Luego de quince años de campañas y una colección de humillantes derrotas que habrían retirado a cualquier otro político de la vida pública - como sucede en Europa, donde sería algo inconcebible que alguien con un ‘récord’ semejante de fracasos continuase al frente de una organización política - Keiko Fujimori está a las puertas de Palacio de Gobierno. En efecto, la hija del ex dictador Kenyo Fujimori, que durante años por el estigma que carga consigo - a pesar de que no puede ser considerada culpable por lo que hizo su progenitor - parecía estar condenada a quedarse a un paso del poder, ha remontado en la noche del miércoles en una de las elecciones más inciertas de la historia reciente del país andino y recuperado el primer lugar gracias a los votos de los peruanos en el exterior. Si la tendencia se mantiene, la cabecilla de Fuerza Popular podría convertirse en la primera presidenta elegida en las urnas (a diferencia de Dina Boluarte, que fue vicepresidenta del golpista Pedro Castillo, y que asumió la Primera Magistratura de la Nación tras la vacancia de este). El recuento de votos, por cierto, es una vez más, una larga espera. En las primeras horas del miércoles, el izquierdista radical Roberto Sánchez conservaba una ventaja de 30.000 votos. Pero con las horas se estancó y la heredera de la mafia logró superarlo en la noche por un puñado de votos. Al 98.327% de actas procesadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), de este sábado, lleva 50,012%, mientras que Sánchez se ha quedado en 49.988%. Donde la diferencia a favor de Fujimori es de unos 4.000 votos. Cabe precisar que la ‘recuperación’ de la Señora K está envuelta en la misma atmósfera de sospecha que acompaña a las elecciones peruanas desde hace años. Mientras algunos estadísticos sostuvieron que las actas pendientes podían revertir la ventaja inicial que tenía Sánchez, por lo que una parte importante de la ciudadanía mira ese escenario con gran desconfianza. El recuerdo del fraude electoral del año 2000, ocurrido durante el régimen dictatorial de Fujimori para intentar eternizarse en el Poder, todavía sobrevuela la política peruana. La memoria reciente tampoco ayuda: en los últimos procesos electorales, Keiko Fujimori cuestionó los resultados oficiales y denunció un fraude que nunca llegó a demostrar. A diferencia de otras elecciones, esta vez el factor decisivo ha estado fuera de las fronteras del país, donde los votos - afirman sus adversarios – “habrían sido manipulados para favorecer a Fujimori”, Ello debido a que sospechosamente ad portas del ballotage, los embajadores de los países que tienen la mayor concentración de peruanos en el extranjero - EE.UU. España y Argentina - fueron separados sorpresivamente de sus cargos y reemplazados por quienes tienen reconocidas simpatías por el fujimorismo. Como podéis imaginar, debido a esta maniobra, el voto de los peruanos residentes en el extranjero, habría alterado el tablero electoral, colocando a Fujimori en el primer lugar, al menos hasta ahora. En Estados Unidos, que concentra el 30% de los inmigrantes nacionales, Fujimori arrasó con el 76,5%. En España, el segundo destino de los migrantes peruanos, obtuvo el 60,1%. Lo mismo podría suceder en Argentina, otro gran foco de migrantes peruanos: por ahora, el 61,3% votó por la candidata de la derecha. Ahora con todos los votos contabilizados, queda un último capítulo: el de las actas observadas, esos expedientes que suelen prolongar la incertidumbre. Las autoridades electorales ya han advertido que su revisión será un proceso lento y complejo, por lo que la proclamación del próximo presidente podría postergarse hasta mediados de julio, hasta pocos días antes del 28 de ese mes, donde el ganador de los comicios debe asumir el cargo - se espera - hasta el 2031, ya que, cualquiera de los dos aspirantes, Fujimori y Sánchez, tienen credenciales nada democráticas, por lo que todo se puede esperar. Hasta el momento, hay 1.552 actas observadas, equivalentes al 1,7% del total. En una elección decidida por unos miles de votos, ese pequeño porcentaje tiene al país entero mirando el conteo con la ansiedad de quien espera un veredicto. Durante la jornada, la Señora K apareció en la puerta de su casa para enviar un mensaje a su rival. Le pidió a Sánchez que cumpliera su promesa de respetar el resultado final, cualquiera que este sea. “Yo creo que el señor Roberto Sánchez ha dicho que va a respetar los resultados finales y a esa declaración me remito. Hay que actuar con mucha cautela y responsabilidad. Lo importante es lo que señalen las actas. Dato mata relato”, declaró. Sus palabras, sin embargo, despertaron una oleada de comentarios adversos en las redes sociales. Muchos usuarios recordaron que, en las elecciones del 2021, Fuerza Popular impulsó una estrategia legal para anular cerca de 200.000 votos en las regiones andinas donde Pedro Castillo obtuvo una amplia ventaja, fracasando en su intento. Roberto Sánchez, por su parte, ha elevado las tensiones. Aunque en un primer momento dejó entrever que desistiría de la protesta si el escrutinio le era adverso, luego reivindicó el derecho de sus seguidores a movilizarse. Precisamente, portavoces de Juntos por el Perú realizaran una marcha nacional este sábado por el centro de Lima, que culminará en la plaza San Martín, el escenario habitual de las grandes manifestaciones limeñas para protestar- alegan los organizadores - “por el fraude que se estaría montando en el JNE para favorecer a Fujimori”. “Es un derecho constitucional la defensa de una victoria popular y del voto. Fue una autoconvocatoria, la gente tiene derecho. La democracia se defiende”, afirmó. Sánchez también denunció que simpatizantes de su partido, que habían instalado carpas frente a la sede del Jurado Nacional de Elecciones para defender la victoria del pueblo, fueron desalojados por la fuerza por parte del alcalde distrital, de las filas de López Aliaga, a cuyos seguidores, por el contrario, no expulso del lugar cuando estuvieron durante días reclamando por un “fraude” inexistente. Al respecto, el historiador José Ragas ha expresado sus dudas sobre el talante democrático de la cabecilla fujimorista en una eventual victoria en su cuarto intento por ser presidenta. “¿Ustedes creen que, luego de postular cuatro veces durante quince años, ser la única presidenta de su partido, cambiar las reglas de juego a su antojo, copar instituciones, contar con el respaldo de buena parte de la élite y utilizar el capital político de su familia, Keiko Fujimori va a quedarse solo cinco años y entregar el poder en el 2031? No sean ingenuos”, escribió. La pregunta, más que una predicción, resume uno de los grandes temores del antifujimorismo. Como recordareis, su padre, quien luego de dar un autogolpe de Estado en 1992, instaurando una feroz dictadura, mediante una “interpretación autentica” de la Constitución se reeligió ilegalmente en dos ocasiones, y si no continúo haciéndolo de por vida - como era su propósito - fue por el escandalo desatado por la difusión de un vladivideo, que desnudo la putrefacción de su régimen criminal, provocando su huida del país y el colapso de la dictadura el año 2000. Hay muchos por ello que están convencidos por ello que la Señora K hará lo imposible para quedarse en el cargo más allá del 2031. Es lógico que, con todo el Poder que ya concentra en sus manos, no lo soltara de buenas a primeras. Pero en medio de esta turbulencia política, otro de los grandes protagonistas de la crisis peruana volvió a irrumpir en escena. La Comisión de Gracias Presidenciales rechazó el sexto pedido de indulto humanitario presentado por la defensa del golpista Pedro Castillo, encarcelado tras su fallido autogolpe del 2022, al considerar que no cumplía con los requisitos de admisibilidad establecidos por la norma. Sus abogados tendrán veinte días para subsanar las observaciones y volver a intentarlo, antes de que el encargado de la presidencia José María Balcázar entregue el poder a quien lo suceda el 28 de julio. Hasta el momento, Keiko Fujimori continúa ocupando el primer lugar, pero nadie se atreve a dar la elección por resuelta. La contienda se ha convertido en una carrera de resistencia en la que cada actualización modifica el ánimo de un país acostumbrado a los finales inciertos. Luego de tres derrotas y quince años de insistencia, para la hija de un dictador, la cuarta podría ser la vencida. Aun si en el último suspiro, es derrotada por Sánchez, ello no significara su retirada de la vida política. Por el contrario, seguiría como ahora desde el Congreso, intentando desestabilizar al nuevo Gobierno a través de un pacto que mantendrá en el Senado con López Aliaga y Nieto Montesinos. Pero si al final gana los comicios, sectores radicalizados han anunciado que rechazaran su posible triunfo y anuncian desde ya una serie de violentas protestas - como las ocurridas del sur del Perú en el 2023 tras la caída de Castillo, que dejaron más de 60 muertos - considerando “que les están robando las elecciones”. Incluso hay quienes ya están hablando en las redes sociales de que “las calles arderán en Lima” si se confirma la victoria de quien, de entrada, va a tener medio país en contra. En esas circunstancias, cualquier otro político haría un llamado a la conciliación entre peruanos, pero la polarización existente impediría que ello se llevase a cabo. Por lo visto, tiempos difíciles y turbulentos le esperan al Perú con Keiko Fujimori en el Poder, donde toda clase de protestas o manifestaciones serán sin duda aplastadas a sangre y fuego, que para ello los fujimoristas son expertos. No por gusto, la Señora K ha dicho que, de ganar, “va a seguir el legado de su padre”, cuyos oscuro legado aún resuena en la mente de los peruanos. De esta manera, el odio y la venganza tan largamente esperada por parte de la hija del autócrata (a quien de seguro tratará de “rehabilitar” póstumamente, levantándole monumentos y reescribiendo la historia) estará a la orden del día. En su rostro se refleja la maldad y si de algo estoy convencido, es que Keiko se va a vengar de todos y cada uno de los ataques que recibió durante tanto tiempo... Oscuros nubarrones se ciernen sobre el horizonte.