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sábado, 1 de octubre de 2016

SENDERO LUMINOSO: Sombras nada más

En lo que puede considerar como un operativo psicosocial propio de la dictadura fujimorista, en estos días los peruanos están siendo testigos de nauseabundo espectáculo montado por la mafia de la mano con la prensa basura, con el objetivo de desviar la atención pública de temas realmente importantes como la lucha contra la corrupción, los intentos del fujimorismo de expedir leyes con nombre propio aprovechando su mayoría en el Congreso, tratando de evitar por ejemplo que se debata públicamente el Tratado Transpacífico (TPP) lesivo a los intereses del Perú o de que se siga hablando de las profundas conexiones de Keiko Fujimori con el narcotráfico, y que mejor manera de hacerlo que revivir fantasmas del pasado, como Sendero Luminoso, que hoy virtualmente no existe y cuyos rezagos sobreviven dispersos en la selva del VRAE dedicados al narcotráfico, donde son combatidos tanto por el ejercito como por la policía. No es de extrañar que esos mismos medios y pseudoperiodistas que se vendieron vilmente a la dictadura sean los mismos que hoy dedican vomitivos reportajes (como el que mostramos al final de la nota) tratando de asustar a los incautos con el cuento de que el terrorismo ‘esta de vuelta’ cuando no hay nada de cierto en ello. Al respecto Gustavo Gorriti, quien es un profundo conocedor del tema, escribió esta semana un interesante articulo que he decidido reproducirlo - entrecomillado claro está - y con el cual mayormente estoy de acuerdo ¿vale?: “El pasado12 de septiembre se cumplieron 24 años de la captura de Abimael Guzmán, el líder supremo de Sendero Luminoso. Fue la estocada fulgurante con la que un grupo pequeño y eficaz de policías, el GEIN, cambió en un momento la suerte de la guerra y convirtió un erosivo y sangriento empate estratégico en la brusca realidad de victoria. Lo que es la vida. Abimael Guzmán recibió la fecha en la prisión de alta seguridad de la Base Naval del Callao. Su esposa, Elena Iparraguirre, número dos de la organización senderista en el momento de la captura, la pasó en el penal de Piedras Gordas. El creador y jefe del GEIN, el coronel en retiro de la Policía Benedicto Jiménez, estaba cerca, preso también - por otras circunstancias - en el mismo penal de Piedras Gordas. Asimismo, los cobardes que sin haber jugado ningún papel en la captura del líder senderista, pero que pretendieron aprovecharse de ello para detentar el poder dictatorial - Kenyo Fujimori y su siniestro asesor, Vladimiro Montesinos - también pasaron la fecha recluidos en las cárceles que los alojan desde hace ya varios años: Montesinos en la Base Naval del Callao (a pocos metros de Guzmán); y Fujimori en la cárcel unipersonal que le adaptaron en la base de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (DIROES). Protagonistas de la época más oscura de este país, el destino se encargó de colocar a cada uno en su lugar. Así es el Perú, inagotablemente paradojal y claramente no kantiano. La historia de los años trágicos de la insurrección senderista y del momento decisivo de la victoria debe componerse - literalmente encarcelada - entre las rejas. Creemos saber que cuanto más inesperada sea una parábola, más rica y variada será su moraleja. Pero si ese fuera el caso, Perú debería tener una de las clases dirigentes más sofisticadas del mundo, surfista virtuosa de la sorpresa, a la que no hay ola histórica o corriente del día que sorprenda y que no se pueda aprovechar. Pero, y mejor decirlo sumariamente, es una de las clases dirigentes más superficiales, histéricas y brutas cuando se la compara con su circunstancia. ¿Cómo una realidad tan rica puede producir una panda de impresentables - mediocres en grado sumo - tan entupida y de mente muy estrecha? Hace 24 años, el destino, encarnado en el GEIN, le dio al país una victoria inesperada. Para Abimael Guzmán y sus seguidores, su captura no solo significó la derrota de la insurrección senderista (dado el papel virtualmente religioso que le conferían sus huestes al líder, a quien, entre otras cosas, llamaron el Puka Inti, el Sol Rojo), sino de la Revolución Mundial, de la que ellos, los senderistas, se consideraban ‘portaestandartes’. Sin Guzmán, concluyeron, ni la una ni la otra eran posibles. Las leyes de la dialéctica quedaban, si no derogadas, sumidas en una indefinida latencia estratégica. Por ese peculiar razonamiento, Abimael Guzmán entró en conversaciones con Vladimiro Montesinos pocos meses después de su captura. El entonces muy poderoso ‘asesor’ de Fujimori le regaló una torta de chocolate, canciones de Frank Sinatra y comodidades penitenciarias temporales. A cambio, Guzmán, rodeado por su encarcelado Estado Mayor, leyó una carta en la que virtualmente reconocía su derrota y pedía desarrollar conversaciones de paz. La carta fue utilizada propagandisticamente para afianzar el régimen criminal de Fujimori. Luego de eso, las conversaciones terminaron y los presos regresaron a sus celdas en las que casi un cuarto de siglo se les acumuló en las espaldas. En esa larga marcha al campo geriátrico, Sendero mantuvo una cierta consistencia organizativa pese a su radical cambio de línea. En los Gobiernos democráticos a partir del año 2000 pidieron discutir lo que ellos llamaron “problemas derivados de la guerra”, que una vez despojados del eslogan significaban algunas mejoras del rigor penal para sus líderes y la posibilidad de participar en la vida política del país. Lo inteligente para el Estado peruano - que tenía casi todas las bazas en la mano - hubiera sido exigir a los líderes senderistas la declaración explícita de derrota y la consecuente, igualmente explícita, rendición; la petición de perdón a sus miles de víctimas; la renuncia perpetua a la vía de las armas; y la declaración de lealtad, también perpetua, a la democracia. En contrapartida, podría haber mejora en las condiciones penales de los líderes condenados a prisión de por vida; y la participación, justificadamente vigilada por los servicios de seguridad, en la legalidad política. Esto hubiera significado riesgos menores a cambio del objetivo mayor: la paz. La paz es muy diferente a la sensación de tregua prolongada, de crispación y sospecha que existe ahora. ¿Por qué no se dio entonces, por qué no se da ahora? Por las respuestas estridentes en contra, sobre todo de la clase dirigente descrita líneas arriba, para los cuales la única acción posible es cerrar la reja y tirar la llave al pozo. El último capítulo de histeria recurrente fue cuando la fiscal que logró la cadena perpetua contra Guzmán entregó a sus deudos los restos de senderistas muertos en un motín carcelario, sangrientamente debelado por Alan García, en junio de 1986, conocida como la masacre de El Frontón. El pequeño cortejo de familiares y simpatizantes senderistas los llevó a un cementerio apartado en una zona marginal de Lima, en un conjunto cerrado de nichos que varios medios de prensa llamaron pomposamente ‘mausoleo’ (?), y los enterraron con algunos cantos y antorchas, ninguno de los cuales proclamaba la violencia. Eso sucedió en junio, pero un vídeo de inteligencia sospechosamente se filtró en septiembre (el mismo día en que se organizo una marcha contra la decisión de reducir el sueldo mínimo a los trabajadores, por presión de los empresarios, una medida que tiene tanto el apoyo del gobierno como del fujimorismo) por lo que se puede deducir perfectamente que la publicación de dicho entierro por un inmundo pasquín de la mafia, tenia el propósito de acallar las protestas. Como era de esperar, la grita se desató y todos los funcionarios de este gobierno de mediocres, entrevistados por la prensa basura compitieron histéricamente entre sí para ver quién sonaba más rudo e implacable. Hasta el mismo Kuczynski, desubicado como siempre y que acababa de retornar de China, donde rindió repetido homenaje al Gobierno y su partido (que, si no me equivoco, sigue llamándose el Partido Comunista), declaró que el mausoleo “debía desaparecer”, aunque dijo que antes los cadáveres deben ser retirados “con mucho respeto”. La declaración de Kuczynski fue hecha, paradójicamente, poco antes de viajar a Colombia para acompañar al presidente Santos en la firma del acuerdo de paz con la guerrilla de la FARC, que se firmó esta semana. Ahí, Santos le pudo contar que es mucho más difícil y también más valeroso, hacer la paz que la guerra, incluso cuando aquella corona la victoria” puntualiza la nota. Un acuerdo que por cierto - agrego yo - ha despertado los odios mas profundos de una derecha retrograda y cavernaria en el continente, que ve con horror como mediante el dialogo se pueden llegar a soluciones satisfactorias para todos, menos para los traficantes de armas y aquellos que ya no van a poder seguir viviendo del cuento. En el caso del Perú, la rabia desbocada de la mafia homicida ha quedado patente con el papelón protagonizado por Rafael Rey a quien le enrostraron como Fujimori vendió armas a la FARC ¿No decían que no negociaban con ‘terroristas’?. En relación con Sendero ¿no se dan cuenta que con esa campaña mediática en los medios le están haciendo un gran favor a quienes son una sombra de lo que fueron? Venga ya, nadie en su sano juicio puede defender o siquiera justificar lo realizado por ese grupo criminal en los llamados años del horror, pero sobredimensionar su presencia en estos tiempos para intentar sacar réditos políticos es francamente repugnante :(
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