Su nombre deriva del idioma quechua que significa “cabe en el centro”, en referencia a su ubicación entre las montañas de Huascarán y Contrahierbas. Localizada en la región de Ancash, provincia de Yungay, a una altitud de 6354 msnm., se trata de la quinta montaña más alta del Perú, también considerada como el tercer pico del Macizo del Huascarán, y es uno de los ascensos más retadores para los andinistas. Al ubicarse en el corazón de la Cordillera Blanca, su cima nos muestra una vista panorámica exclusiva, ofreciéndonos una espléndida vista de los lagos turquesa de Llanganuco. La primera ascención del Chopicalqui se realizó en 1932. La expedición del DAV (Deutscher Alpenverein) a Cordillera Blanca, dirigida por Philip Borchers (DE). Tras fracasar en el Champará y Contrahierbas, y realizar la primera ascensión del Huascarán Sur, Borchers (DE), H. Hoerlin (DE), E. Schneider (DE) y E. Hein (DE), alcanzaron la cumbre del Chopicalqui, siguiendo la arista suroeste, el 3 de agosto. En días posteriores se realizarían varias primeras ascensiones, entre ellas el Artesonraju y Huandoy Norte. Para llegar al nevado, hay que iniciar el recorrido desde Huaraz, para realizar una aclimatación en la Laguna de Churup a 4.450 m.s.n.m. siguiendo el recorrido debe dirigirse hacia el norte del Callejón de Huaylas, hasta la ciudad de Yungay y ascender a la Quebrada Llanganuco, pasando por las lagunas Chinancocha y Orconcocha. Son dos espejos turquesa rodeados de paredes verticales. Desde sus orillas se observa perfectamente la cara de la montaña. Por cierto, su reflejo es uno de los paisajes más buscados por viajeros y fotógrafos. Luego, hay que dirigirse hacia el portachuelo de Llanganuco y terminar hasta el campo base de Chopicalqui a 4.350 m.s.n.m. para empezar la ascensión hacia la cumbre. El transcurso hacia el glaciar es bien pesado y se encuentra señalado por hitos de piedra, ya que el ascenso es peligroso, porque se desploman rocas desde encima de la pared, por lo que se recomienda pasar esos puntos velozmente, sin agruparse y con casco. Lamentablemente, al igual que muchos otros picos de la Cordillera Blanca, el Nevado Chopicalqui ha experimentado un retroceso significativo de sus glaciares en las últimas décadas debido al cambio climático. Este fenómeno ha cambiado el paisaje de la montaña y ha planteado nuevos desafíos para los alpinistas que buscan conquistar sus cumbres. La evidencia del impacto del cambio climático es visible en cada grieta y serac del glaciar. Por ese motivo, ante la creciente amenaza del cambio climático, es más importante que nunca practicar el turismo responsable y apoyar la conservación de los ecosistemas frágiles de la Cordillera Blanca. Esto incluye seguir las regulaciones locales, respetar el entorno natural y contribuir a iniciativas de conservación que ayuden a proteger estos paisajes para las generaciones futuras. En resumen, el Nevado Chopicalqui es mucho más que una montaña; es un símbolo de la grandeza y la fragilidad de la naturaleza, así como un desafío para los espíritus aventureros. Con su impresionante belleza y su rica historia, esta maravilla natural continúa cautivando y asombrando a todos aquellos que tienen el privilegio de explorarla, recordándonos la importancia de preservar y proteger estos preciosos paisajes montañosos para las generaciones venideras.