"Los que creamos el nuevo amanecer, la victoria no es una promesa, es un designio del destino". Nicolás Maduro se las prometía felices en víspera del amanecer que realmente ha cambiado su vida y también la historia de Venezuela. Primero recordó a Simón Bolívar con las palabras que abren esta crónica y luego, en la tarde, recibió en el Palacio de Miraflores al enviado de China para atribuirse sin mayor sonrojo un papel destacado en la construcción de un mundo multipolar "de desarrollo y paz". Apoyado por sus aliados, y fortalecido por las críticas a Donald Trump, todo marchaba a la perfección. En las horas y días previos había cantado y bailado por la paz, emocionado con su jingle "Dont war, yes peace" y su versión cutre del "Dont worry, be happy". Había rodado vídeos, se había puesto las gorras que evocaban el pacifismo, se había conectado a Tik Tok y había disfrutado con las andanzas de su alter ego, SuperBigote, ese supuesto superhéroe capaz de enfrentarse al Imperio y a sus marines. El año había comenzado tal y como sus estrategas querían. En su habitual entrevista con el escritor español Ignacio Ramonet, volvió a tender la mano a Donald Trump y ofreció, esta vez con luz y taquígrafos, los mejores negocios petroleros. El objetivo era claro, pese a las cortinas de humo lanzadas desde el gobierno: la revolución sobrevivirá al Imperio, "hasta el 2000 siempre", como decía Chávez. Y el gran jefe de esa Numancia chavista sería Maduro. Todo ese escenario saltó hecho añicos en la madrugada. Los Delta Force dieron con su paradero secreto y eludieron su anillo de seguridad cubana para capturarlo y subirlo a un helicóptero, junto a su esposa, Cilia Flores. Tal y como sucediera con otro dictador, el panameño Manuel Noriega, el llamado "presidente pueblo" abandonó a la fuerza su país con destino a una calabozo en Estados Unidos. Llegado el momento, se le acabo la suerte al tirano y ahora deberá enfrentar a la justicia. Y es que, llegado el gran momento, de nada le sirvieron sus invocaciones esotéricas ni misas de magia negra, ni esos talismanes con los que cargaban sus edecanes, desde la espada de Bolivar al Pendón de Pizarro. O el anillo con la esmeralda verde que le regaló el polémico Sai Babá. Sus acusaciones por narcotráfico en Estados Unidos son incluso más leves, aunque le pueden costar la cadena perpetua, que los crímenes por los que es investigado por la Corte Penal Internacional: ejecuciones extrajudiciales, torturas, violaciones sexuales, desapariciones forzadas y detenciones ilegales. Más allá de sus múltiples delitos, el legado de Maduro jamás será olvidado entre sus gentes. Venezuela bajó a los infiernos varias veces desde que la muerte de su padrino político, Hugo Chávez, le elevara al trono del Palacio de Miraflores en el 2013. Pasado once años, el 10 de enero del 2024, Maduro renovó su condición de dictador tras consumar la usurpación ilegal del poder, de espaldas a un país que le rechazó en las urnas de forma abrumadora. Una coronación revolucionaria, en presencia de los otros autócratas de las Américas, durante la cual el presidente de facto desplegó un vendaval de falsedades durante la hora y media de discurso. Las actas electorales, rescatadas por un ejército de ciudadanos, confirmaron lo que se sentía en cada esquina del país: la abrumadora mayoría democrática. El 28 de julio Maduro sólo obtuvo 3.385.155 votos frente a los 7.443.584 de Edmundo González Urrutia, una de las mayores palizas en la historia electoral del continente. Las distintas series biográficas realizadas para mayor gloria del dictador chavista han dibujado en estos años a un personaje más vivo que inteligente, pero que se hacía el tonto por estrategia y que exageraba los tonos buscando la connivencia popular. Sus únicos estudios de peso los realizó en Cuba, en la escuela de cuadros del Partido Comunista. Por eso fue el elegido por La Habana para sustituir al gran líder, por encima de Diosdado Cabello, siempre sospechoso para el castrismo. Maduro siempre supo estar en el sitio adecuado. Muy cerca de Chávez, como escolta por su tamaño físico, a su salida de la cárcel de Yare. Allí conoció a la abogada Cilia Flores, fundamental para su carrera. El conductor de autobuses y líder sindical tenía su encanto, cuentan los que le conocieron. El típico bromista sin gracia, bailarín de salsa de pies ligeros hasta que el sobrepeso le entorpeció. Hasta lideró una banda de rock. "Mi opinión plena como la luna llena", anunció Chávez en diciembre del 2012 para señalar a su heredero. Lo que vino posteriormente lo saben de sobra los venezolanos, aunque parte del mundo se ha negado a aceptarlo: el derrumbe social y económico del que fuera el país más rico de la región, con la ruptura de récords de pobreza, de escasez alimentaria, de desabastecimiento de productos básicos, de destrucción de la industria petrolera. Y la fuga de nueve millones de venezolanos, una herida tan grande que sólo la caída del chavismo la puede curar. Pese a ello, con ese descaro que define a la familia, Nicolasito Maduro, hijo del sátrapa, reclamó el Premio Nobel de Economía para su padre. Iracundo por la concesión del Nobel de la Paz para la cuestionada María Corina Machado, Maduro también inventó el premio ‘Arquitecto de la Paz’ y se lo concedió, en una reacción que define al milímetro al autócrata que se creyó un césar y termino en la cárcel. Como sabéis, la relación y obsesión de Donald Trump con Venezuela y Nicolás Maduro se vertebra sobre numerosos y muy diferentes ejes, y todos tienen peso específico no desdeñable: el mediático, el personal, el ideológico, el geopolítico, el económico, el migratorio o el petrolero. Trump lleva meses escalando la retórica hacia el régimen bolivariano, subiendo el tono, amenazando con ataques sobre el país, hundiendo lanchas, dando luz verde a la CIA para operar allí, acusando sátrapa de todo tipo de crímenes, de ser el líder de un cártel y por tanto un "narcoterrorista", reclamando sus recursos naturales. La Casa Blanca ha dedicado mucho tiempo y recursos, ha prometido que Maduro iba a caer, y el presidente, que tiene una fijación con su imagen exterior (combinando al mismo tiempo la idea de líder de paz y martillo de enemigos) no iba a quedarse de brazos cruzados. No está vez, aunque implique una vez más ignorar el derecho internacional o al Congreso de su país. EE.UU. impuso sanciones a Caracas en el 2015, cuando el musulmán encubierto Barack Hussein Obama estaba en la Casa Blanca, pero en agosto del 2017, el Gobierno de Trump las amplió, prohibiendo a los bancos estadounidenses comprar bonos del Tesoro venezolano o de la petrolera estatal, Pdvsa. En el 2019, luego de las presidenciales del 2018 que Washington tildó de farsa y fraude, Trump reconoció a Juan Guaidó como presidente, redobló las sanciones económicas, suspendió vuelos y las relaciones diplomáticas se rompieron. Ahora, en su segundo mandato, Trump reconoció a Edmundo González y estrechó lazos con María Corina Machado, que ha aparecido en el podcast de los hijos del presidente y tiene lazo directo con la administración a través de Marco Rubio y su secretario de estado. Desde la campaña electoral del 2024 Trump repitio una y otra vez, de forma obsesiva, que Venezuela ha enviado a decenas, cientos de miles, de criminales a EE.UU. Que ha vaciado sus cárceles y sus psiquiátricos enviando a todos los delincuentes y enfermos mentales al norte, para destruir EE.UU. También afirma que Maduro es el líder del Cártel de los Soles, una organización criminal integrada por altos mandos del Gobierno bolivariano y del ejército con los narcotraficantes. Y con la droga que llega a EEUU, si bien la gran amenaza definida por la Casa Blanca, el fentanilo, no pasa por ahí. Eso no ha impedido que retire el estatus de refugiados a cientos de miles de venezolanos huidos, o que mientras 'cerraba' el espacio aéreo venezolano multiplicase los vuelos con deportaciones de vuelta. O que fuera cambiando las restricciones para que empresas estadounidenses petroleas operasen en Venezuela, escuchando las peticiones o quejas de alguno de sus amigos más conocidos en Miami. El ataque de esta madrugada, llega luego de que Estados Unidos haya efectuado el mayor despliegue naval y militar en décadas en la región, por lo que era complicado argumentar que no iba a conducir a algo si había un portaaviones, destructores, submarinos, helicópteros, cazas y decenas de miles de soldados y marineros frente a las costas venezolanas. Hace un mes, el Gobierno de Donald Trump publicó su Estrategia de Seguridad Nacional, un documento que explica los objetivos de la Política Exterior estadounidense, sus prioridades y su cosmovisión. El documento definía detalladamente la agenda para el hemisferio, en un mensaje, que visto lo ocurrido esta noche en Caracas, debería hacer que toda Europa reevalúe las amenazas y advertencias sobre Canadá y Groenlandia. "Queremos garantizar que el Hemisferio Occidental se mantenga razonablemente estable y suficientemente bien gobernado para prevenir y desalentar la migración masiva a Estados Unidos; queremos un Hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra narcoterroristas, cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un Hemisferio libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, y que apoye cadenas de suministro cruciales; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, afirmaremos y haremos cumplir un "Corolario Trump" de la Doctrina Monroe", decía el texto. En EE.UU. se habla desde la vuelta de Trump de la 'Doctrina Monroe', una mezcla del nombre del presidente actual y del ex presidente James Monroe, quien en 1823 en un mensaje a las potencias europeas, y en especial a la España que perdía territorios, dijo que Washington consideraría "cualquier intento de su parte por extender su sistema a cualquier porción de este hemisferio como una amenaza para nuestra paz y seguridad (...), no podríamos considerar ninguna intervención de ninguna potencia europea con el propósito de oprimirlos o controlar de cualquier otra manera su destino, sino como la manifestación de una actitud hostil hacia los Estados Unidos". Es indudable que Trump quiere el control absoluto de lo que EE.UU. considera “su patio trasero”. Quiere el hemisferio solo para EEUU, sin presencia rusa y sobre todo China. No sólo desde el punto de vista militar, sino también político, económico, comercial, de infraestructuras y de recursos. De puertos y del Canal de Panamá. Quiere que los países rompan relaciones con sus rivales estratégicos. Y cree que Venezuela, como Colombia, es eslabón más débil ahora mismo. Fuentes de la Casa Blanca sostienen que el ataque estaba previsto la semana pasada, pero que fue retrasado por cuestiones climatológicas y por los ataques estadounidenses en Nigeria. Pero lo cierto es que ha tenido lugar apenas a unas horas de que Maduro tuviera una larga reunión de tres horas con el enviado especial de China en el que ambos "ratificaron la hermandad" entre ambas naciones. "Sostuve un grato encuentro con Qui Xiaoqi, Enviado Especial del presidente Xi Jinping. Reafirmamos nuestro compromiso con la relación estratégica que avanza y se fortalece en diversas áreas para la construcción del mundo #Multipolar de desarrollo y paz ¡China y Venezuela! ¡Unidas!", escribió Maduro en las redes sociales en sus últimas horas en el poder. Hace dos semanas, Trump el anunció un "bloqueo total y completo de los petroleros sancionados" hasta que Caracas "devuelva a los Estados Unidos de América todo el petróleo, la tierra y otros activos que previamente nos robaron". En todo momento habló del crudo como si fuera un derecho, una propiedad, estadounidense. Al día siguiente, Stephen Miller, uno de los asesores más poderosos y radicales de la Casa Blanca fue mucho más claro: "El sudor, ingenio y esfuerzo estadounidenses crearon la industria petrolera en Venezuela. Su despótica expropiación fue el mayor robo de riqueza y propiedad estadounidense del que hay registros. Estos activos saqueados fueron usados para financiar el terrorismo e inundar nuestras calles con asesinos, mercenarios y drogas". Lo mismo que dice del Canal de Panamá, entregado a las autoridades locales y que Trump afirma que ha sido entregado a su vez a China. Cabe precisar que en Venezuela se juntaban todos los elementos al mismo tiempo. Un líder autoritario que, como Fidel Castro en su momento, se ha convertido en un recordatorio permanente de las limitaciones del poder estadounidense en donde más duele a los halcones, especialmente los que como Marco Rubio tienen relación personal con la zona. Un líder, igual que en Cuba, cercano a Moscú y a Beijing. Y que no "coopera', usando la terminología de la Casa Blanca. Todo eso, unido a la cuestión migratoria, que es la gran obsesión y el eje demoscópico del trumpismo. La cuestión del narcotráfico, aunque haya una doble vara de medir clara y se sostenga sobre datos falsos o exagerados, como por ejemplo la posibilidad de que pequeñas lanchas salidas de la costa de Venezuela pudieran llevar drogas a las costas estadounidenses. Y está la cuestión de los "activos clave", como dice la Estrategia de Seguridad Nacional, y la cuestión de imagen de un presidente que había invertido demasiado en un cambio de régimen y el acceso a "ubicaciones clave" desde el punto de vista geopolítico. Sin Maduro en el poder, es indudable que el régimen terminara por desmoronarse, ya que entre los chavistas se sacaran los ojos para intentar prolongarla, pero ello será imposible. El ocaso de ese régimen asesino instaurado en 1999 ha llegado a su fin. ¿Como terminara? ¿En un baño de sangre en medio de un levantamiento popular o en un golpe militar que devuelva el país a la democracia, secuestrada por Chávez y sus secuaces? Marco Rubio ha anunciado que EE.UU. no invadirá el país ya que su objetivo era la captura de Maduro y su mujer, por lo cual serán los propios venezolanos quienes definan su futuro". (Últimas informaciones dan cuenta que Donald Trump ha afirmado que no permitirá que el chavismo - tras la captura de Maduro - continue en el Poder en Venezuela y, dado el caso, tomará el control del país hasta garantizar una transición segura: "No podemos arriesgarnos a que alguien que no tenga en mente el bien del pueblo venezolano se haga con el control de Venezuela durante décadas. No vamos a permitir que eso suceda" aseveró. Por lo visto, la pesadilla del chavismo pronto llegará a su fín)
De seguro, aquellos que pintan canas y contemporáneos de los dinosaurios, recuerdan con nostalgia que, al inicio de cada año, llegaban a sus casas las guías telefónicas, que hoy en tiempos de internet donde todo la información que necesites lo obtienes en la red, nos parecerá algo obsoleto y anacrónico. ¿Pero que paso con ellas? Aunque quienes llegaron a conocerla puede que ya sepan la respuesta, cada vez más personas desconocen la importancia que tuvieron en la vida de muchas personas. Era una herramienta indispensable que no podía faltar en cada hogar, oficina, negocio y hoy las futuras generaciones ya ni la conocen. Durante mucho tiempo las ‘Páginas Amarillas’ fue el primer lugar al que las personas recurrían para encontrar algún número o dirección de un servicio que requerían. Sin embargo, debido a los rápidos avances tecnológicos cada vez se fue necesitando menos. Ante todo, cabe precisar que las ‘Páginas Amarillas’ era el nombre de un directorio en un gran libro. En algunos casos, tan grande que podía llegar a pesar de 2 a 4 kilos y hasta se imprimían varias ediciones dependiendo la región a la que estaban dirigidos. Era así porque dentro incluía páginas y páginas llenas de números, direcciones e información sobre empresas o negocios que buscaban ofrecerse a una mayor audiencia. Estos volúmenes se solían repartir de forma gratuita a los hogares y negocios para facilitar el conocimiento de la información que contenían. Dentro, las empresas y negocios se encontraban organizados por letras o categorías. De esta forma, si una persona necesitaba cierto servicio especializado tan solo tenía que buscarlo en su categoría o por su letra inicial. De esta manera, podía encontrar el nombre del comercio, su dirección y números telefónicos. Así, uno puede hacerse una idea de por qué estos grandes tomos no podían faltar en ningún lugar. El negocio de ‘Páginas Amarillas’ recaía en que las empresas podían pagar para estar mejor ubicadas dentro de su categoría e incluso para aparecer en un espacio más grande, con una fuente más grande y un diseño más llamativo. Con el pasar de los años y la llegada de la impresión a color hasta llegó a haber páginas dedicadas a la publicidad de los comercios, que, por obvias razones, eran más atractivas a la vista de los lectores. Así se financiaba la constante impresión de estos directorios, que incluían en sí desde los servicios de un electricista hasta la dirección de un restaurante. ¿Qué sucedió con ‘Páginas Amarillas’? No es un misterio que conforme la tecnología iba evolucionando, fueron surgiendo otras formas más prácticas de consultar la información requerida. Con la llegada del internet al país andino, era más fácil buscar los números y direcciones de las empresas a través de sus propias páginas. Sin embargo, no todas las personas y emprendimientos contaban con acceso a la web. De esta manera, inició un proceso en el que cada vez era menos práctico recurrir a las ‘Páginas Amarillas’. Hoy nos resulta mucho más sencillo sacar el smartphone del bolsillo y escribir en nuestro navegador de preferencia lo que estamos buscando. Así el directorio fue dejándose de imprimir, hasta que el 22 de marzo del 2021 vio la luz la última edición impresa en la provincia de Teruel, Comunidad de Aragon, España. No obstante, lo que pocos deben saber es que ‘Páginas Amarillas’ no desapareció totalmente, sino que, ante el irreversible avance de la tecnología, decidió adaptarse a los nuevos tiempos, aunque ya no en papel. Actualmente, el directorio todavía se puede consultar a través de su página web paginasamarillas.com. Aquí, países como Argentina, Chile, Colombia o Perú, todavía pueden encontrar la información de distintas empresas y negocios... Aunque claro, ya nada es igual que antes.
Alguna vez la relación entre Venezuela y los EE.UU. trajo beneficios mutuos. Pero ahora el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump ha cambiado las reglas del juego y bajo el argumento de luchar “contra los carteles de la droga”, ha dejado en claro que ambiciona el petróleo venezolano e intentar quedarse con él. Lo dijo abiertamente hace poco, afirmando “que le fue robado a los EE.UU.” cuando ello no es cierto. Venga ya, aquí no se trata de defender al régimen criminal de Nicolás Maduro - que ha convertido a Venezuela en el más miserable de la región y una potencial amenaza para sus vecinos y por lo cual debe ser liquidado - pero esta situación no debe ser aprovechada por quienes pretenden hacerse del control de sus recursos, como el inquilino de la Casa Blanca repite sin cesar y se cree con derecho a ello. Mejor repasemos la historia y podremos descubrir que la relación entre ambos países era muy cercana y tenían objetivos comunes, a diferencia de ahora ¿Vale?: Era 1958 y el vicepresidente Richard Nixon temió por su vida. Una turba, indignada porque Estados Unidos había concedido asilo a un brutal dictador venezolano recién depuesto - Marcos Pérez Jiménez - había emboscado a su comitiva en la capital, Caracas, al grito de “¡Muerte a Nixon!”. La gente atacó los vehículos atrapados en el tráfico con puños, piedras, tuberías y tantos escupitajos que el conductor de Nixon encendió los limpiaparabrisas. “Por un instante, me di cuenta de que nos podían matar”, escribió Nixon más tarde. Tras varios minutos aterradores, los coches consiguieron alejarse a toda velocidad y el vicepresidente continuó con su visita. Pero en Washington, la Casa Blanca no corría riesgos: un portaaviones se dirigió a Venezuela en caso de que Nixon necesitara ser rescatado. Ello no fue necesario. Nixon abandonó Venezuela al día siguiente sin incidentes. (Horrorizados por la revuelta, los funcionarios venezolanos suplicaron a Nixon que no acortara su viaje y desplegaron soldados para asegurar su ruta de salida). Y aunque la crisis de mayo de 1958 en Caracas empañó la gira de buena voluntad de Nixon por Latinoamérica, tuvo un efecto extrañamente positivo en las relaciones de Estados Unidos con Venezuela. Venezuela iniciaba una transición hacia la democracia. Culpando de la emboscada a agitadores comunistas y a la debilidad del incipiente gobierno, Nixon calificó el episodio como “un tratamiento de choque muy necesario que nos sacudió de una peligrosa complacencia” y enfocó la atención de Washington en el país. Así comenzó una alianza entre Estados Unidos y Venezuela que duraría cuatro décadas, hasta que un dramático cambio político en Caracas la interrumpió hace unos 25 años. Ahora, con el presidente Trump concentrando fuerzas militares en la región y amenazando con atacar Venezuela si el sátrapa chavista no abandona el poder, los otrora amigos podrían estar al borde de una guerra total, lo que cerraría el círculo de su relación. “Hubo un tremendo alineamiento” entre Estados Unidos y Venezuela durante el siglo XX, dijo Brian Fonseca, profesor adjunto de la Universidad Internacional de Florida y experto en Venezuela. Esa relación, dijo Fonseca, tenía sus raíces en la competencia de Estados Unidos con Rusia durante la Guerra Fría y en las vastas reservas de petróleo de Venezuela. A medida que el nuevo gobierno de Venezuela se afianzaba, se convirtió rápidamente en el socio ideal de Estados Unidos: estable, democrático e inundado de petróleo. También era firmemente anticomunista, lo que resultó especialmente atractivo en los años posteriores al triunfo de la revolución de Fidel Castro en Cuba en 1959. En 1963, el presidente John F. Kennedy, recién salido del enfrentamiento con La Habana en la crisis de los misiles en Cuba, ofrecería una cena de Estado al presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, a quien calificó como “el mejor amigo de Estados Unidos” en Sudamérica. Washington no tardó en vender armas a Caracas mientras las empresas energéticas estadounidenses extraían petróleo venezolano. A veces, ambas cosas iban unidas: cuando el presidente Nixon consideró la venta de aviones F-4 Phantom II al país en 1971; un asesor de la Casa Blanca le advirtió que la decisión podría afectar la legislación en el Congreso de Venezuela, lo cual “podría afectar negativamente a los intereses petroleros de Estados Unidos”. Nixon acabó vendiendo a Venezuela un avión aún más avanzado, pero los intereses petroleros estadounidenses sufrieron a pesar de todo cuando Caracas nacionalizó su industria petrolera unos años más tarde. Sin embargo, la reacción estadounidense fue moderada. Venezuela fue uno de los muchos países en desarrollo que nacionalizaron sus recursos en aquella época, y Caracas pagó a las compañías petroleras estadounidenses más de mil millones de dólares en compensación (No los robo como lo ahora proclama Trump para justificar su inminente invasión y quedarse con el petróleo venezolano, como el mismo lo dijo abiertamente). Además, a Estados Unidos le interesaba mantener buenas relaciones con un miembro clave del cártel petrolero de la OPEP como Venezuela. Y todavía había que preocuparse por los rusos. El presidente Ronald Reagan elogió públicamente a Caracas como una “inspiración para el hemisferio” democrático en un momento en el que luchaba contra los movimientos comunistas de la región, una causa que el gobierno de Venezuela apoyaba, especialmente en El Salvador. Reagan recompensó el respaldo con la venta en 1981 de 24 aviones de combate F-16 a Venezuela, por el equivalente a unos 1750 millones de dólares del 2025. Fue la venta de armas estadounidense más importante a la región en más de una década. La retórica estadounidense sobre la democracia modelo de Venezuela a menudo pasaba por alto los numerosos defectos políticos y económicos del país, señaló Fonseca, en nombre de intereses estratégicos. “A los estadounidenses les preocupaban mucho menos cuestiones como la corrupción y los derechos humanos, y mucho más la afinidad política”. El interés de Estados Unidos se desvió de América Latina tras el derrocamiento de la dictadura comunista y el colapso de la Unión Soviética en 1991. Entretanto, Venezuela siguió siendo un proveedor crucial de petróleo, tras haber permitido discretamente que empresas privadas, incluidas grandes compañías estadounidenses, firmaran lucrativos acuerdos de explotación y reparto de beneficios. A finales de la década de 1990, Venezuela había superado a Arabia Saudita como principal proveedor de petróleo de Estados Unidos. Pero pocos en Washington siguieron de cerca el ascenso de un demagogo de izquierda llamado Hugo Chávez, quien ganó las elecciones presidenciales de Venezuela en diciembre de 1998. Chávez, un incendiario que emulaba a Castro, aprovechó la ira popular contra la corrupción y la pobreza rampantes, que persistían a pesar de los enormes recursos petrolíferos del país, y prometió importantes reformas constitucionales y económicas. Estados Unidos reaccionó con cautela al principio, y esperaba que Chávez se suavizara una vez en el poder. Incluso, Bill Clinton lo recibió en la Casa Blanca a principios de 1999, donde Chávez aseguró a los funcionarios “que quería mantener buenas relaciones y dio a entender que no tenía planes radicales” .... Todo era mentira. Pero un intento de derrocar al tirano en abril del 2002 lo cambió todo para siempre, ya que lo obligo a quitarse la careta y mostrarse como el monstruo que era. Mientras el déspota venezolano seguía adelante con su aberrante programa político de izquierda, una alianza de políticos, generales y empresarios lo detuvo en medio de protestas callejeras masivas contra su corrupto régimen. Recluido en un cuartel, se salvó de ser fusilado inmediatamente ante la negativa de los soldados que lo capturaron de ajusticiarlo. Entretanto, el golpe fracasó luego de que una multitud aún mayor se congregara para exigir el regreso de Chávez, y este fue restituido a los dos días. Volvió con saña y odio descontrolado, reprimiendo violentamente a sus rivales políticos y transformando su “democracia” en un Estado abiertamente autoritario. Además, Chávez dirigió su ira contra Estados Unidos, y acusó al gobierno de George W. Bush de intentar derrocarlo. Los funcionarios de la Casa Blanca negaron la acusación, pero los documentos desclasificados en el 2004 revelaron que los funcionarios estadounidenses estaban al tanto del complot con antelación. (Los documentos también mostraban que los estadounidenses advirtieron a los líderes de la oposición contra la destitución de Chávez por medios inconstitucionales). A partir de ese momento, Bush se convertiría en un rival muy útil para Chávez, sobre todo porque enfureció a gran parte del mundo con su invasión de Irak en el 2003 y su despiadada persecución de terroristas. Chávez atacó al presidente estadounidense con fruición, incluso durante su infame discurso del 2006 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, pronunciado desde el mismo atril en el que Bush había hablado un día antes. “Ayer estuvo el diablo aquí. En este mismo lugar, huele a azufre todavía”, dijo Chávez a los delegados reunidos. Al año siguiente, el gobierno chavista reafirmó el control estatal sobre la industria petrolera de Venezuela al hacer retroceder los pasos previos del país hacia la privatización y obligar a las empresas extranjeras a aceptar participaciones minoritarias en nuevas empresas conjuntas dominadas por la petrolera estatal. Cuando los gigantes petroleros estadounidenses Exxon Mobil y ConocoPhillips se negaron, Chávez confiscó sus activos. Las medidas de Chávez fueron políticamente populares en su país y contribuyeron a afianzar su poder. Tras su muerte en marzo del 2013, su protegido, Maduro, continuó con sus políticas, preparando el terreno para años de creciente aislamiento y castigo por parte de Estados Unidos. En respuesta, Venezuela se ha vuelto cada vez más dependiente de algunos de los principales rivales de Estados Unidos, como Rusia y China, así como de Cuba. La tensión está llegando a un punto álgido bajo el mandato de Trump, quien afirma que el papel de Venezuela en la migración y el contrabando de drogas hacia Estados Unidos la ha convertido en una amenaza para la seguridad nacional que justifica el uso de la fuerza militar. Algunos de los principales asesores de Trump, incluido el secretario de Estado Marco Rubio, están presionando para que Maduro sea destituido como una forma de aumentar la presión sobre el régimen comunista de Cuba. Hace varios meses, Trump desplegó un portaaviones en aguas del Caribe cerca de Venezuela, posicionándolo para un posible ataque militar. El movimiento se produjo luego de unos 50 años de que el presidente Dwight Eisenhower hiciera lo mismo, para la potencial misión de rescate de Nixon, la cual resultó innecesaria. La gran pregunta ahora es si el resultado será tan tranquilo esta vez. Trump no se va a detener en sus planes de acabar con ese régimen asesino y de paso, hacerse con el control de sus vastos recursos petrolíferos, tal como hicieron en Irak ... Vamos, las cosas como son.
Lo que empezó como un ballet incomprendido en Rusia hoy es una de las tradiciones más queridas de la Navidad. En el Perú, “Cascanueces” late con la misma fuerza que en el resto del mundo. En efecto, hay sonidos que anuncian la llegada de diciembre incluso antes de mirar el calendario. Uno de ellos es la ‘suite’ de “Cascanueces”, esa melodía que parece hecha de cristal y nieve, capaz de transformar cualquier rincón de la ciudad en un escenario encantado. En Lima, desde las primeras semanas del mes, este clásico regresa a casa como refugio para la magia de la Navidad (al menos, por unas semanas). Remontándonos en el tiempo, la historia de “Cascanueces” dista mucho de ser tan luminosa como el telón que se abre cada fin de año en diversos teatros del mundo. La obra que hoy es un fenómeno global, un ritual familiar y un punto de encuentro intergeneracional, estuvo a punto de no existir. Ni siquiera contó, en su nacimiento, con el entusiasmo de su propio compositor. Lo que ahora se celebra con devoción en el Perú y en el mundo, nació de dudas, objeciones y un recibimiento frío incluso estando en el país más grande del mundo como es Rusia. Quizá ahí reside parte de su encanto: “Cascanueces” es un milagro artístico, una historia que, contra todo pronóstico, se convirtió en un símbolo universal que prevalece en el tiempo a punta de A finales del siglo XIX, el coreógrafo Marius Petipa decidió transformar el cuento “El cascanueces y el rey de los ratones” de E. T. A. Hoffmann en un ballet. La versión literaria era oscura y extraña. Para hacerla más amable, Petipa tomó como referencia una adaptación más ligera de Alexandre Dumas. Aun así, la idea no convenció del todo a Tchaikovsky. El compositor, aún marcado por la muerte de su hermana y abrumado por el reciente éxito de “La bella durmiente”, aceptó el encargo sin entusiasmo. Se dice que le parecía una historia frágil y demasiado infantil para convertirse en una obra monumental. Pero ese no fue el único obstáculo: Petipa enfermó y dejó el proyecto en manos de Lev Ivanov, su asistente, quien terminó de dar forma a la pieza que pasaría a la historia. Cuando “Cascanueces” se estrenó en San Petersburgo en 1892, la recepción fue tibia: las críticas consideraron que la trama era confusa. A los bailarines les resultó extraño que el protagonismo recayera más en los niños que en los solistas adultos, y se dice que incluso la prensa señaló que la partitura, hoy celebrada por su belleza, era excesiva para una historia tan simple. Nadie imaginó que ese mismo ballet terminaría dominando las temporadas navideñas del mundo. Fue recién en los años cincuenta del siglo pasado que llegaría la gloria. Las compañías estadounidenses la adaptaron y la llevaron de gira, de la mano del reconocido coreógrafo George Balanchine. El resto es historia: “Cascanueces” se convirtió en un ritual global que, cada diciembre, miles de familias incluyen en su calendario de fin de año. Como toda gran obra, “Cascanueces” está rodeada de pequeños secretos. Para la pieza “Danza del Hada de Azúcar”, por ejemplo, el compositor usó un instrumento poco conocido entonces, la celesta, cuyo sonido cristalino era perfecto para crear un ambiente sobrenatural. Tchaikovsky, temeroso de que otros compositores lo copiaran, lo mantuvo oculto hasta el estreno. Otro detalle importante es que la protagonista a veces no se llama Clara, sino Marie, dependiendo de la tradición nacional que se siga. Asimismo, el rol del Cascanueces (hoy uno de los más esperados) es originalmente más breve en la versión rusa, seguida por la versión estadounidense. En el Perú, “Cascanueces” llegó para quedarse hace más de tres décadas. Específicamente, con el Ballet Municipal de Lima ya son 38 años de puestas continuas: tiempo en el que la tradición se ha consolidado hasta volverse un ritual familiar. No es raro que padres que lo vieron de niños regresen ahora con sus propios hijos; o que abuelos acompañen a nietos que, quizá, viven su primera experiencia en el ballet. “En el Perú ya es una tradición navideña, así como en el resto del mundo”, recuerda Patricia Cano, fundadora del Ballet Municipal de Lima. “‘Cascanueces’ da la bienvenida a la Navidad. Hay familias que ya tienen como plan venir a verlo incluso el mismo día de la Navidad, en una pausa entre la prisa por los regalos, la cena y las preocupaciones de la vida misma”, añade la otrora primera bailarina. El vínculo del público peruano con este ballet tiene que ver con la nostalgia y con la fuerza del trabajo artístico local. Elencos como el Ballet Municipal, el Ballet Nacional del Perú y compañías independientes han logrado, año tras año, mantener viva la magia, incluso en escenarios cambiantes. Patricia Cano lo sabe mejor que nadie. Durante años interpretó a la Hada Confite —el rol más delicado y emblemático del ballet navideño— cada 25 de diciembre. “Siempre me tocaba interpretarla en la función de Navidad, lo que lo hacía aún más mágico. Ahora, como maestra, lo más lindo es poder volcar mi experiencia en las chicas de la compañía… Ponemos magia en cada interpretación, y eso es lo que nos hace conectar con más de una generación”, precisa. Para Viviana Gutiérrez Tagle, primera bailarina del Municipal e intérprete de la Hada Confite, esta Navidad es especial. Es su última temporada en “Cascanueces” después de años de dedicación. “Lo más lindo es ver el teatro lleno, que la gente se emocione tanto que reserve entradas desde que salen a la venta. Esa es nuestra vitamina”, confiesa. Desde noviembre, los ensayos son intensos y las funciones se extienden hasta fin de año. “Volver al escenario cada Navidad era mágico. Esta es mi última temporada, y la atesoraré en mi corazón por siempre”, reflexiona emocionada. En Surco, donde se presentó una de las versiones más esperadas (a fines de noviembre e inicios de diciembre), Rosie Schottland, directora del montaje, la describe como una experiencia que va más allá del espectáculo: “Más que una tradición, se ha convertido en un puente cultural que une generaciones y países. Conecta a niños, jóvenes y adultos en un universo imaginario lleno de esperanza”. Para ella, la clave está en la enseñanza. “Ese amor por lo que hago, unido a la paciencia y la dedicación, es lo que permite construir la armonía escénica. Solo así el espectador puede sentir que está presenciando un sueño hecho movimiento”, dice. Del lado del Ballet Nacional del Perú, los bailarines principales viven la temporada con la intensidad de una maratón artística. Ariam León, bailarín principal y Príncipe del Azúcar en la adaptación de Rosie Schottland, lo resume así: “‘Cascanueces’ es mucho más que un ballet; es un ritual cultural que une a generaciones enteras”. Para él, la obra representa ese instante del año en el que la fantasía se vuelve posible. “Es una obra muy exigente físicamente, pero también demanda frescura, magia y una interpretación honesta”, indica. En tanto, Luis García, intérprete del Cascanueces en la adaptación del Ballet Nacional del Perú, enfrento la temporada con un sentido profundo de responsabilidad. “La gente viene con recuerdos, expectativas y con la ilusión de vivir otra vez esa magia. Mi trabajo es lograr que en cada función se sienta viva, especial y auténtica”, preciso. Desde la dirección artística del Ballet Nacional, Grace Cobián observa no solo el impacto artístico, sino también el social de esta historia navideña. “Demuestra el crecimiento de la compañía y su conexión con el público”, afirma. “Miles de personas siguieron nuestras redes y agotaron las entradas. Eso confirma que el ballet no es elitista ni lejano: les pertenece a todos y crea memorias colectivas”, concluye. Al final, “Cascanueces” es un fenómeno difícil de explicar con lógica. Es disciplina, técnica y exigencia, sí; pero también emoción, memoria, símbolo. Es un ballet que nació frágil y se volvió gigante. Un ballet que no pretendía ser eterno y terminó abrazando al mundo. En el Perú, el sueño de Clara también se mantiene intacto con las melodías de Tchaikovsky, bailes inolvidables y la nieve que cae, aún en pleno verano.
El arrollador triunfo del conservador José Antonio Kast (58.2%) sobre la candidata comunista Jeanette Jara (41.8%) en la segunda vuelta electoral en Chile consolida sin lugar a dudas el viraje ideológico de Sudamérica y modifica la hegemonía política que, hasta antes de este triunfo, tenían los partidos del Foro de Sao Paulo en Sudamérica: Brasil, Venezuela, Colombia, Uruguay y Chile. Con el triunfo de Kast hoy la mayoría de las democracias sudamericanas han cambiado de orientación: Ecuador, Paraguay, Argentina, Bolivia y ahora Chile han salido del infame eje del ‘Socialismo del Siglo XXI’ y se han colocado a la derecha. Este viraje podría continuar el año que viene en Perú y Colombia si esos países consolidan alternativas serias liberales o conservadoras. Cabe precisar que este triunfo saco a Chile de la influencia del Foro de Sao Paulo, agrupación que como recordareis, reunió por primera vez a los partidos y movimientos políticos de izquierda en julio de 1990 en la ciudad de Sao Paulo. Este movimiento de reacción al derrocamiento de la dictadura comunista y el colapso de la URSS en 1991, logró por más de 3 décadas definir la agenda política en toda la región latinoamericana y consiguió, hasta hoy día, en base a su lucha contra el neo liberalismo y el consenso de Washington, varios de sus objetivos muy definidos: 1- Mantener a flote la criminal dictadura cubana luego de la desaparición de la URSS que la mantenía cual parasito que es (“labor” del que se hizo cargo Venezuela que le regalaba petróleo para sobrevivir, pero que ahora, tras su inminente colapso a manos de EE.UU., es Méjico quien se encarga de ello); 2- Engendrar movimientos socialistas en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Honduras y Nicaragua, que han ejercido - y ejercen - el poder de manera autoritaria y represiva; 3- Atacar a regímenes democráticos en Colombia, Chile y Perú con acciones de desestabilización interna, apoyo a movimientos terroristas o infiltración paramilitar; 4- Lograr la llegada del Partido de los Trabajadores (PT) al poder en Brasil, y que se mantenga en ella pese a los graves escándalos de corrupción descubiertos en ese país como la protagonizada por Odebrecht y que involucra al propio Lula y que ya estuvo en la cárcel por ello; 5- Sostener el populismo peronista de la familia Kirchner y sus seguidores para pretender volver al poder del que fueron desalojados por Milei; 6- Financiar proyectos políticos de izquierda en varios países latinoamericanos como Perú, Colombia, Argentina, Chile, con recursos de la corrupción brasilera, la delincuencia venezolana y la ayuda paramilitar cubana; 7- Medrar en la región a través de la corrupción en las obras públicas a cargo del cartel de las constructoras brasileras, tan funcionales al PT de Lula da Silva; 8- Alentar el narcotráfico, la extorsión y la delincuencia transnacional a toda la región sudamericana como factor adicional de desestabilización social para lograr sus viles intereses. Es por ello que el viraje ideológico que se ha dado en los últimos tiempos en 5 naciones en Sudamérica, es un golpe muy fuerte a esta hegemonía política. Este viraje es una pérdida concreta de espacio de acción, de tolerancia social, de complicidad política frente al delito. La derrota del partido comunista chileno el pasado domingo de una manera aplastante, es un grito de rechazo a la inseguridad, el odio, el vandalismo y la extorsión social y delictiva que se instauró en Chile desde octubre de 2019 y que llegó al Palacio de la Moneda. Es un ¡basta ya! a los carteles de la droga, a la delincuencia importada y ‘justificada’ desde el oficialismo, así como a la extorsión colombiana que llegó de la mano. Eso sí, falta obviamente que caiga la pieza más importante para que este viraje político sea irreversible: Venezuela. Desde allí el régimen chavista ha financiado, impulsado y dirigido toda la desestabilización en Sudamérica. Desde los bloqueos en La Paz que hicieron caer al boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada, llevando al narcopedófilo Evo Morales al poder, hasta las asonadas violentas en el sur peruano luego del fallido golpe de Estado del delincuente terrorista Pedro Castillo. Desde los incendios y saqueos en Santiago en el 2019 hasta los asesinatos políticos en Ecuador y Colombia. En tanto, desde Caracas, la metástasis cubana se siguió alimentando y multiplicando en la región con miles de cómplices, asalariados, alfiles y peones disfrazados de “luchadores sociales” y “progresistas”. Pero toda esta hegemonía comenzó a resquebrajarse. En Ecuador, Lenin Moreno no fue instrumental a su mandante Rafael Correa y abrió las puertas de la institucionalidad en ese país. Guillermo Lasso llego luego de esa apertura, sin embargo, la protesta social financiada por el correísmo todavía lo puso en jaque y fue así que llegó Daniel Noboa en el 2023, ahora con nuevo mandato. Ese mismo año ya había llegado Santiago Peña en Paraguay, siguiendo una zaga de victorias del partido Colorado luego de la nefasta aventura marxista que tuvo ese país con el sacerdote Lugo. Sin embargo, el verdadero golpe de timón lo marcó la llegada de Javier Milei en la Argentina, donde luego de 7 décadas de populismo peronista se comprobó que era posible confrontar las aberrantes consignas del Foro de Sao Paulo, con las ideas de la libertad, la propiedad, el respeto al proyecto de vida personal y la economía de mercado. La izquierda vio como sus consignas demagógicas, sus acciones políticas, sus triquiñuelas electorales y el dinero venezolano no eran suficientes para callar a un pueblo harto del clientelismo, de la retórica ‘revolucionaria’ vacía de políticos que cobraban las coimas en bolsas de basura, del cinismo kirchnerista de cientos de millones de propiedades en hoteles y lujo robados a una nación que otrora fue próspera. La fuerza disruptiva de ¡La Libertad Avanza o la Argentina retrocede! ha llegado no sólo a Buenos Aires, sino a toda la Región. Puso en evidencia que se puede ser más, mucho más que esas derechas cobardes, camufladas, que transigen, que se alinean al pensamiento caviar, que pactan y que le compran las sogas a su verdugos para que los ahorquen, como sucede con López Aliaga en el Perú. En cambio, Milei demostró que se puede levantar la bandera de la libertad, la propiedad, la iniciativa personal, el orden y la patria en lugar de las falsas consignas de la justicia social. En el 2023 Buenos Aires encendió la luz. No solo Buenos Aires para ser justos. Toda la Argentina, especialmente la de Córdoba, Mendoza, Santa Fe, encendieron la luz con la cual esa Nación alumbró a toda la Región a inicios del siglo XXI. Dejó de ser un punto más de la influencia paulista, un apéndice de los dictados del PT y un mendigo alimentado por maletas de dinero corrupto que llegaban desde Caracas para la familia Kirchner. Buenos Aires encendió la luz de la libertad. Como en los tiempos de Alberdi, Argentina se convirtió otra vez en un Faro para la región sudamericana, un Faro desde el cual no se dan consignas, ni se organizan bloqueos o se maquinan golpes de estado o asonadas violentas, sino un Faro desde el cual se irradian las ideas de la libertad, el respeto al ideal del prójimo, el respeto a la propiedad y el premio al esfuerzo de cada ciudadano. El triunfo de la derecha chilena unida detrás de José Antonio Kast ha sido posible en este contexto. La derecha chilena explotó sus espacios a mil. Se fue con Evelin Mathei y Johannes Kaiser a los extremos a los cuales nunca hubieran llegado ni Lavin, ni Longueira, ni el mismo Piñera. Obtener cerca del 60% de la votación es posible cuando se ve que la luz de la libertad ilumina, anima, moviliza, triunfa. Estamos viendo, por fin, el inicio del fin de la hegemonía del Foro de Sao Paulo y su reemplazo por la luz del Faro de Buenos Aires. Un Faro que no dirige ni trama. Es un Faro que ilumina. Tiene muchos riesgos y se puede apagar. Por ahora está encendido y tendrá para rato. Los chilenos hicieron ya su tarea. No dejaron entrar al enemigo por la rendija de la puerta. Ahora les toca a los peruanos y colombianos, consolidar este viraje el año que viene. Y a los pueblos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, librarse de una vez por todas de sus opresores que a sangre y fuego se resisten a dejar el poder. Con la flota estadounidense en sus costas, el régimen chavista vive sus últimas horas, y tras su caída, seguirán aquellos países que viven a cuenta de su petróleo. Y esto según Donald Trump, es solo el comienzo, ya tiene en la mira a Colombia, del narcoterrorista Gustavo Petro, y a Méjico, de la p. judía Claudia Sheinbaum.... A por ellos.
A que los peruanos no lo sabían, pero por breve tiempo, círculo hace décadas en sus calles lo que podría llamarse la versión andina del Grinch (aquella criatura demoniaca que odia la Navidad), pero debido al rechazo generalizado que recibió aquel engendro creado durante la dictadura velasquista, tuvo corta vida. Como sabéis, la llegada de la época navideña al Perú suele asociarse, como en muchos lugares del mundo, con la famosa imagen de Santa Claus. Sin embargo, hubo un peculiar episodio a inicios de la década de 1970 cuando el gobierno militar de turno intentó reemplazar esa tradicional representación con un personaje de lo más repulsivo: Taita Noel. Esta controvertida decisión, que buscaba desplazar al arquetípico Santa Claus asociado - afirmaban sus áulicos - al “consumismo capitalista por una reinterpretación andina de corte nacionalista”, terminó siendo un rotundo fracaso. La fuerza del imaginario colectivo en torno a la tradicional figura navideña importada desde Estados Unidos y Europa prevaleció por sobre este vomitivo y efímero intento de “peruanización”. Así, el recuerdo de Taita Noel solo quedó como una breve e insignificante anécdota circunscrita a unos pocos años de la década del setenta, y que desapareció sin pena no gloria en medio de la ignominia junto con la caída de la dictadura velasquista en 1975 y la consiguiente erradicación de sus símbolos. Ante todo, cabe precisar que el nefasto personaje de Taita Noel fue creado en 1972 por el Ministerio de Educación, a “iniciativa” del propio Velasco. Como sabéis, ese régimen dictatorial (que se hizo con el poder con un golpe de Estado en 1968) se autoproclamaba “como una revolución nacionalista de corte socialista”, buscando por ello redefinir los símbolos tradicionales con nuevas representaciones más vinculadas a su ideología izquierdista de corte “indigenista”. Es en ese contexto que se decide eliminar para las festividades de ese año la imagen ‘extranjerizante’ de Santa Claus, reemplazándola por un individuo de rasgos indígenas denominado Taita Noel el cual vestido como los nativos, con chullo, poncho y ojotas, se transportaba en un trineo “jalado” no por renos, sino por llamas (a pesar que la sierra también existen venados - llamadas tarucas - aunque no sean tan corpulentos como sus parientes nórdicos), que se difundió profusamente como nuevo ícono “navideño” a través de anuncios publicitarios y en los medios de comunicación confiscados por la dictadura, el cual por cierto, no repartía juguetes a los niños, sino libros y revistas acorde a la ideología comunista del régimen, como los pequeños libros azules de la colección Biblioteca Peruana de la editorial Peisa, así como la revista Urpi, entre otras obras “revolucionarias”. Sin embargo, y como podéis imaginar, la medida causó repulsión entre una ciudadanía habituada al tradicional Santa Claus - además del rechazo que causaba la presencia de ese espantajo vestido como un pordiosero que asustaba a los niños - por lo que la iniciativa fracasó rápidamente. Tras unos pocos años de vigencia y la expulsión de Velasco del poder por obra del felón Morales Bermúdez, Taita Noel paso al olvido, recordado apenas como una anécdota circunstancial en medio del turbulento proceso político peruano de esa década. Hay quienes recuerdan que durante la navidad de 1972 podía verse brevemente a este controvertido personaje andino en algunos establecimientos comerciales de Lima como fueron las tradicionales tiendas Tía y Monterrey ubicadas en el céntrico Jirón de la Union - el principal lugar donde las familias realizaban sus compras navideñas en esa época - las cuales decidieron sumarse a la iniciativa oficial y utilizaron la representación del Taita Noel en sus vitrinas y anuncios publicitarios. Pero todo resulto en vano. Al llanto de los niños que causaba su presencia - quienes pensaban que se trataba del “cuco” que pretendía llevárselos en la bolsa que cargaba - se sumó la furia de los padres de los peques, que los agarraban a pedradas apenas veían a uno de ellos por las calles. Pero más allá de su paso efímero y lastimero, algunos sectores izquierdistas aliados de la dictadura sí vieron con buenos ojos el surgimiento de ese engendro “como un ícono más cercano a la realidad nacional” (?). Por ejemplo, la Confederación Campesina del Perú (CCP) respaldó la propuesta y llamó a sus agremiados a difundir esta representación “netamente peruana” como símbolo identitario. Asimismo, varios intelectuales y figuras públicas que se vendieron vergonzosamente al régimen recordarían con nostalgia años más tarde la accidentada experiencia de Taita Noel, valorando “los ideales” (?) que - dicen -representaba. Quizás su gran handicap fue surgir desde la imposición gubernamental y no por consenso de la sociedad civil. Pero el imaginario simbólico que encarnaba no sería olvidado totalmente, sino que quedaría latente en el inconsciente colectivo local, y por eso, en estos tiempos reaparece brevemente, aunque claro ya no como ese indigente reciclador de basura inicial, sino como algo más “digerible” que ve a Santa Claus ya no como su enemigo, sino como su “hermano”. De esta manera, a cinco décadas del fugaz intento dictatorial por querer instituir a Taita Noel, el imaginario simbólico que evocaba no se desvaneció totalmente. Hoy en día al personaje “navideño” de rasgos andinos, se le otorga un rol “más social”: el recojo de juguetes para niños de escasos recursos, que recorre el país, ya no en un “trineo” jalado por llamas ... sino en un mototaxi, encabezando campañas navideñas de donación de regalos que luego entrega en albergues y ollas comunes, que, ante la avalancha consumista actual, afirman que “trata de encarnar el mensaje que buscaba originalmente llevar”. Lo peligroso es que bajo esa mirada inocente que actualmente muestra, este engendro creado bajo Velasco, pervive hoy recreado en “una labor social” buscando en realidad destruir la Navidad y los valores cristianos de la misma manera que el Grinch, para imponer su agenda caviar (acorde a los nuevos tiempos), en zonas marginales del país... A no dejarse engañar.