicentenario del Perú: 200 años de Independencia”. Esta decisión se tomó debido a la conmemoración de este hecho histórico. Si bien el día central de la celebración debería haber sido el 28 de julio de ese año, el clima festivo se prolongó hasta el 2024, en el cual se cumplen 200 años de dos sucesos históricos relacionados con la proclamación de la independencia del Perú. Se trata de las batallas de Junín y Ayacucho, dos enfrentamientos medulares que marcaron un cambio en la lucha por la emancipación del país. En efecto, la batalla de Junín, librada el 6 de agosto de 1824, y la de Ayacucho, el 9 de diciembre del mismo año, consolidaron la independencia del Perú al derrotar decisivamente a las fuerzas españolas, quienes tras su derrota firmaron la Capitulación de Ayacucho, que selló no solo la independencia del Perú, sino también el final del dominio colonial español en América del Sur. Han pasado 200 años de sucedido, y los peruanos recordarán estos acontecimientos no solo en las fechas señaladas, sino también durante las Fiestas Patrias. Debido a ello, el Gobierno oficializo la denominación del año 2024 como el “Año del Bicentenario, de la consolidación de nuestra Independencia, y de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho”. Por lo tanto, la celebración simbólica no se limitará a unos pocos días, sino que se extenderá a lo largo de todo el año. Además, en el documento titulado “Agenda de Conmemoración del Bicentenario de la Independencia del Perú”, se lee lo siguiente: “Cabe destacar que el proceso oficial de conmemoración del Bicentenario de la independencia culmina el 31 de diciembre del 2024, por ser el año en que se conmemoran dos siglos de ocurrida la Batalla de Ayacucho. La gran aspiración de esta Agenda es la de dejar un legado institucional para el fortalecimiento de la democracia (...) y una conmemoración centrada en el fortalecimiento de la identidad nacional, la memoria histórica y valores de una nueva ciudadanía”. Ese es el motivo que con la denominación del año 2024, toda documentación oficial lleva ese título. Más allá de la mera adición del rótulo en hojas impresas o digitales, lo importante es que los peruanos recuerden e interioricen esta frase. Que cada vez que la vean, sientan un renovado orgullo por su historia, y que las palabras del “Año del Bicentenario, de la consolidación de la Independencia, y de la conmemoración de las heroicas batallas de Junín y Ayacucho” no solo sean un recordatorio de su pasado, sino también una inspiración para construir un futuro aún más prometedor, a pesar de las negras nubes que se ven en el horizonte, donde la mafia caviar pretende imponer a como dé lugar a su candidato en las elecciones a celebrarse en el 2026, el despreciable asesino de policías y consumado drogadicto, Antauro Humala, quien además padece de graves trastornos mentales - producto de su vicio - por lo que es un sujeto sumamente peligroso. Pero fracasaran en su vil intento.
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