Con la captura del dictador Nicolás Maduro por parte de los EE.UU. el pasado 3 de enero, estamos asistiendo en vivo y en directo al trato degradante al cual es sometido por el presidente estadounidense Donald Trump la camarilla chavista que ha quedado al mando del país, que ciegamente cumple sus órdenes para no tener un destino peor al del sátrapa y su mujer, quienes esposados y vistiendo trajes de reos, están siendo ridiculizados ante el mundo. ¿Dónde están aquellos como Diosdado Cabello que gritaban desaforadamente “Ni una gota de petróleo a los EE.UU. sí nos agreden” o esta otra más grotesca, “rodilla en tierra mi comandante” para que ahora de manera temblorosa, accedan a entregarle 50 millones de barriles a los EE.UU.- de los cuales, por cierto, no verán un centavo - que les ordeno Trump, así como empezar a poner en libertad a los presos políticos que desde hace años el régimen chavista mantenía encarcelados en El Helicoide, sometidos a brutales torturas. Y estas humillaciones recibidas son solo el comienzo del trato que van a recibir de ahora en adelante - mientras les sirvan - de parte de aquel megalómano que busca tener el control total del petróleo venezolano “de manera indefinida”. Muertos de miedo, efectivamente están de rodillas ante quien ha enterrado al chavismo en el basurero de la historia. Como sabéis, en la esquizofrénica Venezuela de hoy conviven dos discursos. Uno, hacia el exterior del país, lo dejó por escrito Delcy Rodríguez y habla de trabajar “de manera conjunta” con Estados Unidos, mientras se silencia la decisión de Washington de controlar los recursos energéticos y obligar a comprar solo productos estadounidenses con ese dinero, demostrando quien es el que manda ahora en el país, y otro discurso al interior, en el que se concentra el poder ejecutivo y legislativo en una sola familia: los Rodríguez, y acentúa el modelo represivo. Para los de casa, el discurso es otro: el mensaje de Delcy es que “nada ha cambiado” y que la revolución sigue su paso “más firme que nunca”, que incluye la purga en busca de los cómplices de la vergonzosa incursión estadounidense en el corazón de Caracas, que terminó con al menos 80 soldados venezolanos y 32 mercenarios cubanos - del círculo de seguridad de Nicolás Maduro - muertos, según cifras oficiales de Caracas y La Habana: ninguno del otro lado y el sátrapa y su mujer presentados en un tribunal de Nueva York a las pocas horas. En ese sentido, el chavismo filtró el nombre del primer detenido de peso: el general Javier Marcano Tabata. El militar más cercano a Maduro fue detenido el martes, señalado como uno de los grandes traidores, en su necesidad de exhibir cabezas que expliquen por qué los radares no funcionaron o por qué resultó inútil la millonaria inversión en aviones de combate y sistemas de comunicación que ni siquiera llegaron a ponerse en marcha aquella noche. Hasta el día de su detención, Marcano era el jefe de la Guardia de Honor Presidencial y director de la DGCIM, el cuerpo de inteligencia venezolano que durante muchos años estuvo dirigido por Hugo ‘El Pollo’ Carvajal. Para su detención ni siquiera esperaron a que llegara a su casa: el arresto se produjo en pleno hemiciclo de la Asamblea Nacional y de ahí fue conducido directamente al calabozo, luego de un confuso intercambio de disparos la noche de Reyes frente al Palacio de Miraflores, en el que drones y soldados se dispararon mutuamente. Se ha sabido luego que el incidente, nunca aclarado oficialmente, tuvo que ver con la detención del general Marcano. Fuentes de inteligencia señalan que Marcano está acusado de facilitar la ruta para la captura del dictador. Su participación - afirman - consistió en haber entregado a Estados Unidos las coordenadas exactas donde dormían Nicolás Maduro y Cilia Flores, así como en señalar los puntos ciegos del anillo de seguridad cubano-venezolano que los protegía. Según estos informes, él era el hombre infiltrado por Estados Unidos, y añaden que detectaron la existencia de comunicaciones cifradas entre el general y agencias de inteligencia extranjeras desde semanas antes del 3 de enero. Superado el susto inicial, el temor a una nueva incursión de la Delta Force sigue siendo una amenaza real que el entorno de Trump se encarga de agitar periódicamente. Es por eso que, para reemplazar a Marcano, Delcy Rodríguez ha decidido rodearse de los duros y ha elegido como nuevo comandante de la Guardia de Honor Presidencial al general Gustavo González López. El primer nombramiento de la presidenta fue ministro de Interior y director del siniestro Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) hasta finales del 2024. Cabe precisar este organismo criminal es la policía política del régimen, encargada, entre otras cosas, de la tenebrosa cárcel del Helicoide, símbolo de torturas y represión a los opositores. Organizaciones internacionales y de derechos humanos han acusado en el pasado a González López de múltiples abusos durante su gestión al frente del Sebin, lo que terminó en sanciones por parte de Estados Unidos y la Unión Europea. “Es uno de los duros. Su nombramiento no manda ninguna señal de cambio”, sostiene el diputado opositor Stalin González, en sintonía con el doble lenguaje dentro y fuera de Venezuela que sostiene el chavismo. Según un medio independiente venezolano, González López está incluido en la lista de sancionados del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Pero no solo se trata de silencio. El reacomodo de los hombres que rodean a Delcy Rodríguez está enfocado más en satisfacer a Estados Unidos que en plantarle cara. Otro de los nombramientos de las últimas horas fue el de Calixto Ortega, designado vicepresidente de Economía. El perfil de Ortega Sánchez es el de un hombre leal a la ‘presidenta’, formado en Estados Unidos, con una maestría en Columbia, un MBA en Energía de la Escuela de Negocios de la Universidad de Rice y estudios en Banca y Finanzas en la Universidad de Londres. Antes de ponerse al frente de la cartera económica, Ortega fue cónsul de Venezuela en Nueva York (2013–2017) y Houston (2008–2013), además de delegado ante el Comité Administrativo y Presupuestario de las Naciones Unidas durante un breve periodo en 2007. Ortega Sánchez tiene el objetivo de atender los requerimientos de Washington sin hacer excesivo ruido, mientras trata de sacar de la UCI a la maltrecha economía venezolana, con una desvalorización de la moneda local de casi un 500%, que aviva los temores de hiperinflación. Mientras el madurismo sin Maduro pretende hacer creer que tiene el control de la situación en el país, buscando afirmarse mediante la represión en las calles, con grupos de motorizados armados con metralletas campando a sus anchas por Caracas amenazando con matar a todos aquellos que salieran a celebrar la captura del tirano, la realidad al exterior se acomoda al tutelaje estadounidense para intentar sobrevivir. Aunque Cabello amenazó en días pasados con cortar todo el suministro de petróleo a Estados Unidos en caso de cualquier agresión -“ni una gota”, repetía incesantemente -, la realidad es que la nueva administración venezolana guarda silencio ante los humillantes anuncios de Trump y Marco Rubio, que señalan que todos los recursos energéticos venezolanos quedarán bajo su control. Las autoridades venezolanas también han tragado en silencio el anuncio de Donald Trump, cuando aseguró que las “autoridades interinas de Venezuela enviarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo”. En ese tablero, Delcy enfrenta un dilema político como existencial; la necesidad de sobrevivir siendo útil. La utilidad de lo imperdonable. Es el destino habitual de quienes administran la fase tardía de los proyectos absolutistas, terminan siendo más necesarios que queridos, más visibles que protegidos. La lógica del poder autoritario es cruel pero predecible; cuando la estructura se siente amenazada, no protege a sus mejores escuderos, los utiliza como parapetos. No cuida a sus piezas, los coloca en la línea de fuego. Hoy se les exige diciplina absoluta y eficacia en la contención; mañana, se convertirán en los sacrificios ejemplarizantes necesarios para salvar al resto del cuerpo o pactar una salida. En efecto, cuando ya no les sea útil, será expectorada por Washington y enfrentará a la justicia. Su situación es, en esencia, una tragedia política. No porque sea una víctima, lejos está de serlo, sino porque es consciente de su precariedad. Sabe que no representa una promesa de futuro ni para el chavismo de base ni para la oposición, sino simplemente la contención momentánea del inevitable colapso. Sabe que no administra esperanza, ni gestiona expectativas de renovación, sino que administra tiempo mientras puede. Y en política, este puede ser un aliado formidable, pero se convierte en el juez más severo cuando se agota. En última instancia, a lo que Rodríguez se enfrenta no es solo a un adversario político concreto, sino a una verdad histórica recurrente, llega a un punto de inflexión en que el poder ya no se ejerce para transformar la realidad, sino únicamente para retrasar lo inevitable, intentando no perderlo todo en la caída. En ese instante crepuscular, los rostros visibles del régimen dejaran de ser activos estratégicos para convertirse en recordatorios incomodos de todo lo que salió mal. La historia rara vez es indulgente, por el contrario, suele ser implacable con quienes confunden la permanencia en el cargo con la fortaleza real. Y es aún más dura con quienes creen que el silencio externo y la obediencia interna bastan para garantizar la supervivencia política más allá del derrumbe. Asimismo, casi nunca protege a quienes, creyendo servir al poder hasta el final, terminan personificándolo justo cuando este comienza a resquebrajarse irreversiblemente. El poder tiene capacidad de resistencia, sí. Pero muy poca gratitud. Y Delcy, hoy, en la soledad de su utilidad, lo sabe mejor que nadie. Su destino, como el resto de la camarilla chavista aun libre, está marcado. Es indudable que Trump los ha dejado en el poder para humillarlos hasta el infinito. Ahora mismo son sus tristes monigotes y mueven la colita cuando se lo ordena. Y el que se porte mal, va directo a compartir celda con Maduro. Ver como Venezuela se va convirtiendo en un Protectorado de EE.UU. es la expresión más profunda del fracaso histórico del chavismo y del “socialismo del Siglo XXI”.
El Museo de Arte de Lima (MALI) presenta una exposición titulada Arte y Visiones del Mundo Cupisnique, en el cual nos invita a explorar el universo simbólico de esa enigmática cultura, donde humanos, animales y seres híbridos se entrelazan en una visión del mundo marcada por la transformación y el poder ritual. Entre ellos destaca "El Contorsionista", considerado un símbolo de transformación, expresada tanto en su postura extrema como en los diseños que marcan su piel. Cabe precisar que la Cultura Cupisnique fue una de las civilizaciones más influyentes de la costa norte del Perú durante el Formativo. Es conocida por su cerámica altamente simbólica, su arquitectura religiosa y por haber sido precursora directa de Chavín, tanto en el estilo artístico como en la ideología religiosa. Cupisnique se desarrolló en la actual costa norte peruana, entre Virú y Lambayeque. Su cronología se establece hoy entre los años 2000 a. C. y 200 a. C. Fue identificada por el arqueólogo Rafael Larco Hoyle en Cupisnique, de donde toma su nombre, y en el Valle Chicama en los años 1930. Esta cultura tuvo una característica arquitectura a base de adobe, pero compartió estilos artísticos y símbolos religiosos con la cultura Chavín, que existió en la misma zona y que se desarrolló posteriormente. En el 2008 se descubrió un templo de adobe perteneciente a esta cultura en el valle de Lambayeque, al que se llamó Collud. El templo incluye imaginería de un dios araña, asociado a la lluvia, la caza y la guerra. La imagen del dios combina el cuello y la cabeza de araña con la boca de un gran gato y el pico de un pájaro. Otros sitios Cupisnique son el Templete de Limoncarro en el departamento de Lambayeque y los sitios de Montegrande y Tembladera en el departamento de Cajamarca. Asimismo, en el mes de marzo del 2021 se descubrió un mural prehispánico de más de 3.200 años de antigüedad, gracias a la labor del arqueólogo Feren Castillo, el mismo situado en el valle del Virú, Región de La Libertad. El desarrollo de la Cultura Chavín y Cupisnique fue independiente, pero se influenciaron mutuamente. Durante varias décadas este estilo fue confundido con el Chavín, tanto que se le llegó a llamar ‘Chavín de la Costa’. Sin embargo, ahora se sabe que se desarrollaron independiente y que ambas se influenciaron mutuamente durante su historia. Cupisnique desarrolló un arte cerámico muy creativo y vigoroso. Su cerámica es monocroma, utiliza el alto relieve y algunas de sus piezas escultóricas son figurativas y de gran plasticidad. A pesar de que muchas de las divinidades que reconocemos en su cerámica también aparecen en la de Chavín de Huántar (el felino, el halcón y la serpiente), la araña -que se la vincula con la fertilidad- es una divinidad propia de la cultura Cupisnique y aparece con más frecuencia en sus vasos y platos de piedra. En 1969, en Limoncarro, Jequetepeque, se encontraron platos y vasos de piedra tallados de excepcional calidad y variedad iconográfica que seguramente eran utilizados en ceremonias rituales. Estos vasos también han sido hallados fuera de su lugar de origen y de uso. El arqueólogo Luis Guillermo Lumbreras encontró uno de ellos en una galería de Chavín de Huántar. Su economía de estuvo basada en la agricultura y en sus recursos marinos. Sus templos contaban con terrazas y plataformas hechas de ladrillos de adobe y decoraciones de esculturas de arcilla. Aunque todavía queda mucho por descubrir sobre esa civilización, los lugares arqueológicos más conocidos son: Caballo Muerto en Moche, Limoncarro en Jequetepeque, Purulén en Zaña, y Huaca Luda en La Leche. En cuanto a su organización política social, fue una sociedad agrícola bajo la dirección de una élite especializada en las tareas de gobierno (Sociedad Teocrática). Adoraban una divinidad con cuerpo humano y cabeza de felino y enterraban a sus muertos en tumbas junto con un abundante ajuar de lujo que comprendía vasos de cerámica y joyas. Los Cupisniques creían en la vida tras la muerte, por esto enterraban a sus seres queridos y los rodeaban de artefactos para su uso en el más allá. Los pintaban de rojo, para darles vitalidad para la vida eterna. Esto se ha visto en las excavaciones realizadas en Puémape por el Dr. Elera y por la Misión Japonesa en Kuntur Wasi. El artista Cupisnique logró crear imágenes de su mundo circundante, empleando diversos trazos (desde geométricos hasta diseños visuales observables y sofisticados) en las cuales para resaltar la diferenciación de planos en la superficie lisa del ceramio que trabajaba creó hábilmente la técnica del "puntillado, el "rasqueteado sencillo", el "peinado cruzado" y en otros ceramios, sobre estas técnicas usaba el relieve y que representaba también esculturas. Sus creaciones alfareras (como el uso del gollete estribo) fueron de tal utilidad que durante mucho tiempo se continuaron usando en la costa norte por los Vicus, Mochica, Chimú, Incas e inclusive en la época colonial. Los ceramios Cupisnique presentan figuras antropomorfas, zoomorfas y fitomorfas. En la primera fase de Cupisnique, las botellas escultóricas tienen asa estribo redondeada, son hechos con molde y su decoración es geométrica, con líneas quebradas y líneas paralelas. La siguiente fase presenta ceramios con asas estribo de arco triangular y pico largo. La decoración es en relieve, con el contraste de superficies pulidas y ásperas, y la imagen del felino aparece estilizada. La cerámica de la tercera fase presenta los colores rojo y marrón claro. Las botellas tienen asa estribo e incisiones en pasta húmeda, con motivos geométricos. Se han encontrado vasos rojos decorados en negro, y ceramios marrones con decorados en crema. La última fase de Cupisnique corresponde a botellas marrones y naranjas con superficies lisas, y decoración simple, con círculos y escalones. Moldeada y cocida en hornos cerrados, estos ceramios tienen la particularidad de poseer en su mayoría los colores rojo, marrón, crema y negro, pero por deficiencia en la cocción tienden a presentar un color anaranjado. En su mayoría, estos ceramios son cántaros globulares con asa estribo y con decoración incisa en todo su cuerpo. Las figuras escultóricas, muchas de ellas de tipo realista, representan hombres, animales y frutos. Por cierto, en la costa norte, los Cupisnique iniciaron con gran maestría el trabajo orfebre con oro, la plata y el cobre. Con metales preciosos extraídos de minas costeñas (como en el caso del Morro Eten) y otros traídos de las arenas auríferas de San Ignacio, Chinchipe y Alto Marañón, su orfebrería fue la primera en usar las técnicas del laminado, repujado, recortado y la fabricación de ornamentos bimetálicos (oro y plata). También trabajaron la talla en turquesas, conchas y huesos. La presencia de elementos panandinos como el jaguar, el cóndor y serpiente indica un contacto con culturas del mismo horizonte. Finalmente, en relación a su textilería, es muy posible que durante los primeros años usaran la tela pintada (tradición que continuó durante muchos años), antes de emplear las técnicas enumeradas, para diseñar sus deidades. Para esto usó colores suaves, entre ellos: ocre, siena, rojo de venencia, claro, blanco, cuya característica es su falta de intensidad y contraste. Sin embargo, a pesar de los diseños repetidos y los colores monótonos, éstos al contemplarlos crean en el espectador un ritmo muy especial porque es toda una composición que sólo el artista Cupisnique pudo lograr. Ahora, parte de esa cosmovisión precolombina podrá ser apreciado en el MALI, en una muestra que estará abierta hasta el 12 de abril del 2026.
"Los que creamos el nuevo amanecer, la victoria no es una promesa, es un designio del destino". Nicolás Maduro se las prometía felices en víspera del amanecer que realmente ha cambiado su vida y también la historia de Venezuela. Primero recordó a Simón Bolívar con las palabras que abren esta crónica y luego, en la tarde, recibió en el Palacio de Miraflores al enviado de China para atribuirse sin mayor sonrojo un papel destacado en la construcción de un mundo multipolar "de desarrollo y paz". Apoyado por sus aliados, y fortalecido por las críticas a Donald Trump, todo marchaba a la perfección. En las horas y días previos había cantado y bailado por la paz, emocionado con su jingle "Dont war, yes peace" y su versión cutre del "Dont worry, be happy". Había rodado vídeos, se había puesto las gorras que evocaban el pacifismo, se había conectado a Tik Tok y había disfrutado con las andanzas de su alter ego, SuperBigote, ese supuesto superhéroe capaz de enfrentarse al Imperio y a sus marines. El año había comenzado tal y como sus estrategas querían. En su habitual entrevista con el escritor español Ignacio Ramonet, volvió a tender la mano a Donald Trump y ofreció, esta vez con luz y taquígrafos, los mejores negocios petroleros. El objetivo era claro, pese a las cortinas de humo lanzadas desde el gobierno: la revolución sobrevivirá al Imperio, "hasta el 2000 siempre", como decía Chávez. Y el gran jefe de esa Numancia chavista sería Maduro. Todo ese escenario saltó hecho añicos en la madrugada. Los Delta Force dieron con su paradero secreto y eludieron su anillo de seguridad cubana para capturarlo y subirlo a un helicóptero, junto a su esposa, Cilia Flores. Tal y como sucediera con otro dictador, el panameño Manuel Noriega, el llamado "presidente pueblo" abandonó a la fuerza su país con destino a una calabozo en Estados Unidos. Llegado el momento, se le acabo la suerte al tirano y ahora deberá enfrentar a la justicia. Y es que, llegado el gran momento, de nada le sirvieron sus invocaciones esotéricas ni misas de magia negra, ni esos talismanes con los que cargaban sus edecanes, desde la espada de Bolivar al Pendón de Pizarro. O el anillo con la esmeralda verde que le regaló el polémico Sai Babá. Sus acusaciones por narcotráfico en Estados Unidos son incluso más leves, aunque le pueden costar la cadena perpetua, que los crímenes por los que es investigado por la Corte Penal Internacional: ejecuciones extrajudiciales, torturas, violaciones sexuales, desapariciones forzadas y detenciones ilegales. Más allá de sus múltiples delitos, el legado de Maduro jamás será olvidado entre sus gentes. Venezuela bajó a los infiernos varias veces desde que la muerte de su padrino político, Hugo Chávez, le elevara al trono del Palacio de Miraflores en el 2013. Pasado once años, el 10 de enero del 2024, Maduro renovó su condición de dictador tras consumar la usurpación ilegal del poder, de espaldas a un país que le rechazó en las urnas de forma abrumadora. Una coronación revolucionaria, en presencia de los otros autócratas de las Américas, durante la cual el presidente de facto desplegó un vendaval de falsedades durante la hora y media de discurso. Las actas electorales, rescatadas por un ejército de ciudadanos, confirmaron lo que se sentía en cada esquina del país: la abrumadora mayoría democrática. El 28 de julio Maduro sólo obtuvo 3.385.155 votos frente a los 7.443.584 de Edmundo González Urrutia, una de las mayores palizas en la historia electoral del continente. Las distintas series biográficas realizadas para mayor gloria del dictador chavista han dibujado en estos años a un personaje más vivo que inteligente, pero que se hacía el tonto por estrategia y que exageraba los tonos buscando la connivencia popular. Sus únicos estudios de peso los realizó en Cuba, en la escuela de cuadros del Partido Comunista. Por eso fue el elegido por La Habana para sustituir al gran líder, por encima de Diosdado Cabello, siempre sospechoso para el castrismo. Maduro siempre supo estar en el sitio adecuado. Muy cerca de Chávez, como escolta por su tamaño físico, a su salida de la cárcel de Yare. Allí conoció a la abogada Cilia Flores, fundamental para su carrera. El conductor de autobuses y líder sindical tenía su encanto, cuentan los que le conocieron. El típico bromista sin gracia, bailarín de salsa de pies ligeros hasta que el sobrepeso le entorpeció. Hasta lideró una banda de rock. "Mi opinión plena como la luna llena", anunció Chávez en diciembre del 2012 para señalar a su heredero. Lo que vino posteriormente lo saben de sobra los venezolanos, aunque parte del mundo se ha negado a aceptarlo: el derrumbe social y económico del que fuera el país más rico de la región, con la ruptura de récords de pobreza, de escasez alimentaria, de desabastecimiento de productos básicos, de destrucción de la industria petrolera. Y la fuga de nueve millones de venezolanos, una herida tan grande que sólo la caída del chavismo la puede curar. Pese a ello, con ese descaro que define a la familia, Nicolasito Maduro, hijo del sátrapa, reclamó el Premio Nobel de Economía para su padre. Iracundo por la concesión del Nobel de la Paz para la cuestionada María Corina Machado, Maduro también inventó el premio ‘Arquitecto de la Paz’ y se lo concedió, en una reacción que define al milímetro al autócrata que se creyó un césar y termino en la cárcel. Como sabéis, la relación y obsesión de Donald Trump con Venezuela y Nicolás Maduro se vertebra sobre numerosos y muy diferentes ejes, y todos tienen peso específico no desdeñable: el mediático, el personal, el ideológico, el geopolítico, el económico, el migratorio o el petrolero. Trump lleva meses escalando la retórica hacia el régimen bolivariano, subiendo el tono, amenazando con ataques sobre el país, hundiendo lanchas, dando luz verde a la CIA para operar allí, acusando sátrapa de todo tipo de crímenes, de ser el líder de un cártel y por tanto un "narcoterrorista", reclamando sus recursos naturales. La Casa Blanca ha dedicado mucho tiempo y recursos, ha prometido que Maduro iba a caer, y el presidente, que tiene una fijación con su imagen exterior (combinando al mismo tiempo la idea de líder de paz y martillo de enemigos) no iba a quedarse de brazos cruzados. No está vez, aunque implique una vez más ignorar el derecho internacional o al Congreso de su país. EE.UU. impuso sanciones a Caracas en el 2015, cuando el musulmán encubierto Barack Hussein Obama estaba en la Casa Blanca, pero en agosto del 2017, el Gobierno de Trump las amplió, prohibiendo a los bancos estadounidenses comprar bonos del Tesoro venezolano o de la petrolera estatal, Pdvsa. En el 2019, luego de las presidenciales del 2018 que Washington tildó de farsa y fraude, Trump reconoció a Juan Guaidó como presidente, redobló las sanciones económicas, suspendió vuelos y las relaciones diplomáticas se rompieron. Ahora, en su segundo mandato, Trump reconoció a Edmundo González y estrechó lazos con María Corina Machado, que ha aparecido en el podcast de los hijos del presidente y tiene lazo directo con la administración a través de Marco Rubio y su secretario de estado. Desde la campaña electoral del 2024 Trump repitio una y otra vez, de forma obsesiva, que Venezuela ha enviado a decenas, cientos de miles, de criminales a EE.UU. Que ha vaciado sus cárceles y sus psiquiátricos enviando a todos los delincuentes y enfermos mentales al norte, para destruir EE.UU. También afirma que Maduro es el líder del Cártel de los Soles, una organización criminal integrada por altos mandos del Gobierno bolivariano y del ejército con los narcotraficantes. Y con la droga que llega a EEUU, si bien la gran amenaza definida por la Casa Blanca, el fentanilo, no pasa por ahí. Eso no ha impedido que retire el estatus de refugiados a cientos de miles de venezolanos huidos, o que mientras 'cerraba' el espacio aéreo venezolano multiplicase los vuelos con deportaciones de vuelta. O que fuera cambiando las restricciones para que empresas estadounidenses petroleas operasen en Venezuela, escuchando las peticiones o quejas de alguno de sus amigos más conocidos en Miami. El ataque de esta madrugada, llega luego de que Estados Unidos haya efectuado el mayor despliegue naval y militar en décadas en la región, por lo que era complicado argumentar que no iba a conducir a algo si había un portaaviones, destructores, submarinos, helicópteros, cazas y decenas de miles de soldados y marineros frente a las costas venezolanas. Hace un mes, el Gobierno de Donald Trump publicó su Estrategia de Seguridad Nacional, un documento que explica los objetivos de la Política Exterior estadounidense, sus prioridades y su cosmovisión. El documento definía detalladamente la agenda para el hemisferio, en un mensaje, que visto lo ocurrido esta noche en Caracas, debería hacer que toda Europa reevalúe las amenazas y advertencias sobre Canadá y Groenlandia. "Queremos garantizar que el Hemisferio Occidental se mantenga razonablemente estable y suficientemente bien gobernado para prevenir y desalentar la migración masiva a Estados Unidos; queremos un Hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra narcoterroristas, cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un Hemisferio libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, y que apoye cadenas de suministro cruciales; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, afirmaremos y haremos cumplir un "Corolario Trump" de la Doctrina Monroe", decía el texto. En EE.UU. se habla desde la vuelta de Trump de la 'Doctrina Monroe', una mezcla del nombre del presidente actual y del ex presidente James Monroe, quien en 1823 en un mensaje a las potencias europeas, y en especial a la España que perdía territorios, dijo que Washington consideraría "cualquier intento de su parte por extender su sistema a cualquier porción de este hemisferio como una amenaza para nuestra paz y seguridad (...), no podríamos considerar ninguna intervención de ninguna potencia europea con el propósito de oprimirlos o controlar de cualquier otra manera su destino, sino como la manifestación de una actitud hostil hacia los Estados Unidos". Es indudable que Trump quiere el control absoluto de lo que EE.UU. considera “su patio trasero”. Quiere el hemisferio solo para EEUU, sin presencia rusa y sobre todo China. No sólo desde el punto de vista militar, sino también político, económico, comercial, de infraestructuras y de recursos. De puertos y del Canal de Panamá. Quiere que los países rompan relaciones con sus rivales estratégicos. Y cree que Venezuela, como Colombia, es eslabón más débil ahora mismo. Fuentes de la Casa Blanca sostienen que el ataque estaba previsto la semana pasada, pero que fue retrasado por cuestiones climatológicas y por los ataques estadounidenses en Nigeria. Pero lo cierto es que ha tenido lugar apenas a unas horas de que Maduro tuviera una larga reunión de tres horas con el enviado especial de China en el que ambos "ratificaron la hermandad" entre ambas naciones. "Sostuve un grato encuentro con Qui Xiaoqi, Enviado Especial del presidente Xi Jinping. Reafirmamos nuestro compromiso con la relación estratégica que avanza y se fortalece en diversas áreas para la construcción del mundo #Multipolar de desarrollo y paz ¡China y Venezuela! ¡Unidas!", escribió Maduro en las redes sociales en sus últimas horas en el poder. Hace dos semanas, Trump el anunció un "bloqueo total y completo de los petroleros sancionados" hasta que Caracas "devuelva a los Estados Unidos de América todo el petróleo, la tierra y otros activos que previamente nos robaron". En todo momento habló del crudo como si fuera un derecho, una propiedad, estadounidense. Al día siguiente, Stephen Miller, uno de los asesores más poderosos y radicales de la Casa Blanca fue mucho más claro: "El sudor, ingenio y esfuerzo estadounidenses crearon la industria petrolera en Venezuela. Su despótica expropiación fue el mayor robo de riqueza y propiedad estadounidense del que hay registros. Estos activos saqueados fueron usados para financiar el terrorismo e inundar nuestras calles con asesinos, mercenarios y drogas". Lo mismo que dice del Canal de Panamá, entregado a las autoridades locales y que Trump afirma que ha sido entregado a su vez a China. Cabe precisar que en Venezuela se juntaban todos los elementos al mismo tiempo. Un líder autoritario que, como Fidel Castro en su momento, se ha convertido en un recordatorio permanente de las limitaciones del poder estadounidense en donde más duele a los halcones, especialmente los que como Marco Rubio tienen relación personal con la zona. Un líder, igual que en Cuba, cercano a Moscú y a Beijing. Y que no "coopera', usando la terminología de la Casa Blanca. Todo eso, unido a la cuestión migratoria, que es la gran obsesión y el eje demoscópico del trumpismo. La cuestión del narcotráfico, aunque haya una doble vara de medir clara y se sostenga sobre datos falsos o exagerados, como por ejemplo la posibilidad de que pequeñas lanchas salidas de la costa de Venezuela pudieran llevar drogas a las costas estadounidenses. Y está la cuestión de los "activos clave", como dice la Estrategia de Seguridad Nacional, y la cuestión de imagen de un presidente que había invertido demasiado en un cambio de régimen y el acceso a "ubicaciones clave" desde el punto de vista geopolítico. Sin Maduro en el poder, es indudable que el régimen terminara por desmoronarse, ya que entre los chavistas se sacaran los ojos para intentar prolongarla, pero ello será imposible. El ocaso de ese régimen asesino instaurado en 1999 ha llegado a su fin. ¿Como terminara? ¿En un baño de sangre en medio de un levantamiento popular o en un golpe militar que devuelva el país a la democracia, secuestrada por Chávez y sus secuaces? Marco Rubio ha anunciado que EE.UU. no invadirá el país ya que su objetivo era la captura de Maduro y su mujer, por lo cual serán los propios venezolanos quienes definan su futuro". (Últimas informaciones dan cuenta que Donald Trump ha afirmado que no permitirá que el chavismo - tras la captura de Maduro - continue en el Poder en Venezuela y, dado el caso, tomará el control del país hasta garantizar una transición segura: "No podemos arriesgarnos a que alguien que no tenga en mente el bien del pueblo venezolano se haga con el control de Venezuela durante décadas. No vamos a permitir que eso suceda" aseveró. Por lo visto, la pesadilla del chavismo pronto llegará a su fín)
De seguro, aquellos que pintan canas y contemporáneos de los dinosaurios, recuerdan con nostalgia que, al inicio de cada año, llegaban a sus casas las guías telefónicas, que hoy en tiempos de internet donde todo la información que necesites lo obtienes en la red, nos parecerá algo obsoleto y anacrónico. ¿Pero que paso con ellas? Aunque quienes llegaron a conocerla puede que ya sepan la respuesta, cada vez más personas desconocen la importancia que tuvieron en la vida de muchas personas. Era una herramienta indispensable que no podía faltar en cada hogar, oficina, negocio y hoy las futuras generaciones ya ni la conocen. Durante mucho tiempo las ‘Páginas Amarillas’ fue el primer lugar al que las personas recurrían para encontrar algún número o dirección de un servicio que requerían. Sin embargo, debido a los rápidos avances tecnológicos cada vez se fue necesitando menos. Ante todo, cabe precisar que las ‘Páginas Amarillas’ era el nombre de un directorio en un gran libro. En algunos casos, tan grande que podía llegar a pesar de 2 a 4 kilos y hasta se imprimían varias ediciones dependiendo la región a la que estaban dirigidos. Era así porque dentro incluía páginas y páginas llenas de números, direcciones e información sobre empresas o negocios que buscaban ofrecerse a una mayor audiencia. Estos volúmenes se solían repartir de forma gratuita a los hogares y negocios para facilitar el conocimiento de la información que contenían. Dentro, las empresas y negocios se encontraban organizados por letras o categorías. De esta forma, si una persona necesitaba cierto servicio especializado tan solo tenía que buscarlo en su categoría o por su letra inicial. De esta manera, podía encontrar el nombre del comercio, su dirección y números telefónicos. Así, uno puede hacerse una idea de por qué estos grandes tomos no podían faltar en ningún lugar. El negocio de ‘Páginas Amarillas’ recaía en que las empresas podían pagar para estar mejor ubicadas dentro de su categoría e incluso para aparecer en un espacio más grande, con una fuente más grande y un diseño más llamativo. Con el pasar de los años y la llegada de la impresión a color hasta llegó a haber páginas dedicadas a la publicidad de los comercios, que, por obvias razones, eran más atractivas a la vista de los lectores. Así se financiaba la constante impresión de estos directorios, que incluían en sí desde los servicios de un electricista hasta la dirección de un restaurante. ¿Qué sucedió con ‘Páginas Amarillas’? No es un misterio que conforme la tecnología iba evolucionando, fueron surgiendo otras formas más prácticas de consultar la información requerida. Con la llegada del internet al país andino, era más fácil buscar los números y direcciones de las empresas a través de sus propias páginas. Sin embargo, no todas las personas y emprendimientos contaban con acceso a la web. De esta manera, inició un proceso en el que cada vez era menos práctico recurrir a las ‘Páginas Amarillas’. Hoy nos resulta mucho más sencillo sacar el smartphone del bolsillo y escribir en nuestro navegador de preferencia lo que estamos buscando. Así el directorio fue dejándose de imprimir, hasta que el 22 de marzo del 2021 vio la luz la última edición impresa en la provincia de Teruel, Comunidad de Aragon, España. No obstante, lo que pocos deben saber es que ‘Páginas Amarillas’ no desapareció totalmente, sino que, ante el irreversible avance de la tecnología, decidió adaptarse a los nuevos tiempos, aunque ya no en papel. Actualmente, el directorio todavía se puede consultar a través de su página web paginasamarillas.com. Aquí, países como Argentina, Chile, Colombia o Perú, todavía pueden encontrar la información de distintas empresas y negocios... Aunque claro, ya nada es igual que antes.
Alguna vez la relación entre Venezuela y los EE.UU. trajo beneficios mutuos. Pero ahora el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump ha cambiado las reglas del juego y bajo el argumento de luchar “contra los carteles de la droga”, ha dejado en claro que ambiciona el petróleo venezolano e intentar quedarse con él. Lo dijo abiertamente hace poco, afirmando “que le fue robado a los EE.UU.” cuando ello no es cierto. Venga ya, aquí no se trata de defender al régimen criminal de Nicolás Maduro - que ha convertido a Venezuela en el más miserable de la región y una potencial amenaza para sus vecinos y por lo cual debe ser liquidado - pero esta situación no debe ser aprovechada por quienes pretenden hacerse del control de sus recursos, como el inquilino de la Casa Blanca repite sin cesar y se cree con derecho a ello. Mejor repasemos la historia y podremos descubrir que la relación entre ambos países era muy cercana y tenían objetivos comunes, a diferencia de ahora ¿Vale?: Era 1958 y el vicepresidente Richard Nixon temió por su vida. Una turba, indignada porque Estados Unidos había concedido asilo a un brutal dictador venezolano recién depuesto - Marcos Pérez Jiménez - había emboscado a su comitiva en la capital, Caracas, al grito de “¡Muerte a Nixon!”. La gente atacó los vehículos atrapados en el tráfico con puños, piedras, tuberías y tantos escupitajos que el conductor de Nixon encendió los limpiaparabrisas. “Por un instante, me di cuenta de que nos podían matar”, escribió Nixon más tarde. Tras varios minutos aterradores, los coches consiguieron alejarse a toda velocidad y el vicepresidente continuó con su visita. Pero en Washington, la Casa Blanca no corría riesgos: un portaaviones se dirigió a Venezuela en caso de que Nixon necesitara ser rescatado. Ello no fue necesario. Nixon abandonó Venezuela al día siguiente sin incidentes. (Horrorizados por la revuelta, los funcionarios venezolanos suplicaron a Nixon que no acortara su viaje y desplegaron soldados para asegurar su ruta de salida). Y aunque la crisis de mayo de 1958 en Caracas empañó la gira de buena voluntad de Nixon por Latinoamérica, tuvo un efecto extrañamente positivo en las relaciones de Estados Unidos con Venezuela. Venezuela iniciaba una transición hacia la democracia. Culpando de la emboscada a agitadores comunistas y a la debilidad del incipiente gobierno, Nixon calificó el episodio como “un tratamiento de choque muy necesario que nos sacudió de una peligrosa complacencia” y enfocó la atención de Washington en el país. Así comenzó una alianza entre Estados Unidos y Venezuela que duraría cuatro décadas, hasta que un dramático cambio político en Caracas la interrumpió hace unos 25 años. Ahora, con el presidente Trump concentrando fuerzas militares en la región y amenazando con atacar Venezuela si el sátrapa chavista no abandona el poder, los otrora amigos podrían estar al borde de una guerra total, lo que cerraría el círculo de su relación. “Hubo un tremendo alineamiento” entre Estados Unidos y Venezuela durante el siglo XX, dijo Brian Fonseca, profesor adjunto de la Universidad Internacional de Florida y experto en Venezuela. Esa relación, dijo Fonseca, tenía sus raíces en la competencia de Estados Unidos con Rusia durante la Guerra Fría y en las vastas reservas de petróleo de Venezuela. A medida que el nuevo gobierno de Venezuela se afianzaba, se convirtió rápidamente en el socio ideal de Estados Unidos: estable, democrático e inundado de petróleo. También era firmemente anticomunista, lo que resultó especialmente atractivo en los años posteriores al triunfo de la revolución de Fidel Castro en Cuba en 1959. En 1963, el presidente John F. Kennedy, recién salido del enfrentamiento con La Habana en la crisis de los misiles en Cuba, ofrecería una cena de Estado al presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, a quien calificó como “el mejor amigo de Estados Unidos” en Sudamérica. Washington no tardó en vender armas a Caracas mientras las empresas energéticas estadounidenses extraían petróleo venezolano. A veces, ambas cosas iban unidas: cuando el presidente Nixon consideró la venta de aviones F-4 Phantom II al país en 1971; un asesor de la Casa Blanca le advirtió que la decisión podría afectar la legislación en el Congreso de Venezuela, lo cual “podría afectar negativamente a los intereses petroleros de Estados Unidos”. Nixon acabó vendiendo a Venezuela un avión aún más avanzado, pero los intereses petroleros estadounidenses sufrieron a pesar de todo cuando Caracas nacionalizó su industria petrolera unos años más tarde. Sin embargo, la reacción estadounidense fue moderada. Venezuela fue uno de los muchos países en desarrollo que nacionalizaron sus recursos en aquella época, y Caracas pagó a las compañías petroleras estadounidenses más de mil millones de dólares en compensación (No los robo como lo ahora proclama Trump para justificar su inminente invasión y quedarse con el petróleo venezolano, como el mismo lo dijo abiertamente). Además, a Estados Unidos le interesaba mantener buenas relaciones con un miembro clave del cártel petrolero de la OPEP como Venezuela. Y todavía había que preocuparse por los rusos. El presidente Ronald Reagan elogió públicamente a Caracas como una “inspiración para el hemisferio” democrático en un momento en el que luchaba contra los movimientos comunistas de la región, una causa que el gobierno de Venezuela apoyaba, especialmente en El Salvador. Reagan recompensó el respaldo con la venta en 1981 de 24 aviones de combate F-16 a Venezuela, por el equivalente a unos 1750 millones de dólares del 2025. Fue la venta de armas estadounidense más importante a la región en más de una década. La retórica estadounidense sobre la democracia modelo de Venezuela a menudo pasaba por alto los numerosos defectos políticos y económicos del país, señaló Fonseca, en nombre de intereses estratégicos. “A los estadounidenses les preocupaban mucho menos cuestiones como la corrupción y los derechos humanos, y mucho más la afinidad política”. El interés de Estados Unidos se desvió de América Latina tras el derrocamiento de la dictadura comunista y el colapso de la Unión Soviética en 1991. Entretanto, Venezuela siguió siendo un proveedor crucial de petróleo, tras haber permitido discretamente que empresas privadas, incluidas grandes compañías estadounidenses, firmaran lucrativos acuerdos de explotación y reparto de beneficios. A finales de la década de 1990, Venezuela había superado a Arabia Saudita como principal proveedor de petróleo de Estados Unidos. Pero pocos en Washington siguieron de cerca el ascenso de un demagogo de izquierda llamado Hugo Chávez, quien ganó las elecciones presidenciales de Venezuela en diciembre de 1998. Chávez, un incendiario que emulaba a Castro, aprovechó la ira popular contra la corrupción y la pobreza rampantes, que persistían a pesar de los enormes recursos petrolíferos del país, y prometió importantes reformas constitucionales y económicas. Estados Unidos reaccionó con cautela al principio, y esperaba que Chávez se suavizara una vez en el poder. Incluso, Bill Clinton lo recibió en la Casa Blanca a principios de 1999, donde Chávez aseguró a los funcionarios “que quería mantener buenas relaciones y dio a entender que no tenía planes radicales” .... Todo era mentira. Pero un intento de derrocar al tirano en abril del 2002 lo cambió todo para siempre, ya que lo obligo a quitarse la careta y mostrarse como el monstruo que era. Mientras el déspota venezolano seguía adelante con su aberrante programa político de izquierda, una alianza de políticos, generales y empresarios lo detuvo en medio de protestas callejeras masivas contra su corrupto régimen. Recluido en un cuartel, se salvó de ser fusilado inmediatamente ante la negativa de los soldados que lo capturaron de ajusticiarlo. Entretanto, el golpe fracasó luego de que una multitud aún mayor se congregara para exigir el regreso de Chávez, y este fue restituido a los dos días. Volvió con saña y odio descontrolado, reprimiendo violentamente a sus rivales políticos y transformando su “democracia” en un Estado abiertamente autoritario. Además, Chávez dirigió su ira contra Estados Unidos, y acusó al gobierno de George W. Bush de intentar derrocarlo. Los funcionarios de la Casa Blanca negaron la acusación, pero los documentos desclasificados en el 2004 revelaron que los funcionarios estadounidenses estaban al tanto del complot con antelación. (Los documentos también mostraban que los estadounidenses advirtieron a los líderes de la oposición contra la destitución de Chávez por medios inconstitucionales). A partir de ese momento, Bush se convertiría en un rival muy útil para Chávez, sobre todo porque enfureció a gran parte del mundo con su invasión de Irak en el 2003 y su despiadada persecución de terroristas. Chávez atacó al presidente estadounidense con fruición, incluso durante su infame discurso del 2006 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, pronunciado desde el mismo atril en el que Bush había hablado un día antes. “Ayer estuvo el diablo aquí. En este mismo lugar, huele a azufre todavía”, dijo Chávez a los delegados reunidos. Al año siguiente, el gobierno chavista reafirmó el control estatal sobre la industria petrolera de Venezuela al hacer retroceder los pasos previos del país hacia la privatización y obligar a las empresas extranjeras a aceptar participaciones minoritarias en nuevas empresas conjuntas dominadas por la petrolera estatal. Cuando los gigantes petroleros estadounidenses Exxon Mobil y ConocoPhillips se negaron, Chávez confiscó sus activos. Las medidas de Chávez fueron políticamente populares en su país y contribuyeron a afianzar su poder. Tras su muerte en marzo del 2013, su protegido, Maduro, continuó con sus políticas, preparando el terreno para años de creciente aislamiento y castigo por parte de Estados Unidos. En respuesta, Venezuela se ha vuelto cada vez más dependiente de algunos de los principales rivales de Estados Unidos, como Rusia y China, así como de Cuba. La tensión está llegando a un punto álgido bajo el mandato de Trump, quien afirma que el papel de Venezuela en la migración y el contrabando de drogas hacia Estados Unidos la ha convertido en una amenaza para la seguridad nacional que justifica el uso de la fuerza militar. Algunos de los principales asesores de Trump, incluido el secretario de Estado Marco Rubio, están presionando para que Maduro sea destituido como una forma de aumentar la presión sobre el régimen comunista de Cuba. Hace varios meses, Trump desplegó un portaaviones en aguas del Caribe cerca de Venezuela, posicionándolo para un posible ataque militar. El movimiento se produjo luego de unos 50 años de que el presidente Dwight Eisenhower hiciera lo mismo, para la potencial misión de rescate de Nixon, la cual resultó innecesaria. La gran pregunta ahora es si el resultado será tan tranquilo esta vez. Trump no se va a detener en sus planes de acabar con ese régimen asesino y de paso, hacerse con el control de sus vastos recursos petrolíferos, tal como hicieron en Irak ... Vamos, las cosas como son.
Lo que empezó como un ballet incomprendido en Rusia hoy es una de las tradiciones más queridas de la Navidad. En el Perú, “Cascanueces” late con la misma fuerza que en el resto del mundo. En efecto, hay sonidos que anuncian la llegada de diciembre incluso antes de mirar el calendario. Uno de ellos es la ‘suite’ de “Cascanueces”, esa melodía que parece hecha de cristal y nieve, capaz de transformar cualquier rincón de la ciudad en un escenario encantado. En Lima, desde las primeras semanas del mes, este clásico regresa a casa como refugio para la magia de la Navidad (al menos, por unas semanas). Remontándonos en el tiempo, la historia de “Cascanueces” dista mucho de ser tan luminosa como el telón que se abre cada fin de año en diversos teatros del mundo. La obra que hoy es un fenómeno global, un ritual familiar y un punto de encuentro intergeneracional, estuvo a punto de no existir. Ni siquiera contó, en su nacimiento, con el entusiasmo de su propio compositor. Lo que ahora se celebra con devoción en el Perú y en el mundo, nació de dudas, objeciones y un recibimiento frío incluso estando en el país más grande del mundo como es Rusia. Quizá ahí reside parte de su encanto: “Cascanueces” es un milagro artístico, una historia que, contra todo pronóstico, se convirtió en un símbolo universal que prevalece en el tiempo a punta de A finales del siglo XIX, el coreógrafo Marius Petipa decidió transformar el cuento “El cascanueces y el rey de los ratones” de E. T. A. Hoffmann en un ballet. La versión literaria era oscura y extraña. Para hacerla más amable, Petipa tomó como referencia una adaptación más ligera de Alexandre Dumas. Aun así, la idea no convenció del todo a Tchaikovsky. El compositor, aún marcado por la muerte de su hermana y abrumado por el reciente éxito de “La bella durmiente”, aceptó el encargo sin entusiasmo. Se dice que le parecía una historia frágil y demasiado infantil para convertirse en una obra monumental. Pero ese no fue el único obstáculo: Petipa enfermó y dejó el proyecto en manos de Lev Ivanov, su asistente, quien terminó de dar forma a la pieza que pasaría a la historia. Cuando “Cascanueces” se estrenó en San Petersburgo en 1892, la recepción fue tibia: las críticas consideraron que la trama era confusa. A los bailarines les resultó extraño que el protagonismo recayera más en los niños que en los solistas adultos, y se dice que incluso la prensa señaló que la partitura, hoy celebrada por su belleza, era excesiva para una historia tan simple. Nadie imaginó que ese mismo ballet terminaría dominando las temporadas navideñas del mundo. Fue recién en los años cincuenta del siglo pasado que llegaría la gloria. Las compañías estadounidenses la adaptaron y la llevaron de gira, de la mano del reconocido coreógrafo George Balanchine. El resto es historia: “Cascanueces” se convirtió en un ritual global que, cada diciembre, miles de familias incluyen en su calendario de fin de año. Como toda gran obra, “Cascanueces” está rodeada de pequeños secretos. Para la pieza “Danza del Hada de Azúcar”, por ejemplo, el compositor usó un instrumento poco conocido entonces, la celesta, cuyo sonido cristalino era perfecto para crear un ambiente sobrenatural. Tchaikovsky, temeroso de que otros compositores lo copiaran, lo mantuvo oculto hasta el estreno. Otro detalle importante es que la protagonista a veces no se llama Clara, sino Marie, dependiendo de la tradición nacional que se siga. Asimismo, el rol del Cascanueces (hoy uno de los más esperados) es originalmente más breve en la versión rusa, seguida por la versión estadounidense. En el Perú, “Cascanueces” llegó para quedarse hace más de tres décadas. Específicamente, con el Ballet Municipal de Lima ya son 38 años de puestas continuas: tiempo en el que la tradición se ha consolidado hasta volverse un ritual familiar. No es raro que padres que lo vieron de niños regresen ahora con sus propios hijos; o que abuelos acompañen a nietos que, quizá, viven su primera experiencia en el ballet. “En el Perú ya es una tradición navideña, así como en el resto del mundo”, recuerda Patricia Cano, fundadora del Ballet Municipal de Lima. “‘Cascanueces’ da la bienvenida a la Navidad. Hay familias que ya tienen como plan venir a verlo incluso el mismo día de la Navidad, en una pausa entre la prisa por los regalos, la cena y las preocupaciones de la vida misma”, añade la otrora primera bailarina. El vínculo del público peruano con este ballet tiene que ver con la nostalgia y con la fuerza del trabajo artístico local. Elencos como el Ballet Municipal, el Ballet Nacional del Perú y compañías independientes han logrado, año tras año, mantener viva la magia, incluso en escenarios cambiantes. Patricia Cano lo sabe mejor que nadie. Durante años interpretó a la Hada Confite —el rol más delicado y emblemático del ballet navideño— cada 25 de diciembre. “Siempre me tocaba interpretarla en la función de Navidad, lo que lo hacía aún más mágico. Ahora, como maestra, lo más lindo es poder volcar mi experiencia en las chicas de la compañía… Ponemos magia en cada interpretación, y eso es lo que nos hace conectar con más de una generación”, precisa. Para Viviana Gutiérrez Tagle, primera bailarina del Municipal e intérprete de la Hada Confite, esta Navidad es especial. Es su última temporada en “Cascanueces” después de años de dedicación. “Lo más lindo es ver el teatro lleno, que la gente se emocione tanto que reserve entradas desde que salen a la venta. Esa es nuestra vitamina”, confiesa. Desde noviembre, los ensayos son intensos y las funciones se extienden hasta fin de año. “Volver al escenario cada Navidad era mágico. Esta es mi última temporada, y la atesoraré en mi corazón por siempre”, reflexiona emocionada. En Surco, donde se presentó una de las versiones más esperadas (a fines de noviembre e inicios de diciembre), Rosie Schottland, directora del montaje, la describe como una experiencia que va más allá del espectáculo: “Más que una tradición, se ha convertido en un puente cultural que une generaciones y países. Conecta a niños, jóvenes y adultos en un universo imaginario lleno de esperanza”. Para ella, la clave está en la enseñanza. “Ese amor por lo que hago, unido a la paciencia y la dedicación, es lo que permite construir la armonía escénica. Solo así el espectador puede sentir que está presenciando un sueño hecho movimiento”, dice. Del lado del Ballet Nacional del Perú, los bailarines principales viven la temporada con la intensidad de una maratón artística. Ariam León, bailarín principal y Príncipe del Azúcar en la adaptación de Rosie Schottland, lo resume así: “‘Cascanueces’ es mucho más que un ballet; es un ritual cultural que une a generaciones enteras”. Para él, la obra representa ese instante del año en el que la fantasía se vuelve posible. “Es una obra muy exigente físicamente, pero también demanda frescura, magia y una interpretación honesta”, indica. En tanto, Luis García, intérprete del Cascanueces en la adaptación del Ballet Nacional del Perú, enfrento la temporada con un sentido profundo de responsabilidad. “La gente viene con recuerdos, expectativas y con la ilusión de vivir otra vez esa magia. Mi trabajo es lograr que en cada función se sienta viva, especial y auténtica”, preciso. Desde la dirección artística del Ballet Nacional, Grace Cobián observa no solo el impacto artístico, sino también el social de esta historia navideña. “Demuestra el crecimiento de la compañía y su conexión con el público”, afirma. “Miles de personas siguieron nuestras redes y agotaron las entradas. Eso confirma que el ballet no es elitista ni lejano: les pertenece a todos y crea memorias colectivas”, concluye. Al final, “Cascanueces” es un fenómeno difícil de explicar con lógica. Es disciplina, técnica y exigencia, sí; pero también emoción, memoria, símbolo. Es un ballet que nació frágil y se volvió gigante. Un ballet que no pretendía ser eterno y terminó abrazando al mundo. En el Perú, el sueño de Clara también se mantiene intacto con las melodías de Tchaikovsky, bailes inolvidables y la nieve que cae, aún en pleno verano.