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sábado, 27 de junio de 2026

PERÚ: La herencia del odio

No cabe duda que America Latina está cambiando de rumbo, y los recientes resultados electorales en Colombia y Perú así lo demuestran. De esta manera, la ultraderecha más ramplona y siniestra aumenta su cuota de poder en la región. Quienes ya gobiernan esos países - o están en vías de hacerlo - tienen un común denominador: el odio a sus adversarios y a la vez, su absoluto sometimiento a los EE.UU., que mediante la infame ‘Doctrina Donroe’, impuesta por Donald Trump, quiere volver a tener controlado “su patio trasero” buscando frenar así la creciente influencia china en el continente. Washington ya tiene a 11 países en el bolsillo y su mirada esta puesta en el Brasil, donde en los próximos meses habrá elecciones generales, en la cual se presenta el hijo del encarcelado Jair Bolsonaro, que además es un asiduo visitante a la Casa Blanca. No sería de extrañar que EE.UU. también “influya” en los resultados de esos comicios como sucedió en Colombia y Perú, para que quien sea elegido sea el candidato de su preferencia. Por cierto, Venezuela - que acaba de sufrir un devastador terremoto - ya es su colonia tras la captura del dictador Nicolás Maduro a inicios de enero, con los chavistas que se rindieron sin luchar y que grotescamente siguen en sus cargos como almas en pena, sin poder alguno de decisión, ya que quien en realidad maneja ese país es el embajador estadounidense, donde nada se mueve sin su autorización. Y en cuanto a Cuba, al borde del colapso y aislada internacionalmente, su caída ocurrirá en las próximas semanas, una vez que el inquilino de la Casa Blanca - tras su capitulación ante Irán - tenga las manos libres para ir a por la isla, tal como el mismo ha declarado reiteradas ocasiones. En relación al Perú, sin estridencias ni vocinglerías, el apoyo de Donald Trump a Keiko Fujimori se expresa de manera directa y enfática, a través de su impresentable ‘embajador’ Bernie Navarro, que más parece un activista político que un diplomático. Más allá de las evidentes afinidades ideológicas, está claro que, frente a la creciente presencia económica de China en América Latina, el país andino ocupa un lugar de gran importancia en los planes y designios estratégicos de la derecha republicana, con mayor razón cuando allí los chinos construyeron en tiempo récord el megapuerto de Chancay, que al estar en aguas profundas, “es ideal para ocultar una base para sus submarinos” según han denunciado sin fundamento alguno, diversos analistas y legisladores republicanos, exigiendo su cierre inmediato por considerarlo “una amenaza a la seguridad estadounidense”, y ahora creen que con Keiko, una vez que asuma el Gobierno el 28 de julio, podrá ser posible. Ante todo, cabe precisar que, en los Estados Unidos, el principal articulador del apoyo a la Señora K es Carlos Díaz-Rosillo, nacido en Miami, hijo de cubanos, y con un extenso recorrido en la derecha de su país, primero como asesor adjunto de Trump, luego como director de Políticas y de Coordinación Interinstitucional en la Casa Blanca y, finalmente, como subsecretario de Defensa en Seguridad Internacional dentro del Pentágono. Su experiencia y múltiples contactos lo convirtieron en un promotor clave en la aceitada articulación entre el mundo político, el académico y el empresarial, proyectándolo como una de las más relevantes figuras del trumpismo en el escenario latino de los Estados Unidos y, sobre todo, en las “usinas de pensamiento” que suelen dar contenido a las derechas y que suelen operar como unidades académicas cuando, mayormente, son laboratorios de propagación ideológica. Desde el 2020 Díaz-Rosillo ocupa un lugar central como fundador y presidente del Adam Smith Center for Economic Freedom, un think tank de creciente gravitación política, ubicado en Miami, enquistado dentro de la estructura de la Universidad Internacional de la Florida y que, bajo la fachada de “un centro académico de excelencia” prioriza, en cambio, la articulación creciente entre partidos, organizaciones y dirigentes de la derecha regional. El lugar ideal para formar, proteger y fortalecer a quien es la futura mandataria del Perú. Con apoyo del gobernador republicano Ron DeSantis, y sustento financiero del estado de la Florida, Keiko Fujmori puede sentirse cobijada por aquellas entidades que colaboran con el Centro Adam Smith, principalmente, el Centro Republicano Internacional, ligado a la dirección política del partido; la Red Atlas, conformada por institutos neoconservadores esparcidos por todo el mundo y, especialmente, por la Heritage Foundation, el centro de investigación que nutre los principales aspectos ideológicos y programáticos de la administración de Donald Trump. Si bien el gobierno de Florida ha tomado medidas para eliminar el adoctrinamiento de izquierda en las instituciones de educación superior de todo el Estado, el Centro Adam Smith mantiene sus privilegios y, en cambio, impulsa una educación claramente ideologizada desde una derecha neoliberal, conservadora y con claros rasgos populistas y autoritarios. Dentro del personal del Centro se encuentran algunas de las figuras más destacadas de la derecha latinoamericana de los últimos años. Se encuentran, por ejemplo, Iván Duque, el expresidente que atacó duramente las protestas sociales producidas en Colombia en el 2021; el venezolano Juan Guaidó, el autodenominado “presidente interino” que infructuosamente intentó desplazar del poder a Nicolás Maduro entre el 2019 y el 2023, ahora a cargo del “Laboratorio de Innovación para la Democracia”; así como también María Paula Romo, una tránsfuga de la izquierda ecuatoriana que devino en ministra del interior del felón Lenin Moreno y es la principal responsable de la sangrienta represión a las protestas del 2019, así como del pésimo manejo estatal de la pandemia en el 2020. Por cierto, no son los únicos gurúes de la derechización latinoamericana. Entre becarios “senior” y de “liderazgo”, investigadores y profesores, el cuerpo académico del Centro está conformado por varios referentes de la derecha de los últimos años que, seguramente, contribuyen a la formación ideológica de Keiko Fujimori, y que, gracias a sus incontables experiencias y anécdotas, le advierten a la todavía candidata sobre los riesgos de la democracia, las ventajas del libre mercado y las amenazas latentes de las protestas sociales en las siempre tambaleantes sociedades latinoamericanas. Rindiendo culto a la figura de Adam Smith, aunque promoviendo en todo momento un horizonte ideológico neoliberal, están los expresidentes de México, Felipe Calderón y Vicente Fox; de Ecuador, Guillermo Lasso y Lenin Moreno; de Colombia, Álvaro Uribe; y de Argentina, Mauricio Macri, junto con el ex secretario general de la OEA Luis Almagro. Asimismo, se encuentra la senadora argentina Patricia Bullrich, con un pasado político variado, aunque hoy referenciada en el partido oficialista de Javier Milei, junto con el ultraderechista chileno Axel Kaiser, y con María Luisa Jayem, exministra de Economía en el régimen del salvadoreño Nayib Bukele... Menudas joyitas. Pero una de las presencias más llamativas del Centro es, sin duda, la de Jeanine Añez como “Becaria Senior de Liderazgo”. La ex presidenta boliviana quien, por acusaciones vinculadas al golpe de Estado del 2019 contra el narcopedófilo Evo Morales, fue sentenciada a diez años de prisión, pero liberada tras la llegada al poder del conservador Rodrigo Paz en el 2025, está a cargo del seminario “Experiencia de un gobierno en contexto de ruptura democrática”. Pero más allá de sus seminarios y cursos, lo más destacado del Centro Adam Smith son las galas, homenajes y entregas de premios, momentos en los que se entremezclan líderes de la derecha global con políticos, empresarios, periodistas y figuras del jet set, generalmente convocados por la “defensa de la libertad” y por la “apertura económica” favoreciendo a los grandes grupos de poder, y en ocasiones especiales en las que, para poder asistir y formar parte del encuentro, el precio de los cubiertos suma varios miles de dólares. El fulgor de Miami ha relucido todavía más en aquellos eventos en los que han brillado desde Donald Trump hasta Lionel Messi, y desde Javier Milei a Mario Vargas Llosa. El impacto político es visible, con reconocimientos al expresidente Rodrigo Chávez y a los mandatarios Luis Abinader y Rodrigo Paz: a los dos primeros, por insertar a Costa Rica y a República Dominicana dentro del espacio trumpeano del “Escudo de las Américas”, en tanto que, al tercero, para blindarlo frente al fuerte asedio al que es sometido por indígenas y campesinos contrarios a su proyecto neoliberal. Aunque se recalca que los fondos públicos recibidos por el Centro “de ninguna manera son utilizados para las campañas políticas de los candidatos de derecha en América latina”, las dudas subsisten, más aún frente a la presencia mediática de sus principales referentes académicos. Pocos días atrás, el propio Díaz-Rosillo recibió acidas críticas desde el círculo de apoyo del candidato de izquierda Roberto Sánchez debido a su involucramiento directo en la campaña de Keiko Fujimori, como si se tratara de “un simple comentarista externo” de la contienda electoral en el Perú. Más allá de las críticas, resulta claro hoy que el Centro se encuentra en una etapa de plena expansión, a tal punto que, en los últimos dos años, se ha incrementado la rivalidad entre líderes y partidos por crear nuevas filiales ya en territorio latinoamericano. Si bien desde la dirección se desmintió que estaba todo encaminado para crear una base en Montevideo, las intenciones son firmes para quienes aseguran que otras capitales con posibilidades reales son Buenos Aires y Santo Domingo. Sin embargo, y debido a la evidente cercanía entre Carlos Díaz-Rosillo y Keiko Fujimori, no sería extraño que la avanzada regional surja directamente desde Lima, una vez que la hija del dictador sea oficializada por los organismos electorales como presidenta “constitucional” ... vaya ironía. En tanto, las expectativas no son menores para quienes buscan frenar la expansión de China en Sudamérica. Un objetivo difícil, casi imposible, sobre todo si se toman en cuenta los intereses y las motivaciones de la clase empresarial peruana que, si por un lado busca abrazar a Keiko como personera de Washington, por el otro está más pendiente de cualquier nueva iniciativa surgida desde Beijing. Y es que las grandes inversiones realizadas por el gigante asiático en la región, hace que su influencia sea cada vez más fuerte, para desaliento de EE.UU. que busca neutralizarlo a como dé lugar, hasta el momento con escasos resultados. Ni el argentino Milei, a pesar de su abyecta cercanía con Trump, se ha atrevido a deshacer la relación de su país con los chinos, que viene desde la época de los Kirchner, y, por el contrario, pretende reforzarla. Brasil ni que se diga, tiene los lazos más fuertes con Beijing impulsadas por Lula. Mientras Perú le ha dado la bienvenida, posibilitando que China haya hecho grandes inversiones tanto en compañías mineras como en empresas de energía eléctrica que abastecen a Lima, aparte claro está, del citado megapuerto de Chancay, que mediante una línea férrea los chinos buscaran conectarlo con el Brasil y cuya construcción a cargo de ellos ha sido anunciada hace unos meses atrás, aunque extrañamente sin consultarlo con el Perú, a pesar de que dicho tren interoceánico cruzara su territorio. Con la llegada de Keiko a Palacio ¿La relación con el gigante asiático sufrirá un cambio? No lo sabemos. Pero precisamente debido a su victoria electoral y a lo que se viene más adelante, Rosa María Palacios escribió un interesante artículo sobre el asunto en La República, que vale la pena reproducirlo, entrecomillado claro esta ¿vale?: “Si bien aún no hay una proclamación oficial, Keiko Fujimori ha ganado la elección presidencial, con numerosos cuestionamientos como era de esperar. Roberto Sánchez podrá hacer todas las marchas que quiera ‘en defensa de los votos’ pero los resultados que le son desfavorables, ya son definitivos. Hasta aquí, lo que sabemos. Lo que se abre a partir de ahora, es una incógnita indescifrable. La historia política de la Señora K (caso único en el mundo donde la hija de un dictador accede al poder mediante los votos), no ayuda a despejar los temores, las preocupaciones y los acertijos que dejan sus misteriosas intenciones. Su plan de gobierno dice poco (respetar la inversión privada y expandir el gasto público); su historia personal, mucho más. En los últimos 10 años, cada vez que pudo tomar una decisión democrática tras sus fracasos electorales, optó por el fraudismo y el obstruccionismo, cuando no por el autoritarismo y el mercantilismo. Su antiizquierdismo no le impidió una alianza con el prófugo Vladimir Cerrón ni sostener a Dina Boluarte en el poder. Se alió con todos ellos y con todo el resto del actual Congreso para controlarlo todo, y lo consiguió. ¿Qué escenarios son posibles en su presidencia? La conformación del Congreso que se viene a partir del 28 de julio, será otro. Solo han sido elegidos seis partidos. Su único aliado natural es Renovación Popular (rebautizado en las redes como el MRLA, por su historial golpista), pero hay una larga historia de desencuentros en el actual Congreso y una serie de injurias recientes del ‘Camarada Porky’ contra la cabecilla del fujimorismo, Y esos agravios no se van a olvidar fácilmente. Para nadie es un secreto que, a pesar de ello, podrán tener una unión de hecho, forzada por la necesidad, pero no necesariamente por la afinidad, ya que necesita sus votos, por lo menos durante sus primeros años de gobierno. En la Cámara de Diputados, las dos fuerzas conservadoras suman 56. La oposición, si se une, suma 74 votos. En ese contexto, la oposición es invencible. ¿Qué pueden hacer? Censurar ministros de Estado, procesar penalmente a altos funcionarios y controlar la mesa directiva para evitar cuestiones de confianza y ser, eventualmente, disueltos por Fujimori. En el Senado en cambio, los dos bloques están empatados: 30 a 30, siempre y cuando la agrupación del oportunista Jorge Nieto no se venda al oficialismo, a cambio de ser nombrado primer ministro en el gabinete ‘naranja’, como ya están insinuando voceros del fujimorismo. Es bueno precisar que Keiko Fujimori no sabe gobernar con oposición. Su padre de entraña autoritaria, nunca pudo ni quiso hacerlo. No sabía negociar y dio un autogolpe para tener todo el poder. La gran pregunta es: ¿Keiko tendrá la capacidad de dialogar con sus adversarios? Si bien tiene una gran experiencia desde la oposición tumbando presidentes, ¿esto le servirá para evitar su propia impopularidad? Es indudable que la calle le viene dura de entrada. Sacó más de 2.800.000 votos en primera vuelta y más de 9.000.000 en la segunda. Suficiente, con las justas, para ganar. Pero triunfa solo en Lima y en siete regiones. Con un universo de más de 27.000.000 de electores, su impopularidad puede crecer muy rápidamente si no tiene, al menos, algunos gestos democráticos y conciliadores. Es decir, si no sabe ganar (ha demostrado no saber perder) y aplica mano dura desde el principio, su aprobación popular se va a parecer muy pronto a la de Dina Boluarte. Vayamos entonces a los escenarios que se pueden dar: 1- Primer escenario, el optimista. Fujimori hace una lectura política correcta del país y entiende que no puede pretender controlarlo todo en su beneficio como hasta hoy. Primero, debería enterrar las banderas de la demagogia económica que dio a conocer en su campaña electoral y quitarle además la iniciativa de gasto al Congreso, con un profundo mea culpa por el daño fiscal causado. Se deben acabar los privilegios tributarios y el gasto se ordenaría de manera técnica, atendiendo las prioridades reales. Con un impulso a la inversión privada, una política desreguladora y garantías tanto a la propiedad (se paga lo que se confisca) como a los contratos (se honra lo pactado), el país puede disparar sus indicadores económicos. Pero esto requiere un MEF de verdad, no un títere de políticos codiciosos como ahora. Solo así se podrá reducir la pobreza. Pero, además, Fujimori tiene que poner fin a las locuras del converso Fernando Rospigliosi. Un equivalente a Antauro Humala en lo que se refiere a la independencia del sistema de justicia. Mientras que la JNJ actúe bajo el mandato de “barrer el Poder Judicial”, no hay forma de garantizar derechos fundamentales. Por eso, tiene que derogar las leyes procrimen, como iniciativa propia. Los diputados lo pueden hacer sin ella y están a un voto en el Senado. No estaría mal que, luego del gesto, se negocie la Comisión Revisora del Código Penal y, si quiere, que ponga al abogado de su gusto de presidente. Pero no puede seguir usando el poder político para regalar impunidad a las fuerzas armadas (a quienes parece estar pagando una deuda política por adelantado), ni para cubrir a los responsables de los sucesos del sur del país, durante la asonada terrorista ocurrida tras la vacancia del golpista Castillo en el 2023, que dejaron como saldo unos 50 muertos. Esa deuda sí tiene que pagarla con ese pueblo que quiere gobernar. Obviamente, su lista de venganzas anunciadas contra los que considera sus ‘enemigos potenciales’ debe enterrarse y la política de seguridad ciudadana debe asentarse en pilares democráticos, los únicos que la hacen eficaz y duradera en el largo plazo. Sería una reconciliación consigo misma y con el país; 2.-Segundo escenario, la realista. La lista de venganzas se ejecuta tal como está planeado de antemano. Pero necesita del Congreso para lograrlo. Para ello, procedería a la “captación disuasiva” de curules. No es algo que los peruanos no conozcan. Siempre hay una buena excusa para formar microbancadas con intereses particulares que se acoplan al que más dé dinero. Lo hizo su padre y ella bien puede imitarlo. Con seis partidos, es más difícil hacerlo que con 10, pero no duden de que ocurrirá. Cada tránsfuga que se pase a su bando, alterará el paisaje político. En especial, los que conforman la agrupación de Jorge Nieto, que ha demostrado ser un ‘topo’ del fujimorismo. De otra parte, Fujimori de seguro hará algunas concesiones en materia gremial al empresariado (en la ruta de un mercantilismo muy lejano de un mercado libre), incrementando el gasto público clientelista en sus bases de apoyo y desmantelando toda política que promueva derechos fundamentales básicos. A todo ello, debemos esperar que el ataque al Poder Judicial (el culpable de sus 18 meses de prisión y nido de jueces y fiscales caviares) será feroz. La JNJ será el instrumento de destrucción de la Corte Suprema y de todos los jueces que no se sometan a los designios de Rospigliosi. El actual TC - conformado por quienes se mantienen serviles a sus intereses - podría mantenerse un quinquenio más al no lograrse 40 votos en el Senado. En este escenario, la política de seguridad ciudadana ‘justificará’ todas las restricciones a la libertad en el altar del orden. Tal vez, al principio, pueda mostrar algunos resultados, especialmente contra la inseguridad ciudadana, pero lo que se viene frente a una política salvajemente represiva siempre es peor en la experiencia comparada. Obviamente, las restricciones a los derechos de tránsito, reunión, protesta, creencias y, demás esta decir, la libertad de expresión serán el pan nuestro de cada día. El primer escenario de los nombrados seria lo más aconsejable, porque los millones de votantes que Fujimori logró en la segunda vuelta para imponer el orden en un país asolado por la delincuencia también lo quieren. Huyeron de Sánchez precisamente porque su disparatada propuesta socialista y estatista destruiría la economía y porque la aspiración a vivir libres es universal. Pero uno podría equivocarse y al final, Keiko opte por el segundo escenario, fiel a su pensamiento primigenio. Si no hay señales rápidas de que realmente quiere cambiar - y dado que el fujimorismo es sinónimo de autoritarismo - hacia ahí es donde se dirige el Perú. No hay nadie del entorno de Fujimori que nos haga pensar lo contrario. Cada uno es más radical y extremista que el otro, por lo que su discurso del 28 de julio será el disparo de salida del gobierno que se viene. Si se pone a enumerar obras, como cuando tenía que hablar de derechos humanos en el debate presidencial - demostrando que es un tema que nunca le ha interesado - tómenlo como una señal. Una mala señal” puntualiza la nota. Por cierto, como una ‘justificación’ a que finalmente tome ese camino, es la actitud obstruccionista y abiertamente confrontacional que ha tomado Roberto Sánchez, quien ha anunciado que “desconocerá el triunfo de Fujimori” promoviendo una serie de protestas, que, sin duda, serán cada vez más violentas, quedando ante todos como un mal perdedor. Se dice además que junto a los antauristas y elementos afines a Sendero Luminoso están preparando “algo grande” en el sur del país, por lo que las fuerzas del orden deben estar preparadas para desbaratar sus planes. El hecho de ser adversarios del fujimorismo no significa en modo alguno optar por la violencia. Ello es absolutamente condenable y no debe permitirse. Sánchez debe comprender que quienes votaron por él, no era por sus ideas desfasadas y peligrosas, sino únicamente por su rechazo a la señora K y todo lo que representa. Pero con su actitud suicida, de buscar la confrontación en las calles, no solamente se está quedando solo, sino que también favorece a aquellos sectores que exigen a Keiko aplicar la ‘mano dura’ como en los tiempos de su padre. Sin duda, teniendo a la izquierda como su mejor aliada, este será el “nuevo orden” prometido que se viene a partir del 28 de julio: el del absolutismo, de la intransigencia, del sectarismo, del que si no piensas como yo debo eliminarte. Ese es el fujimorismo, que no ha cambiado y nunca lo hará.
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